JOSÉ MARÍA ROSENDO

Esa noche no podía consolidar el sueño. La incertidumbre de lo que pasaría mañana lo hacía dar vueltas y vueltas sin poder encontrar un posición para dejar tranquilo el esqueleto. La elucubración del plan lo fue venciendo de a poco, hasta quedar dormido.

Ese anochecer se había convertido en un día agitado. Su ritmo cardiaco irregular hacía que su respiración fuera más acelerada de lo acostumbrado, y eso lo sentía. La ducha lo normalizo un poco, sintió que su estado anímico comenzaba normalizarse. Se preparó el desayuno, se fijó la hora y tenía tiempo de tomarlo tranquilo. Al terminar toma la talega del placard y se recostó en el sillón del living a esperar la hora que ya había fijado con la empresa de seguridad.

* * *

Llego al banco media hora más temprano. Aprovecho para ir a la caja de seguridad. Cuando abrió su caja y vio toda esa cantidad de dinero prolijamente apilado, sintió que algo convulsionaba su espíritu. Volvió a subir con la talega, faltaban cinco minutos para que llegaran.

Sentado en la recepción, con la maleta a un costado de su butaca como protegiéndola. Miraba a ambos lados de la sala, no quería tener sorpresa a último momento. Los vio llegar y fueron directo donde estaba Juan. Se hicieron cargo del bolso y salieron hacía el camión de caudales. Ese recorrido hasta el banco hacia sudar a Juan. Esperaba que todo fuera como lo había planeado y no tener que ver nunca más al mamut. Quería olvidarse de todo y vivir una vida plena con Laura. Su única preocupación era que no le pasara nada a ella.

–    Señor ya llegamos. Vamos a dejar el camión a media cuadra en un cajero rapipago que es cliente nuestro. Aquí tiene su maleta. Lo vamos siguiendo a metros de distancia, no se preocupe, tenemos experiencia en estos tipos de trabajos.

Juan bajo del camión y se dirigió tranquilamente al banco, sabía que no le podía pasar nada con el mastodonte, porque no era ningún boludo, y si quería arrebatarle la cartera antes de llegar al banco sabía que iba vigilado y no iba a arriesgarse. Eso sería espectacular, porque lo cagarían a tiros pensó. Al llegar a la puerta del banco, se dio vuelta y le hizo un giño de aprobación a los custodios y entro.

–    Buenas tardes Alicia, gracias por suplantarme. Ahora déjame que continúo yo.

Dejó el bolso en el lugar que le había indicado al monstruo. Miro su reloj y faltaban diez minutos para las 14hs. Estaba inquieto, porque ese día no había mucha gente haciendo tramites. Cuando mira hacía la entrada lo ve que ingresa al banco. Va derecho donde estaba Juan. Se pone atrás de una señora que Juan estaba atendiendo. Cuando se retira, el grandulón se pone frente a él y lo mira como siempre. Como queriendo hacerlo mierda. Le entrega la boleta de depósito. Juan la toma como para sellársela y en ese momento hace dos cosas: saca el papel que le dio esa vez y toca la alarma. El gigante cuando escucha el sonido estridente saca su arma y le dispara a Juan. El vidrio desvió el trayecto y le dio en el brazo. La policía de custodia corre hacía la caja donde se encontraba  el bárbaro con su arma en mano. Le dan el alto y que baje el arma. Dispara y el agente se dobla en dos. Corre hacía la salida, cuando se cruza otro policía y lo balea en una pierna. Cuando el agente cae al piso, el animal quiere salir por la puerta giratoria y dos disparos le sacan medio cerebro. Quedo sentado y trabado entre las hojas de vidrio de la puerta giratoria. Sus ojos estaban abiertos como si la muerte lo hubiese sorprendido.

Cuando Laura ve a Juan herido y en el suelo, lo abrazo y lo beso. El revuelo del banco fue grandioso. Juan pudo sentarse y esperar los paramédicos. El tesorero del banco se acercó y lo felicito. Los patrulleros llegaron en minutos. Cuando la policía marcaban el perímetro de donde habían sucedido los hechos, un oficial se acercó donde Juan era atendido por un médico.

–    Como se encuentra señor Ventura. Soy el comisario Benítez.

–     Dolorido, pero vivo, gracias a Dios.

–    Puede contestar una pregunta o prefiere hacerlo cuando se encuentre mejor.

–    No, prefiero hacerlo ahora comisario. Haga la pregunta.

–    Como supo que quería robar, lo amenazo con el arma.

–   No, me dejo una nota que quería el dinero ya. Hice un amague de que iba a sacar la plata y toque el botón de alarma.

–   Sargento, encontró una nota en la caja nº 1.

–    Si comisario la tiene científica.

–   Bueno lo felicito señor Ventura hay que tener agallas para hacer lo que hizo. Cuide el brazo.

Cuando llego la ambulancia para trasladar a Juan. Un empleado le dice que esperen.

–    Juan te olvidas tu bolso.

–    No, no tiene nada. Solo contiene libros viejos que quería donarlos. Hace una cosa si alguien del banco le interesa lo aprovechan, sino tíralos junto la maleta.

Cuando suben a Juan, Laura lo acompaño hasta el hospital. Lo miro seriamente. Juan vio esa mirada y le pregunto.

–    ¿Que pasa Laura?

–    Al verte entrar vi que llegaste con el bolso que me contaste que contenía la plata. Lo primero que pensé era que se lo iba a dar.

–    Ni loco pensé todo eso, porque no había para mi otra solución que hacerlo desaparecer, y esa era la única manera. Ahora podemos disfrutar libremente de ese dinero. Esta noche vamos a cenar a la misma cantina del barrio T. Creo que lo merecemos. Fue un anochecer  de un día agitado.

 

–  FIN  –

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