NEUS SINTES

Por la noche  Irina no podía conciliar el sueño. No dejaba de pensar en el hombre que había venido a visitar el centro. Por alguna razón que desconocía le resultaba un tanto extraño. Se quedó mirando por breves momentos la luz intensa que desprendía la luna aquella noche. Cuando un dolor agudo percibió en la boca.

Sigilosamente bajó de la cama entrando en el aseo. Al mirarse en el espejo se palpó la mandíbula y vio reflejados en el espejo que unos colmillos habían aparecido en su lugar.

Al intentar calmarse. Tras serenarse los colmillos se escondieron.

-¿Qué me ocurre? – se preguntó a si misma – con el ceño fruncido.

El viento aullaba con fuerza, e Irina apenas pudo conciliar el sueño. Permaneció tumbada en su cama, mirando al techo. Dejó la mente en blanco sin recordar si llegó o no a dormirse.

A la mañana siguiente, Irina escucho cómo el timbre de la puerta volvía a sonar. De entre las sombras vio con sus propios ojos como la Madre María hacía entrar en su despacho al mismo hombre que vio ayer visitar el centro – después de abrirle la puerta con suma amabilidad.

Irina empezó a sospechar y hacer caso a las señales que sin percatarse le estaban avisando. Tenía la extraña sensación de que algo estaba ocurriendo tras las puertas de la Directora Madre María. ¿Qué se traía entre manos con ese tal Sr. Stoker?

A lo largo de su vida, Irina había visto como muchos niños o niñas iban siendo adoptados. Todos siguiendo un mismo protocolo. Venían los matrimonios interesados. Visitaban el centro y luego terminaban siempre hablando con Madre María. Encargada de dar a los niños una nueva familia.

Nunca habían dado en ningún caso a ninguna mujer u hombre soltero un niño en adopción . Siempre eran matrimonios.

La puerta de la Madre María se entreabrió ligeramente. Pudo ver cómo ambos se apretaban las manos. Habían pactado.  – pensó. ¿El qué? – se preguntó, intrigada por saber.

-¡Irina!, ¡Irina! – ¿puedes venir un momento conmigo, por favor? – le rogó la Madre María.

-De acuerdo – dando un ligero salto a los dos peldaños de la escalera.

Recorrieron en silencio el largo pasillo que daba acceso a la puerta de su despacho. cuando la Madre María abrió la puerta, Irina se encontró con el Sr. Stoker sentado en una silla.

-¿Qué está pasando aquí? – respondió Irina frunciendo el ceño.

-Buenos días – saludo BramStoker a Irina – mirándola con una fría e intensa mirada.

-El Sr. Stoker está aquí por un motivo – dijo la Madre María a Irina – mirándola detenidamente. – Prosiguió – La suerte se ha cruzado en tu camino.

-No será que… – titubeó – dando un paso atrás.

Así es, Irina – he venido para darte un nuevo hogar. – termino de decir el Sr. Stoker.

Irina no se podía creer lo que sus oídos estaban oyendo. Nunca nadie se había interesado en ella y ni falta que hacía. Siempre distante, mostrándose indiferente, mientras veía a otros niños y niñas partir.

-¿Porqué a mí? – fue lo primero en decir.

-Tu día tenía que llegar, Irina – dijo la Madre María, mirando al cielo – haciendo el símbolo de la Cruz

Irina se le empezaron a poner los ojos rojos e intentó desviar la mirada para que el Sr. Stoker no se diera cuenta, aunque creyó ver dibujada una sonrisa en los labios de este.

-Madre..¿Podría dejarnos “a solas” un momento? – por favor. – Quiero intentar hablar un momento con Irina.

-Sí, claro. Por supuesto. Me parece una idea excelente  – aprobando la situación.

La Madre María cerró el despacho dejando a Irina con el Sr. Stoker – o mejor dicho su ahora recién padre adoptivo.

-Irina, sé que en tu mente tienes muchas dudas y preguntas que hacerme. Lo entiendo. ¿Que porqué a ti? – se levantó de la silla y posó las manos encima de los hombros de Irina.

Irina lo miraba con furia y rabia en sus ojos todavía rojos. Sin entender que había visto en ella que no hubiera visto en los otros niños.

-Voy a contestarte a tu pregunta, Irina. – “Soy tu padre”.

-Tú no eres mi padre. – notando los colmillos aparecer en su boca.

El Sr. Stoker imaginaba cual seria la reacción de Irina. Le quitó los hombros de encima y apretó los puños con rabia. Se quitó las gafas, enseñándole sus ojos rojos y unos afilados colmillos reaparecer en su boca, al igual que Irina.

-¿Cómo….? – quedándose sin palabras.

-Te he contestado a tu pregunta, Irina. – Prosiguió. – Mientras avanzaba hacia la ventana.

Irina lo seguía con la mirada, pensando en cómo era posible que otro ser humano pudiera tener los mismos síntomas que ahora ella empezaba a desarrollar…No, no podía ser.

He venido a explicarte toda la verdad, Irina. He tenido que esperar diez años a venir a por ti, hasta que no he llegado a ver los efectos que el ajo y la cruz empezaban a  producir en tu cuerpo – mirándola esta vez muy serio.

– … perdí a tu madre, no quiero perderte a ti también.

-¡No entiendo nada! – dando vueltas a su alrededor – nerviosa, al escuchar las palabras que BramStoker le decía.

-Voy a narrarte una historia – ¿quieres oírla? – preguntó.

Irina asintió con la cabeza, sentándose en la silla – Pensando que tal vez sus dudas y sus preguntas que se había hecho durante todo este tiempo, saldrían a la luz. Junto a la ventana se encontraba BramStoker, mirando cómo una niebla espesa reaparecía.

-Hace muchos años atrás en el tiempo cuando yo apenas era un chico de unos 13 años de edad, mi padre decidió salvarme de convertirme  en un niño soldado. Vivíamos malos tiempos, bajo el dominio de el sultán Mehmed II.

Quería que 1000 chicos incluido yo fuéramos al ejército. Mi padre no quería que yo sufriera lo mismo que él tuvo que vivir cuando tenía su misma edad. En un intento de protegerme, huyó conmigo hasta la montaña “BrokenTooth”, donde había oído rumores de que allí se vivía un “Maestro”.

Al subir la montaña mi padre se percató de que no era un Maestro cualquiera, sino de un demonio inmundo, llamado “Maestro Vampiro”.

Mi padre hizo un pacto con el Diablo que me permitió tener la fuerza de 100 hombres y el poder suficiente para derrotar a mis enemigos. Sin embargo, a cambio me condenó con una sed insaciable de beber sangre humana, y ahí es cuando me convertí en Drácula.

-Silencio-

Irina intentaba asimilar cada detalle de la historia que le estaba contando. ¡Hija de Drácula!… – su mente no daba crédito a lo que oía. ¿Cómo podía ser la hija de Drácula?

-Imagino que estarás pensando en mil cosas, Irina. – lo entiendo, es comprensible. No es habitual que te digan que eres la Hija de Drácula. – le dijo susurrándole.

-Pero…

-Déjame continuar y entonces lo entenderás  – le interrumpió BramStoker.

A raíz de entonces fui adquiriendo habilidades que desconocía por completo, convirtiéndome en uno de los vampiros más poderosos.

Adquirí a dominar el poder del fuego, y sobre todo el poder de la sangre. Al ser tan poderoso, una gran cantidad de pequeños murciélagos me ayudaban en el combate.

Estas habilidades no las conseguí gracias también por el mero de hecho de absorber las almas oscuras de otros seres de la oscuridad, de esta forma ganar sus habilidades.

Aún así, en una ocasión fui derrotado, por un vampiro con mas experiencia. Muchos me habían querido derrotar en vano. Pero un día fui vencido. El tiempo transcurrió rápido mientras yo dormía inerte bajo las profundidades de la tierra.

¿Cómo logré sobrevivir? – Gracias a que muchos otros vampiros eran seguidores míos. Ellos fueron quienes juntaron sus fuerzas y mutuamente hicieron el milagro de que yo regresara a la Tierra. Invocaron un conjuro de alquimia que permitía dar vida a demonios, como lo era yo. Un ser despiadado y sediento de sed…

-Silencio-

Mina lo miraba con los ojos bien abiertos. No estaba asustada. Sino que intentaba asimilar lo que su supuestamente padre le narraba.

-¿Te doy miedo, hija? – le preguntó

-No. – repuso Irina. Pero sí siento rabia por no haber sabido antes la verdad. Siempre quise saber sobre mí, de cómo vine a este orfanato…Estoy sorprendida. Intento analizar cada detalle y hacerme la idea de que soy tu hija.

-¿Te acuerdas del cuervo que se posaba en tu ventana? – le preguntó BramStoker.

-Sí – contestó Irina con los puños apretados.

-Era yo. Te he observado desde niña. Con la esperanza de ver rasgos en ti que se asemejaran a los míos. Eres una inmortal como yo. Nunca has enfermado ni siquiera has sangrado si te has caído. Por tus venas corre la sangre de una vampiresa que tú aún desconoces. Poderes ocultos que yo te puedo enseñar a sacar a la luz.

-¿Quien es mi madre? – preguntó.

BramStoker suspiro, mirando al techo. Miró a Irina con ojos fríos y asintiendo a su pregunta – prosiguió. Mina. Ese era su nombre.

-¿Era? – pregunto, frunciendo el ceño

-Déjame continuar, por favor Irina. He vivido muchos años y muchas experiencias pero sólo hay una que no podre olvidar jamás. A tú madre. Tu madre era una mortal. – Prosiguió.

-Cuando renací de nuevo habían pasado muchos años. El mundo había cambiado. Transformado en la apariencia que ahora ves.

Había un castillo abandonado que antaño formó parte de una Reina llamada María después de que transcurriera la Primera Guerra Mundial. Al fallecer quedó el castillo abandono y decidí quedarme en él. Desde entonces resido en él.

En cierta ocasión dos jóvenes y apuestas señoritas vinieron a pasar una temporada en Transilvania, guiadas por su mayordomo.

Una de ellas era hermosa, de cabellos largos y rizados. Cuya piel pálida y ojos negros poseían una mirada atenta. Sus labios siempre del color carmesí. Era una mujer muy hermosa. Sus rasgos finos y sutiles. Elegante y delicada.

Durante unas semanas dediqué mi tiempo a observarla. Era una criatura tan preciada. Que nunca daño querría hacerle. Sin embargo pronto se iría de nuevo y en un intento de conocerla propuse formar una fiesta. Asistieron todos. Incluida Mina.

Vestía siempre encantadora. Pero esa noche se acercó a la fiesta con un vestido rojo al igual que el color de sus labios. Dejando entrever un escote de exuberantes pechos y fina cintura.

No tuve ocasión de hablar con ella hasta que su amiga decidió irse con el mayordomo quien le acompaño a casa, ya que necesitaba ausentarse. Mina se quedó un rato más en la fiesta. Entonces nos conocimos. Nuestro encuentro fue casual. Le invité a una copa y después poco a poco nos fuimos enamorando. Cada día nos veíamos a escondidas. Intentando disimular nuestro amor, aunque llegó un día en que fue inevitable esconder la verdad.

De su vientre empezó a crecer una criatura hermosa como su madre y fuerte como su padre. – mirando a Irina de soslayo –

Mina decidió quedarse conmigo, dejando que su amiga se fuera con el mayordomo a su Tierra.

Durante nueve meses vivimos el amor intenso y la espera inevitable de tu nacimiento.

-Suspiro-

-Llegó el día en que decidiste salir del vientre de tu madre. Desgraciadamente tu madre era una mujer muy delicada y tras tu nacimiento, falleció.

No pude hacer nada. Me maldije a mi mismo. Quería a tu madre y no pude convertirla. Intenté invocar a algunos demonios para que pudieran devolver a la vida. Pero no pude. Mis habilidades me permitían devolver a la vida seres malvados u otros vampiros, no a mortales.

-Silencio-

-¿Porqué me dejaste aquí? – dijo derramando una lágrima de sangre. – Era la primera vez que lloraba-

-Te sostuve en brazos y me asusté – respondió. No he dejado de observarte desde que te lleve a algún lugar seguro. No quería perderte como perdí a tu madre. En ese momento no podía saber que dones habías adquirido si la inmortalidad o la de una niña mortal como tu madre.

-Estoy sin palabras – respondió.

-Irina, te he observado durante todos estos diez años. Con la esperanza de que poseyeras mis dones. Posees la belleza de tu madre con la indiferencia e inmortalidad que la mía. ¿Dudas sobre mí, después de haberte confesado la verdad?

-Padre – no me abandones nunca más. – le dijo Irina – mirándolo por primera vez como su padre.

Salieron del centro en silencio, mirando al frente. Una vez las puertas se cerraron detrás de ellos. Su padre le miró a los ojos y le dijo – volemos – En dos murciélagos se convirtieron, emprendiendo el vuelo.

A lo lejos en un lejano castillo, vestidos de negro, dos sombras, la de un padre con su hija miraban al más allá…

 

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