DESMOND EUTAND

Era viernes. Cinco días llevaba viendo cómo se descomponía aquél cadáver en la carretera que recorría cada mañana. Viendo pasar cientos de coches sobre su cuerpo, convirtiéndolo en una amalgama irreconocible de huesos secos y pelo.

Horas más tarde, en la escuela, el viejo maestro explicaba a sus alumnos el terror que producía a hombres de otro tiempo que su cuerpo quedase insepulto. De ahí que concentrasen sus esfuerzos en buscar su lugar de descanso eterno, una tumba que custodiasen los manes. Los que podían permitírselo dejarían bien atado el tránsito, encargarían a sus familiares o al collegium funeraticia el entierro y descansarían en paz. De otro modo, el espíritu del insepulto, el lemur, vagaría entre los vivos sembrando el terror entre ellos.

Su cabeza daba vueltas a todo eso cuando regresaba a casa por la tarde, circulando por la misma carretera, en sentido opuesto ahora. Al llegar al punto en el que se descomponía el cadáver del perro miró por el retrovisor, aminoró la marcha y se hizo a un lado. Paró el motor y cruzó la carretera hasta llegar a él. Los pocos coches que viajaban en ese momento pitaban sonoramente al loco que ponía en juego su vida de ese modo.

Con el estómago encogido empezó a recoger los restos de lo que tiempo atrás, comprobó,  había sido un mastín. Con ellos en brazos sorteó el guardarraíl y caminó unos pasos por campo abierto. Después abrió un agujero en la tierra con sus propias manos. A pesar de la inconsistencia de la tierra, todavía húmeda por la lluvia de los últimos días, se desolló los dedos hasta conseguir un hueco lo suficientemente grande como para poder depositar en él los restos del animal. Después lo cubrió de tierra, puso una piedrecita encima y rezó una oración por su alma.

Volvió a jugarse el tipo para llegar al otro lado de la carretera y entró en el coche. Condujo hasta su casa con un nudo en la garganta que ya no pudo deshacer nunca, preguntándose qué clase de justicia divina permite que canallas descansen en panteones mientras seres justos y leales dejan este mundo sin derecho a un simple entierro.

https://generadoresdeamor.wordpress.com

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s