SLAVEOFDESIRE

La semana transcurrió con la normalidad anterior a la visita de Hugo, como si la visita no hubiera ocurrido en realidad. Volvieron, las bromas, los abrazos, volvió el cocinar juntos y ver pelis con ella apoyada a mi hombro. Yo seguía con mi pasividad como si una parte de mi se conformara con eso, con disfrutar de nuestros momentos juntos, de su presencia, los únicos pasos que di fue acariciarla de vez en cuando el pelo y algún pellizco a traición, no me atreví a más. Pero no podía ignorar la otra parte de mi, la parte que ansiaba besarla, lamerla, follarla. Esa parte que me había llevado a hacer cosas que consideraba moralmente cuestionables, esa parte que cada vez ganaba más terreno. Tenía hacer algo al respecto, no podía seguir con esa tónica, con ello dentro y la mejor forma que tuve de sacarlo fue con Alberto un día que comíamos en el trabajo.

– ¿Que tal con tu compañera? ¿Ha habido alguna novedad truhan?

– Este finde vino su novio del pueblo.

– ¡No jodas! ¿Que cortada de rollo no?

– Si, cambió por completo, se puso completamente distante, estaba distante y fría. La cosa es que ahora que se ha ido vuelve a ser la de antes.

– ¡Tío, eso es cojonudo!

– ¿Cómo?

– Claro, a ver, ¿Ella estaba cariñosa con el novio?

– No especialmente.

-Pues ya esta, blanco y en botella. Ese tío le importa una mierda, esa relación tiene los días contados hazme caso, solo falta que alguien le de la puntilla y lo que no es la puntilla jeje.

– ¿Tú crees?

– ¡Que si tío! A la que te insinúes lo suficiente te la estas follando.

– ¿Y si la cago? Ella me gusta y encima vivimos juntos…

– Por eso tienes que hacer que te vea de otra manera, no solo como su tímido compañero de piso, tienes que salir con ella o encontrártela fuera de casa, y ahí tonteas con ella.

Iba a replicarle pero entonces apareció Teresa que quiso sentarse con nosotros. Nos preguntó sobre que hablábamos y respondí que nada importante antes de que Alberto pudiera abrir su bocaza. Por alguna razón que desconocía a Teresa no le caía bien Miriam pues cada vez que hablaba sobre ella o simplemente la mencionaba, ella torcía el gesto e intentaba cambiar de tema enseguida.

– Por cierto, ¿Os apuntáis a lo del sábado? Preguntó Teresa.

– ¿Que pasa el sábado? Preguntó Alberto.

– Unos cuantos del curro vamos a salir de fiesta por el centro.

– Puff ya me gustaría pero como salga mi mujer me deja un mes más sin follar jajajaja.

– ¿Y tú Juan? Tú si te vienes ¿Verdad? Me dijo Teresa mirándome intensamente.

– Ya sabes que no soy mucho de salir de fiesta, me excusé.

-Jooo vengaaaa. Tienes que salir y divertirte, que te tiras todo el día encerrado en casa jugando, eso no puede ser bueno.

– Para mi si es bueno, me divierte.

– Venga anda, hazlo por mí, me insistió poniéndome ojitos.

– Vaaaaale está bien, le dije con la intención de que me dejara en paz. En cierto modo tenia razón, necesitaba despejarme y quizás una noche de fiesta podría ser lo que necesitara. Quedamos el sábado a eso de las 11 para tomar unas cervezas y después ir a alguna discoteca, pensé que si me aburría siempre podía pirarme tras las cervezas.

El resto de la semana paso con normalidad, lo más destacable fue que el sábado Miriam se despertó mas tarde de lo habitual. Esa misma tarde le conté a mi compañera de piso mis planes mientras pasábamos el rato en el salón.

– Uuuh ¿Con quien vas pilluelo?

– Con compañeros del curro.

– ¿Va alguna buenorra?

– No que yo sepa, de hecho creo que la única chica que viene es Teresa.

– ¿Teresa? Cuenta, cuenta.

– No hay nada que contar, es solo una compañera de trabajo, bueno en realidad es una buena amiga, tenemos muy buen rollo.

– Buen rollo ¿Eh?

-No, no van por ahí los tiros jaja.

– ¿Seguro?

– Si, solo somos amigos.

– ¿No te gusta?

– No me he fijado en ella de esa manera.

– Bueno, igual ligas esta noche. ¿Qué te vas a poner?

– No sé, no había pensado en nada jaja.

– Ains, menos mal que me tienes a mí, anda vamos a ver que te puedes poner.

– ¿Qué?

– Ya me has oído, ¡Venga, arriba!

Me vi arrastrado hasta mi habitación, opuse algo de resistencia pero ante los empujones y cosquillas de Miriam no tenía nada que hacer, finalmente consiguió su objetivo y nos plantamos ante mi armario.

– Veamos, dijo abriendo las puertas de par en par. Mmm ¿Vais a ir a algún sitio pijo?

– No creo, iremos a cervezas y después a una discoteca cualquiera.

Se lió a ojear entre las prendas con la intención de buscar algo que apropiado, yo dudaba que lo consiguiera. Mientras la observaba me di cuenta de que era la primera vez que entraba a mi habitación. Estaba preciosa con simplemente una camiseta blanca y unos pantaloncitos, lo que hubiera dado por poder agarrarla, tirarla sobre la cama y comermela a besos.

– Esta camisa es bonita – dijo sacándome de mi ensoñación. Nunca te la he visto puesta.

– Solo me las pongo en ocasiones especiales.

– Ya lo veo, vas a tener que plancharla. Vamos a ver qué pantalones le pegan.
Acabó eligiendo unos vaqueros claritos en conjunto con la camisa negra y unas zapatillas marrones claras como de piel.

– ¿Que te parece lo que he elegido?

– Bien, supongo.

– Ains que paradito eres, así no vas a ligar, ¿Lo sabes? Venga, pruébatelo todo.

– ¿Qué?

– Si, venga, quiero ver cómo te queda que yo me voy a ir en un rato a currar.

– Pero ¿Aquí?¿Delante de ti?

– Claro, ¿Por qué no?

– Queee?

– Vamos, solo te voy a ver en calzones, es como si te viera un día de piscina.

– No es lo mismo Miriam.

– Venga, si es que siempre vas muy abrigado, y tu a mi me ves más ligera de ropa. Además el otro día con lo de la crema lo iba aun más…

No sabía que responder, no podía rebatir a eso. Por una parte tenía unas ganas locas de desnudarme ante ella, quizás acabase pasando algo… Pero por otra, es que ella era tan perfecta que me daba complejo que me viera. Fueron solo unos segundos meditándolo, lo haría, estaba decidido, si seguía siendo tan paradito no ligaría ¿No? Pues iba a demostrarle que no lo era. Lleve mis manos a los costados de mi camiseta sin dejar de mirarla a los ojos y me desprendí de ella sacándomela por la cabeza. Mi torso delgado quedo a la vista de mi compañera que no paraba de sostenerme la mirada, su único gesto fue levantar una ceja sutilmente. Mi corazón retumbaba en mi pecho como un tambor en la selva, mis manos completamente empapadas en sudor alcanzaron el elástico del chándal que llevaba, lo agarré y deslicé lo más dignamente que pude hasta que quedaron enrollados a la altura de mis pies.

Menuda, estampa, yo de pie en el centro de la habitación con unos boxers negros como única prenda, bajo ellos se ocultaba mi miembro en estado morcillón, excitado por la situación pero acojonado como para mostrarse en todo su esplendor.

Miriam por su parte me observaba sentada en la cama, inclinada hacia atrás hasta apoyarse sobre sus antebrazos. Su rostro denotaba diversión y curiosidad. Agarró las prendas seleccionadas, se acercó a mi lentamente y me las entregó. Aun me sostenía la mirada, como si me evaluase. Cogí los pantalones y me los enfundé, pero al hacerlo trastabillé y casi me caigo, lo que provoco la risa de mi espectadora. Me incorporé haciendo como si no hubiera pasado nada acabando de ponerme los vaqueros, ella por su parte me acercó la camisa. Fui abotonándola de abajo arriba ante su atenta mirada que no hacia más que aumentar mi nerviosismo.

Por fin estaba vestido completamente, Miriam se acerco aun más y con sus manos me arregló el cuello de la camisa y me paso las manos por el pecho para estirarla, nuestras bocas estaban a menos de un palmo y yo solo pensaba en besarla. Tuvo que sentir como mi me corazón palpitaba at raves de la tela pero no dijo nada al respecto sus únicas palabras al mirarme a los ojos fueron “Date la vuelta”. Obedecí al instante pues no era más que un muñeco en sus manos, manos que recorrieron mi espalda para estirar la camisa. Cuando llegó a la parte de abajo levanto la camisa revelando mi culo enguantado en los vaqueros.

– Te hacen buen culo estos vaqueros – me dijo para acto seguido darme un buen cachete con la mano derecha y sobármelo a conciencia.

Ya esta, era suficiente para mí. Me había pedido que me cambiase delante de ella, me había sobado el culo, no necesitaba más señales. Iba a darme la vuelta y pegarle un muerdo, sí me seguía el rollo se acabo y si me rechazaba le recriminaría que me estaba mandando señales equivocadas. Pero antes de que pudiera hacer nada, se aparto de mi y se alejó en dirección al baño. Antes de salir por la puerta se volvió y me dijo:

– Me voy a la ducha, no olvides plancharte la camisa. ¡Ah! Y ponte unos boxers mas sexys, nunca se sabe… Dijo mirándome el paquete, bajé mi mirada hacia donde apuntaba la suya y me di cuenta de que estaba empalmado, marcando perfectamente a través del vaquero.

Nuevamente me había dejado con un palmo de narices y con un calentón del quince.

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