SLAVEOFDESIRE

No hay sensación mas relajante en el mundo que sentir como el agua caliente de la ducha cae por todo tu cuerpo, al menos no hay otra tan asequible. Es como si no solo te limpiase la porquería y el sudor que arrastras durante el día, si no que también te limpiase el alma, al menos durante el rato que estas bajo el chorro. El baño se llenaba de vaho, mi piel se arrugaba por la humedad y mi polla se endurecía recordando la escena vivida en mi habitación hacia unos minutos. La escena había sido tan caliente como el agua que me mojaba en esos momentos, se podría haber cortado la tensión sexual que había con un cuchillo. No había duda, tenía que lanzarme, estaba decidido, mañana mismo si se me presentaba la ocasión, sin embargo, un hombre sabio dijo una vez que no se debe tomar una decisión con los huevos llenos. Lleve mi mano derecha a mi miembro y lo agarre con firmeza. No me gustaba pajearme en la ducha, pues el semen se solidifica con el agua y atranca el desagüe, pero no estaba como para ponerme a pensar en la integridad de las cañerías, estaba cachondo como yo solo y necesitaba aliviarme.

Mi mano recorría con firmeza y velocidad la longitud de mi miembro, el gel de baño con la que la había embadurnado ayudaba en la maniobra. Dicen que las pajas son personales, que jamás nadie te hará una paja como te la haces tú mismo y estoy de acuerdo al cien por cien con esa afirmación. Sacudía mi cipote con gusto imaginándome a Miriam que en vez de traerme la ropa cuando había estado en gayumbos se acercaba con las manos vacías, se detenía a un palmo de mi, se arrodillaba ante mi atónita mirada y mirandome fijamente a los ojos llevaba ambas manos a los costados de mi ropa interior y me despojaba de ella haciendo que mi polla saliese disparada como un resorte. Sin medias palabra la engullía, sin perder el contacto visual. No tenía ni idea de cómo era mi compañera de piso en la cama pero en mis fantasías siempre era la mejor amante que había tenido nunca, la que mejor la chupaba, la que mejor cabalgaba, la que mas guarradas me soltaba, la que no se negaba a nada.

Estaba a punto, mi pollas ardía en mi mano como el acero forjado y mis huevos me avisaban de que no podrían contener por mucho tiempo el torrente que contenían, un torrente que en mi mente iba a soltar en la garganta de mi preciosa compañera de piso. Ya estaba, lo sentía, era inevitable, iba estallar de un momento a otro pero entonces oí la puerta del baño abrirse.

Estuve a nada de saltar literalmente, gracias a dios no lo hice pues seguramente me habría resbalado y habría salido en las noticias de la mañana: hombre hallado muerto en la ducha de su casa con la cabeza abierta y la polla en la mano. Vaya forma mas anticlimatica habría sido de acabar el relato, ¿No os parece? Lo que si hice fue taparme a toda prisa y ponerme de lado para evitar que se me viera nada. A pesar del vaho y de los cristales empañados es fácilmente reconocible la figura de alguien machacándose la sardina. La puerta estaba entreabierta y una voz surgió desde la abertura.

– ¡Juaaaan!¡ Llevo 5 minutos llamándote!

– ¡Joder Miriam, no te oía! Que pasa!?

– Que me voy ya, no olvides plancharte eso ¿Eh?

– Siiiii mamaaaa.

-Jajajaja bueno, luego no digas, pásatelo bien anda ¡Besitos!

– ¡Chao!

Y cerró la puerta sin más. Si me había dejado con un palmo de narices con un calentón del quince ahora me había dejado cardiaco y con la paja cortada en el mejor momento, ni siquiera pensé en acabármela del susto que me había dado. Tras la ducha me preparé una cena ligera y sobre las once y media me planché la ropa, me vestí y salí. Habíamos quedado a las doce y cuarto a unas paradas de metro de donde vivía. Llegue el ultimo, como de costumbre, con diez minutos de retraso, mi tía solía decirme que llegaría tarde incluso a mi funeral y no creo que se equivocara. Enseguida saludé a Teresa, quien me regaño merecidamente por mi falta de puntualidad. Junto a ella habían venido a otros tres compañeros que conocía de vista del trabajo y la novia de uno de ellos. Uno de ellos, un tal Manuel, nos propuso empezar la noche en un garito que conocía y que no quedaba muy lejos. Se veía un tipo bastante seguro de sí mismo, actuaba con mucha iniciativa como si fuera el líder del grupo, de hecho creo que era un encargado en la oficina. A mí me daba realmente igual, nunca he tenido aspiraciones de liderazgo, mi única aspiración esa noche era beber y echarme unas risas con Teresa.

El garito no estaba muy saturado por suerte, odio las aglomeraciones de gente, hacen que me sienta incomodo y me agobio, de hecho me gustaba el ambiente. Se llamaba 4 clover y era rollo irlandés con decoración celta por todas partes, un billar y mucho sitio para sentarse. Al poco de entrar ya estábamos en una mesa vaciando jarras de cerveza. Teresa que se encontraba sentada a mi lado pronto empezó a contarme los últimos chismes de la oficina.

– ¿Sabes que Manuel esta liado con Sara?

– ¿Que Sara? ¿La secretaria?

-Siii, me he enterado porque les pille un día besándose en el coche de ella.

– Madre mía Teresa jajaja

– ¿Que pasa?

– Que eres una cotilla de cuidado.

– Joe, ni que lo fuera contando por ahí, solo te lo he contado a ti.

– ¿Seguro? ¿No se lo has contado a nadie más?

– Bueno y a alguna amiga más, pero no son del trabajo así que no cuentan.

– Como eres jaja.

– Bueno, ¿Y que te parece?

– Pues no sé, que bien por ellos supongo, aunque es peligroso.

– ¿Peligroso? ¿No piensas que puede ser muy morboso?

– ¿El qué?

– Estar liado en secreto con alguien del trabajo.

– Si, es morboso pero ¿Qué pasa si les sale mal? Se tendrían que ver si o si y sería super violento.

– Puede ser, pero pienso que si esa persona te gusta merece la pena de verdad el riesgo, ¿No crees?

– Me extraña mucho que me digas tu eso.

– ¿Por qué lo dices?

– ¿No me dijiste hace unas semanas que intentar liarme con mi compañera de piso podía ser muy arriesgado por esa misma razón?

Teresa intento replicarme pero le había dejado sin palabras. Nos quedamos un rato en silencio mientras los demás se reían de una ocurrencia que acababa de soltar Manuel. Creo que era la primera vez que provocaba ese efecto en Teresa, ella siempre se había mostrado conmigo como una hermana mayor que sabe que es siempre lo correcto por su madurez, admitámoslo, yo soy un desastre con patas, pero ahora era yo quien le había dado una pequeña lección. A pesar de ello me costaba creer que Teresa tan cabezona como era claudicara tan fácilmente y fue entonces cuando lo entendí.

– Un momento, ¿No será que te gusta alguien del curro?

Teresa aun en silencio con la mirada fija en su jarra, se puso totalmente colorada. No pude evitar soltar tal carcajada que la mesa entero se giró hacia mí, incluida Teresa que en vez de mirarme con curiosidad me miraba muerta de vergüenza y con un marcado reproche. Salí del paso argumentando que Teresa me había contado una cosa privada y volvieron rápidamente a su tertulia, Teresa se relajó un poco y yo inicie mi asedio de preguntas.

– ¿¿¿Eso es que si???

-Si…

– ¿Quién es? ¿Le conozco? Imagino que si porque sí no no te daría vergüenza contármelo.

– Si, le conoces.

– Venga suéltalo, no será el Manuel este ¿No?

– Nooo que va, no me gustan tan chulitos.

– Ah bueno, ya pensaba que se iba a ligar a todas las de la empresa jaja. Bueno entonces ¿Quién es?

– Me da vergüenza contártelo.

– ¡Venga tía, no seas así! ¡Yo te conté lo de Miriam!

– Pero no es lo mismo, yo no conozco a tu compañera de piso.

– ¡Vengaaaaa cuentameloooo!

– Pareces un crió, si lo se no te digo nada.

– Tarde jajaja. Voy a darte la tabarra toda la noche, o al menos el tiempo que me quede.

– ¿Como que el tiempo que te quedes? ¡Vas a quedarte toda la noche conmigo!
– Puff es que sabes que no soy de discotecas.

– Venga, ¡Me lo prometiste! Además, con lo guapete que te has puesto sería un desperdicio.

– Bueno hagamos una cosa, me quedo un rato siempre que me cuentes quien es el que te gusta.

Miriam se quedo mirándome unos instante pensado en su respuesta. “Vale”, dijo al fin, “Pero tienes que venir de discoteca”.

– Mmm trato hecho.

– Que vergüenza, ¿Estoy a tiempo de echarme atrás?

– No jajaja. Si hace falta te emborracho para que me lo cuentes.

– Pues mas te vale ponerme como una cuba.

– Pues empecemos a ello jaja.

Estuvimos un buen rato mas bebiendo y riéndonos, a ratos interactuando con los demás, a ratos hablando solo entre nosotros dos. Serian cerca de las dos de la noche cuando Manuel dijo de ir a una discoteca cercana. Yo me encontraba muy a gusto, me lo estaba pasando bastante bien pero he de admitir que una parte de mi no quería meterse en una sala llena de gente con reggaeton sonando a toda pastilla. Aun así hice el esfuerzo, me lo estaba pasando genial y tenía muchas ganas de descubrir la identidad del chico que le gustaba a Teresa. Por el camino no parábamos de hacernos bromas y de empujarnos influenciados por el allcohol que recorría nuestras venas, Manuel llego a sugerir que hacíamos buena pareja y ambos nos reíamos por la ocurrencia. Entonces miré a Teresa, llevaba un vestido rojo ceñido con escote palabra de honor que le hacía juego con el color de su cabello, ya dijé que no era mi tipo, y menos ahora que Miriam ocupaba exclusivamente mi cabeza, pero he de reconocer que estaba muy guapa esa noche. También me di cuenta que teníamos un rollo parecido al que teníamos Miriam y yo pero sin la parte en la que ella me imponía física y mentalmente, y sin los jueguecitos que se traía mi compañera de piso. No sé porque, pero creo que esa noche podía haber llegado a mirar a Teresa con otros ojos pero esa posibilidad se desvaneció cuando Manuel anuncio que habíamos llegado.

– Pues aquí estamos, este es el Mombasa.

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