SLAVEOFDESIRE

Teresa y yo seguimos bailando y vaciando nuestras copas, a mi me había invadido uno ola de energía positiva, estaba feliz, sonriente, ya hasta me daba igual parecer un pato mareado. Teresa me miraba seria, como si tuviera algo que decirme. Llevábamos un rato en silencio así que me pegue a ella y me acerque a su oído para que pudiera oírme por encima de la música.

-¿Que te ha parecido Miriam?

– Es muy maja. Y muy guapa. No me extraña que te guste…

– ¿Verdad? ¿Crees que tengo alguna posibilidad? Yo creo que hoy es la noche.

– Si bueno, no serias el primero que piensa eso y la caga estrepitosamente.

– ¿Te ha pasado?

– Casi.

– ¿Y que hiciste?

– Pasar página. Voy un rato con estos.

– Espera, ¡Teresa! La llamé pero o hizo oídos sordos o no me escuchó. No sabía que mosca le había picado, era ella la que había insistido en bailar y ahora me dejaba plantado, sin decirme siquiera el porqué. Le habrá recordado con nuestra conversación algo que le había pasado? ¿Algo doloroso? Tenía que averiguarlo. Antes de seguirla volví a echar un vistazo a la barra. Miriam seguía atendiendo copas mientras hablaba con el tío de la camisa blanca. Tendría que preguntarle por él.

Me abrí paso entre la gente – Dios, como odio las aglomeraciones, hasta llegar al grupito. Teresa hablaba con la otra chica del grupo mientras los tíos hablaban entre ellos. En cuanto me vio Manuel me paso un brazo por los hombros tomándose unas confianzas que a mí no me gustaban ni un pelo.

– ¿Qué tal? ¿Has vuelto a ver a tu compi? Me dijo con un tono de evidente embriaguez.

– Si.

– Estábamos comentando lo buena que esta. Antes he intentado tirarle la caña pero no había manera, esa tía solo tiene ojitos para uno. Menuda zorrita.
Sus gestos y palabras me estaban poniendo muy incomodo, busque a los demás con la mirada en busca de ayuda pero solo Teresa le miraba con rabia, los demás se limitaban a reirle las gracias.

– En serio tío, si fuese mi compañera de piso mañana la cogía por banda y …

– ¿Y qué? Saltó Teresa. Venga suéltalo, seguro que a Sara le encantara saber lo que le harías.

– ¿Qué? ¿Qué dices?

– Sara, nuestra compañera del trabajo con la que te estás liando en secreto. Ups, supongo que ya no es tan secreto ¿No? Suponiendo que no lo hayas ido gritando a los cuatro vientos, cosa que no me extrañaría.

– No sé de qué me hablas. Manuel estaba tan borracho como nervioso, no sabia como salir de esta.

– Entonces no te importara que se lo cuente ¿No? Venga dinos que le harías a esa “zorrita” somos todo oídos.

– Yo… Yo… Tengo que ir al baño.

Manu huyó con el rabo entre las piernas mientras un silencio incomodo se apoderaba del grupo. Me acerque a hablar con Teresa pero me cortó al instante.

– No Juan, no digas nada, el tío estaba hablando así de la tía que te gusta y tu callado, ahí es cuando tenias que haber dicho algo.

– Yo..

– ¿Tú qué?

– No sé.

– Ya sé que no sabes. Ya sé que no te enteras de nada. Dicho esto se dio la vuelta y se perdió entre la multitud. Quise seguirla pero la otra chica – Que por cierto se llama Ángela, me lo impidió. “Déjala sola” me dijo, así que me limite quedarme allí, apurando mi copa en silencio. No entendía nada pero una cosa estaba clara, tenía razón, no le había echado huevos. Todo venia a lo mismo de siempre, mi incapacidad para tomar el toro por los cuernos y hacer algo. Se acabó. De un trago me terminé el cubata y me dirigí a la barra, no sabía cuál era mi intención, supongo que oír lo que me tenía que decir Miriam y dependiendo de lo que me dijese actuar. En cualquier caso tenía claro que volveríamos a casa juntos y sería el momento perfecto para dejar las cosas claras.

La barra estaba bastante menos abarrotada que antes y Miriam hablaba con el chaval de la camisa, ambos apoyados en la barra muy cerca uno del otro. No me esperaba esa estampa. Tan pronto como ella me vio se separó del él y me saludo.

– ¿Vienes a por mas?

– Si.

– ¿Lo mismo?

– Si.

– Uy que hablador estas. ¿Donde está Teresa?

– No, no lo sé.

– ¿Que ha pasado?

– Manu ha hecho unos comentarios salidos de tono y le ha cantado las cuarenta. Y bueno, me ha dicho que porque no he dicho nada y se ha pirado.

– Vale ahora lo tengo claro.

– ¿El qué?

– Juan, ¿No te has dado cuenta? Teresa esta colada por ti.

Me quede en shock. No podía ser verdad lo que me estaba diciendo. Tenía que ser una broma.

– Jajajaja ¿Que dices? Solo somos buenos amigos.

– Quizás tú sí, pero para ella eres algo más. ¿No te has dado cuenta que no se separa de ti? ¿No te has dado cuenta de la forma en la que te mira?

– Eso no…

– Solo tenias que haberla visto cuando le he dicho que tenía que decirte una cosa, no veas la mirada de celos que me ha echado.

Definitivamente no estaba preparado para oír eso. Teresa, mi amiga de hacía casi 3 años colada por mí. Todas las cosas que habíamos compartido, todos los momentos, las conversaciones, en definitiva cada recuerdo ahora los veía con otro prisma. Ahora entendía sus silencios cuando hablaba de Miriam, ahora entendía sus piropos, ¡Joder, hasta la conversación sobre el chaval del trabajo que le gustaba!
¿Como había estado tan ciego?

– ¿No te habías dado cuenta hasta ahora?

– No.

El chaval de la camisa que estaba a mi lado se rió. Miriam le echo una mirada de reproche e hizo el gesto de cerrar el pico.

– Tienes mucho que aprender aun sobre chicas. Anda toma. Me dio mi cubata y se fue a atender a otro cliente.

Volví sobre mis pasos como si fuera un zombi, no solo me había dejado atónito con la revelación sino que había hecho que me sintiese como un crio. Si no era capaz de ver como la chica con la que había estado trabajando codo con codo durante tres años estaba colada por mí, ¿Cómo iba a estar seguro de que yo le molaba a Miriam?

Llegué al grupo que tenía una estampa muy distinta desde que los deje para ir a hablar con Miriam. Manu estaba silencioso, blanco como la leche, y los ojos bien abiertos, tenía aspecto de haber vomitado o de haber sufrido una salmonella. Los demás hablaban poco o nada. Le pregunte a Ángela si sabía algo de Teresa y me dijo que no sabía, que estaría bailando. Dejé el cubata en la mesa sin haberle dado un mísero trago y fui a buscarla, quería que me confesase lo que de verdad sentía.

No tardé mucho en encontrarla, estaba cerca de la puerta bailando con un chaval mientras no paraban de besarse. Fue como un mazazo para mí, no sentía nada por ella mas allá de la amistad pero ver lo rápido que se había olvidado de mi y lo rápido que se había liado con un tipo cualquiera me dio nauseas. Salí a la calle sin que me vieran e cuanto me hube alejado unos metros me puse entre dos coches y vomité.

La noche que se suponía me iba a servir para despejarme de mis problemas solo había conseguido crearme más. Estaba asqueado de las tías, de Miriam de Teresa, de los tíos, de Manu, del imbécil de la camisa, hasta del novio de Miriam, pero sobre todo estaba asqueado de mi. De mi inutilidad, de mi pasividad. Miré mi móvil, eran las 4 y media de la mañana. Tenía un WhastApp de Hugo desde hacía dos horas. Solo me saludaba, imagino que querría que le contase algo sobre Miriam. Llame a un taxi y en menos de media hora estaba en casa. Me sentía abatido y destrozado, solo quería cerrar los ojos y dormir, y a pesar de que la habitación me daba vueltas no tardé en conseguirlo.

Horas más tarde me despertó un alarido. Permanecí con los ojos cerrados huyendo de la luz que entraba por las rendijas de mi persiana. Tantee a ciegas con mi mano hasta alcanzar el móvil en la mesilla. Mis oídos pitaban y mi cabeza rabiaba de dolor, mi lengua estaba más seca que un desierto. Abrí los ojos y la luz de la pantalla casi me deja ciego. Las 9 de la mañana. Era aun pronto para despertarse. Entonces volví a oír otro alarido. Mi cerebro cansado y medio alcoholizado se puso en alerta pero aun tardó casi un minuto en analizar lo que estaba pasando.

No había sido un alarido, había sido un grito de placer.

Y provenía de la habitación de Miriam.

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