ESTEFY HERAS

9 de enero de 2017

Suena el despertador. Son las siete de la mañana. Ya se han acabado las vacaciones de navidad y toca volver a clase. Me inunda una sensación de pereza, pero salgo de la cama y con desgana me pongo unos vaqueros, un jersey, y unas botas. Por la luz que entra a través de las cortinas deduzco que el día ha amanecido bastante soleado. Al menos es un punto positivo, odio esos días en los que tengo que ir a clase cargando con el paraguas. Miro el reloj y veo que ya se me está haciendo tarde, como de costumbre. Desde luego hay cosas de mí que nunca cambiarán. Rápidamente bajo a la cocina a desayunar y salgo a la calle.
Mientras voy camino del instituto suena mi móvil. Es un WhatsApp de Alfonso, un compañero de clase que me gusta y con el que estoy tonteando desde las vacaciones de navidad.
– ¡Buenos días preciosa! ¿Preparada para empezar las clases? Espero que tengas tantas ganas de verme como yo a ti.
– ¡Hola guapo! Verte es lo único que me motiva hoy. Espero que contigo la mañana se me pase volando😊. Un besazo.
– Otro para ti, ahora nos vemos Laura.
Alfonso me gustó desde el primer día que lo vi en el instituto, pero jamás me imagine que se fijaría en mí. Es guapo, inteligente, bromista, simpático… Ese tipo de chico que siempre piensas que no está a tu alcance. Pero para mi sorpresa, me equivocaba.
Todo empezó en la fiesta de Nochebuena. Estábamos en la casa de Iván, un compañero de clase que montó una fiesta aprovechando que sus padres no estaban en casa. Eran alrededor de las dos de la madrugada y Alfonso y yo llevábamos un par de cubatas
encima. Yo empecé a bailar al ritmo de la música y él se animó, se acercó a mí y me siguió el juego. Bailábamos muy pegados, apenas unos centímetros separaban nuestras caras. Y cuando me quise dar cuenta su mano estaba en mi mejilla y nos estábamos besando. No sé si fueron las copas de más, simplemente sucedió. Y yo apenas me lo podía creer. Estaba tan colgada por él que en clase algunos días me pasaba horas mirándolo, a veces hasta me imaginaba mordiendo sus labios… Pero siempre pensé que todo eso se quedaría en un simple amor platónico. Sin embargo, el destino estaba de mi parte y me había querido sorprender de la mejor forma.
Durante la fiesta Alfonso y yo estuvimos juntos toda la noche. Y al día siguiente por la tarde recibí un WhatsApp suyo:
– Hola preciosa. ¿Cómo has dormido? Ayer me quedé con más ganas de ti. Espero volver a verte pronto. Un besazo.
– ¡Buenas tardes guapo! Hoy he soñado contigo. 😊 ¿Quieres que nos veamos esta noche? Besos.
– Me encantaría, ya te estaba echando de menos. Quedamos luego para cenar, cielo. Espero que sueñes conmigo cada día. 😉
Ese fue el inicio de una sucesión de citas diarias. Tengo que reconocer que Alfonso cada día me gusta más. Las navidades con él han sido perfectas. Hemos estado juntos todos los días y es tan cariñoso y tan atento que me hace sentir muy especial a su lado.
Cuando llego al instituto le veo esperándome junto a la puerta mientras se fuma un cigarrillo. Voy hacia él y lo primero que hace es besarme.
– Hola guapa. ¿Has dormido bien?
– Es imposible dormir mal soñando contigo.
– Así me gusta. Nunca pierdas las buenas costumbres, jaja. Si te digo la verdad yo he dormido fatal. Ya se me había olvidado lo que era madrugar. Estoy que me caigo de sueño. He pensado que podríamos irnos a desayunar fuera, me apetece estar a solas contigo.
– No sé. No quiero empezar faltando ya a clase. Además, tranquilo que te vas a cansar de estar conmigo, porque no pienso separarme de ti en ningún momento, jaja.
– No me voy a cansar de ti nunca, tonta. Sabes que me encantas.
Mientras me dice eso me planta un beso en los labios, y en ese momento aparecen nuestros amigos Sofía y Raúl.
– Buenos días parejita. ¿Preparados para afrontar el primer día de vuelta tras las vacaciones?
– Buenos días Raúl. Pues me temo que Alfonso no está muy preparado, de hecho, me estaba proponiendo pasar de las clases e irnos a desayunar.
– ¿Así queréis empezar la mañana? Ya tendréis tiempo de estar a solas. Dejad el tonteo para después y vamos a entrar en clase, que se nos hace tarde. Sofía y yo vamos para adentro. Espero que os lo penséis bien, porque quiero veros en vuestras mesas en 5 minutos.
Alfonso y yo nos reímos, Raúl siempre ha sido muy estricto y muy responsable. Al final decidimos hacerle caso y entramos en clase. La mañana se me hace bastante pesada y me paso las horas mirando el reloj. El único motivo que consigue que todo parezca un poco más soportable es el hecho de tener a Alfonso a mi lado. Él siempre me hace sentir muy cómoda. Cuando por fin suena la alarma de las 14.45 que indica el final de las clases, decidimos ir a comer juntos y dar una vuelta. Alfonso es siempre tan atento y tan cariñoso conmigo que siempre quiero pasar el mayor tiempo posible a su lado. La verdad es que yo no entiendo mucho de chicos, a mis 17 años apenas he tenido algunos besos con amigos, pero nunca nada serio. Sin embargo, con él siento que estoy preparada para empezar una relación.
Alfonso y yo vamos cogidos de la mano mientras paseamos por las calles del centro de Sevilla. Decidimos pararnos a comer algo en Triana, el barrio de Alfonso. Él ha vivido ahí toda su vida y le encanta. Cuando terminamos de comer, nos acercamos a tomar algo a los pubs de la calle Betis. Sinceramente no hay nada mejor que sentarte en unos de esos bares mientras disfrutas de las vistas del río Guadalquivir, la Torre del Oro, y el puente de Triana… A pesar de que estamos en enero hace un gran día, está soleado y tenemos 15º. Una maravilla.
Alfonso pide un par de refrescos, se sienta a mi lado y pone su mano sobre mi rodilla.
– ¿Qué tal el primer día? A mí se me ha hecho eterno. Nos tendríamos que haber escapado un par de horas a desayunar.
– Quizá tú seas un gran estudiante, pero sabes que yo no tengo tanta facilidad. No intentes convertirme en una mujer irresponsable.
Mientras le digo eso le guiño un ojo, y Alfonso sonríe, me acaricia la mejilla y me besa.
– Oye Laura, hay algo que quiero decirte. Estas dos semanas que llevamos conociéndonos y que nos hemos estado viendo a diario, yo me he sentido muy cómodo contigo. La verdad es que pienso mucho en ti. Y me gustas mucho… Me gustaría que tú y yo intentásemos empezar una relación en serio.
Su declaración me deja sorprendida y la vez me llena de ilusión. Alfonso, el chico alto y delgado, de pelo castaño y ojos verdes, que me cautivó desde el primer día de clase y que siempre pensé que sería sólo un amor platónico, me estaba pidiendo iniciar juntos una relación de pareja. Durante unos segundos me quedé mirándole, incapaz de decir nada. Hasta que por fin reaccioné y le sonreí.
– ¿Lo dices en serio? No hay nada que desee más que estar contigo. Yo tampoco soy muy experta en relaciones, de hecho, si te digo la verdad nunca he tenido nada serio con nadie. Pero sé que tú serás el primero y el único.
– No tengo ninguna duda de ello. Te quiero sólo para mí. Me encantas Laura.
– He soñado tantas veces con este momento… Y ahora ni siquiera sé que decir.
– No hace falta que digas nada, preciosa.
Alfonso sonríe y me besa. Nos volvemos a casa abrazados y con una sonrisa en los labios. Cuando llegamos a mi portal se despide de mi con un beso, y mientras le veo marcharse saco el móvil para enviarle un WhatsApp a mi amiga Sofía:
– Acabo de estar con Alfonso, ¿Y sabes que? ¡Hoy es un día inolvidable! 😊
– ¿Y eso? ¿Qué ha pasado? ¡Cuéntamelo todo!
– Alfonso me ha pedido esta tarde que salga con él… Aún ni me lo creo. Soy la novia del tío más guapo y encantador de la clase.
En ese momento Sofía sintió como si algo en su interior se hubiera roto en mil pedazos… Sentía ganas de llorar. Pero intentó disimular su tristeza y felicitar a su amiga.
– ¿De veras? Te lo mereces guapa. Además, se os ve muy bien juntos, seguro que os irá genial.
– Me ha dicho que conmigo se siente muy cómodo, que estas semanas que hemos estado viéndonos a diario, él no ha dejado de pensar en mí. Y que quería que intentásemos empezar una relación seria.
– Pues os deseo lo mejor. Hacéis buena pareja.
– Sin duda esta es la mejor vuelta de vacaciones de navidad que se puede tener. Es mi mayor regalo.
– Mañana me cuentas todo con más detalle.
– Vale, te dejo que descanses. ¡Un besito, guapa!
– Hasta mañana Laura, buenas noches. Un beso.
Sofía y Laura eran amigas desde hacía 5 años, se habían conocido en el primer curso de la Enseñanza Secundaria Obligatoria, y desde entonces habían sido inseparables. Este era el primer año de instituto de las dos. Empezar 1º de Bachillerato implicó tener que entrar en otro instituto, pero nunca les había preocupado el cambio ni el hecho de no conocer a nadie porque estaban juntas, y eso era lo único que importaba. Las dos soñaban con estudiar publicidad y relaciones públicas e incluso poder quizá trabajar juntas el día de mañana.
El primer día de clase vieron entrar por la puerta a Alfonso, y Sofía se quedó hipnotizada mirándolo. De reojo pudo observar que a Laura también le había pasado lo mismo. Alfonso era realmente guapo, y Sofía no pensaba poder estar al alcance de un chico así, por lo que no dijo nada de lo atractivo que le había parecido.
Sin embargo, Laura, a pesar de no tener tampoco ningún tipo de esperanzas con un chico tan espectacular, sí que le dijo a su amiga desde el primer momento lo guapo que le parecía Alfonso y lo impresionada que estaba con él. Desde aquel día ya no tenía otro tema de conversación, hablaba de Alfonso a todas horas. Y Sofía guardaba su secreto.
Prefería no decirle que a ella también se estaba enamorando de él. No quería discutir con su amiga ni enfrentarse a ella por un chico, estaban muy unidas y la quería mucho. Así que sólo por verla feliz cada día la animaba a que se lanzase, a que intentase algo con él. Aunque por dentro le hacía daño imaginar a Alfonso y a su amiga juntos. Pero en la fiesta de Nochebuena sucedió. Alfonso y Laura se besaron. Presenciar esa situación le resultó muy doloroso, y a la vez se sintió culpable y muy egoísta por ello. Se suponía que debía estar feliz por su amiga y, sin embargo, estaba triste.
Necesitaba alejarse de allí, y le dijo a Raúl que tenía que ir al baño. Cuando entró, se dejó caer de espaldas contra la puerta y cerró los ojos. Notó como algunas lágrimas caían por sus mejillas y se limpió la cara con las manos. Unos minutos después suspiró y decidió salir del baño, tranquila y decidida, dispuesta a felicitar a su amiga por haber conseguido al chico con el que ambas soñaban cada día. Aunque tenía muy claro que en su caso seguiría siendo un sueño secreto e inconfesable, por el bien de las dos.
Con la cara retocada, y fingiendo una sonrisa, Sofía llegó al salón, donde se encontraban Alfonso y Laura todavía bailando, y Raúl sirviéndose un cubata. Sofía no solía beber alcohol, sin embargo, se sorprendió a si misma pidiéndole a Raúl que por favor le pusiera otra copa para ella. Justo cuando estaba a punto de tomárselo apareció Laura tirándole del brazo la alejó de allí unos pasos y empezó a contarle lo maravilloso que había sido su primer beso con el chico que la volvía loca. Le dijo que estaba siendo la mejor noche de todo el año y que no quería que acabase nunca.
Sofía, sin embargo, sentía la sensación contraria… solo quería que todo acabase ya, irse a casa, meterse en la cama y dejar de sentir esa tristeza. Verlos juntos le resultaba muy incómodo. Tenía que sonreír y fingir que estaba contenta por su amiga cuando realmente lo que sentía eran ganas de llorar.
Miro el reloj. Son ya las 02.00 de la madrugada y me resulta imposible dormir. Siento una sensación de nervios y felicidad tan intensa por todo lo que ha pasado hoy al terminar las clases, que ni puedo conciliar el sueño. Sólo me dedico a recordar una y otra vez el momento en el que Alfonso me dice que quiere que sea su novia. Sin duda este día, este 9 de enero, será siempre inolvidable para mí.

2 comentarios sobre “Amores que dejan huella (2)

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