MOISÉS ESTÉVEZ

Y el destino les hizo un regalo: más tiempo…
Era un eufemismo, la palabra regalo, lo que en un principio pensaba
Marco después de casi dos años de operaciones y tratamientos, desde aquel
fatídico día en que un doctor con bata blanca inmaculada le diera la noticia:
cáncer terminal.
Imposible de digerir. Se empeñó en no rendirse ante tan magna
epidemia, epidemia mortal que sacudía a toda una sociedad, una sociedad que
globalmente lo asumía, pero como individuos nunca pensamos que nos puede
tocar.
Marco se propuso luchar, le parecía increíble que tan solo con treinta y
nueve años tuviera que abandonar un mundo por el que apenas había
recorrido unos cuantos kilómetros.
Su esposa, Celia, compañera, amante, amiga y sombra fiel, artífice de
su recuperación, con lágrimas en los ojos recibía junto a él la buena nueva.
La misma consulta, el mismo doctor, la misma bata inmaculada…
– No me lo creo, discúlpame Marco, pero desde el punto de vista
científico no hallo una explicación plausible. Los resultados dan todos
negativos. Está claro que la vida te ha dado una segunda oportunidad. – Nos
comentaba el oncólogo un tanto escéptico pero henchido de una disimulada
felicidad.
– Pues no dude por un momento que la voy a aprovechar. Por cierto, yo
si tengo una explicación, aunque no es muy científica que digamos –
– Soy todo oídos –
– El amor… –

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