MOISÉS ESTÉVEZ

Flanqueó el arco de seguridad y se dirigió a los ascensores, hoy tendría
que superar su pánico, pues lo esperaba en la cuadragésimo segunda planta la
persona que el forzudo guardia decía ser el representante legal de la empresa.
– ¿Representante legal? – se preguntó Andy, que de antemano tenía la certeza
que no sacaría demasiada información de su entrevista.
Se abrió la puerta del ascensor y se topó directamente con un individuo
alto, delgado, serio y trajeado que le tendió la mano para presentarse.
– Buenos días Sr. Anderson. Mi nombre el Hamsen, Robert Hamsen, y
soy uno de los abogados del grupo. Mi compañero me ha comentado por
teléfono el motivo de su inesperada y urgente visita, pero no veo en que
podríamos ayudarle. –
– Encantado. La verdad es que me gustaría saber a qué se dedicaba la
señorita Kudrow exactamente, y si fuera posible, acceder a su lugar de trabajo,
así como conocer las relaciones profesionales que mantenía con el resto de
empleados. –
– Me temo que toda esa información es confidencial, a pesar de que la
señorita Kudrow haya fallecido. No sabe cuanto lo sentimos. Estamos algo
desconcertados cuanto menos. Lamentamos enormemente la pérdida y creo
que no podremos satisfacer su curiosidad. –
– No se trata de mera curiosidad señor Hamsen, estamos hablando de la
investigación de un asesinato, por lo que creo que sería interesante e
imprescindible que por lo menos me respondiera a algunas preguntas. –
– Una investigación no oficial por parte de un detective privado. Insisto
en mi negativa. Todo lo referente al trabajo de Lisa aquí es confidencial, y
cuando digo todo es todo. –
El rostro del abogado se tornó aún más serio si cabe y sin tan siquiera
despedirse, se dio la vuelta y dejó a Andy con dos palmos de narices con otro
fornido guardia que segundos antes había llegado, muy seguro de lo que tenía
que hacer. Tomó del brazo al detective a la vez que verbalmente lo invitaba a
abandonar el edificio. Aquel lo acompañó hasta la salida.
Andy, ya en la calle, con la mosca detrás de la oreja e indignado no pudo
evitar darle una patada a la papelera que tenía más cerca para desahogarse.
Salió de V&B Enterprise tal como entró, sin ningún dato para su investigación,
ningún hilo del que tirar, nada, lo que no quería decir, que sus sospechas
fueran mal encaminadas…

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