SLAVEOFDESIRE

Cada vez que creía que entendía a Miriam hacia algo que me volvía a dejar totalmente descolocado, era un enigma, un cubo de Rubikk con caras aparentemente infinitas. Cuando estaba a punto de abandonarlo todo surgía una nueva pista que me hacia recobrar el interés por ese puzle. Era como un libro que al final de cada capítulo te deja un clifhanger brutal que evita que abandones la lectura y acabes devorando el libro pagina tras pagina.

El episodio del baño era exactamente eso, antes estaba dispuesto a acabar con todo, la odiaba por haberme mentido y estaba dispuesto al cien por cien a desenmascararla este fin de semana, pero esa lagrima, esa maldita lagrima me había provocado una sombra de duda. ¿Cuál era el porqué de esa lagrima? ¿Estaba arrepentida de lo que me estaba haciendo a mi o también de lo que le estaba haciendo a su novio? Y en tal caso ¿Por qué no se detenía y hacia lo correcto? Y entonces me di cuenta de que no es tan fácil hacer lo correcto, desde que ella empezase a vivir conmigo lo había estado descubriendo de primera mano. No hay una ley moral universal solo los principios que nos imponemos, principios en los que creemos, principios que pueden caer como un castillo de naipes ante una ligera ráfaga de viento.

Salí del baño y llamé a la puerta de Miriam pero me dijo que me marchara, que no quería hablar, necesitaba saber el significado de sus palabras, el motivo de sus lagrimas, el porqué del numerito del baño, pero ese día no iba a obtener ninguna respuesta de ella. Si ese día no obtuve respuesta tampoco la obtuve los siguientes, Miriam me estuvo evitando lo máximo posible, se pasaba el día fuera y cuando venia se encerraba en su habitación, hasta cenaba en ella, adiós a nuestros momentos de cena, peli y mantita en el sofá, a nuestras charlas sobre nuestro día, o cuando le contaba alguna de mis frikadas o ella me contaba alguna de las suyas. Esos tres días hasta el fin de semana viví prácticamente solo y cuando digo solo y no lo digo a la ligera, siempre he sido un chico más bien introvertido, nunca he sido el más popular ni he tenido muchos amigos, siempre he estado contento con las pocas amistades que tenia, pues sabía que eran verdaderas y no necesitaba más. Siempre me ha gustado disfrutar de largos ratos de soledad en los que me dedico a diversos pasatiempos como el manga, los juegos o las series, y sin embargo nunca había sentido verdadera soledad. Ahora, las dos chicas más importantes en mi vida rehuían de mi y mi Tia que siempre había sido un apoyo para mi tampoco estaba. Me sentía solo. Ya no sentía rencor hacia Miriam o Teresa, solo las echaba de menos. ¿Era eso un síntoma de dependencia emocional? Puede ser, si así fuera en aquel momento no lo vi.

Desde que me levanté el sábado arrastré durante todo el día la sensación de que algo muy malo iba a pasar, algo para lo que no estaba preparado, y en parte tenia razón, aunque aun no lo sabía bien. Poco después de desayunar me llegó un mensaje de Hugo.

En un rato cojo el autobus a las 4 estoy alli – 10:35

Me quede contemplando la pantalla del móvil, no sabía cuál era su plan y yo hacia 3 días que no hablaba con Miriam así que no sabía que iba a hacer.

Alguna novedad? Ha quedao con algien? – 10:37

No, no hemos hablado mucho estos días – 10:40

Te aviso cuando llegue, cuentame si pasa algo – 10:41

Puff, en vaya lio me estaba metiendo, Hugo aun no sabía lo del tío de la camisa, si no se lo contaba y no pasaba nada esta tarde Hugo seguramente seguiría emparanoyado pues ya había pillado a Miriam mintiendo, pero si se lo contaba Miriam sabría que yo se lo habría chivado sin duda ya que Hugo estaba dispuesto a desenmascararla. Si Miriam hacia algo y Hugo la descubría puede que no me salpicase pero aun así… De todas maneras no era lo único que me preocupaba, estaba indeciso con todo este asunto, Miriam se había portado mal conmigo y con Hugo también pero parecía arrepentida y aun tenía la oportunidad de explicarse, además, Hugo había sido quien le había puesto los cuernos primero. La verdad es que no paraba de buscar justificaciones, de alimentar a esa sombra de duda en mi anterior convicción de darle una lección a Miriam, pero ¿Era algo basado en mis principios y mi integridad o era porque a pesar de todo seguía pillado por mi compañera de piso?

Me tiré toda la mañana comiéndome la cabeza, deliberando sobre lo que debía hacer mientras limpiaba la casa y hacia otras tareas del hogar, en verdad ninguna tarea podría haberme distraído de mi conflicto interno. A eso de la una y media Miriam salió de la habitación, había trabajado la noche anterior así que era normal que se levantara tarde, por suerte esta vez vino sola, yo estaba tirando unas cosillas de la nevera que se habían caducado y cuando cerré la puerta me la encontré a un metro de mi. Nos quedamos mirándonos en silencio hasta que por fin habló:

– Hola.

– Hola.

– Si te apetece hago yo la comida, hace varios días que no comemos juntos… – Me propuso.

– Vale… Mientras no me envenenes.

Miriam me sonrió y se fue para el baño, tomé su proposición como una tregua, esperaba hablar con ella durante la comida y a ver que sacaba en claro. Cuando volvió se puso a hacer la comida y yo fui a darme una ducha para quitarme el polvo y el olor de los productos de limpieza. El agua caliente me ayudo a relajarme y ahuyentar de mi mente mis inquietudes sobre lo que podía pasar esta tarde, sin embargo, seguían pululando por el fondo de mi cabeza, como el zumbido de una mosca. Mientras me sacaba me acordé del incidente del miércoles, la sobada que le había metido en este mismo baño y su posterior huida, esperaba tener pronto las respuestas. Me vestí y fui al salón, donde me encontré la mesa ya servida, Miriam se había encargado de todo.

– Que aproveche – Me dijo sentándose a comer.

– Igualmente.

Comimos casi en silencio, comentando alguna cosilla de estos días y demás pero sin llegar a dar el paso ninguno de los dos, cuando por fin vacié el plato y decidí lanzarme de cabeza.

– Miriam, lo del miércoles…

– Lo sé, fue muy fuerte.

– Si Miriam, lo fue. Y lo peor es que no se sí…

– Si quiero algo contigo o porque hice algo así.

– Si.

– Lo siento Juan.

– ¿El que sientes?

– Ser así, jugar contigo así – ¿Osea que era un juego?– No te lo mereces.

– Lo que me merezco es una explicación.

Ella me miró a los ojos y yo le devolví una mirada seria llena de decisión pero sin atisbo de enfado. Solo quería la verdad.

– ¿Cómo puedo explicarte algo que ni yo misma se?

– ¿A qué te refieres?

– Estoy muy confundida Juan, a ratos pienso que quiero una cosa y a ratos pienso lo contrario… Y tú no te mereces eso, eres un buen chico, quizás el mejor tío que haya conocido nunca.

– ¿Y Hugo si se lo merece? – Le solté, sus palabras y sus actos me hacían creer que le gustaba pero que no quería herirme pero necesitaba estar seguro.

– Hugo no es como tú piensas Juan, hay más cosas a parte de su infidelidad, cosas que me he enterado después, cosas que me he dado cuenta después, actitudes que no son normales, de celos, de control, cosas que no haría un buen tío, un tío como tú.

¡Boom! ¿Habéis oído eso? Es la losa que acababa de caer sobre mi conciencia. No tenía ni idea de que Miriam me tuviera en tan alta estima, que pensase que yo fuese tan buen tío y me alegraría de no ser por el pequeño detalle, que estaba conspirando a sus espaldas con su controlador e infiel novio para hacerle una encerrona.

– De todas maneras tienes razón, te dije que zanjaría las cosas con Hugo y lo haré, el fin de semana que viene se acabó.

Miriam siguió comiendo y yo la observaba, me sentía incomodo, la estaba traicionando pero ella había sido la primera que lo había hecho, me había mentido. ¿Por qué? ¿Quería evitar hacerme daño?

– Y ¿Qué pasa con el chaval?… El que te trajiste a casa el otro día digo…

– ¿Eso? Otra de mis cagadas. Estaba confundida y el no paraba de insistirme e insistirme pico y pala hasta que caí, fui débil.

– ¿Así que no lo planeaste?

– No.

– ¿Y volverás a verle?

– ¿Por qué? ¿Estás celoso? – Me puse rojo como un tomate y Miriam sonrió, no llegue a contestarla pues ella siguió hablando. – No sé, me lo pase bien pero creo que él quiere algo más que pasárselo bien y yo definitivamente no, no es mal tío pero no quiero que se haga ilusiones y acabar haciéndole daño. Bastante daño he hecho ya, no quiero romperle el corazón a nadie más – Me dijo mirándome como si se refiriese a mi.

Ahora entendía porque no había querido ir más allá conmigo, aun así, sabiendo que Miriam había evitado llegar a mayores conmigo por no hacerme daño me jodía que otro hubiera conseguido lo que yo tanto deseaba, al menos en parte. La conversación fue derivando hacia otros caminos, hasta que terminó de comer, recogimos la mesa y me fui a mi habitación. Me tumbé en la cama y me puse a leer mi manga favorito. La conversación me había venido muy bien, seguía dolido por su mentira pero ahora creía entender sus motivos, lo de sus juegos, lo del chaval y hasta lo de Hugo. Y hablando del rey de Roma, no llevaba ni diez minutos leyendo cuando recibí un mensaje:

Ya he llegado a la ciudad, cojo el metro hasta vuestra casa 15:47

¡Mierda! me había olvidado totalmente de lo de Hugo. ¿Qué coño iba a hacer ahora?

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