MANGER

No creas que te voy a echar de menos, viejo tonto… Ni siquiera para discutir del partido que juegan cada temporada nuestros clubes en los clásicos. Ya sabes que nunca soporté esos aires de superioridad que te dabas por hacernos sucumbir por 3-0, o más, ni aguantar tus soliloquios cantando las mil y una virtudes de vuestros delanteros, o las excelsas paradas de vuestro espigado portero; que si Mitxi remató así de bien de cabeza para dejar temblando la escuadra, que si Pitxi hizo el triplete engañando con sus fintas al torpe de nuestro central, o afirmando con aires de desmañada grandeza que jamás os ganaremos porque somos un equipo del montón, y vosotros los artistas del balón.

¿Sabes…? Creo que llegó un momento en que traspasaste el límite y comencé a medio odiarte por esos aires triunfalistas que me sacaban de quicio. Al ver tu cara ensancharse con aquellos regodeos, te juro que me comían unas ganas locas de agarrar tus mofletones y estirarlos como pizzas hasta lograr arrancarlos y hornearlos a fuego lento en el ardiente carbón de una buena barbacoa… Eso era odioso, mi amigo…

Pero lo que más me encabronaba eran tus risotadas y el rabioso bailoteo de tu enorme labio inferior al verme colorear de ira frente a tus afrentas varias, y no atreverme a cogerte del cuello por respeto a tu persona… ¡Mal rayo te parta, viejo lobo!

No pienses que librándote de mí has salido bien parado por ahorrarte los dos euros del café de la mañana, o la caña de cerveza y la tapa de jamón cuando abrías tu tacaño monedero al perder los cinco turnos en el azar de los “chinos”… ¿Te acuerdas, belfo gordinflón…? Siempre picabas con blanca y tres monedas en mano, viejo torpe… ¡Tanto presumir de fútbol y siempre perdías conmigo tus partidos personales! ¿Qué pensabas, que yo por ser del Atléti también perdería contigo en todas nuestras disputas? ¡Venga ya, bobo fantasmón…!

Hoy he bajado hasta el bar y me han dicho que no te han visto al entrar…

Que quizás no hayas venido…

Que parece que no estás…

Que no vendrás nunca más, que ayer sacaste tu entrada para ir a ese gran estadio donde nuestros clubes juegan la Liga de Santas Glorias, que ocuparás esa grada junto con todos esos que ya encontraron la paz, y donde siempre se empata por mor de siempre empatar.

¡Cuánto sufrirás, mi viejo, por no tener a este amigo con quien los goles contar!

¡Cuánto te echaré de menos, mi viejo amigo del alma!

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