IRMA PICHARDINI

 

Esa noche Sam y yo dormimos en la recámara rosa del palacio.

Recámara que solía pertenecer a dos hermosas hermanas, así se explicaba el color de la misma.

Esa noche Sam y yo pudimos disfrutarnos, ante la emoción de encontrarnos en una casa que tenía tanta historia.

Al caer la noche cada quien durmió en una de las camas, pero al amanecer, nuestros cuerpos pidieron verse, pidieron estar unidos ante la urgencia del amor.

Yo desperté primero, y me refresqué en la regadera. Al terminar, me llenó de gusto verlo ahí, durmiendo plácidamente en la camita.

Me encantó ver que había podido disfrutar unos minutos más de sueño, antes de ducharse.

Después de un rato, despertó.

Al ver que me hallaba mirándolo, pensó que se le había hecho tarde, sin embargo, yo lo tranquilicé con un beso y pronto se hallaba disfrutando la ducha.

 

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