IVÁN A. SAAVEDRA
¿Se Acabaron Los Miedos?
Ya estaba todo decidido, el destino así lo había querido y lo más importante, la humanidad no podía esperar más. Todo estaba en manos de Sacul y él sabía sobradamente lo que debía hacer.
– El papá de Sacul le preguntó: ¿Díme hijo, qué quieres que hagamos?.
– Bien papá, lo primero es averiguar cuál es la guarida de Setilnaf. Allí prepararemos la trampa y lo capturaremos.
– Bien y ¿Cómo lo vamos a hacer?. Ya sabes que aquí hay muchas cuevas y será complicado encontrarla.
El anciano, que parecía haber recobrado no sólo su entusiasmo, sino las fuerzas dijo contundentemente.
– Yo sé que rutina suele hacer durante el día. ¿Quizás eso te pueda servir Sacul?.
– ¡Claro que sí! ¡eso es fundamental!. Si está llevando una rutina es porque seguramente intuya u olfatee a las personas que estén escondidas, esperando a poder encontrarlas. Dígame, ¿Qué sabe usted de lo que este monstruo suele hacer?.
El anciano les indicó ir hacia una dirección. Era el lugar donde él se escondía. No era conveniente seguir mucho tiempo allí expuesto, por si el monstruo los veía. Así que, se dirigieron hacia un montículo de tierra que estaba rodeado por grandes piedras haciéndolo prácticamente imposible el adivinar que aquello en realidad, era la entrada a un subterráneo. Lugar donde el anciano estaba escondido desde la llegada del monstruo.
Una vez llegaron, el anciano comenzó a mover unas ramas que dificultaban ver la puerta que había detrás. Bajaron por unas escaleras y anduvieron por un pequeño pasillo hasta llegar a otra puerta y tras abrirla, Sacul y su padre pudieron contemplar una estancia bastante amplia, donde el anciano tenía lo que en ese momento podría llamarse su hogar. Tenía lo imprescindible para considerarse habitable. Unos sillones algo destartalado, una mesa, una pequeña cocina y una cama.
– ¿Aquí es dónde usted se esconde? Le preguntó Sacul al anciano.
– ¡Así es! antes lo usaba para guardar las botellas de un vino que yo mismo hacía. Pero hace ya mucho tiempo de eso y poco a poco, lo fui transformando en un lugar donde estar en soledad y sin que nadie me molestara.
– Bueno pues dígame todo cuanto sepa de ese monstruo. Tenemos que darnos prisa y atraparlo antes de que cambie su rutina y no tengamos esa ventaja. Papá, saca todo lo que llevas en la mochila y sepáralo colocando cada cosa en un sitio.
– De acuerdo hijo, ahora mismo.
El anciano empezó a contarle que hacía desde que se levantaba, hasta que antes de oscurecer regresaba a su escondite.
Mientras el anciano le iba contando, Sacul empezó a sentirse mal por no haberle contado a su padre la verdad, el motivo real de su deseo de ir a ese pueblo. Allí se encontraba un grupo de cazadores de monstruos que habían tenido indicios de que por allí deambulaba un monstruo. No lo habían conseguido ver, pero sí sus huellas y otras cosas que les hacían sospechar de que estaba, aunque por más que buscaban nunca conseguían verlo. Sacul les dijo que muy probablemente, alguna de las cuevas de las que allí había, pudiese ser la entrada al mundo de los monstruos y que ese monstruo que pensaban andaba por allí, seguramente entraba y salía de esa cueva.
Porque existía en algún lugar, un mundo donde vivían los monstruos y que de allí, salían pasadizos que daban a puertas de salida y esas puertas, estaban alrededor de todo el mundo.
A Sacul también le preocupaba, que otros monstruos encontrarán la manera de conseguir salir. Así que había doble cosa que hacer, una y primera, encontrar y capturar al monstruo y dos y no menos importante, encontrar esa puerta y sellarla para impedir que otros monstruos consiguíesen salir.
Mientras el padre se afanaba en ir preparando todos los utensilios que su hijo le había pedido preparara, no entendía muy bien como aquellas cosas servirían para hacer una trampa, pero Sacul sabía perfectamente cómo hacerlas combinar y crear trampas específicas para cada monstruo.
– Y dígame señor. ¿Dónde están los integrantes del grupo de monstruos de aquí?.
– Cuando el monstruo decidió por fin dar la cara y perseguir y capturar a las personas, ellos estuvieron intentando por todos los medios acabar con él, pero todos los esfuerzos fueron en vano. Fue entonces cuando se pusieron en contacto contigo.
– Pero no sé qué ocurrió, que la comunicación se cortó y no consiguieron darme muchos datos, le indicó Sacul.
– ¡Si!. ¡Eso es!. Toda vía de comunicación de repente se cortó y fue cuando comprendimos que estábamos solos. No sabíamos si tú habías alcanzado a entender que necesitábamos tu ayuda. Por eso yo me he quedado aquí, esperando a que sí lo hubieses entendido, vendrías.
– ¿Pero dónde están ahora, dónde fueron?.
El anciano les contó que se habían dividido en pequeños grupos junto a gentes del pueblo, escondidos en lugares como estaban ahora ellos. Cada uno intentaba hacer lo posible por no ser encontrado por el monstruo, con la esperanza de que todo acabara pronto.
– Bien, dijo Sacul. Ya tenemos los materiales, ahora saldremos y pondremos objetos concretos de la gente del pueblo en sitios estratégicos y así podremos ver que es lo que más le llama la atención. ¡Así podré diseñar la trampa idónea!.
Los tres salieron y pusieron en ciertos lugares del pueblo, objetos de las personas que allí vivían y que habían dejado en sus casas. Sacul cogió por un lado ropa de hombres, de mujer, de niños. También juguetes y cosas personales de los adultos. Quería comprobar qué era lo que más le llamaba la atención al malvado monstruo.
Después de colocar todos los objetos, intentando hacerlo con la mayor precaución posible, volvieron al escondite del anciano a pasar la noche.
Después de cenar y prepararse a pasarla, de repente se empezó a escuchar un sonido extraño que hizo inquietar al padre de Sacul.
– ¿Qué es ese ruido tan desconcertante?
– Debe de ser el monstruo, dijo Sacul.
– ¡Así es!, contestó el anciano. Le rodea como un aura por todo su cuerpo que le hace brillar.
Efectivamente, el monstruo tenía un aura radiactiva que lo hacía parecer una bola brillante en la oscuridad de la noche y además, desprendía un sonido como el de los cables de alta tensión. ¡Sólo esa imagen ya parecía escalofriante!.
– Eso que dice usted que desprende, interrumpió el padre de Sacul, creo y temo, debe ser una energía radiactiva y eso ciertamente lo hace aún más preocupante.
En ese momento Sacul miró a su padre y le dijo:
– Papá, quiero decirte algo y también pedirte disculpas.
– Tranquilo Sacul, ya sé que vas a decirme y no te preocupes. Seguramente ni tu madre ni yo te hubiésemos creído, así que discúlpanos tú a nosotros. Ahora tenemos una responsabilidad en nuestras manos y no podemos fallar.
La noche se hizo interminable, se estuvo escuchando a lo lejos el sonido que el monstruo hacía, hasta que ya al amanecer dejó de escucharse.
Tras dejar pasar un tiempo prudencial, decidieron salir e ir a comprobar todos los objetos que habían dejado alrededor de todo el pueblo. Poco a poco lo fueron recorriendo, siempre temerosos de ser descubiertos por Setilnaf. Pero al llegar a una pequeña plaza escucharon un ruido y rápidamente se escondieron. Poco a poco fueron agudizando el oído, hasta que se dieron cuenta de que se trataba de gente hablando. Así que decidieron salir.
Efectivamente se trataba de gente y más concretamente de algunos de los del grupo de cazadores de monstruos. Justo cuando estaban próximos a ellos, uno los escuchó y los miró. ¡Es Sacul grito!. Todos corrieron a su encuentro.
– ¡Qué alegría de verte Sacul! Dijeron todos.
– Yo también me alegro de veros y ahora que ya estamos juntos, será más fácil derrotar a Setilnaf. Ayer puse varios cebos por el pueblo para comprobar que es lo que más busca.
– Sí, los hemos estado viendo. Por eso pensábamos que estarías aquí. ¿Quién si no sabría hacer algo así?. Y creemos que hemos encontrado lo que busca este monstruo.
– Sí, me temo que también yo lo sé.
– ¿A qué os referís?. Preguntó el padre de Sacul.
– Las únicas cosas que faltan son los juguetes y cosas de los niños.
“Efectivamente así era. El malvado monstruo Setilnaf, buscaba a los niños. Sacul ya sabía a qué había venido el monstruo y también sabía que era peligroso no sólo por ser un monstruo sino porque al parecer, era radiactivo. Y eso hará difícil el poderse acercar a él sin correr más peligro del normal. ¿Cómo conseguirán capturar al monstruo?. En el siguiente capítulo lo descubriremos.”

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