– ¿Publico? ¿Qué público?

Miriam me apartó levemente de ella para que le dejara pasar – Pronto lo sabrás… – Me dijo lanzándome una mirada enigmática. Me agarró de la mano y me llevo hasta el sofá donde me obligó a sentarme. Ella se quedo de pie mirándome, ponderando sus opciones, yo ya empezaba a dudar de que fuéramos a hacer lo que tenía en mente.

– ¿De qué va todo esto Miriam? ¿Qué es lo que tramas ahora?

– Ya te lo he dicho, vamos a resolver lo que tenemos pendiente.

– Y con eso te refieres a…

– Hijo ¿Hay que dártelo todo masticado?

– Pues si, porque te gustan muchos los juegos y calentar al personal.

– Tienes razón, pero no soy una calientapollas, nunca había hecho esto con nadie – Miriam empezó a jugar con su pelo de forma inocente mientras seguía confesándose -, el juego que había entre nosotros empezó de forma sutil sin buscarlo pero no lo paré y me fue gustando cada vez más, me gustaba por tu impasividad, por cómo me mirabas, me deseabas pero no te atrevías, porque te comieses la cabeza sobre si algún día pasaría algo mas entre tú y yo, pero también empecé a odiarme.

– ¿Por qué?

– Porque eres un buen tío, te empecé a conocer, vi lo bien que te portabas conmigo, como conectábamos y sentí que no te merecías que jugase así contigo, por eso estoy confesándolo ahora, aunque sepa que con esto se acabo la magia del juego para siempre.

– ¿Y el juego te excitaba o era solo para reírte de mi?

– Jamás he querido hacerte daño Juan ni reírme de ti, y si me excitaba muchísimo…

– No te creo. Esto es otro de tus juegos – Le dije aun esceptico.

Miriam permaneció en silencio mirándome, llevo sus manos a su espalda y oí como una cremallera se abría, mi compañera de piso sin dejar de mirarme deslizó los tirantes del vestido sobre sus brazos y la prenda fue cayendo desvelando sus grandes pechos cubiertos tras un sujetador negro con encaje, la prenda siguió bajando mostrándome su vientre liso y su ombligo adornado por un piercing, después bajo de la cintura desvelando un tanguita a juego con el sujetador y finalmente la gravedad acabó su trabajo cuando el vestido recorrió sus blancas piernas hasta quedar enrollado a la altura de sus tobillos.

– ¿A ti te parece esto un juego?

Me quede con la boca abierta, después de tantos juegos y tantas mentiras no veía posible este momento, Miriam me mostraba sus pecaminosas curvas casi como Dios la había traído el mundo y era el espectáculo más sexy que jamás había visto. No sabía ni dónde mirar, sus piernas, su culo, sus tetas, su cintura…

– ¿No dices nada? ¿Te ha comido la lengua el gato? Ah, ya se, que se te ha ido toda la sangre a… – Insinuó Miriam mirando mi paquete y mordiéndose el dedo de forma juguetona.

Evidentemente mi polla estaba a punto de estallar, los pantalones del chándal se estiraban ejerciendo una escasa presión sobre mi erección, intentando contenerla sin mucho exito.

– Sí quieres puedes venir a comprobarlo como hiciste hace un rato en el coche. – Le respondí excitado.

Miriam se acercó hasta pararse de pie entre mis piernas abiertas, ella miraba mi erección y mi miraba recorría todo su cuerpo sin saber donde detenerse, por fin llevó sus dedo hasta mi paquete y volvió a acariciar la punta con suavidad.

– ¿Esto es lo que quieres?

– Quiero más – le dije mientras mis manos acariciaban temblorosamente la cara externa y anterior de sus muslos.

– ¿Más como? ¿Así? – Tras decirlo su palma entera sobó el bulto de mi entrepierna de arriba a abajo agarrándolo suavemente de vez en cuando.

– Más – le respondí nuevamente, mis manos ya habían alcanzado sus nalgas, amasé su culazo con firmeza, lo agarré, lo pellizqué, dando rienda suelta a las ganas que tenia acumuladas. Dios me estaba volviendo totalmente loco de excitación, tenía que calmarme pero no podía.

– Sí quieres más vas a tener que hacer una cosa por mi.

– ¿El qué?

– Vas a tener que jugar a un último juego.

– ¿Que juego?

– Vas a tener que hacer todo lo que yo te diga, sin rechistar. ¿Lo vas a hacer?

– Joder Miriam…

En ese momento llamaron a la puerta de casa. Yo mire hacia la puerta pero Miriam me agarró la barbilla y me obligó a mirarla a la cara.

– ¡Di!

– Si. – Volvieron a llamar al timbre esta vez de forma mucho más prolongada.

– Bien, quédate aquí y no digas nada ni hagas nada hasta que te lo diga. -Se alejo de mis garras y se acerco a la puerta mientras llamaban nuevamente, esta vez dando tres o cuatro timbrazos cortos seguidos, yo ni me daba cuenta, estaba hipnotizado por el bamboleo sensual del culo de Miriam.

– ¿Si? ¿Quién es? – Gritó Miriam que ya sabía quien estaba al otro lado de la puerta.

– ¿Quien va a ser? ¡Tu puto NOVIO! ¡Ábreme la puerta Miriam! – ¿Como había llegado Hugo tan rápido? NO tenia forma de llegar, lo único que se me ocurría es que hubiera cogido un taxi, quizás por eso le había escrito Miriam desde mi móvil. ¿Pero para que le había hecho venir?

– Lo siento, creo que estas equivocado, Miriam no tiene novio, además, no creo que te gustase lo que ibas a ver.

– ¡Déjate de juegos y ábreme la puta puerta! – Salí del trance al que me había sometido Miriam y empecé a preocuparme, Hugo parecía cabreadísimo y las intenciones de mi compañera de piso parecían ser encenderle aun más. ¿Estaba segura de lo que estaba haciendo?

Miriam puso la cadena de seguridad en la puerta y abrió la puerta dejando un pequeño hueco, desde donde estaba apenas podía ver la puerta pero sabía que Hugo no podría ni siquiera asomar la cabeza pues la cadena no da para tanto pero si podría ver lo que Miriam quisiera enseñarle.

– ¡Hola!

– ¿Que coño haces desnuda? ¡Abre la puerta Miriam! – Hugo empujó la puerta con fuerza pero la cadena resistió.

– ¿No te lo imaginas?

– Déjate de juegos, se que el cabron con el que ibas en el coche se ha quedado en el hotel, ¡Ábreme la puerta de una vez!

– Te lo has creído todo, ¿De verdad pensabas que estaba liada con él?

– ¿Qué? ¿Qué dices? ¡Os he seguido hasta un hotel!

– ¿Por qué crees que Juan te ha dejado tirado, porque crees que te ha enviado ese mensaje? De verdad creías que te estaba ayudando?

– ¡DEJA DE MENTIR Y ABREME LA PUERTA! – ese grito tenía que haberlo oído todo el bloque, yo estaba empezando a acojonarme seriamente.

– Juan, di hola.

– Ho… Hola.

– ¿¡Juan de que va todo esto!? ¡Ábreme la puerta tío!

– Me temo que no va a poder hacer eso, va a tener sus manos muy ocupadas, yo me voy a encargar de ello…

– No me jodas Miriam.

– No, no es a ti a quien voy a joder, es a Juan, puedes pirarte si quieres o puedes quedarte a oírlo, a mi me da igual.

Miriam se alejo unos pasos de la puerta mientras Hugo seguía llamándola y dando golpes al a la puerta, a esas alturas ya tenia que haberse enterado todo el barrio, lo que me extrañaba es que no hubiera llamado nadie a la policía aun. Miriam hizo caso omiso y con un gesto de sus dedos me ordenó que me acercase. Era una situación surrealista, yo estaba acojonado y cachondo a partes iguales, asustachondo como decían en Futurama, pero ¿Que podía hacer? Sí cortaba el juego perdería mi oportunidad con Miriam y estaba tan cerca… Solo me quedaba seguirle el juego, hasta el mismísimo final.

Me quedé a un palmo de ella, ambos de pie a escasamente un metro de la puerta, Miriam agarro mis manos y las llevo hasta su culo, sus manos sobre las mías, atrapándolas, animándome a amasar sus nalgas.

– Mmm ya tiene las manos ocupadas, ¿te imaginas donde las tiene?

– ¡Miriam, basta! – Su tono sonado menos cabreado, parecía más una suplica.

– Díselo, dile donde tienes las manos.

– En… En tu culo.

– ¿Hijos de puta, os reis de mi? Tendría que entrar y…

– Inténtalo. – Le reto Miriam segura de si misma. – Pero si nos tocas un pelo atente a las consecuencias.

Hugo no dijo nada, Miriam por su parte guió mis manos por sus costados lentamente, haciendo que las yemas de mis dedos degustaran con calma su suave piel hasta que se posaron sobre las copas de su sujetador.

– Dile ahora donde están tus manos. – Su voz era aterciopelada a la par de cruel.

– En tus tetas.

¡BAM! La puerta retumbo por el golpazo que le acababa de dar Hugo. No sé si fue con la mano o si quiso derribarla con el hombro pero hizo que diese un bote del susto. Miriam ni se inmutaba, como si estuviera segura de que la cadena fuera irrompible, pero yo estaba internamente deseando que llegase la policía. Prefería tener que explicárselo todo a los municipales que enfrentarme al bigardo que amenazaba con tumbar la puerta.

– Os voy a matar como no me dejéis entrar.

– Mmm a mi si que me están matando del gusto le respondió Miriam. Yo ni amasaba sus tetas, estaba medio paralizado por el miedo. Ella sin embargo actuó desasiéndose de mi camiseta primero y después de mis pantalones del chándal. Los arrojó muy cerca de la puerta de modo que Hugo podía ver la ropa que acaba de quitarme a través del hueco de la puerta.

– Ufff madre mía, Hugo tendrías que ver esto, no hay ni punto de comparación con la tuya…

Miriam claramente quería provocarlo, mi erección había casi desaparecido por culpa el miedo.

– Eres una hija de puta infiel. Todos en el pueblo lo van a saber.

– Pues se reirán de tu cornamenta, a mi me la suda, no pienso volver a ese pueblucho ni contigo. Estoy muy contenta con lo que tengo entre mis manos…

Y lo que tenía entre sus manos era mi paquete, esta vez solo enguantado por mis boxers, cerré los ojos y me dejé hacer, ya había asumido que el control lo tenía Miriam, ni Hugo ni yo podíamos hacer nada contra ella, éramos juguetes en sus manos y yo me estaba llevando la mejor parte. ¿Me daba pena Hugo? Un poco, nadie se merece que le pongan los cuernos, si me lo hubieras preguntado cuando conocí a Miriam os habría dicho que ella es una puta y el es un pobre chaval con quien habían jugado pero mucho había cambiado desde entonces, mi moral ya no era la misma, me había corrompido, Miriam me había corrompido.

Una mano me pajeaba mientras con su contra mano amasaba con delicadeza mis huevos todo ello a través de la tela, yo empecé a suspirar, mi erección volvía a ser máxima habiéndome olvidado de las amenazas de Hugo. El grandullón ahora permanecía en silencio, pero seguía ahí fuera, podía oír su respiración a través de la rendija de la puerta, podía haberse ido y haberse evitado todo este sufrimiento pero se había quedado atrapado por el juego de Miriam al igual que yo. Dos moscas en su tela de araña, y yo estaba deseando que me devorase.

Y así lo hizo, Miriam agarró mi mano derecha y se llevo mis dedos hacia su boca, se los metió mirándome y sin creérmelo vi como los lamía con la lengua y mamaba sin prisa haciendo fuertes sonidos de succión.

– Mmm que buena esta, no me cabe entera en la boca.

Hugo no respondía, pero su respiración se hizo más fuerte al igual que la mía, estaba rabioso pero debía sentirse impotente. A mí ya me daba igual lo que le pasase, nunca había estado tan cachondo, mi cerebro ya no regía y en parte se lo merecía por cómo nos había tratado.

– Creo que ya es hora de sentirla bien dentro.

– Nooo – oí susurrar a Hugo con un hilo de voz, sonaba más derrotado que cabreado. Miriam se dio la vuelta y se inclino apoyándose sobre la puerta, cerrándola al fin y dejando su culo completamente en pompa. Madre mía que visión, me pegue completamente a ella pegando me paquete contra su culo, mi polla se había quedado para arriba sobresaliendo mi glande por encima del elástico del calzoncillo, debido a la diferencia de altura tuve que flexionar bastante las rodillas pero eso no impido que cumpliera mi objetivo, restregar toda la longitud de mi paquete contra la entrepierna aun cubierta de Miriam como si me hiciese una paja con su culo, ella empezó a resoplar y a alabar lo bien que lo hacía bien alto para que Hugo lo oyese.

– ¡Dame fuerte con la cadera!

Yo no entendía que quería decir, fue ella quien puso mis manos en su cintura y empujo mi cadera con su culo revotando una y otra vez, no me hizo falta más, empecé a empujarla como si estuviéramos follando salvajemente, su culo hacia un sonido tremendo al chocar contra mi cadera, mi polla aprisionaba se llevaba todos los golpes pero no sentía ni una pizca de dolor, las hormonas me habían anestesiado y cada vez estaba más duro si es que eso era posible. Miriam ya no resoplaba, gritaba de placer, al principio tenía claro que estaba sobreactuando pero entonces me di cuenta de que solo estaba apoyada con una mano en la puerta, la otra se perdía dentro de su tanga, ¡Estaba masturbándose!. Eso solo hizo que me pusiera mas cachondo y empecé a embestirla con más fuerza, si ambos estábamos en el cielo en ese instante cuando se la metiera de verdad íbamos a morir del gusto. Las embestidas seguían, ya no la agarraba solo de la cintura, le agarraba del culo con fuerza, se lo azotaba bien fuerte para que Hugo lo oyese, Miriam maldecía y golpeaba la puerta con su mano mientras la otra se movía cada vez mas rápido dentro de su ropa interior, imagine su delicioso coñito totalmente empapado y su clítoris hinchado por el placer que le proporcionaban sus dedos. Le tiré del pelo y su respuesta fue soltar un – ¡Oh dios si! – Esto había trascendido del juego, me había dicho que la obedeciese pero eso había quedado atrás, ahora estaba a mi merced, y era hora de follarmela de una vez por todas, por estos mese de juegos, de si pero no, de meterme en sus líos, de aguantar como se follaba a otro en mi casa, era la hora, aunque me corriese nada más meterla. Era la hora.

Lleve mis manos a las tiras de su tanga para arrancárselo si era necesaria pero apenas las había agarrado cuando Miriam empezó a temblar y a gemir si parar:

– Ah! AH! AH! AAAAH OOOOOoooh! Dios…

Poco a poco se fue relajando apoyada ya totalmente contra la puerta y respirando con dificultad intentando recuperar el aliento, se había corrido, se había corrido conmigo, bueno si, se lo había provocado ella pero su reacción ante mis embestidas, mis tirones de pelo mis azotes, dejaban claro que se había puesto así por mí. Me fije en su culo, su nalga izquierda estaba totalmente marcada por mis azotes, la nalga derecha, estaba pringada por el abundante liquido preseminal que había soltado durante nuestro “polvo”. Ahí me di cuenta de lo cerca que estaba yo mismo de alcanzar mi orgasmo, temí que se sintiera decepcionada si me corría nada mas meterla pero me bajaría al pilon si hacía falta justo después hasta recuperarme, no se iba a escapar sin que echásemos un polvo en condiciones.
Miriam se puso de puntillas para mirar por la mirilla de la puerta. Se dio la vuelta y quedo una vez más apoyando la espalda contra ella.

– Se ha ido.

No respondí, no me importaba Hugo para nada, solo me importaba ella. Ella y nada más.

– Has jugado muy bien.

– Ya he visto que te ha gustado.

– Me hacía falta y veo que a ti también… – Me dijo mirando mi paquete. – Quítate los calzones.

Habíamos vuelto a la dinámica en la que ella mandaba pro no me importó, recordé aquel dia en que me había cambiado delante de ella y en como desee aquel entonces que me pidiese lo que me estaba pidiendo ahora. Sin ningún pudor, ni miedo de ninguna clase me baje los boxers, mi polla se mostro por fin ante ella con todo su esplendor, dura, completamente recta. A su merced.

– Mmm no está mal. – Dijo observándola atentamente, su dedo índice rozo mi capullo como hiciera en el coche y sentí como un latigazo ardiente de placer con tan ligero tacto, mi polla dio un respingo como respuesta y ella lo notó.

– Madre mía, estas que explotas.

– Uff estoy a punto – le confesé.

– Hazlo – me dijo mientras me la agarraba por fin con delicadeza y me pajeaba muy lentamente moviendo en cirulos la mano – Córrete para mí.

No necesité más. Decir que gemí sería quedarme cortó, bramé como un toro, bramé por toda la tensión acumulada, por todas las pajas que me había hecho pensando en ella, por el polvo ficticio que habíamos echado y porque por fin Miriam, el objeto de mi obsesión me estaba haciendo una paja. Mi polla empezó a soltar chorros tan fuertes como mis gemidos, fueron por lo menos 6 o 7 chorros que mancharon la puerta y el suelo de la entrada de nuestra casa. Acabé tan agotado como ella para más satisfecho que tras muchos polvos que había echado en mi vida.

– Wow, estabas cargadito…

– Si bufff. Ha sido increíble…

– Si… Te lo digo en serio, es una lástima que seas mi compañero de piso.

– ¿Qué? ¿Qué quieres decir? -Miriam me soltó la polla y se alejó para coger su vestido que seguía tirado en medio del salón.

– Lo siento Juan, he jugado una vez más contigo pero esto tiene que acabar ya, de raíz, te aprecio más de lo que crees Juan y me encanta vivir contigo, por eso no podemos seguir, acabaría haciéndote daño, ya has visto de lo que soy capaz.

– Pero…

– Hazme caso por favor Juan, se acabaron los juegos y las insinuaciones, no quiero que seas mi amante, por mucho que me gustes, quiero que seas mi compañero, mi amigo, eres… Eres una de las pocas personas en quien puedo confiar y hoy me lo acabas de demostrar. Así que acepta mi consejo, no te pilles por mí, te hare daño, pero tampoco te pilles por ninguna otra. El amor… El amor no existe.- Me echó una mirada triste como esperando que le rebatiese pero yo no dije nada, no sabía que decir, el orgasmo y la situación me habían dejado confuso y agotado física y mentalmente, Miriam al ver que no respondía se fue a su habitación.

– Te veo en la cena. – Fue lo último que dijo antes de desaparecer por el pasillo.
Allí me quedé yo, desnudo, abatido, confuso, con el corazón roto y con mi semen esparcido por el suelo a mi espalda. Pensé que era el fin de mis aventuras con Miriam, y puede que hasta el final de nuestra convivencia, pero una vez más estaba muy equivocado.

FIN

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