PENÉLOPE

El marido de mi hermana trabajaba en un Casino como crupier de ruleta americana, tenía un compañero que vivía en nuestro mismo barrio. Muy cerca de donde yo vivía.

Ellos siempre estaban juntos, así que nos veíamos casi todos los días, cuando visitaba a mi hermana estaba ahí, cuando iba al bar a tomar café también.

Siempre hablábamos y empezamos hacer amistad. Pronto empezó a llamarme y venir a buscarme a casa para tomar algo, casi nos hicimos inseparables.

Lo pasábamos bien juntos, muchas noches después de estar en el bar cuando me iba a casa, me acompañaba hasta la puerta. Una noche le dije si quería pasar a tomar algo y ver una peli en la tv.

Vimos la película mientras tomamos unos vinos, cuando acabó la peli se marchó a casa.

A partir de ese día se convirtió en costumbre. Me sentía muy bien con este chico y empecé a verle como hombre. No estaba nada mal, era rubio, ojos claros y labios muy marcados en forma de corazón, el único inconveniente es que no era muy alto.

Cuando llegábamos a casa tomábamos cualquier cosa para cenar y veíamos algo por televisión o hablábamos de lo que fuera.

Llevaba meses sin relaciones sexuales con un hombre, yo me hacía mis pajillas pero, echaba de menos la polla y las caricias de un hombre, pero nada este chico no se daba cuenta, me insinuaba acercándome a él, le miraba con ojos de deseo y él no captaba nada. Llegué a pensar que no le gustaban las mujeres.

Le hubiera podido decir algo, pero no sabía cómo hacerlo para no parecer una fresca y así pasaban los días, nos dormíamos cada uno en un sofá y cuando despertaba se iba a su casa.

Una noche estando en casa después de haber salido a tomar algo en el Bar de nuestra calle, se sentó a mi lado, hablábamos tomando unos vinos mientras picamos unas tapas. (No recuerdo si empecé yo o él).

Fue muy rápido, sin darnos cuenta nos estábamos besando, pensé… por fin.

Mi calentón no podía esperar. Le dije que subiéramos al dormitorio de invitados, no quería que mi hija despertara y nos viera en mi cama.

Subí las escaleras y él seguía mis pasos, estando en la habitación sin encender La luz nos desnudamos uno frente al otro. Me quite la ropa y me metí en la cama mientras le miraba como terminaba de quitarse el pantalón y bajarse el bóxer ajustado de Calvin klein. Tenía los músculos de las piernas marcados, ya que le gustaba dar largos paseos en bicicleta. Estaba atenta mirando su polla no es que fuera grande, era de las normales pero estaba erecta y la iba a disfrutar.

Se inclinó y se  arrastró despacio por los pies de la cama y fue directo a mi coño abriéndome las piernas que maravilla empezar así después de tantos meses de abstinencia.

Me chupaba despacio, saboreando mi coño como si fuera un caramelo, yo estaba muy mojada, ardía de pasión recorría por todo mi cuerpo una electricidad que erizó mis pezones, iban a estallar y mi coño cada vez más mojado quería más.

Me estremecía con cada lengüetazo. Le sujetaba la cabeza para que no parara. Las palpitaciones que sentía en mi coño me decían que me dejara llevar. Apretaba su lengua contra mi clítoris y estremecí hasta estallar, me corrí entre temblores.

Sin apenas reaccionar, el seguía lamiendo subiendo con su lengua hasta mi ombligo hasta llegar a mis tetas, las besaba, las chupaba y succionaba mis pezones. Yo estaba extasiada.

Llegó al cuello y su polla entre mis muslos  era cálida y dura, deseaba tenerla dentro, por fin la metió en mi coño con movimientos lentos iba creciendo de nuevo mi excitación, la metía y sacaba con movimientos firmes cada vez la notaba más dura no dejaba de besar mi cuello y labios, tan pegado a mí que parecía un solo cuerpo.

Seguía empujando mientras yo levanté las piernas para que entrara mejor su polla en mi coño.

Enloqueció y su ritmo fue a mayor faltándole las fuerzas, de pronto un temblor y un empuje final le hizo gemir.

Quedamos extasiados y sin darnos cuenta nos dormimos.

Nos despertamos cuando estaba a punto de amanecer. El me tenía abrazada estando yo de espaldas, notaba su polla dura entre mis piernas.

Me besó la nuca y tocó mis pechos, me dijo al oído que tenía que marcharse, se vistió y le acompañe a la puerta despidiéndonos con un beso.

Fue genial, empezamos una relación especial. Era encantador me colmaba de cariño y regalos pero algo faltaba en aquella relación.

Follabamos una o dos veces por semana, aparte de eso estaba pendiente de todas mis necesidades.

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