SLAVEOFDESIRE

s juro que si en ese momento me pinchan no me hubiera sangrado, de las cientos de discotecas que albergaba la ciudad teníamos que venir justo a la que trabajaba Miriam. Parecía una broma macabra del destino.

– ¿Estás bien? Me preguntó Teresa al ver que me quedaba empanada mirando fijamente el cartel de neón con el nombre de la discoteca.

– Si, acerté a responder. Parecía que el destino no quería que me olvidara de Miriam ni siquiera por una noche. No había mucha cola así que tras apenas diez minutos de espera pagamos los diez euros de entrada con consumición y entramos.

No se puede decir que el Mombasa fuese muy amplio pero sí que era muy peculiar, la decoración reflejaba el nombre del local pues era totalmente africana. Tenia símbolos y diversos objetos tribales por las paredes como mascaras, lanzas, banderas de países africanos, etc. El local era rectangular con los baños al fondo y la barra al fondo a la derecha, todo el centro era una pista de baile y pegada a la pared izquierda había diversos sillones y taburetes. Cuando entramos vimos que no estaba ni la mitad de lleno de lo que podría estar, la gente bailaba y se divertía al son de los últimos ritmos latinos. Nos sentamos en unos taburetes con mesitas que había en la parte izquierda y mientras los demás comentaban y admiraban la decoración del local Manuel no paraba de alardear de su descubrimiento. Yo por mi parte mire sin remedio a la barra y allí la vi. Miriam, mi preciosa compañera de piso, vestida con un precioso vestido blanco totalmente ceñido, atareada servía copas a un grupo de chavales. Nunca la había visto tan guapa.

– Ey, voy a pedir algo para beber, ¿Os venís? Nos dijo Manuel a Teresa y a mí al tiempo que me sacaba de mi ensoñación.

– Claro, vamos. Dijo Teresa.

-No, espera, voy yo con él, ¿Tu qué quieres?

– Un ron cola.

– Vale, ahora venimos.

Era la primera vez que veía a Miriam en su jornada de trabajo o incluso fuera de casa, era una experiencia nueva e inesperada para mí pero tampoco estaba nervioso, ¿Acaso había alguna razón para que se comportara de forma diferente conmigo? Llegamos al gin a la barra y en cuanto me vio se le ilumino la cara y salió de la barra para saludarme.

– ¡Juan! ¿¿¡¡Qué haces aquí!!?? Exclamo sorprendida y feliz de verme. Se acerco y la estreche entre mis brazos ante la atenta mirada de Manu.

– Aquí, que nos ha traído él, vaya casualidad.

– Hola, soy Manu. Se apresuró mi compañero a saludarla tan pronto me aparté.

– Encantada – respondió ella dándole dos besos. ¿Qué tal va la noche?

– Muy bien, hemos tomado unas cervezas y ahora venimos aquí a darlo todo – Se adelanto Manu a responder.

– Hablaba con Juan jaja.

– Ah perdón jaja.

– Bien, lo que ha dicho él básicamente. ¿Tú que tal, mucho lío?

– De momento tranquilo pero de aquí a una hora que cierran los pubs de alrededor esto se peta. ¿Queréis tomar algo?

Miriam nos sirvió las copas mientras seguíamos charlando, se veía que tenía ya sobrada experiencia en servir y hablar a la vez. Manu por su parte no quitaba ojo a su escote.

– ¿Quienes habéis venido?

– Unos cuantos del curro – se apresuro a contestar nuevamente Manu antes que yo, estamos por allí bailando.

– Ya veo, oye Juan, ¿Cuál de las dos es tu amiga?

– ¿Teresa? La pelirroja.

– Genial, luego me la presentas.

– Claro, sin problemas.

– Pues aquí tenéis chicos. Juan luego tráetela en un rato que veas que no haya mucha gente pidiendo y hablamos un ratillo.

– Vale, que te sea leve.

– ¡Hasta dentro de un rato! Se despidió Manu.

No nos habíamos alejado ni dos metros cuando Manu me empezó a atosigar a preguntas sobre Miriam.

– Oye tío, que buena esta tu compañera de piso.

– Ya…

– Que suerte tienes cabrón jaja. ¿Estáis liados?

– No.

– Ajam, y ¿Sabes si tiene novio?

– De hecho si, si lo tiene. Además es un armario empotrado, yo no me arriesgaría…

Parce que con eso conseguí que se callara de una vez, ya me había parecido un presuntuoso y ahora me parecía un autentico imbécil, pero aun me caería peor pues cuando nos reunimos con los demás lo primero que soltó fue que mi compañera de piso era la camarera. Si las miradas matasen le habría asesinado tres veces seguidas a base de puñaladas con la mirada que le eché.

– No me habías dicho nada. Me dijo Teresa.

– No me acordaba del nombre de la discoteca en la que trabajaba – le conteste pero no creo que se lo tragase.

Nos quedamos un rato en silencio, bebiendo. No sabía porque se lo había ocultado pero claramente le había sentado mal, debía buscar algún tema de conversación para acabar con ese silencio tan incomodo pero me había quedado totalmente en blanco, definitivamente me faltaba practica en hablar con chicas. Entonces volví a mirar a la barra y vi a Miriam que salía de ella para saludar a un tipo que acababa de llegar. Era alto, moreno con el pelo corto y barbita recortada, llevaba una camiseta blanca con rallas azules, tendría mas o menos nuestra edad y se le veía en forma. Pensé que seria algún amigo de la universidad pues le saludo con una familiaridad parecida a la mía. Siguieron hablando mientras Miriam servía copas a diestro y siniestro, pues el se había sentado estratégicamente en el centro de la barra, junto a la zona de los hielos y los vasos. Lo que me pareció curioso es que el tipo parecía haber venido solo. Atento a sus movimientos estaba cuando Teresa llamó mi atención.

– ¡Vamos a bailar!

– ¿Que dices? jaja

– Ya me has oído. Teresa me cogió de la mano y me arrastro al centro de la pista pese a mis negativas.

– ¡Que yo no sé bailar!

– Pues yo te enseño. Pon tus manos en mi cintura – Me dijo a la vez que posaba sus manos en mi pecho. Ahora mueve la cadera así, al son de la música. Sus caderas se contonearon de un lado al otro y yo intente imitarla torpemente.

– ¿Así?

-Si, más o menos jaja, ahora, acompaña con los pies, dos pasos a un lado y dos al otro.

– Me siento ridículo, dije intentando imitarla.

– Que noo todo el mundo baila así, ahora intenta que tus hombros se muevan como tu cadera.

– Joder parece que me está dando un ataque epiléptico.

-JAJAJAJAJA. Idiota, venga, que lo estás haciendo muy bien, sigue.

– Es que no me sale natural.

– Porque tienes que dejarte llevar, estas muy tenso.

– Necesito más alcohol. Volvimos con los demás pese a sus quejas y estuvimos bebiendo hasta acabar los cubatas, a lo lejos observaba que el tipo de la camisa seguía en la barra hablando con Miriam de vez en cuando. Me tenía un poco mosca.

– Ahora vamos a volver a bailar ¿Eh? No te vas a escaquear.

– Ni tú de contarme quien te gusta.

– ¿Así que por eso me has traído de vuelta al bebercio?

– Era matar dos pájaros de un tiro jajaja.

– Pues ya he matado a mi copa. Acaba ya que quiero volver a ver ese ataque epiléptico tan sexy.

– Mejor me voy a por otra copa.

– ¡De eso nada, vamos a bailar!

Nuevamente los dos en la pista de baile, Teresa no para de hacerme reír, el alcohol y las risas hacen que poco a poco me vaya soltando. Ya no me siento tan tenso, noto eso que llaman ritmo mover mis extremidades como si fuera una marioneta a su merced. Hasta me he olvidado de Miriam, del tío de la camisa y hasta del gilipollas de Manu. Solo estamos Teresa y yo bailando y riendo.

– Muy bien ahora vamos a cambiar los pasos, un para adelante y otro para detrás – me instruyó Teresa.

– Vale, a ver.

– ¡Au! ¡Me has pisado!

– Perdón.

– Intenta llevar tú el ritmo – Me animó ella.

– ¿Así? Le pregunte guiándola con algo más de seguridad.

– Si, estas haciéndolo genial.

– Ya le voy cogiendo el tranquillo.

– Porque te has soltado. Tienes que lanzarte más a hacer cosas y salir de tu zona de confort.

– Es que soy muy tímido, me cuesta horrores.

– Pues es una pena porque con lo majo y guapete que eres podrías llevarte a cualquier chica de calle si te lanzaras. Sobre todo hoy.

– ¿Hoy?

– Si, hoy estas súper guapo.

– Gracias.

Seguimos bailando en silencio, mirándonos con una sonrisa en sendos labio. La verdad es que sus palabras me habían emocionado, no estaba acostumbrado a recibir piropos los únicos que recibía eran de Teresa y de Miriam.

Miriam.

Volví a acordarme de mi compañera de piso. Mire hacia la barra y la vi ajetreada atendiendo al personal, vi al tipo de la camisa que seguía allí. También vi a otro camarero que le ayudaba, un tipo alto rubio con melena y tauajes. Volví a mirar a Teresa pero su semblante había cambiado, ya no me miraba y parecía triste. Pensé que igual estaba melancólica por el chico que le gustaba.

– ¿Y a ti a quien te gustaría llevarte hoy?

– ¿Qué?

– Dices que yo podría llevarme a cualquier chica pero ¿Tú a quien querrías llevarte al huerto hoy? ¿Al chico del trabajo?

-Si… Pero creo que no le intereso.

– Bueno, tendrás que averiguarlo ¿No? Dime quien es y quizás pueda echarte una mano.

– Pues es… Estoooo tengo que ir al baño. Me soltó y se fue con cierta prisa hacia el fondo de la sala. Me quede en medio de la sala como un pasmarote rodeado de gente embriagada por la música y el alcohol, no me quedo más remedio que volver con el resto del grupo. No entendía esa reticencia a contármelo pero tarde o temprano tendría que hacerlo. Apenas metí baza en la conversación, no me caía especialmente bien esa gente, sobre todo Manu que de vez en cuando me soltaba algún comentario referente a Miriam. Tuve que soportar aquella insufrible cháchara durante los casi veinte minutos que tardo Teresa en regresar del baño.

– Uff no sabes la suerte que tienes de ser tío. Que lentas son siempre las colas del baño de las chicas, coño.

– Ya pensaba que te habías caído dentro del váter.

– JA, JA, muy gracioso. ¿De qué habláis?

– Ni idea, no me interesa mucho de lo que hablan.

– Como eres…

– Creo que voy a ir a por otra copa.

– Te acompaño.

Su respuesta me sorprendió pues seguía pensando que por algún motivo que desconocía le caía mal Miriam, pero estaba seguro de que si la conociese cambiaria de opinión. Nos abrimos paso entre el gentío hasta hacernos un huequillo en el extremo de la barra, junto a la zona por donde se sale de ella. Le hice un gesto a Miriam en cuanto conseguí captar su atención y me devolvió una sonrisa mientras seguía sirviendo copas. Definitivamente no les iba mal el negocio.

– Uff ya estoy. ¿Cómo va la noche?

– Menos ajetreada que la tuya. Miriam esta es Teresa. Teresa, Miriam.

– Encantada, tenía ganas de conocerte. – Dijo Miriam.

– ¿Ah, sí? Yo a ti también.- Respondió Teresa.

– La pena es que haya sido así y no en un momento en el que podamos charlar tranquilamente. ¿Queréis algo de beber?

– SI, lo mismo de antes – Respondí.

– Marchando, a esta os invito yo.

– Muchas gracias. Respondió Teresa.

– Dime una cosa Teresa. ¿Juan es tan desastre en el trabajo como en casa?

– ¡Oye! – salté ante ese ataque inesperado.

– Jajajaja no se cómo es en casa pero si es como en el curro…

– Oye ya está bien, he venido a presentaros no a recibir por todos lados.

– Anda si en el fondo te gusta. Tienes aquí a dos chicas preciosas queriendo darte lo tuyo – Soltó Miriam.

Teresa y yo nos miramos sonrojados por el inesperado comentario de mi compañera de piso mientras ella seguía preparando las copas.

– ¡Uy, os habéis puesto rojitos! jaja. Necesitáis beber mas, tomad.

– Gracias, ¿De verdad que no te debemos nada? Preguntó Teresa.

– No, no, cortesía de la casa, pero no os acostumbréis ¿Eh? Bueno chicos, yo voy a seguir con esto que sino mi compañero me mata. Pasáoslo bien. ¡Ah! Y Juan, luego vente un momento, que tengo que comentarte una cosa.

– Vale, luego vengo. Que se te de bien.

Nos abrimos paso de vuelta al grupo pero cuando pero a mitad de camino Teresa me detuvo y me obligó a bailar con ella, era incomodo bailar con la copa en la mano pero no me quedo más remedio. Teresa estaba enfocada en el baile pero mi cabeza estaba en otra parte, lo último que me dijo Miriam me tenía intrigado. ¿Que querría decirme? ¿Y porque quería decírmelo a solas? Quizás… Quizás Teresa tenia razón, quizás si que tenía una oportunidad con Miriam. De hecho todo lo que había ocurrido hasta entonces era prueba de ello, ¿No? El masaje, el coqueteo, lo de la ropa, incluso el ultimo comentario que había hecho puede que tuviese algo de verdad. Si no había pasado nada entre Miriam y yo es porque no me había lanzado. Si, ahora lo veía claro. Seguro que me iba a pedir que me quedase a esperarla, que volveríamos a casa juntos cuando acabase su jornada y que por fin prendería la mecha. Mire a la barra y la vi mirándome, sonriéndome. No estaba imaginándomelo producto del alcohol, no estaba borracho, bueno, puedo que un poco si, pero nunca había visto las cosas más claras. Hoy era el día. Hoy por fin iba a lanzarme.

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