SLAVEOFDESIRE

El domingo fue como un Déjà vu del sábado, me levante y me dedique a hacer las tareas de casa mientras ellos seguían durmiendo. Al mediodía se levantaron y se fueron a comer fuera para aprovechar el día juntos, pues Hugo volvería esa misma tarde al pueblo y no volverían a verse hasta unas semanas después.

Reconozco que no paraba de darle vueltas la conversación con Hugo. Miriam había hablado sobre no estar enamorada de él y que podría pasar cualquier cosa pero los veía tan bien juntos, a pesar de las escasas muestras de afecto, que no la imaginaba poniéndole los cuernos. El único indicio que tenia de que pudiera darse era el tonteo que se habría traído conmigo, si es que podía llamarse así, pero ese tonteo junto a las otras muestras de cariño y complicidad entre Miriam y yo las había cortado de raíz desde que llego Hugo. ¿Volverían una vez volviese su novio al pueblo? No tenía ni idea.

A eso de las ocho de la tarde volvieron, Hugo recogió sus cosas y se despidió de mi, con un fuerte apretón de manos. Al tiempo que me estrechaba la mano me hizo un pequeño gesto con la cabeza que Miriam no pudo percibir. Le devolví una especie de mueca que no podría considerarse sonrisa esperando que lo entendiera, las sutilezas no son lo mío después de todo. Tras la despedida salieron por la puerta y yo me dedique a fregar los platos y me tire al sofá una vez hube acabado. No llevaba ni un minuto sentado cuando Miriam entró por la puerta de la calle.

– Bueno pues ya se ha ido…

– Si…

– Voy a darme una ducha, ¿Cenamos juntos y hablamos un rato? Te he tenido abandonado todo el fin de semana.

– Ah tranquila, no pasa nada.

– En serio, me apetece pasar un rato contigo.

– Vale, te espero para cenar.

Nuevamente volví a sentirme esperanzado, es curioso como a veces unas pocas palabras pueden cambiar nuestro estado de ánimo cuando la persona adecuada las pronuncia. Hasta imagine que me pediría otra vez que le echase crema por la espalda pero no ocurrió. Cuando Miriam salió del baño estaba vestida con su habitual camiseta sin mangas y sus pantaloncitos cortos. Nos hicimos una ensalada variada, bueno, más bien yo la hacía mientras ella no paraba de chincharme; me desconcentraba, se comía los ingredientes nada mas cortarlos, me hacia reír. Era una complicidad que no le había visto con su chico, si bien es verdad que no les había visto a solas. Acabamos, acabé, como pude y nos sentamos a cenar.

– Bueno, ¿Qué te ha parecido Hugo?

– Bien, es majo.

– ¿Y ya esta?

– Si, no sé, tampoco hemos pasado tanto tiempo juntos.

– Bueno pero ayer cenasteis juntos ¿No? ¿Qué tal fue, hablasteis mucho?

– No, bueno, me estuvo preguntando qué tal te veía y eso.

– ¿Que tal me veías?

– Si, si estabas a gusto y eso, poco más. Estuvimos más que nada viendo el partido. Estaba mintiendo claramente y esperaba que Miriam no se diera cuenta. Miriam se quedo mirándome unos segundos fijamente y me soltó: “No te habrá interrogado sobre lo que hago o dejo de hacer, ¿Verdad?” Casi escupo lo que estaba comiendo.

– No, no, no para nada… Dije de una manera muy poco convincente. Joder que mal se me daba mentir, sobre todo si tengo que hacerlo de forma tan precipitada. Miriam siguió mirándome a los ojos unos segundos y después continuo comiendo.

– Puedo confiar en ti, ¿Verdad Juan? Dijo de repente sin mirarme.

– Claro Miriam.

Miriam me miro, puso su mano sobre la mía y se acerco poco a poco. Me puse nerviosísimo, me vi besándola por primera vez y que mis labios se quedaran paralizados como un adolescente virgen. Pero el destino no me iba a sonreír, al menos no aun, pues Miriam se detuvo a un palmo de mi cara.

– ¿Puedo confiar en que lo que pase dentro de esta casa quedará entre tú y yo?

– P-Por supuesto.

– Hugo es muy buen chico pero a veces se pone un poco celoso, incluso en el pueblo. Y yo nunca le he dado razones para ello, jamás le he sido infiel y mira que he tenido oportunidades…

– No, si yo no…

– Lo digo porque es por eso por lo que te he evitado estos días, no por estar Hugo me iba a apetecer menos abrazarte, de hecho lo he echado de menos, pero ¿Cómo crees que hubiera reaccionad él?

– Imagino que no muy bien.

– Así que mejor si Hugo no se entera de lo que pasa, ¿No crees?

– Si.

– Sabia que lo entenderías. Sonrió y me abrazo con fuerza. Sentí sus tetazas presionando contra mi pecho, Dios, lo que daría por estrujarlas. Se retiro y me dio un dulce beso en la mejilla. Terminamos de cenar con normalidad y nos fuimos a dormir. Huelga decir que me hice una paja en honor a mi compañera de piso.

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