ECONOMISTA

Con la polla dura y una copa en la mano me senté en uno de los lujosos sofás de la casa de Víctor. Buena choza tenía el cabrón, me pregunté cuantas mujeres se habría follado en ese piso que parecía preparado para atraer al genero femenino. Todo estaba perfectamente limpio, ordenado y cuidado hasta el mas mínimo detalle. Pero ahora lo que me preocupaba es que a la siguiente mujer que se iba a follar allí era la mía.

Habían desaparecido los dos y yo no sabía muy bien que es lo que se suponía que tenía que hacer. Ir a buscarles por una casa que no conocía y no me habían invitado a visitar o esperar como un gilipollas en el sofá a escuchar los primeros gemidos de mi mujer, que de momento no se producían.

Esta espera si que se me hizo eterna, me levanté un par de veces y me acerqué hasta la puerta del salón para ver si oía algo, pero nada, todo seguía en silencio y después volvía a sentarme. Parecía que había pasado una eternidad y realmente habían pasado 6 minutos desde que me habían dejado solo.

Estaba tan nervioso y excitado que instintivamente se me fueron las manos al paquete y tuve que agarrarme la polla y darle un par de sacudidas por encima. Tampoco mucho mas o me correría en los pantalones. Le di otro trago a la copa que ya había apurado hasta la mitad y volví a ponerme de pies. Me acerqué de nuevo hasta la puerta y seguía sin escuchar nada, solo que esta vez grité.

– ¡Claudia!, ¡Claudia, donde estáis!

Unos segundos mas tarde mi mujer me respondió.

– ¡Ahora voy, ya salgo…!

Me quedé mas tranquilo al escuchar la contestación de mi mujer, pero a la vez decepcionado porque no era la respuesta que esperaba escuchar. ¿Para que cojones habría dicho nada?. ¿Les habría interrumpido?. Volví a sentarme en el sofá y un par de minutos mas tarde les escuché. Los tacones de Claudia retumbaron por el pasillo hasta que entró de nuevo en el salón.

– Vámonos David.

Yo rápido cogí los abrigos y me dirigí hacia la puerta.

– ¿Estás bien, ha pasado algo?.
– Si, estoy bien, tranquilo.

Antes de salir vino Víctor hacia nosotros. Me tendió la mano para saludarme y luego le dió dos besos a Claudia.

– Es una pena que os vayáis tan temprano, espero que podamos volver a quedar otro día.

Yo que no sabía que es lo que había pasado entre ellos, así que no quise contestar, pero Claudia le dijo.

– Vamos hablando…
– De acuerdo, dijo él.

Cuando estábamos saliendo Víctor agarró a mi mujer por el brazo y tirando de ella le plantó otro beso en los labios, solo que estaba vez no fue como en el taxi, fue algo mas extenso y por supuesto correspondido por Claudia. Otro pico, si, pero no tuvo nada que ver con el anterior. Estaba claro que algo había sucedido entre ellos.

– Te llamo, dijo Víctor a Claudia antes de cerrar la puerta.

Nos subimos al ascensor y Claudia se apoyó en mi pecho pasándome la mano por detrás de la espalda en un gesto cariñoso.

– ¿Que tal estás?, me preguntó
– Ni te imaginas Claudia, muy nervioso.
– Yo también, pero no ha pasado nada entre nosotros.
– Me da igual, ha sido muy morboso cuando me habéis dejado solo, he estado a punto de correrme encima, te lo juro…
– Shhhhhhhhhhh tranquilo, espérate un poco a que lleguemos al hotel, dijo mi mujer con voz sensual.

No sabía que es lo que habría pasado en esos 9-10 minutos que habían estado a solas, pero estaba claro que había aumentado la complicidad entre ellos y que Claudia llevaba un calentón parecido, sino superior al que llevaba yo. Durante el viaje de vuelta en el taxi íbamos callados, cada uno pensando en sus cosas, pero los dos muy excitados no dejábamos de acariciarnos las manos.

Llegamos al hotel y entramos deprisa en la habitación, intenté besar a Claudia, pero ella me ordenó que me tumbara en la cama. Rápidamente se fue quitando la ropa, el jersey, luego el short y por último los panties. Se quedó tan solo en ropa interior, se subió en la cama y se puso sobre mi. Me gustó pensar que al final de la noche iba a ser yo el que disfrutara de esas braguitas y sujetador que Claudia se había comprado para Víctor. Yo mientras ella se desnudaba también me había ido quitando la ropa, tan solo me dejé el slip puesto que a duras penas me sostenía la erección.

Claudia apoyó el culo en mi polla y se restregó un par de veces.

– Ummmmmmmmmmmmmm Claudia, no me hagas eso…
– ¿Ah no, porque?
– Ya lo sabes.
– Quiero tenerte dentro ya.

Con un rápido movimiento me sacó la verga del calzón y apartándose las braguitas se la introdujo con mucha facilidad. Empezó a follarme muy despacio, el coño de mi mujer estaba caliente, húmedo y palpitante.

– Ahhhhhhhhhhhhh, despacio Claudia, despacio…
– Shhhhhhhhhhh tranquilo, tranquilo…

Ella intentaba calmarme para que no me corriera demasiado rápido, pero yo llevaba con la tensión acumulada de todo el día y sabía que iba a durar un suspiro. La decía que se moviera mas despacio, pero eso era imposible, Claudia me cabalgaba suave con muchísima calma. Yo gimoteaba porque no quería terminar y que ella se enfadara conmigo, ni tan siquiera quería mirarla o poner las manos sobre su cuerpo para no acelerar lo inevitable.

– Ohhhhhhhhhh, ohhhhhhhhhhhhhhhhh, despacio, mas despaciooooo…mas despacio Claudia.
– Shhhhhhhhhh, disfruta, tranquilo, tu solo disfruta…
– Ahiii Claudia, ohhhhhhhh, ahhhhhhhhhhhh ahhhhhhhh, ahhhhhhh…
– Shhhh, ¿que te pasa?, dijo pasándome un dedo por la comisura de los labios.
– No, no me hagas eso, gluppp, glupppp, dije mientras Claudia me metía el dedo en la boca.
– Chupa cornudo…

En cuanto me introdujo el dedo mi polla explotó en su interior, un orgasmo lento que me fue subiendo poco a poco, pero que liberaba la tensión que había ido acumulando durante todo el día.

– Ahhhhhhhhhhhhh, ahhhhhhhhhhhhhhh, lo sientooo, lo sientoooooo, ahhhhhhhhhhhh, ¡¡¡¡me corrooooooooo, me corroooooooooooo, ahhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh!!!!
– Mmmmmmmmmmmmmmm, muy bien, eso eso, córrete, córrete dentro de mi.

Por lo menos parecía que Claudia no se había enfadado, pero luego me di cuenta de cuales eran sus intenciones, lo tenía todo perfectamente planeado desde que habíamos entrado por la puerta del hotel. En cuanto terminé de descargar ella se liberó de mi polla y tapándose la entrada de la vágina reptó hacia arriba para sentarse en mi cara.

– ¡Túmbate, deprisa!

Yo la obedecí y en cuanto ella me puso el coño en la boca retiró la mano y toda mi corrida empezó a salir para que me cayera dentro mientras ella misma se apartaba las braguitas.

– ¡¡Trágatelo todo cornudo!!, ummmmmmmmmmmmmmm, asiiiiiiiiiiiii, dijo restregándose contra mi.

Pero se movía tanto que parte del semen me cayó también por la cara, Claudia no se paraba quieta y no tardó en buscar sus propio orgasmo.

– ¡¡Saca la lengua, estoy a punto de correrme!!

Enseguida acertó a ponerme el clítoris en la lengua, estaba hinchado y muy sensible, pero no me estaba pudiendo restregar bien el coño por la cara, las braguitas le molestaban en su tarea.

– Aggggggggggggggg joder, dijo poniéndose de pies y quitándoselas.

Volvió a sentarse en mi cara, ahora si que noté por completo el calor de su vagina, pero Claudia ya quería correrse. Se echó hacia delante y volvió a ponerme su hinchado botoncito en la lengua, luego comenzó a moverse rápido delante y atrás.

– ¡¡¡Ponla dura, ponla duraaaaaaa, asiiiiiiiiiiiiiiii!!!, dijo refiriéndose a mi lengua.

Yo no podía mirar hacia arriba, puse las manos sobre su culo para acompasar los movimientos de los dos, ya me estaba costando hasta respirar.

– ¡¡Joder, me viene, me viene!!, AHHHHHHHHHHHHHHHHHH, AHHHHHHHHHHHHH, AHHHHHHHHHHHHHH ¡¡¡me corrooooooooooooooo, me corroooooooooooooooooo!!!!

Claudia se dejó caer desfallecida a mi lado.

– Muy bueno cornudo…ahhhhhhhhhh, dijo dándome un par de palmadas en el pecho.

Yo estaba empalmado de nuevo, tenía la cara y la boca rebosante de semen y al ver a mi mujer así jadeante, tan solo con el sujetador puesto me dieron unas ganas locas de follármela. Ella se giró y al verme comenzó a reírse. Podía imaginarme las pintas que tenía.

– ¿Te lo has tragado?, dijo recogiendo parte de semen que me quedaba por la cara para metérmelo en la boca.
– Siii.
– Así me gusta, que me hagas caso.

Ella miró hacia abajo y vió que me estaba sujetando la polla.

– ¿Que pasa, quieres mas?
– Quiero follarte.
– De eso nada, ya me has follado una vez y por hoy ha sido suficiente, bastante que te he permitido metérmela, ¡por Dios,ha sido una mierda de polvo!
– Claudia por favor…
– Si quieres correrte hazte una paja mientras me miras, yo también quiero volver a correrme, pero de metérmela hoy otra vez vete olvidando…¿de acuerdo cornudito?

Claudia se quitó el sujetador y se quedó completamente desnuda, sus tetas lucían perfectas, también tenía los pezones hinchados y erectos.

– ¿Me pongo como siempre?, dijo poniéndose a cuatro patas sin esperar mi respuesta.

Ella miró hacia atrás para ver como empezaba a masturbarme y luego fue ella la que se metió la mano entre las piernas. Me encantaba ver como meneaba las caderas y sus dedos jugueteaban en su coño. Claudia comenzó a gemir y yo aceleré el ritmo de la paja, me hubiera encantado follármela a cuatro patas en ese momento y embestirla bien duro, pero ella quería dejarme bien claro cual era mi condición.

– ¿Terminas ya, cornudo?, dijo Claudia girándose.
– Todavía me queda un poco…
– Tu siempre al contrario, ahora que tienes que correrte rápido…¡¡joder!!, mira me da igual, yo no puedo esperar mas, túmbate otra vez, ¡¡quiero que me vuelvas a comer el coño!!…

De nuevo repetimos la postura anterior, estaba claro que a mi mujer la encantaba correrse mientras me restregaba el clítoris por lengua. Esta vez no se tumbó hacia delante sino que se quedó mas recta y pude ver como se acariciaba las tetas mientras me follaba la boca. Yo me seguía masturbando y aceleré el movimiento cuando Claudia lo hizo.

Quería correrme a la vez que ella y no faltaba mucho.

Pero estaba vez mi mujer me sorprendió y a punto de llegar a su orgasmo echó el brazo hacia atrás y me agarró la polla. Esta vez no fue una paja sutil y suave, me la empezó a menear rápido y con fuerza a la vez que ella se restregaba cada vez mas ansiosa.

– ¡¡¡¡Ahhhhhhhhhhhhhhhh, voy a correrme otra vez, voy a correrme otra vez!!!!!!!!

Yo exploté en su mano casi a la vez que ella lo hacía mientras chillaba.

– Ahhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh siiiiiiiiiiiiiiiiiiiii, eso essssssssssssssss, ¡¡¡córrete cornudo, córrete cornudoooo!!!

Ahora Claudia al quitarse de encima de mi se quedó tumbada boca abajo, tenía parte de mi reciente corrida por la espalda y por su pequeño culo y otro poco por los dedos que no tardó en limpiar en mi pecho.

– ¡Que bueno, nos hemos corrido a la vez!, dijo Claudia.
– Si, ha estado muy bien cariño.

Claudia seguía boca abajo, con la cara enrojecida contra la almohada y todavía jadeante. Se metió las manos de nuevo en la entrepierna y lanzó un pequeño gemidito.

– Ahhhhhhh, joder, no sé que me pasa…quiero mas…

Eso si que ya me cogió descolocado, yo acababa de correrme y mi polla se había quedado flácida por completo.

– ¿Vas a masturbarte otra vez?, dijo yo tímidamente.
– Si, no sé que es lo que me pasa.
– Eso es que estás muy cachonda pensando en Víctor, ¿que ha pasado entre vosotros?
– Solo nos hemos besado, pero tenía que haber estado toda la noche follando con él, ¡¡tu no me has durado ni un minuto!!, me dijo de repente.

Aquellas palabras me dejaron en estado de shock. Claudia estaba cachonda y furiosa a pesar de haberse corrido ya dos veces.

– ¡Llámale, aún estas a tiempo!, llámale y dile que venga aquí a follarte, te mueres de ganas, dije yo, retándola.
– ¡Joder no me tientes!
– ¡Vamos hazlo, es lo que queremos los dos!, si quieres le llamo yo y le digo que venga…
– ¡Eres un puto cornudo!, estoy segura que lo harías…
– Pues claro que lo haría, en lo que viene puedes darte una ducha y arreglarte otra vez para él, ahora pareces una puta así despeinada con el culo y la espalda llena de semen…
– Ahhhhhhhhhhhhhhh, sigue hablando, dijo Claudia comenzando a masturbarse de nuevo tumbada boca abajo.
– Tardaría media hora en venir, podrías maquillarte y ponerte la ropa interior esa de zorra que te has comprado para él…
– Sigueeeee cornudooooo…
– Le recibirías así, como estás ahora, pajeándote, yo mismo le abriría la puerta de la habitación…
– Mmmmmmmmmmmmmmmmmmm, ahhhhhhhhhhhhh, ahhhhhhhhhhhhhhhhh
– Dame su número para poder llamarle…
– Cornudooooooooooooo…ahhhhhhhhhhhhhhhh…
– ¡Follaríais como animales, os tenéis muchas ganas!, no sé porqué no has dejado que te follara en su piso.
– Ahhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh, ahhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh…
– Vamos a quedar otro día con él, en cuanto quieras, ese tío te va a follar bien follada…
– Voy a corrermeeeeeeeeeeee cornudo, voy a correrme…
– Eso es, córrete otra vez, ¡cierra los ojos y di su nombre!
– Ahhhhhhhhhhhhhh, ahhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh, Víctor, Victorrrrrrrrrrrr, ahhhhhhhhhhhhhhhhhhhh, Victorrrrrrrrrrrr……ahhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh… siiiiiiiii, ahhhhhhhhhhhhhhh…

Me parecía increíble como Claudia había vuelto a terminar. Ella se lo había tomado como una fantasía, pero yo lo decía en serio, estaba dispuesto a llamarle para que viniera a follarse a mi mujer al hotel. Solo de pensarlo ahora fui yo el que me volví a empalmar, pero esta vez si que Claudia parecía haberse quedado satisfecha.

– Ahora siiii, voy a darme una ducha cornudo, dijo Claudia saliendo de la cama.

Serían sobre las 3 de la mañana y mientras oía el agua de la ducha correr yo estaba sentado pensando en lo que habíamos vivido durante todo el día. El quedar con Víctor había sido una experiencia muy morbosa, Claudia no había follado con él, pero tampoco nos hizo falta, además había quedado algo pendiente entre ellos y seguramente la tensión sexual que se tenían iba a ir en aumento. Conociendo a Claudia, que ya se había quitado los miedos del encuentro con Víctor, sabía que no íbamos a tardar mucho en volver a quedar con él. Y efectivamente así fue.

Eso si, estaba convencido que la siguiente vez Víctor no se iba a conformar solo con cenar y tomar una copa con mi mujer.

2 comentarios sobre “Cornudo (72)

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