IVÁN A. SAAVEDRA
¿El fin de Setilnaf?
Fueron recorriendo las huellas que había dejado el monstruo, que no eran otra cosa que algunas de las cosas de los niños que se había dejado por el camino hacia su escondite que se encontraba en la montaña.
Una vez en la montaña, fueron teniendo cada vez más cuidado por la peligrosidad que eso suponía. Los rastros se podían seguir perfectamente y tras subir durante bastante tiempo por la montaña, llegaron a la entrada de una de las cuevas. En la entrada se acumulaban gran cantidad de objetos de los niños del pueblo. Mientras contemplaban todo aquello, Sacul los interrumpió drásticamente
– Si no me equivoco, creo que aún estamos a tiempo.
– ¿A tiempo de qué?. Preguntaron inquietados.
– ¿Tenéis conocimiento de que haya desaparecido álguien sobre todo algún niño?
Todos se miraron como preguntándose sin pronunciar palabra alguna.
– La verdad es que no. Afortunadamente hasta ahora hemos podido mantenernos bien escondidos de él.
– No dudo que así lo habéis intentado pero por fortuna, vuestra suerte se debe más a que aún está en la fase de recopilación de cosas.
Y realmente así era. Los monstruos del tipo que se encontraba allí, lo primero que solían hacer era recopilar objetos pertenecientes a las personas que tenían intención de capturar, para una vez considerar suficiente dicha recogida, lanzarse a por sus víctimas.
– Entonces, aún disponemos de cierto margen para preparar la trampa. Dijo uno de los integrantes del grupo.
– ¡Exacto! Aunque no sabemos exactamente cuánto y además, eso no significa que si tiene oportunidad, se haga con algunas de sus víctimas. Y peor aún, si ve que alguien, como sería nuestro caso, está intentando impedírselo se volverá muy agresivo contra nosotros.
Era hora de preparar la trampa. Ya sabían de qué se trataba su rutina, que no era otra cosa que la de recoger las cosas de sus próximas víctimas y llevarlas a la cueva. Por lo que rápidamente bajaron la montaña y fueron al refugio del anciano, mientras uno de los integrantes se marchaba para informar a la gente que seguía escondida.
– Hijo, comenzó a decir el padre de Sacul. Hay algo que me preocupa, bueno hay muchas cosas que me preocupan pero, el echo de que le pueda rodear un aura radiactiva, es lo que más me preocupa.
– Te entiendo papá y estoy pensando en ello. Pero eso será algo a tener en cuenta luego.
– ¿Luego?. ¿A qué te refieres con luego?
– Pues que ahora lo primordial es impedir que tenga la oportunidad de atrapar a algunas de sus víctimas y las introduzca en la cueva.
– ¿Y en qué estás pensando?
Todos se acercaron y rodearon a Sacul para prestarle toda su máxima atención.
– Tenemos que destruir el acceso a esa cueva. Los monstruos, cuando ven que ya no tienen puerta de escape, se olvidan de las víctimas y se concentran en volver a poner la entrada en óptimas condiciones y será en ese momento cuando aprovechemos para capturarlo.
Todos empezaron a gritar de júbilo por la idea de Sacul. Por fin tenían un plan para atrapar al monstruo Setilnaf. Poco a poco iban creyendo más en la posibilidad de terminar con esa pesadilla.
– Creo que sé cómo podríamos llevar a cabo dicho plan, dijo el anciano interrumpiendo la alegría desbordante de todos.
– ¿En qué está pensando señor?
– Tengo unos explosivos que utilizamos para cuando construimos casas nuevas que están cerca de la montaña. Cuando se excava para hacer los cimientos, se suele encontrar rocas provenientes de la montaña y con los explosivos, las hacemos añicos.
Todos volvieron a gritar de alegría. Parecía que todo se estaba poniendo a favor.
– ¡Estupendo! le contestó Sacul. Pues escuchad todos, éste es el plan.
El plan que diseñó Sacul consistía en poner primero a unos centinelas apostados en los accesos al pueblo y así evitar que nuevas personas, pudiesen ponerse en peligro. Lo segundo fue poner más cebo por el pueblo, prácticamente cubrirlo por entero, así el monstruo estaría entretenido recolectando lo que consideraba importante, antes de ir en busca de sus víctimas. En ese tiempo, ellos tendrían que subir a la montaña con todo lo necesario. Los explosivos para taponar la cueva y luego colocar unos postes por encima de la cueva, a ambos lados. De ahí, fuertemente agarrada pondrían la malla por encima de la puerta que ya estaría taponado y agarrada por los otros extremos, a las copas de los árboles de enfrente.
La idea era que cuando el monstruo, tras escuchar la explosión subiera a la montaña y viera que la puerta estaba destrozada, se afanara en volverla a abrir, para en ese momento soltar la red y ésta caer sobre el monstruo. Momento que tendrían que aprovechar todos los que estarían por allí escondidos, para por medio de una especie de estacas, dejar bien fijada a la red e impedir que el monstruo pudiera escapar. Después de hacer todo eso, podrían ir a buscar ayuda y medios para enjaular al malvado monstruo.
Todo estaba ya en marcha y poco a poco fueron haciendo todo lo que Sacul planeó y por fin a la mañana siguiente, estaban todos listos esperando a ver al monstruo ir recorriendo el pueblo recogiendo las cosas que habían dejado.
Cuando por fin vieron al monstruo entrar por las calles del pueblo, empezaron a subir a la montaña para terminar de preparar la trampa.
Era complicado trabajar en la montaña preparando la trampa pero por fin, todo estaba listo. La trampa, la red y todos escondidos para no ser vistos y cuando así lo consideraron, Sacul dio la orden.
Una gran explosión se escuchó por toda la montaña y la puerta de la cueva, quedó completamente derrumbada. Como esperaban, al poco tiempo el monstruo apareció y al ver la cueva, comenzó a dar fuertes alaridos. Pero al poco tiempo se olvidó de su rabia y comenzó a despejar la entrada. Todos estaban expectantes esperando la orden de Sacul y de repente se oyó ¡Yaaaaa! y la red se soltó cayendo encima de Setilnaf. Cuando éste quedó atrapado, todos corrieron y comenzaron a poner estacas y dejar fijada la red, hasta que al poco tiempo Setilnaf, quedó completamente atrapado.
Todos gritaban contentos ¡lo conseguimos, lo conseguimos!. Rápidamente bajaron al pueblo gritando que todo había acabado y que podían salir. Y así fue, la gente que se encontraba escondida en sitios que nadie podría haber adivinado, comenzaron a salir. Hasta que poco tiempo después todo el pueblo estaba reunido en la plaza.
Algunos vecinos fueron en busca de ayuda y no tardó mucho en que ésta llegara al pueblo. Cómo la entrada a la cueva estaba taponada y por ende la entrada al mundo de los monstruos, no podían utilizarla para devolver a Setilnaf a su lugar, por lo que las autoridades decidieron meterlo en un avión y llevarlo a una isla perdida en el océano.
Algunos días después…
Sacul cogió el mando de la tele y se tiró en el sofá, ya que estaba apunto de empezar uno de sus dibujos animados favoritos. La televisión ya estaba encendida y estaban dando un boletín informativo de última hora. Lo hacían mostrándolo con unas grandes letras parpadeantes en un rojo intenso, cosa que le llamó mucho la atención a Sacul y se quedó mirando qué era lo que decían.
“Como bien saben nuestros telespectadores, el monstruo capturado por el valeroso e intrépido cazador de monstruos Sacul, está siendo llevado a una isla perdida del Pacífico. Pero el avión que lo transporta, ha tenido que hacer antes una escala en un aeropuerto de Tailandia para repostar el avión de combustible.
Mientras el personal de mantenimiento se encontraba realizando dicha tarea, la tripulación ha aprovechado para comer y descansar. Una vez de regreso al avión, se han percatado de que la jaula donde estaba encerrado el monstruo estaba abierta y lo peor y más importante, no hay señales del maléfico monstruo.
Las autoridades han activado el protocolo correspondiente, poniendo en alerta a todos los cuerpos de seguridad del país para estar prevenidos ante cualquier posible ataque que se produzca.
Desde aquí lanzamos un S.O.S, para que de nuevo nuestro héroe Sacul, sea capaz de volver a atrapar al monstruo. Quedamos a la espera de que su llegada al país sea lo más pronto posible. Sacul, confiamos en tí. Mucha suerte y sálvanos de nuevo…”
FIN

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