SLAVEOFDESIRE

Se me hizo un nudo en el estomago. Sabía que eran novios y que llevaban al menos un mes sin verse. Cualquiera pensaría lógicamente que aprovecharían cualquier momento de intimidad para recuperar el tiempo perdido y desfogarse, y sin embargo mi mente había bloqueado esa posibilidad. Como quien cierra los ojos durante una peli de miedo para no ver los sustos yo había evitado pensar que Miriam y su chico pudieran follar mientras él estaba de visita.

Frente a mi estaba la puerta del baño a mi izquierda se encontraba la mía. Mis opciones eran claras; entrar a mi habitación, ponerme los cascos y seguir jugando, evadirme de la realidad una vez más para llevar mejor el drama en el que se había convertido mi vida desde que había conocido a Miriam, o pegarme a la puerta como un perturbado para intentar oír algo. La primera opción era la más sana, la que me evitaría mayor sufrimiento y no añadiría leña a mi creciente obsesión por Miriam, pero no pude hacerlo. Al igual que mis dedos marcaron el numero involuntariamente a la que sería mi compañera aquel día, ahora eran mis piernas quien contra mi voluntad me arrastraron hasta la puerta.

Me apoyé contra la puerta. Mis manos temblaban mezcla de la excitación y los nervios. Suspire. No me creía lo que iba a hacer. Gire mi cabeza y apoye mi oreja contra la madera. Mientras lo hacía no paraba de imaginarme lo que oiría; gemidos, gritos, golpes de cadera chocando con violencia, guarradas dichas fruto de la más salvaje excitación…

Nada.

Solo el correr del agua.

Ni una risa, ni un gemido, ni un maldición o blasfemia. Me sentí aliviado a la par que decepcionado y lo peor es que no entendía porque. ¿Por qué querría oír a la chica que me volvía loco siendo follada por otro que no fuera yo? No tenía ningún sentido. Me iba a retirar. Tenía ganas de volver a mi habitación lo antes posible y olvidarme do todo. No quería pensar en lo que me estaba pasando pues solo haría que me obsesionase más. Agache la cabeza y repare en el pomo de la puerta. La idea invadió mi mente como un virus letal. Me vi alargando la mano, temblando desde los pies a la cabeza. Estaba a escasos centímetros de agarrar el pomo…

Cerré el puño con fuerza. Me di la vuelta y regrese a mi habitación. Casi había cometido la locura de abrir la puerta y espiarles, pero mi sentido común se había auto impuesto por suerte, o ¿Quizás había sido el miedo quien me había disuadido? En cualquier caso hubiera sido imposible que no oyeran abrir la puerta y menos que no vieran mi cabeza asomándose ¿Que les habría dicho? “Si, hola, quería coger mi colonia y ya de paso ver si estabais follando”. Me estaba comportando como un psicópata y me hacía sentirme como una puta mierda. Mi tía no me había educado para que hiciera estas cosas, soy mejor que esto. Me coloque los cascos y me zambullí en el mundo del entretenimiento electrónico.

Una hora después me llamaron, dijeron que se iban. Parecer ser que Hugo pasaría la noche con ella en la discoteca y volverían cuando Miriam acabase su jornada. Me despedí de ellos y volví a lo mío. Por fin conseguí calmar mis nervios y mi angustia por la presencia de Hugo. Cené algo ligero, vi una peli y me dormí. Ni siquiera tuve ganas de masturbarme.

Mis ojos se abren. Ruidos. Una puerta que se cierra. Traspiés. Risas. Mire mi móvil. Las ocho de la mañana pasadas. Me había acostado pronto pero no para levantarme tan temprano. Volví a ori ruidos. Crujir del suelo, muelles de cama y lo vi claro. Esta vez no había agua que camuflase el ruido, si es que de verdad habían hecho algo en la ducha. Tumbado boca arriba, con los ojos como platos no paraba de ponderar mis opciones. Dormir estaba totalmente descartado. Una vez me despierto me es imposible volver a conciliar el sueño, y menos sabiendo lo que estaba pasando en la habitación de al lado. Podía levantarme, desayunar y rogar porque no se oyera nada desde la cocina. La tercera opción era volver a apoyarme en la puerta y escuchar como un autentico pervertido. No sabía qué hacer pero en cualquier caso no podía quedarme ahí tumbado.

Me encontraba en el pasillo, frente a la puerta de Miriam. Los sonidos que provenían del interior de su habitación eran más claros ahora y ya no pude evitarlo. Me apoye contra la puerta en silencio y pegue el oído contra ella. Dicen que la realidad supera la ficción pero en este caso estaban completamente equivocados. Tan solo oía unos tímidos gemidos que bien podían haber sido murmullos y el sonido de los muelles de la cama que no sonaba más alto que una mecedora.

Nuevamente ese sentimiento de decepción, mezclado con la rabia de no ser yo el que estuviera dentro con ella y de ella. Sin darme cuenta me encontré en frente al espejo del baño. A pesar del decepcionante espectáculo mi corazón latía con fuerza. Lleve mi mano a mi pene que se encontraba en estado morcillón y empecé a sobármelo. Apenas estaba cachondo, de hecho no tenía ni ganas, pero tenía que hacerlo. Tenía que hacerme una paja, soltar toda esa frustración por medio de una corrida, pero por mas empeño que le ponía no conseguía excitarme, así iba a resultar imposible.

Me fui a la cocina frustrado, con la intención de hacerme el desayuno, entonces repare en el cesto de la ropa. No sé qué impulso me llevó a plantarme delante del cesto, ni que descabellada idea me hizo abrirlo. Sea como fuere ahí estaba yo contemplando el montón de ropa sucia coronado por la ropa que se había quitado Miriam antes de irse a trabajar. Rápidamente repare en la tira del tanga que había usado, lo agarre y lo lleve a mi nariz.

Jamás me habría imaginado haciendo lo que estaba haciendo. Nunca había encontrado excitante el hecho de oler unas bragas usadas, de hecho lo encontraba hasta repulsivo, pero muchas cosas habían cambiado en mi desde que conocí a Miriam. Muchos de mis valores morales y líneas rojas estaban tambaleándose debido a la atracción que sentía por ella. Cualquier conflicto interno que pudiera tener se acabo una vez olí la prenda intima. Mi polla gano al instante su nivel máximo de dureza y longitud.

Ahora si tenía unas ganas locas de masturbarme pero era demasiado arriesgado hacerlo en la cocina. Fui rápidamente al baño haciendo antes una pequeña escala en la puerta de compañera de piso.

Silencio.

No es que yo fuera un súper amante pero entre el poco ruido que habían hecho y lo poco que había durado algo me decía que el polvo había sido malo. Me retire de la puerta y me encerré en el baño con mi presa en la mano, libere mi miembro y empecé a sacudírmelo mientras olía el fuerte olor de las braguitas. En mi cabeza los gritos de Miriam eran estruendosos en comparación con los murmullos que había oído, y no solo se oía la cama sino que la habitación entera retumbaba. No pude aguantarlo, aparte la braguita de mi nariz y empecé a correrme como un poseso. Tan intenso fue el orgasmo que cerré los ojos y solté un gran gemido sin siquiera me preocupe por que pudieran oír.

Cuando abrí los ojos pude comprobar el percal que había montado. El lavabo estaba literalmente lleno de chorros de semen, pero lo peor es que también lo estaban las braguitas de Miriam.

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