ECONOMISTA

El día anterior a la cita Víctor le mandó varios mensajes a mi mujer y ella no le quiso contestar porque hasta última hora estuvo muy tentada de cancelar el encuentro. Por la noche me tocó volverla a convencer y luego la pedí que le contestara los mensajes.

– Anda contéstale que ya se ha pensado que nos hemos echado atrás con lo de la cena.
– Mañana lo hago, para que esté toda la noche dándole vueltas.
– Ya te vale, como sois las mujeres…

Esa noche me costó bastante dormir y por la respiración de Claudia sé que a ella le pasó lo mismo, coincidimos varias veces despiertos a la vez, aunque no nos dijimos nada. La procesión iba por dentro. Solo quería que por fin llegara el día siguiente, lo que tanto había estado deseando se iba a cumplir. Claudia había quedado con otro hombre.

Nos levantamos temprano y sobre las 9 de la mañana Claudia le mandó un mensaje a Víctor para que se quedara tranquilo, después de desayunar y preparar las maletas llevamos a las niñas a casa de mis suegros. Estaba con ellos Carlota, que desde que se había separado de Gonzalo vivía en la casa familiar. Pusimos la excusa de que íbamos a Madrid a ver una obra de teatro y enseguida los padres de Claudia nos dijeron.

– Pues podéis llevaros a Carlota, le vendría bien salir.
– Que no mamá, que no me apetece, ya soy mayorcita y no me tenéis que estar buscando planes, contestó la hermana de Claudia.

Menos mal que no quiso venir, sino tendríamos que habernos inventado alguna excusa de que habíamos quedado allí con unos amigos o que ya teníamos las entradas sacadas. Una vez dejadas las niñas a buen recaudo cogimos el coche y salimos para Madrid. Buscamos un hotel que estuviera cercano al restaurante en el que habíamos quedado con Víctor.

Durante el viaje no hicimos ninguna mención al motivo del mismo, era como si no quisiéramos sacar el tema. Llegamos y comimos en el hotel y después de descansar un rato salimos a dar una vuelta por Madrid. Sobre las 19:00 nos volvimos a la habitación y comenzamos con los preparativos.

Antes Claudia se sentó en la cama, ahora si tenía ganas de hablar de lo que iba a pasar.

– Bueno, pues todavía estamos a tiempo, dijo
– ¿A tiempo de que?
– De echarnos atrás, sigo sin ver muy claro esto de quedar con Víctor, si te digo la verdad estoy bastante nerviosa.
– Pues no deberías, yo voy a estar contigo, en principio es solo una cena entre amigos, mentí a mi mujer pues yo también estaba muy alterado.
– Víctor va a querer algo mas y lo sabes…
– La cuestión es si tu también quieres algo más, yo por mi parte sabes que no tengo problemas, puedes hacer lo que quieras…
– ¿Quieres que me acueste con él?, me preguntó Claudia directamente.
– Si te digo que no te mentiría, solo quiero que tengas muy claro lo que quieras hacer, yo creo que a ti te apetece hacerlo, porque sino no estaríamos aquí…
– Tengo muchas dudas, es un paso muy importante…no sé si estoy preparada para hacer esto.
– Vamos a ir a cenar con él, luego nos dejamos llevar y que pase lo que tenga que pasar.

Me senté a su lado y le puse el pelo por detrás de la oreja, luego la besé en la mejilla.

– ¿Estás excitada?
– Yo creo que es mas nervios que otra cosa ¿y tu?
– Ni te imaginas cuanto, estoy con un cosquilleo en el estómago desde hace días.

Claudia me palpó la polla en un gesto rutinario para ver si la tenía dura.

– Esto está ya medio medio, dijo refiriéndose al estado de mi miembro.
– Mejor no me la toques, estoy con una sensación que no sé como definir y no te digo que hasta pudiera correrme…

Efectivamente no estaba erecto, pero la tenía bastante hinchada, mi mujer retiró la mano inmediatamente y miró la hora.

– Habrá que irse preparando, dijo Claudia.
– ¿Que ropa interior has traído?
– Cuando volvamos lo comprobarás tu mismo.
– Lo mismo es Víctor el que lo comprueba.
– Eso es lo que a ti te gustaría.
– Me gustaría mas que volvieras sin ella, eso sería buena señal…
– Con ella pienso volver puesta, anda vete pasando tú a la ducha.

Primero me duché yo y en 5 minutos ya estaba vestido, cuando me terminaba de poner los zapatos escuché abrirse el grifo en el baño. Iba a tener que esperar casi una hora a que mi mujer terminara de arreglarse. Me volví a quitar los zapatos, me tumbé en la cama y cogiendo el mando encendí la tele.

Al rato salió Claudia cubriendo su cuerpo con tan solo una toalla, buscó algo en la maleta y volvió a entrar al baño. Cuando salió se me puso delante con tan solo la ropa interior, se había comprado un conjuntito de braguita y sujetador para la ocasión, las dos piezas eran la mitad negro y la otra mitad transparente. Las tetas parecían mas grandes de lo normal embutidas en ese sujetador que realzaba su ya generoso pecho y cuando se dió la vuelta observé como se la metía la braguita brasileña por el culo,

– ¿Que tal me queda?
– ¡Joder!, a Víctor le va a encantar.

Claudia se subió a la cama y vino hasta mi gateando.

– ¿Tu crees?, dijo pasándome una pierna por encima y sentándose sobre mi polla.
– ¿Lo has comprado para él?, dije acariciando su culo.
– Lo he comprado porque es bonito.
– Puffff, cuanto mas se acerca la hora, mas nervioso estoy, deberías quitarte de encima..
– Tranquilízate un poco, no quiero que termines en los pantalones, dijo restregándose despacio sobre mi.

Sin duda alguna Claudia a medida que se acercaba el encuentro se iba excitando poco a poco. Le pasaba lo mismo que a mi, era una mezcla entre miedo y morbo que no sabíamos muy bien como manejar. Éramos unos primerizos en este tipo de encuentros.

Antes de quitarse de encima Claudia quiso comprobar de nuevo como estaba y se frotó contra mi un par de veces. Esta vez si que se encontró con mi polla dura.

– Tranquilo cornudo, que te queda mucha noche por delante…

Me gustó mucho que me llamara cornudo sin estar metido en faena. En el fondo no me importaría que siempre que estuviéramos en privado me lo llamara, en todo tipo de situaciones cotidianas, seguro que hasta alguna vez se le terminaría escapando delante de alguien. Sería muy humillante para mi y posiblemente ella tuviera que pasar un mal rato. Pero eso me ponía muy cachondo.

Se metió al baño para terminar de arreglarse. Cuando salió ya estaba impecablemente vestida y maquillada para la cena con Víctor. Se había pintado los labios de un rojo intenso, lo mismo que las uñas, sabe perfectamente que así es como está mas guapa. En la parte de arriba llevaba un jersey blanco de cuello alto, pero sin mangas y en la parte de abajo llevaba unos shorts oscuros de vestir con brillantina y unas medias transparentes con dibujitos negros muy sexys. Para terminar unos botines negros bajos con un buen tacón.

Estaba perfecta, guapa, radiante, resaltando sus mejores atributos, pero con mucha elegancia. Los shorts le marcaban un culito pequeño y apetecible, el jersey era ajustado insinuando unas buenas tetas debajo de él, que no llevara mangas y fuera mostrando los brazos era muy sensual y que decir de sus piernas, los tacones hacían que estuvieran en tensión y estuvieran mas fibradas y marcadas de lo normal. Antes de salir del hotel se puso una cazadora oscura y faltando 20 minutos para la cita nos fuimos andando con tranquilidad hacia el restaurante.

Fuimos muy despacio intentando llegar a las 22:00 en punto. No conocíamos el sitio y nada mas entrar había una pequeña barra. No me esperaba que él estuviera allí tan puntual cuando llegáramos, pero se encontraba sentado en un taburete alto con una copa de vino en la mano. En cuanto nos vió se puso de pies y vino hacia nosotros. Supe de inmediato que era Víctor.

El tío era mas atractivo de lo que me había imaginado, un poco mas alto que yo, sobre 1,80, pelo oscuro y frondoso con unas pocas canas por los lados y barba de tres días. La americana le quedaba como un guante y llevaba una camisa blanca con un botón abierto. Si Claudia iba perfecto él no se quedaba atrás, el vaquero skinny ajustado no llevaba una sola arruga, iba a la moda con el pantalón por encima de los tobillos y enseñando calcetines con unos bonitos zapatos italianos de ante azules.

Puso las manos sobre los hombros de Claudia y le dió dos besos.

– Cuanto tiempo, ¡estás muy guapa!, dijo mirándola de arriba a abajo. – y este debe de ser David.

Me tendió la mano y me apretó fuerte y firme al saludarnos.

– Encantado.
– Ya estamos los tres, le dijo al camarero que estaba en la barra.
– Pueden pasar al comedor cuando quieran.

Entramos detrás de Víctor y nos pusieron en una mesa cuadrada que tenía tres cubiertos.

– ¿Que tal Víctor?, le saludó uno de los camareros.
– Pues bien, aquí a cenar con unos amigos, les he traído a mi restaurante favorito.
– Perfecta elección, no saldrán defraudados.

El sitio era de comida ….. y se notaba que Víctor iba allí a comer o a cenar a menudo, ni tan siquiera miró la carta que estaba sobre la mesa. Tenía claro lo que iba a cenar.

– Aquí tienen las mejores……de todo Madrid…

Me estuvo tanteando un poco con la mirada, yo la verdad es que no sabía muy describir lo que estaba sintiendo. Había accedido a que mi mujer cenara con aquel tío, que dicho sea de paso tenía pinta de saber lo que se hacía, desde un principio la sensación que flotaba en el ambiente era que si alguien sobraba de los tres, ese era yo. Desde que llegamos me empequeñecí al lado de Víctor. No sé que clase de hombre hay que ser para servirle en bandeja a tu mujer a otro y tu quedarte allí delante en primera fila. No podía quitarme ese sentimiento de la cabeza.

Estuvimos hablando de cosas normales, de nuestro trabajo, Víctor se interesó mucho por la fábrica de zapatos, le dije que eran de buena calidad, aunque viendo los que llevaba puestos dudaba mucho que los hubiera probado. Al final se enteró de que la fábrica era de la familia de Claudia y lógicamente que yo estaba allí medio “enchufado” como encargado además.

– ¿Y que tal está el hotel?, de todas formas no hacía falta, os podíais haber quedado en mi casa, nos dijo amablemente.

Yo no supe que responder, luego siguió hablando con Claudia sobre su trabajo y le estuvo contando también no se qué de un viaje a Menorca a lo que mi mujer escuchaba muy interesada.

– Ya te dije que estás invitada cuando quieras, si no has estado nunca te va a encantar la isla.

El tío con toda la desfachatez del mundo le acababa de ofrecer a mi mujer a pasar unos días con él en Menorca sin cortarse un pelo porque yo estuviera allí, tan solo me dedicó una pequeña mirada para que ver como reaccionaba. Me hice un poco mas pequeño. Ya apenas participaba de la conversación que tenían, Víctor le contaba a Claudia como era el hotel y unas pequeñas calas de Menorca que al parecer eran ideales para hacer nudismo sin que nadie te molestara. Se refirió varias veces a ese lugar como “el paraíso”.

– Bueno, te ha costado venir a Madrid a verme, por fin, ¿te vendes cara para dejarte ver, eh?, dijo Víctor empezando ya a tontear descaradamente con mi mujer. – ¿Y que tal Mariola, la sigues viendo?
– Si claro, todas las semanas.
– ¿Y seguís saliendo juntas de fiesta?
– Alguna vez, pero muy poco.
– Anda que no tienen peligro estas dos, me dijo a mi intentando hacerme cómplice de las andanzas de mi mujer.
– Ya, ya lo sé, afirmé yo.

Había quedado como un completo imbécil con esa respuesta y tampoco quería ponérselo tan fácil a Víctor, así que enseguida maticé.

– Pero confío en Claudia, siempre ha tenido facilidad para quitarse de encima a los moscones…
– Jajajaja, si, de eso ya me dí cuenta, dijo Víctor, – me costó aceptar que se dejara invitar a una copa…¿hoy si me dejas que os invite a una copa, no?.
– Claro, para eso hemos venido a Madrid, respondió Claudia.

La tensión sexual en la mesa cada vez se iba haciendo mas evidente, cuando bebían de la copa Claudia y Víctor se miraban a los ojos, luego seguían hablando como si se conocieran de toda la vida y yo cada vez me iba quedando mas y mas al margen. Llegó un momento que parecía un espectador de lujo de una cena entre dos. Me sentí en ese momento tan terriblemente excitado que la erección que llevaba minutos luciendo bajo el pantalón se me empezó a hacer incómoda.

Si, estaba empalmado viendo como Claudia tonteaba con Víctor y éste intentaba seducir con mucha clase a mi mujer.

Llegó el momento de los postres, Claudia repasó la carta sin decidirse a elegir.

– No debería comer nada de esto, pero todo tiene una pinta buenísima, ¿que me recomiendas?, le preguntó a Víctor, estoy entre el browning de chocolate con helado y la tarta de queso con frutas.
– Si quieres pedimos los dos y lo compartimos, ¿te parece?

Claudia me miró inmediatamente ante la propuesta de Víctor.

– Vale no pasa nada, yo iba a pedir la mouse de vainilla, dije yo.

Pero no se trataba de si pedir esto o de lo otro, eso era lo de menos, mi mujer iba a compartir el postre con otro tío delante de mi y lo peor es que yo me moría por verlo. Víctor levantó la mano y enseguida llegó el camarero.

– De postre nos traes, una mouse de vainilla y luego para compartir el browning de chocolate caliente con helado y la tarta de queso con frutas, muchas gracias…
– Ahora mismo estoy aquí…
– Ya verás los postres, están buenísimos, me dijo Víctor.

No tardó el camarero en llegar con el pedido.

– ¿La mouse de vainilla?…
– Para mi, dije yo levantando la mano.
– Perfecto…y para compartir el browning con la tarta de queso, dijo poniendo un plato mas grande entre Víctor y mi mujer.

Víctor se apresuró a partir el browning y enseguida salió el chocolate caliente de su interior, lo recogió con la cucharilla y se lo acercó a la boca de mi mujer.

– Prueba esto, es una delicia.

Claudia se quedó muy cortada y me miró mientras Víctor sujetaba la cucharilla suspendida delante de su boca.

– Uyyy perdón, yo no quería…dijo Víctor.
– No, no pasa nada, dije yo. – de verdad que no, tiene una pinta estupenda eso…

Claudia abrió tímidamente la boca mientras se pasaba el pelo vergonzosa por detrás de la oreja y Víctor le metió el browning dentro de ella. Aquel simple gesto me provocó una mezcla de morbo y humillación a partes iguales y mi polla palpitó bajo los pantalones. Pero mi mujer no estaba muy dispuesta a seguir con esa clase de tonteo y mas si cabe hacerlo así públicamente. Luego siguieron comiendo el postre cada uno por separado, eso si, del mismo plato y con gesto de complicidad entre ellos mientras yo me terminaba mi mouse observando la escena.

– Estaba todo muy bueno, dije yo.
– Me alegro que os haya gustado.

Volvió a acercarse el camarero que nos ofreció café o algún chupito y terminamos aceptando uno que nos sirvieron en vaso de tubo.

– Si os parece bien ahora vamos a tomar una copa, dijo Víctor.

Claudia se me quedó mirando esperando mi respuesta y yo hice un gesto con los hombros hacia arriba.

– Me parece perfecto.

Víctor volvió a levantar la mano para que el camarero trajera la cuenta, cuando lo hizo se apresuró a sacar la tarjeta de crédito, luego le pidió que fuera llamando un taxi.

– Por favor, hoy invito yo, y ahora si me disculpáis voy un momento al baño, nos dijo educadamente.

Por unos momentos nos quedamos Claudia y yo a solas.

– ¿Que tal?, pregunté yo.
– Bien, la verdad, mejor de lo que esperaba.

Yo me acerqué a darle un pequeño beso en la mejilla y Claudia apenas me dejó retirando la cara.

– No quiero llamar la atención, hay mucha gente, primero lo de Víctor con el postre, ahora no quiero darme un beso contigo, si alguno se ha fijado le parecerá raro…
– Perdona, no me había dado cuenta de eso.
– ¿Que piensas de Víctor?
– Pues no sé que decirte, parece educado y ha sido una cena agradable…
– ¿Y tu que tal estás?
– Excitado, muy excitado, ¿y tu?
– No lo sé, realmente todavía no sé ni que hacemos aquí con él…no sé ni como me siento…estoy rara, pero a la vez lo estoy pasando bien…
– Venga Claudia no empieces otra vez, vamos a tomar una copa y quiero que hagas lo que te apetezca…te lo digo en serio, puedes hacer lo que quieras…¿de verdad no te da morbo todo esto?
– A ti ya veo que si…
– ¿Y a ti…?

Justo en ese momento llegó Víctor y yo aproveché para ir al baño después, no quise ir antes para no coincidir allí con él, me hubiera resultado algo violento, además quería que pasara algo de tiempo para que se me bajara el empalme y al menos poder mear. Cuando salí ya nos estaba esperando el taxi y nos montamos los tres detrás.

Víctor nos llevó a un local que conocía y entramos, eran casi la una de la mañana y había bastante gente, nuestra anfitrión se movía como pez en el agua y saludó a unas cuantas personas antes de llegar a la barra. Hasta el momento la noche estaba resultando como yo pensaba y aunque no había pasado nada entre ellos a mi ya me estaba dando mucho morbo la situación. Víctor me había calado desde hacía tiempo y cada vez se ocupaba mas de atender a mi mujer y dejarme a mi de lado. Yo no se lo iba a poner difícil tampoco, al llegar a la barra nos pedimos tres copas y Víctor se puso a hablar con mi mujer.

Poco a poco me fui separando de ellos, no mucho, apenas un metro, lo suficiente para dar a entender que quería dejarles solos. Cuando llevaba 20 minutos separado Claudia me buscó y me hizo un gesto con la mano para que me acercara, pero yo le dije que no. Víctor se quedó callado, pero se dió cuenta del detalle.

Cada vez fue entrando mas y mas gente, por lo que la separación entre ellos y yo se hizo algo mayor, unos dos metros, pero ahora además con un grupo de gente en medio.

Ya estaban solos.

Me encantaba observarles, no lo voy a negar, como un voyeur, a pesar de la situación Víctor no se sobrepasó en ningún momento, alguna vez ponía levemente la mano en la cintura de mi mujer al hablar con ella, pero muy poco. Claudia por su parte cada vez estaba menos pendiente de mi y ya hacía rato que no se había girado para ver donde estaba, yo miraba como se reía, como se ponía el pelo por detrás de la oreja, como se le tensaban las piernas al inclinarse para decirle algo al oído. Estaba coqueteando descaradamente con él delante de mi y eso me excitaba mucho.

No podía ni imaginar lo que sería verles en actitud mas íntima, si solo con esa situación ya estaba cachondo, el corazón me iba disparado y tenía un nudo de nervios en el estómago. De repente miraron hacia donde estaba yo y siguieron hablando, Claudia dijo que si con la cabeza y luego se giró de nuevo.

La tensión se me empezaba a hacer insoportable, en el bar hacía calor y ya tenía una buena mezcla de alcohol en el estómago, llevábamos casi una hora en aquel sitio y tuve que pedirme otra copa. Ellos seguían a lo suyo, estaba claro que se lo estaban pasando bien y yo había levantado ya mis cartas al dejarles solo. Le estaba sirviendo a mi mujer en bandeja al cabronazo ese y yo allí apartado tomándome una copa les observaba con la verga dura.

Un rato mas tarde se acercaron donde estaba yo, Víctor se quedó un poco al margen y Claudia me dijo al oído.

– Dice Víctor que si vamos a su casa a tomar una copa…

Aquellas palabras en boca de mi mujer hicieron que mi polla palpitara literalmente bajo los pantalones. Era lo que llevaba queriendo escuchar toda la noche.

– ¿Lo que tu quieras, eh?, volvió a decirme Claudia.
– ¿A ti te parece bien?, ya sabes para lo que quiere que vayamos a su casa, si vamos no hay vuelta atrás…
– Si no quieres no vamos…
– Claro que quiero Claudia, para eso hemos venido a Madrid…ya lo sabes…
– De acuerdo.

Inmediatamente se dió la vuelta y le dijo a Víctor que si. Luego salimos los tres y llamamos un taxi para ir a su casa. En el tiempo de espera a que llegara el taxi no sabíamos ni de que hablar, la situación era incómoda para todos, por suerte no duró mucho. Llegó un taxi y nos sentamos los tres en la parte de atrás, con mi mujer en medio de los dos. Ahí si que no lo esperaba, pero Víctor se puso cariñoso con Claudia, seguramente ya se lo habría dicho a solas varias veces durante la noche, pero esta vez lo hizo para que lo escuchara yo.

– ¡Que ganas tenía de que vinieras a Madrid!

Luego se inclinó sobre ella y la beso en el hombro mientras ponía una mano en sus muslos, Claudia tímida se volvió hacia él y le dijo algo susurrando que no pude entender, algo así como “aquí no”.

– Llevo toda la noche queriéndote dar un beso, dijo Víctor un poco mas alto, esta vez no solo lo escuché yo, sino también el taxista, – anda ven aquí.

Abrí los ojos como platos y miré hacia ellos, no podía creerme que Claudia fuera a besarse con aquel tío en medio de un taxi. Parece que se resistió un poco, pero Víctor la dijo algo en bajito que no escuché para vencer su última linea de defensa y terminó dándole un pequeño pico en la boca. No fue el beso mas erótico ni el mas sensual de la historia, pero el ver a mi mujer besarse furtivamente con Víctor supuso para mi una gran victoria.

Claudia iba a hacerme un cornudo.

Y Víctor iba a proclamar mi condición delante del taxista.

– Es fantástica tu mujer, tienes mucha suerte, me dijo inclinándose hacia delante.

Esta vez el que abrió los ojos como platos fue el taxista y Claudia le dió un pequeño manotazo como a un chiquillo que ha cometido una travesura. A mi mujer no le gustaban esos juegos y quedar como una fulana delante de la gente, aunque fuera un desconocido. Sin embargo a mi me encantó que lo hiciera y me dejara como un pobre cornudito. Llevaba una empalmada de caballo.

Llegamos al piso de Víctor y nos bajamos del taxi que pagué yo. Subimos al ascensor y nada mas entrar en su casa nos llevó al salón y abrió el mueble bar.

– Bueno, pues esta es mi casa, ¿Que queréis tomar?
– Está muy bien, dijo Claudia.
– Yo cualquier ron que tengas con Coca cola.
– ¿Brugal?
– Si, me vale, contesté.

Se fue a la cocina y me extrañó que viniera solo con un vaso de tubo y dos hielos dentro y una lata de refresco en la mano.

– Toma échate lo que quieras, me dijo, – ven Claudia, que te enseño la casa…
– Ehhh, vale, contestó ella.

La invitación para ver la casa fue solo para mi mujer, a mi me dejó plantado con el vaso en la mano y de pies preparándome la copa. Claudia no dudó en irse con él y antes de salir los dos por la puerta del salón Víctor puso una de sus manos sobre la cintura de ella para guiarla por la casa y ella me miró tímida por última vez. Todavía les escuché unos minutos mas, al ser de madrugada estaba todo en silencio y los tacones de Claudia retumbaban por las estancias de la casa mientras Víctor se la iba mostrando, hasta que llegó un momento que se hizo el silencio.

El silencio mas absoluto.

Aquella calma que precede la tormenta me puso de los nervios y entonces supe que iba a suceder lo que tanto deseaba. Ya no había vuelta atrás…

Un comentario sobre “Cornudo (71)

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s