SLAVEOFDESIRE

Entre en pánico al observar la braguita completamente marcada por mi semen. Rápidamente lo lavé con agua junto al resto de chorros que habían caído en el lavabo. Fui a la cocina, dejé la prenda en su sitio y agarre unas galletas y un zumo y me escabullí en mi habitación, cerrando la puerta tras de mí, el corazón me latía con fuerza y las piernas me temblaban. Me había pasado, no tenia perdón lo que acababa de hacer, me daba asco a mí mismo. Y sin embargo, había sido una de las pajas más intensas que me había hecho nunca y eso me asustaba, pues no sabía hasta donde podría llegar con todo este tema de Miriam.

Se levantaron casi a las dos de la tarde por que tuve toda la mañana para relajarme, justo iba a ponerme a hacer la comida asique acabamos comiendo los tres juntos. Hugo estuvo bastante animado contándome cosas de su pueblo, preguntándome cosas sobre mí y mi trabajo, etc. Miriam por su parte hacia algún comentario gracioso de vez en cuando pero no participo mucho en la conversación. Me llamó visiblemente la atención que no se demostraran muchos signos de cariño, no se besaban apenas ni veía caricias, lo cual me resultaba raro al haber visto lo cariñosa que era Miriam. También me di cuenta de que Miriam me evitaba hasta el punto de apenas mirarme. Era una persona completamente distinta a la chica que había estado un mes conviviendo conmigo, la chica que me abrazaba a traición, me pellizcaba, que compartía tantas cosas conmigo…

Me comentaron que saldrían a dar una vuelta y luego volverían para que Miriam se arreglase para ir a curro. Esta noche Hugo no se quedaría con ella pero sí que iría a recogerla por la mañana cuando acabase su jornada. Yo me tiré toda la tarde frente al ordenador jugando y hablando con amigos. A eso de las 8 hoy al puerta de la calle. Pude escuchar cómo iban a la habitación y un rato después al baño. Me asomé para confirmar que ambos habían entrado juntos pero me volví rápidamente a mi cuarto. No quería repetir el espectáculo de esta mañana, aun no había podido asimilar lo que había hecho, de hecho, estaba acojonado, rezaba porque Miriam no inspeccionase la ropa del cesto antes de echarla a la lavadora o no podría ni mirarla a la cara.

Una hora después Miriam se despidió de Hugo y de mi. Esta vez contemple como le daba un tórrido beso frente a mí, tuve que aparatar la mirada de los celos que me entraron. Cuando volví a mirar Miriam me miró y seriamente dijo adiós. Hugo, cuyos labios habían quedado completamente tintados por el carmín de su novia, tampoco se esperaba esa muestra de cariño pero no se quejó en absoluto. Ambos contemplamos en silencio como esa diosa salía del piso.

– Bueno… ¿Te apetece que encarguemos una pizza? Pregunté rompiendo el incomodo silencio.

– ¿Eh? Si, estupendo.

Media hora después nos encontrábamos devorando una barbacoa familiar mientras veíamos el partido de esa noche. Yo no era muy futbolero pero mejor eso que estar comiendo en silencio, aunque no lo hubo pues Hugo pronto empezó a preguntarme cosas que no esperaba.

– Bueno ¿Que tal con Miriam?

– Pues bien, no sé. Nos llevamos bien, hace las cosas de casa…

– ¿Habláis mucho?

– Si, no sé. Lo típico. Solemos cenar juntos y nos contamos que tal nos ha ido el día. Tampoco estamos tanto juntos, entres sus estudios, su trabajo y el mío…

– ¿Entonces no te ha contado nada de mi o de nosotros?

– No, solo sé que estabais juntos y poco más.

– Vale…

Nos quedamos en silencio, note que quería preguntarme algo pero no llegaba a atreverse. Yo me limite a seguir comiendo hasta que por fin lo soltó.

– Mira Juan, pareces buen chaval, se que nos conocemos muy pero quiero saber si puedo confiar en ti.

– ¿A que te refieres?

– A que lo que se hable aquí entre tú y yo no saldrá de de aquí.

– ¿Quieres decir que no se entere Miriam?

– Eso es.

Le mire en silencio pensando qué responderle. No quería meterme en un fregado y arruinar la relación que tenia con Miriam pero Hugo era buen chaval y parecía que había algo que tenía que sacar de dentro. Además, sentía muchísima curiosidad por lo que me podría contar.

– Si claro, soy una tumba.

– Vale… Respondió tras unos segundos sopesando mi respuesta. Lo que quiero saber es si has visto a Miriam hablando o viéndose con otro chico.

– No, ¿Por qué lo preguntas?

– No quiero que pienses que soy un novio paranoico de esos. Es que esta cambiada desde que vive en la ciudad.

– ¿Cambiada en qué sentido?

– El otro día la vi hablando un montón con algún cliente del bar y también con su compañero de trabajo.

– Bueno pero eso es normal, es parte de su trabajo.

– Si, pero no era que hablase era la forma en la que lo hacía.

– A ver, tendrá que ser maja si quiere seguir currando ahí.

– No lo entiendes Juan, Miriam siempre ha sido muy cortante con los tíos, en plan que a la mínima les cantaba las cuarenta si se pasaban ni esto. Y la forma en la que se comporta… Nunca nos habíamos duchado juntos sabes? Y llevo aquí dos días y lo hemos hecho dos veces. Esta mu cambiada.

– No se Hugo, yo no la conocía de antes pero lo que me cuentas no me parece grave, en trabajos así debes mostrarte más abierto. Y lo de la ducha, imagino que será porque te echaba de menos después de tanto tiempo.

– Puede que tengas razón pero… ¿Puedo pedirte un favor más?

– Si, claro.

– Si te enteras de que se lía con algún tío, ¿Me lo dirás?

– Hugo no creo que…

– Juan, no soy tonto. Se lo buena que está mi novia, se lo que vale, y sé que está en una ciudad enorme donde puede conocer a muchísimos tipos. He tenido amigas y amigos que han pasado por lo mismo, sus parejas se han mudado y ha habido cuernos. Lo que yo no quiero es ser el ultimo cabrón que se entere. Así que por favor, sí te enteras de algo ¿Me lo dirás?

– Si, no te preocupes.

– Muchas gracias tío, toma te doy mi número de teléfono por si acaso.

Acabamos de cenar en silencio, ni siquiera me entere de como quedó el partido, me fui a la cama tras revisar algunas cosillas por internet. Tumbado en la oscuridad de mi habitación le daba vueltas a la conversación que había mantenido con Hugo. Estaba tan obsesionado con Miriam y con la posibilidad de tener algo con ella que no pensé en que pudiera llegar a liarse con otro tío que no fuese yo, y era un pensamiento que me acongojaba.

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