PENÉLOPE

Nuestra relación era perfecta a mi entender en cuestión de sexo. Yo siempre iba desnuda por casa, él se ponía como una moto.

Follabamos a todas horas … en el sofá, en una silla, en el baño, en la cocina, el coche. En fin donde el deseo nos pillaba.

Era un chico fuerte y muy guapo, me tenía muy enamorada. Su polla medía unos doce centímetros y gorda, encajaba perfectamente en mi coño. Era la pieza que faltaba en mi cuerpo, como si de un puzzle se tratara.

Una noche mientras dormía desnuda note su lengua en mi coño, lo chupaba como si de un caramelo se tratara, su lengua recorría desde la vagina hasta el clitoris, me hizo estremecer

Abrí más aún las piernas y siguió lamiéndome el coño sin parar. Un subidón en todo mi ser me decía que iba a estallar… mi corrida duró unos minutos, larga e intensa , apenas reaccioné estaba como en una nube. A continuación note su polla dentro , mi coño goteante e hinchado vibraba de placer. Abrí los ojos y me acerqué aún más si cabía rodeándole con mis brazos, me besaba con deseo, me faltaba el aire.

Mis pechos rozaban sus pectorales.

Era incansable, él se movía y yo le seguía al mismo ritmo. Sacaba su polla al límite y la volvía a meter. Tan dura y caliente… me volvía loca.

Su insaciable deseo me hacía estremecer. Al cabo de unos veinte minutos estábamos exhaustos y al límite de nuestras fuerzas, llegó lo más sublime una corrida a la par, su semen caliente salía de mi coño, me hizo tocar el cielo.

Caímos derrotados sin apenas poder expresar lo que sentimos.

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