LOBACO

El adiós.

Le besa la mejilla intentando que el único lagrimón que rueda por sus arrugas no termine en el rostro del crío. Lo tapa sintiendo que su tiempo ha expirado pero puede irse bien tranquilo, con el deber cumplido. Espera un rato de pie junto a la cama, recreándose en la quietud de la criatura y poco antes de irse murmura susurrando.
-No chico, tu serás mejor-.

Apaga la luz mientras su vida entera se arrebuja ya dormido entre las sábanas, presintiendo que a la propia le queda medio suspiro. Le despide con una ultima mirada y un solo pensamiento.
Será esta madrugada cuando todos duerman, cogerá su rifle, su chaqueta y su gorro y partirá hacía el monte a encontrase con su destino. Bastará desvestirse para que la dulce muerte del monte lo envuelva en el frío.

Volverá a la matriz de la tierra, la que le vio nacer aquella donde siempre había querido volver, aquella que jamás debió abandonar.

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