MOISÉS ESTÉVEZ

Ardua tarea la de encontrar parking en la parte baja de la isla, aunque al
final pudo encontrar un hueco donde colocar su desvencijado clásico, única y
testimonial herencia que su padre le había dejado.
Un enorme hall presidía los bajos del magno rascacielos que albergaba
las oficinas de V&B Entrerprise, donde no podías dirigirte hacia los ascensores
sin pasar un control previo de seguridad.
Un afroamericano uniformado, corpulento y con voz grave le interrogó
sin darle siquiera los buenos días.
– Que desea. –
– Hola. Mi nombre es Smith, Anderson Smith, soy detective privado y me
gustaría hablar con algún responsable de la empresa, si pudiera ser, alguien
del departamento en el que trabajaba la señorita Lisa Kudrow. –
– Me temo que no puedo ayudarle. Tendrá que llamar por teléfono y
concertar una cita. –
– Es urgente, y si me deja que le explique entenderá porque… –
– ¡Le he dicho que no! Tendrá que telefonear. –
– ¡La señorita Kudrow ha sido asesinada! –
Al fortachón serio o maleducado, según se mire, se le pusieron los ojos
como platos con la exclamación de Andy. Este notó enseguida que había
despertado la curiosidad de aquel individuo encargado de que no pasara nadie
ajeno a la empresa e intentó aprovechar la coyuntura.
– Verá usted, si fuera tan amable, solo le robaría unos minutos. Por
favor.-
– Está bien. Veré que puedo hacer. –
Levantó el auricular del teléfono que había encima del mostrador que
limitaba la zona de paso y tras el que se parapetaba y marcó la extensión
1.041…

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