JORDI MARCOS

Salía resplandeciente del agua reflectada por los rayos solares del gigante astro en el cielo. Su piel se presentaba atractiva de un color bronceado, que hacía armónica concordancia con su larguísima cabellera oscura. Su esbelta figura y sus fracciones tan finas y exóticas se revelaban orientales.

Sentado en los peñascos, la observaba con admiración. Ella ingenua de interpretaciones, no atendió a contemplaciones de otro tipo que fueran de materia marítima. Y no es de extrañar, se divertía como una niña, viéndose sonreír en el reflejo del agua limpia y cristalina.

La inocente tenía la mirada de hambre y miseria. Pero aun así, su contento de recrearse en simples juegos, envuelta por aquel mágico concierto que regalaba la naturaleza, despertaba en mi, misteriosa envidia. De dónde salía ese talento por figurar lo pobre a la fortuna.

La cuestión me producía anhelos de conectarme místico a esos exclusivos encantos del cosmos.

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