IVÁN A. SAAVEDRA
Un Pueblo Fantasma
Sacul y su padre decidieron salir del coche y continuar andando. Ambos se miraban extrañados por el completo silencio que había en el pueblo. Ni siquiera se escuchaba el cantar de los pájaros, ni ladridos de algún perro lejano. Todo estaba extrañamente, en calma.
– Oye papá, ¿Qué ocurre, dónde fue la gente?. Preguntaba sorprendido Sacul.
– No sabría decirte hijo, sí que resulta raro. Pero quizás hallamos llegado justo el día en que sea la fiesta grande del pueblo y estén a las afueras en algún lugar que tengan preparado celebrando una gran fiesta.
Realmente no era eso lo que su padre pensaba, pero no quería que Sacul estuviera intranquilo y sintiera miedo. Así que intentó inventar aquello como si fuese en realidad lo que estuviese ocurriendo, la celebración grande que cada pueblo suele tener.
Cuando notó que Sacul parecía estar convencido por su explicación, le propuso dirigirse hacia el comienzo de la subida a la montaña y eso hizo que de nuevo Sacul volviera a emocionarse.
– Pero tenemos que buscar una cueva donde nadie haya estado antes y allí pondremos la trampa para cazar al monstruo. No te preocupes papá, no tienes que tener miedo yo sé muy bien como tratar a los monstruos.
– Claro hijo, no se me ocurriría ir a cazarlo sin tí. Y más imaginando que pueda ser como el peor y más temible de los monstruos “Gozzila” pero contigo, me siento muy seguro.
– Jajajaja ¿sabes qué? Cuando lo atrapemos, lo meteremos en un saco y cuando lleguemos a casa de mamá se lo daremos diciendo que es un regalo. Jajajajaja ¿te imaginas que susto se va a llevar?
– ¡¡Sacul!! No seas malo. Ya sabes que a tu madre le dan mucho miedo los monstruos. Mejor lo metemos en la cocina y lo amarramos a la pata de la mesa y cuando entre, seguro que se escucharan sus gritos desde mi casa jajajajaja.
Parecía que se habían olvidado de lo extraño de aquel pueblo y empezaban a disfrutar del magnífico día que estaba comenzando. Al poco rato de estar caminando, llegaron al comienzo de un camino de tierra, que se intuía que a lo lejos estaba el comienzo de la subida a la montaña. Se pararon justo allí y su papá, soltó la pesada mochila dando un suspiro de alivio. Sacul lo miró de reojo soltando una leve sonrisa, cosa de la que su padre percató  y éste, no pudo resistir la tentación de decirle “tú bien, ¿no Sacul? ¿Descansadito verdad?” y ambos comenzaron a reír.
– ¡Por fin llegas! Llevo mucho tiempo esperándote y no sabía si podría aguantar más tiempo escondido sin que se percatara de mí.
Sacul y su padre dieron un salto del susto que se llevaron al escuchar una voz tras ellos.
– Disculpe, nos ha dado un gran susto.
De repente, al padre le volvió a la cabeza lo extraño que le había estado pareciendo todo aquello desde que llegaron pero no menos, lo que les había dicho “¡Por fin llegas!”.
– ¿A qué se refiere con lo que ha dicho? y ¿dónde se encuentra la gente? Desde que hemos llegado y hace ya bastante tiempo, es usted a la primera persona que vemos.
El hombre, un señor mayor que parecía estar muy cansado, dio un par de pasos a un lado para sentarse en una piedra que allí había.
– La gente está muy asustada y o han huido o están escondidos. Dudo mucho de que los que hayan intentado huir lo hayan conseguido. Hace ya unos cinco días que ocurrió y no ha venido ninguna autoridad a prestar ayuda. Pero prefiero no pensar en ello.
– ¿Hace cinco días que ocurrió qué señor?.
– ¡Setilnaf!
– ¿Setilnaf?. Replicó dando un grito Sacul.
– ¿Quién es Setilnaf?. Dijo el padre extrañado de no saber de qué estaban hablando.
– Es un monstruo muy malo papá, un monstruo que es mejor no encontrarse.
El padre se quedó de piedra, no tenía idea de que pudiera existir aún algún monstruo. No sabía muy bien ni qué pensar y sobre todo que hacer a partir de ese momento. Estaba claro que era un monstruo peligroso, ya que la gente del pueblo se habían ido asustados lo más rápido posible. Y él, se encontraba ahora mismo allí con su hijo.
– Pero ahora por fin hay esperanza, dijo de repente el anciano. Ahora está aquí Sacul y por fin acabaremos con ese bicho de monstruo.
– ¡Espere, espere!. Le contestó el padre. ¿Sacul? ¿Cómo sabe usted de mi hijo y sobre todo, qué insinúa con que ahora acabaremos con el monstruo?. Mi hijo sólo es un niño, ¿qué pretende usted?.
El anciano lo miró como sorprendido, sin entender lo que estaba diciendo. Parecía como si no supiera que su hijo, era considerado como el mejor cazador de monstruos. Era muy admirado por todos los grupos de cazadores de monstruos que conformaban el gran ejército Monstruitis y que tenía gran difusión por Internet y todas las redes sociales que existían.
El anciano comenzó a explicárselo todo y de como su hijo, había creado para que todos los grupos pudieran usar, muchas trampas específicas para cada determinado monstruo. El padre estaba con cada frase que decía el anciano, más sorprendido por lo importante que era su hijo en lo concerniente a la caza del monstruo.
– Papá, interrumpió Sacul bruscamente. Setilnaf es un monstruo muy peligroso, hace daño a las personas y yo sé como cazarlo. Tienes que confiar en mí, no podemos dejar que Setilnaf vaya más allá de éstas montañas. Ya has visto lo asustados que están en este pueblo, tienes que dejarme atraparlo.
El padre de Sacul se quedó durante mucho tiempo pensando. Tenía que decidir si dejar que su hijo se pusiera en peligro y llegara a pasarle algo pero, por otro lado entendía que era también muy peligroso dejar que ese monstruo anduviera suelto y poniendo en peligro, cada vez a más gente. ¿Qué le podría pasar al mundo con un monstruo como Setilnaf suelto por ahí?.
“Por fin sabían que había ocurrido en el pueblo y sobre todo, sabían que Sacul era la persona indicada para conseguir atrapar al malvado monstruo. ¿Qué decidirá el papá de Sacul? y sobre todo, ¿Cómo conseguirán encontrar y atrapar al malvado Setilnaf?. En el siguiente capítulo lo descubriremos…”.

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