PENÉLOPE

A los pocos meses de separarme de mi segundo marido, apenas salía.

Del trabajo a casa y así, en alguna ocasión salía con mi hija a comer y poco más . Habían pasado unos meses en la que tenía mis momentos de intimidad a solas. Me presentaron un chico, el que me pareció muy simpático. Desde ese momento me cruzaba con él en todas partes, siempre se hacía el encontradizo.

Un día después del trabajo fui al restaurante de un amigo para tomar un vino con él antes de ir a casa.

Estando en la barra con mi amigo, su hija que trabajaba en el restaurante se acerco y me puso otro vino, diciendo que me había invitado el chico al que me refiero. Le llamaré John.

Me giré para agradecer la invitación y con gestos me pidió me acercara a la mesa y que compartiera los aperitivos que estaba tomando con unos amigos.

En un principio me negué pero la hija de mi amigo me animó a aceptar y pensé que no tenía nada de malo tomar algo con ellos.

Estuvimos de charla durante cerca de una hora, cuando me daba cuenta tenía mi copa llena. Inconscientemente bebía. En un momento dado dijeron iban a comer en un restaurante que había cruzando la acera, que tenían una paella encargada. Dieron por hecho que les acompañaría. Me negué pero ante la insistencia y el apoyo de la hija de mi amigo. Acepte, no tenía nada mejor que hacer.

Llegamos al restaurante y se sentaron con nosotros tres personas más a las que no conocía, en total éramos siete en la mesa. Tomamos unos aperitivos que no recuerdo y un arroz a banda muy típico en la zona alicantina con vino blanco. Ellos hablaban de trabajo mientras yo estaba escuchaba.

Mi copa estaba siempre llena, no recuerdo las botellas que sirvieron. Yo bebía sin pensar. Eran cerca de las cinco de la tarde y empezaron a despedirse uno a uno para ir de regreso a sus respectivos trabajos. Yo me despedí también pero John pregunto si tenía algo que hacer. Conteste que no y propuso ir a tomar algo a otro sitio, él tampoco tenía nada pendiente. Acepte pues me venía bien distraerme.

Nos dirigimos a coger su coche, un cuatro por cuatro negro y me llevo a un pueblo cercano donde siempre hay ambiente a cualquier hora. Aparco el coche en una avenida y fuimos a un pub de música rock donde habían actuaciones en vivo.

Ahí yo tomé un ron cola y el un gin tonic. Escuchábamos la actualización y me hablaba hablaba de su mujer, que la relación no funcionaba pero tenían una hija en común y por ese motivo seguía con ella.

Cuando me di cuenta, las camareras del local nos habían puesto unos chupitos de tequila o licor, no lo recuerdo bien. Dije que no pero me animaron y lo tomé. Después pusieron más, no se cuantos tomé. Mi cabeza ya no controlaba, empecé a bailar y John me seguía.

Perdí la noción del tiempo pero cuando salimos del local había oscurecido, me alegré de que me diera el aire fresco y fuimos dando un paseo de camino al coche . Pasamos por delante de una feria de niños donde había una noria, un barco pirata, en fin las atracciones que suelen haber en una feria.

John propuso subir, entre risas me animo y compro billetes para subir en todas las atracciones. Fue muy divertido, estaba entusiasmada, me sentía como si volviera a ser una niña y olvide por completo mis problemas.

Estaba aturdida entre la bebida y los meneos de las atracciones. Salimos del parque, cogiéndome de la mano para cruzar la calle.

Cuando me di cuenta estábamos en la recepción de un hotel. Él sacando la tarjeta de crédito y su documento de identidad.

Ni siquiera recuerdo cómo llegué a la habitación, si subimos por las escaleras o en ascensor. De pronto estaba en una habitación grande, sin pensarlo me desnudé y fui directa al cuarto de baño para darme una ducha. Recuerdo que era muy grande y la mampara de la ducha de cristal transparente. Abrí el grifo y deje caer el agua sobre mi cabeza, pensaba que me despejaría, me quedé allí hasta que entró John desnudó y apagó el grifo, cogió una toalla blanca y empezó a secarme.

Cogió mi mano y me llevo al dormitorio, me tumbó en la gran cama. Puse un cojín debajo de mi cabeza para tenerla por encima de mi cuerpo pues me daba un poco vueltas todo. Él se puso de rodillas sobre la cama frente a mi. Le empecé a observar, era un hombre muy grande y fuerte, una piel muy bronceada y con la polla grande pero caída. Yo pensaba que estaba muy bueno, después de tantos meses sin follar iba a disfrutar de aquella polla.

Cogió mis piernas y las levantó para ponerlas sobre sus hombros. Cogió su polla con una mano para ayudarse y metérmela. Cuando la metió muy despacio empezó a empujar, rozaba cada milímetro de mi vagina, empujaba con cuidado pero sin parar, a continuación dejó caer mis piernas y se tumbó sobre mi sin sacar su polla de mi coño. Siguió metiéndola hasta el fondo pero entonces me empecé a sentir más mareada, tenía sofocos y le pedí que parara. Él se levantó y volvió a ponerse de rodillas frente a mi y dijo que no podía quedarse así. Yo era incapaz de enfrentarme a él y no dije NO, tuve miedo a su reacción y le dije que se diera prisa y acabara.

Abrió mis piernas y metió su polla en mi coño, en ese momento empujó con más fuerza o me lo pareció a mi, no se cuanto tiempo paso pero se me hizo eterno. La metía y sacaba sin descanso, empezó a jadear y a gritar de pasión, me puse tensa pues seguro le escuchaban desde fuera de la habitación, me pregunto si tomaba algún anticonceptivo y al decirle que si se relajó aún más y siguió follandome, de pronto dio un solo grito como de triunfo y se corrió dentro, tumbándose sobre mi.

Me susurraba al oído lo buena que estaba, que teníamos que repetir y que me quedara a dormir, que por la mañana temprano vendría a buscarme para desayunar y llevarme al trabajo. Entonces le dije que no, que debía irme , siguió insistiendo hasta que al final conseguí convencerle y lo acepto.

Me apresuré a ir a la ducha para lavarme bien, me vestí y le pedí me llevara a buscar mi coche para ir a casa.

John seguía haciéndose el encontradizo mientras yo le esquivaba cuando podía. Me pedía una cita porque quería repetir, decía que le gustaba mucho. Cuando por fin dije que no habría una segunda vez, empezó a mandar correos amenazantes y insultantes y hablar a mi alrededor muy mal de mi. Yo para entonces ya había empezado una relación y se lo conté a mi pareja y me ayudó mucho a solucionar el problema.

Esta historia me atormentó mucho tiempo hasta que hable y hable, analice cada segundo de la historia y entendí que no supe decir NO.

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