SLAVEOFDESIRE

Miriam salió media hora después de la ducha y se acabó la tortilla, yo me había ido a mi habitación, a evadirme nuevamente de mis problemas, mi pequeño refugio en el que nada malo podía pasarme, pero esta vez los problemas llamarían a mi puerta, o más bien el origen de mis problemas.

– Hola, – Me dijo Miriam desde la puerta, ¿Te apetece ver una peli conmigo?

La mire, como siempre iba vestida con una camiseta de tirantes sin nada de bajo y un pantaloncito minúsculo, su pelo aun mojado le llegaba hasta el pecho. El que diga que una mujer necesita maquillarse o estar arreglada para estar guapa no tiene ni idea, que una mujer se muestre ante ti al natural, sin trampas ni cartón está muy infravalorado. Yo aun seguía un poco dolido por lo del chaval de la camisa pero después de su confesión se había reducido mi cabreo. Me había hecho verla la víctima en vez de la culpable. Evidentemente le dije que si.

No recuerdo que peli vimos, era una que había estado nominada a los Oscar, bastante bodrio en mi opinión, normal que antes de la mitad de la peli empezásemos a bostezar casi al unísono provocando que nos riéramos cada vez que alguno lo hacía. Cada vez que Miriam me miraba y me sonreía me olvidaba un poquito más de lo mal que lo había pasado, como si su sonrisa pudiera derretir el hielo de mi corazón.

– Vamos a caer fritos, ya verás. – Dijo ella.

– Yaa, culpa tuya que has elegido este bodrio.

– Jooo la ponían muy bien, de todas maneras lo de la peli era solo una excusa.

– ¿Una excusa para qué?

– Ains hijo, ¿Para que va a ser? Para pasar un rato contigo.

– No necesitas excusa para eso, si quieres estar conmigo solo tienes que decírmelo – le lancé como pulla.

Nos miramos fijamente, esperaba que me preguntase si lo que le había dicho iba con segundas, pues ya me daba igual, iba a confesarle lo que sentía si hacía falta. Sin dejar de mirarme a los ojos Miriam abrió la boca y bostezo sonoramente, rompiendo completamente el momento de seriedad y contagiándome primero el bostezo y luego la risa.

– Ven anda, si vamos a caer dormidos mejor estar cómodos. Me agarró del brazo y se tumbo en el sofá de lado mirando hacia la tele, yo me tumbe detrás suya completamente pegado haciendo la cucharita, mi cadera quedaba pegada a su culo pero debido a la diferencia de altura su coronilla quedaba por debajo de mi barbilla. Miriam agarró mi brazo que quedaba arriba y se lo paso por su vientre, haciendo que la abrazara y sujetándolo como si no quisiese que me escapase.

Decir que estaba en el paraíso seria quedarme corto, nunca había sentido a Miriam tan cerca, sentía su respiración en mi pecho, sus caricias en mi antebrazo, el olor de su pelo en mis fosas nasales y su culo contra mi entrepierna. Jamás entenderé el dicho de “uno no es de piedra” estaba en la típica situación en la que se podría decir esa frase pero al contrario del dicho me estaba empezando a poner duro como una piedra. Empecé a transpirar, no quería que Miriam se diese cuenta de que me estaba provocando una erección, así que me esforcé en pensar en cualquier cosa antierotica que me ayudara a reducir la hinchazón de mi miembro, pero nada de lo que se me ocurría daba resultado. Entonces empecé a pensar en lo de la noche anterior y recordé lo que me habían dicho Teresa, Alberto y la propia Miriam, “Sí no te lanzas no ligaras nunca, eres demasiado parado”. Tenían razón, ¿Por qué demonios intentaba disimular después del tonteo que habíamos tenido todos estos días?, ¿Y sí se había liado con ese chaval solo porque yo no había tenido cojones para lanzarme? ¿Y si después de tantas señales simplemente otro había aprovechado lo que yo no supe aprovechar? ¿Cuantas más señales iba a necesitar antes de que me lanzara o se cansara, de hecho, que señales le había mandado yo? Ninguna. Era hora de cambiar eso.

Aparté de mi mente los pensamientos antieroticos y abrace la lujuria a la que me invitaba el cuerpo de mi compañera de piso, mi brazo escapó de sus caricias y le regalo al suyo las mejores caricias de mi repertorio mientras mi polla seguía creciendo pegada a su culo. Miriam empezó a soltar unos tímidos ronroneos de gusto y yo me envalentone y le bese en la coronilla, no hubo objeción por su parte así que mis caricias fueron subiendo hasta sus hombros y luego bajaron nuevamente hasta llegar a sus manos. Miriam seguía ronroneando y mi polla ya había llegado a su plenitud, ¡La estaba sintiendo pegada a su trasero y no decía nada! Volví a besarla , esta vez a un lado de la cabeza mientras mis dedos dejaron de acariciarla y se colaron por debajo de su camiseta para acariciar su vientre. La suavidad de su piel me volvía loco y me lance a mover la cadera hacia delante y hacia atrás para restregarle mi miembro a conciencia. Volví a besarla esta vez en junto a la oreja, muy cerca de la sien. Mi polla ya babeaba dentro de mi calzoncillo, mis manos ya acariciaban su piel por encima de su ombligo amenazando con alcanzar sus pechos. Me incorpore un poco más, me moría por mirarla a los ojos y besarla por fin, me acerque a sus cara y contemple su bellos rostro con los ojos cerrados. Entonces, contra todo pronóstico, soltó un pequeño ronquido.

¡No! No!, ¡No!, ¡No me lo podía creer! ¡Se había dormido! ¿Cuánto tiempo llevaba dormida? No me lo podía creer, en serio, se lo cuentas a un cura y se caga en dios. Era como si me hubiera mirado un tuerto, la ocasión mas clara que había tenido con Miriam, a la mierda. Me dejé caer totalmente derrotado en el sofá y suspire resignado, casi llegue a reírme y todo de mi puta suerte. Al rato yo también acabe cayendo en un profundo sueño.

Cuando me desperté estaba solo en el sofá, cubierto con una fina manta. La almohada estaba llena de babas y me dolía el cuello por culpa de la postura, siempre he odiado los sillones para dormir, donde este una cama… Miré el reloj y vi que eran las 8 de la tarde, me iba a costar coger el sueño esa noche. Busque a Miriam por la casa y la encontré encerrada en su habitación. Me dijo que pasara tras llamar.

– ¿Que tal bello durmiente? Me preguntó desde su escritorio, estaba estudiando o haciendo algún trabajo para la uni.

– Eso debería decírtelo yo a ti, te has quedado muertisima.

– Yaaa, entre lo cansada que estaba y las cosquillitas que me hacías me sobé en seguida.

No mencionó nada sobre los besos o la sobada de cebolleta que le había metido en el sofá así que imagine que se había dormido antes de eso.

– ¿Mucho lío?

– Un examen para el jueves, lo he ido dejando de lado y ahora me pilla el toro, lo de siempre.

– Bueno, pues no te molesto.

– Vale, oye, hago hoy yo la cena, para agradecerte lo bien que te portas conmigo.

– No hace falta, tampoco quiero que me envenenes.

– ¡Serás capullo! La próxima vez que te duermas te pinto una polla en la frente en vez de taparte, que lo sepas!

– Jajajaja, venga anda, que se te de bien.

Un rato más tarde, tras tirar la basura, cenamos tranquilamente y nos fuimos pronto a la cama sin que pasara nada destacable. Como imaginaba me costó errores dormirme esa noche, no solo por las horas de siesta sino porque a pesar de la conversación con Miriam aun no había conseguido resolver mis conflictos sentimentales y sexuales con ella, esperaba que se resolvieran tras la visita de Hugo, tenía claro que iba a lanzarme si o si tras el fin de semana pues Miriam ya seria libre para hacer lo que quisiese. Por otra parte me preocupaba el tema de Teresa, la vería al día siguiente en el curro y no sabía cómo iban a estar los ánimos.
Tras más de 1 hora dando vueltas en la cama tuve que hacerme dos pajas seguidas pensando en Miriam para poder dormir.

Al día siguiente no vi a Teresa en el curro hasta la hora de comer, yo fui el primero en llegar a nuestra mesa del comedor, y justo cuando estaba abriendo mi tupper rebosante de ensalada de pasta la vi aparecer por la puerta. Teresa me miró a los ojos pero rápidamente apartó su mirada y fue a sentarse con otras compañeras, seguí comiendo echándole alguna mirada disimulada hasta que llego Alberto y se sentó frente a mi.

– Ah, como me gustan los lunes en los que apenas hay trabajo, son como un pequeño regalo de los dioses – Yo no le respondí seguí comiendo y mirando a Teresa.

– Oye, ¿Cómo es que esta no se sienta con nosotros? – Me encogí de hombros como respuesta.

– Pasó algo el sábado ¿Verdaaad?

– No.

– Venga ya, esta se sienta en otra mesa y tu más callado que en un museo. ¡Suéltalo coño!

Sabía que si no se lo contaba se iba a poner muy pesado así que le conté que habíamos ido de discotecas y que en un momento dado Teresa se había ido a liarse con un chaval dejándonos a los demás de lado, no quería que supiera que habíamos ido al local de Miriam pues pasaba de contarle lo del chaval que se había traído a mi casa y tampoco quería contarle lo de que le gustaba a Teresa, porque no quería que se estropease el rollo que había entre los tres, aunque algo me decía que ya nada sería igual.

– Vaya con Teresita… En el fondo no me extraña, mucho hablar de que si el físico no es importante, de que si hay más cosas que follar pero cuando ve a alguno que le hace palmas el chichi es tan guarra como las demás.

– ¡Bueno tío, déjalo ya!

– Bueno, como te pones, para algo interesante que pasa y no se puede hablar.
Mi mirada con Teresa se cruzo un par de veces pero la apartaba en cuanto sucedía. Conseguí encontrarme con ella en el ascensor a la hora de salir, estábamos solos así que tenía una oportunidad de aclarar las cosas. Estuvimos en silencio sin mirarnos hasta que la puerta del ascensor se abrió y entramos, era muy violento, saber o al menos intuir que le gustas a tu mejor amiga y no saber que decirle, finalmente opte por mencionarle lo de la cafetería.

– No te has sentado con nosotros hoy.

– Ni tú has respondido a mis mensajes – Me lanzo sin esperármelo, sinceramente me sentó como una patada en el estomago, yo había venido a hacer las paces y ella me soltaba reproches sin provocación por mi parte.

– ¿Sabes? Me sorprende que te acordaras de mandarme nada, con lo ocupada que estabas con el chaval ese – le solté cabreado. Teresa me miró dolida a la vez que cabreada y yo me sentí arrepentido al instante, abrió la boca para contestarme pero en ese momento se abrió también la puerta y tres compañeros entraron en el ascensor. Ellos charlaban animadamente ajenos a la pelea que se producía entre nosotros. Tan pronto como el ascensor llegó al parking Teresa salió disparada, yo corrí tras ella llamándola por su nombre hasta que la alcancé momento en el que se encaró hacia mí.

– Mira Juan, no digas nada, ya has dicho suficiente, y lo último que quiero decirte es algo de lo que me arrepienta, solo… Déjame en paz, por favor.

Yo asentí derrotado y ella se fue hacia su coche. Nunca había tenido una vuelta a casa del trabajo tan triste, había días estresantes o días en los que te salía todo mal y te daban ganas de matar a alguien pero ¿Triste? Ninguno, y menos así, una de las pocas personas en mi vida a las que podía llamar amiga me acababa de decir que no quería saber de mi. Cuando llegué a casa estaba destrozado y Miriam lo notó en seguida, no paró de preguntarme y de tanta insistencia le conté lo que había pasado con Teresa tanto hoy como el sábado. Su primera reacción fue estrecharme entre sus brazos, sería muy mezquino decir que se me pasaron todos mis malos al tener mi cara prácticamente sobre las tetas de mi compañera de piso pero mal no me hizo. Mientras me abrazaba me aconsejo que la dejara tranquila un tiempo, que para ella era duro pues la había “rechazado”, que lo mejor sería enviarle un whatsapp disculpándome y diciéndole que teníamos que hablar para solucionar las cosas, que no quería que se quedasen así. Me pareció un gran consejo y pensaba ponerlo en marcha.

– Juan, dime una cosa, si no te gusta Teresa, ¿Por que le has reprochado lo del chaval ese?

– No, no lo se.

– Quizás es que te importa más de lo que piensas, o de lo que quieres admitir…
Esa noche estuve dándole vueltas a en la cama a lo que me había sugerido Miriam, yo no sentía nada por Teresa, yo a quien quería era a Miriam, pero aun así no entendía las palabras que salieron de mi boca, ¿Lo hice realmente por celos? No sabía aun al respuesta. Al día siguiente no cruce palabra con Teresa, ella había recibido mis mensajes pero no había obtenido respuesta por su parte así que guarde distancia y decidí darle una semana, si a la semana siguiente las cosas seguían así la pillaría a la salida del curro para plantarle cara.

No sucedió nada destacable hasta el miércoles, llegué a casa del curro y encontré a Miriam acalorada.

– He estado haciendo algo de ejercicio en casa.

– Guay, yo voy a tumbarme a leer un rato en mi cama.

– Genial.

Diez minutos después estaba en pijama tumbado a la bartola leyendo el tercer volumen de Juego de Tronos, no llevaba ni dos paginas leídas cuando Miriam se asomó la puerta de mi habitación

– Voy a la ducha, ¿Tienes que entrar al baño?

– Nope.

– Vale, oye… He hablado con Hugo.

Al oír ese nombre aparté mi vista del libro y la mire a los ojos. – ¿Y bien?

– Me ha dicho que este fin de semana no podrá venir, que está enfermo, así que vendrá mejor al siguiente.

– Joder.

– Dímelo a mí, quería sacarme esto ya de encima pero …

– Bueno, pues al siguiente.

– Si… Bueno, me voy a la ducha.

– ¡No te ahogues!

Me quede leyendo en mi cama mientras Miriam se duchaba, no habían pasado ni 5 minutos de nuestra charla cuando mi móvil vibró, ¿Es que no me iban a dejar leer en paz?. Lo cogí corriendo por si era Teresa pero resulto ser un mensaje de Hugo.

– TENGO QUE HABALAR CONT5IGO URGENTEMENTE. LLAMAME 20:08.

¿Qué demonios, por que me enviaba eso tan de repente? Salí a la terraza para que Miriam no me oyera, aunque aun le quedarían otros 15 buenos minutos en el baño y llame a Hugo.

– Ey ¿Qué pasa?

– ¿Que pasa macho, no has visto mis otros mensajes?

– Los vi, pero se me paso contestarte, ¿Que quieres?

– Solo quería saber si lo que me ha dicho Miriam es verdad.

– ¿Que te ha dicho?

– Que está con catarro y que no vaya este finde a verla, que vaya al siguiente.

Yo me quede helado, Miriam me acababa de mentir a la cara, ¿Por qué?

– Eh, si tío, tiene un trancazo horrible.

– ¿Seguro?

– Si tío, no para de moquear.

– Pues la verdad es que me había dicho que estaba con infección de orina…

¡Mierda! Me había tendido una trampa y había caído como un pardillo

– Si bueno, eh.

– Corta el rollo Juan, ¿Que sabes?

– ¿De qué? No sé nada, ¡Sí ella me había dicho que el que estaba malo eras tú!

– Puta mentirosa… ¡Dime la verdad Juan por dios! ¿Se ha liado Miriam con alguien?

– No que yo sepa, te lo juro. – Mentira, ¿Por qué le mientes?

– Imagino que ella no sabe que hablo contigo porque sí no me habrías soltado la misma mentira. Juan, voy a presentarme allí este finde, sí no quiere que vaya es porque se está liando con alguien y sí se lo pregunto me va a mentir, quiero pillarla infraganti.

– Hugo, creo que deberías hablar con ella y…

– ¿¡Que hable con ella!? ¿¿Como me pides que hable con ella cuando nos ha mentido a los dos?? ¿Cómo puedes confiar en ella?

– Yo…

– Juan, escúchame, solo te pido que sigas sin decirle nada, tengo derecho a saber la verdad ¿No? Y si ella no me la quiere decir la voy a descubrir por mi cuenta. Júrame que no le dirás nada.

– Te lo juro.

– Vale, el sábado estaré por allí, mantenme informado si pasa algo por favor te lo pido.

– Si, descuida.

– No nos va a volver a tomar el pelo, ya lo veras, venga cuídate, taluego.

– Chao. Y colgó.

Estaba aturdido, Miriam me había mentido ¿Por qué? ¿Qué razón tenía para no querer que viniera Hugo ese finde y cortar con él de una vez? Salvo que… Que ya tuviera planes ese fin de semana… Entonces me golpeo como un rayo, salí de la terraza a toda velocidad y me dirigí, a la cocina, en los 2 meses que llevaba viviendo Miriam conmigo jamás la había visto hacer ejercicio. Abrí el cubo de basura, aparte unas bandejas de plástico que había en lo alto y los vi.

Dos condones recién usados.

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s