LOIS SANS

Al día siguiente nos encontramos a Tere llorando, luego me gritó, me llamó “putón”, se lanzó sobre mí, quería pegarme, porque Fran la había dejado diciéndole que me prefería a mí. Menos mal que Ángela aceptó marcharse con Tere para que Fran y yo nos pudiésemos quedar algunos días más. Aprovechamos para conocernos mejor y sobre todo para follar en los sitios más inesperados.

Estando en la sala de espera del aeropuerto me confesó:

  • Cuando te vi por primera vez en la terraza supe que eras especial y te desee, ahora que te conozco mejor creo que me estoy enamorando de ti.
  • Me gustas, sin embargo, no creo en el tópico “para siempre”, estoy dispuesta a que continuemos juntos siempre que estés de acuerdo en que sea una relación abierta.
  • ¿Abierta? – pregunto él con un tono escéptico.
  • Sí, abierta, o sea, podremos salir con otras personas – puntualicé observándolo atentamente.
  • Bueno, me habría gustado tener una relación normal contigo – reclamó insatisfecho.
  • Quieres tener una relación normal, sin embargo, acabas de ponerle los cuernos a tu novia. ¿acaso crees que eso es normal? – aclaré.
  • Pero no volverá a pasar, tú eres especial – protestó suplicando.
  • ¿Estás seguro de que no volverá a pasar? Tengo experiencia y sé que siempre vuelve a pasar – aseguré intimidándole.

Se quedó callado y pensativo, supongo que se dio cuenta de que tenía razón. Empezamos a vernos cada día, salíamos juntos, paseábamos y saboreábamos nuestro deseo sexual buscando los lugares más insólitos donde disfrutar juntos. Nos encantaba gozar en los cuartos de baño de las casas que visitábamos, de nuestros amigos o familiares. Y así seguimos casi un año, viviendo y gozando sin preocuparnos de nada más, hasta que una noche mientras cenábamos en la terraza de un restaurante, se arrodilló y me pidió que nos casáramos mientras me ponía un bonito anillo en el dedo y, sin pensarlo, acepté.

Preparamos una boda romántica en la cubierta de un barco. Papá me acompañó al altar vestida como una princesa y me encantó ser la protagonista de una historia romántica perfecta. Incluso nos fuimos de Luna de Miel al Caribe y seguimos disfrutando del sexobuscando morbo en espacios insólitos.

Estaba eufórica y atemorizada a la vez, sabía que nuestra historia tendría un final y me daba miedo pensar en ese momento, incluso pensaba de qué manera ocurriría, si sería porque otra golfa se interpondría en nuestras vidas o si llegaría un momento en que ya no nos apeteciera follar juntos.

Por eso, cuando me confesó que le gustaría ser padre, supe que había llegado el momento temido, porque yo jamás había pensado en esa posibilidad, en ningún momento se me había pasado por la cabeza quedarme embarazada.

Supongo que se dio cuenta de que se había equivocado y lentamente aceptó la dura realidad, nos fuimos distanciando, él quedaba con sus amigos y yo me iba de copas con las compañeras del trabajo.

A punto de cumplir los cuarenta, me apunté a una web de contactos y entonces me di cuenta de que algo había cambiado en mí, puesto que siempre los había preferido mucho más mayores que yo, menos con Fran que solo nos llevábamos cinco años y ahora me miraba chicos jóvenes, bastante más jóvenes, me gustaban los adolescentes de culo prieto y cara aniñada, aunque sabía que debía ir con cuidado y escogerlos mayores de edad si no quería tener problemas.

Sin embargo, ya se sabe que, a veces, aquello que esquivas te acaba saltado encima y eso ocurrió con Iván, nos conocimos en la página de contactos, donde había mentido diciendo que tenía veinte años, aunque yo había rebajado la mía a treinta. Decidimos encontrarnos en un bar de las afueras, un lugar donde no pudiésemos encontrar a nadie conocido.

Al entrar me dio la impresión de meterme en un local del siglo pasado, olía a rancio, del techo colgaban pequeñas lámparas y debajo había algunas mesas con patas de madera y la parte de arriba de mármol, las sillas eran de madera marrón un poco despintadas y algo raídas por las carcomas. Al frente había un enorme mostrador, también de madera y detrás unas estanterías llenas de botellas de todo tipo, a la derecha, tocando a la pared, la cafetera emitiendo sonidos y dejando ir vapores.

Me senté a un lado, con un libro del “Pequeño Príncipe”, tal y como habíamos quedado. Observé a mi alrededor y, por un momento, me arrepentí de haber ido. Me sentía mayor y ridícula para un encuentro con un adolescente. Solo había otra mesa ocupada, en el centro, dos hombres (de mi edad) comiéndose unos bocadillos y bebiendo cervezas.

Desestimé la idea de pedir nada y, justo cuando iba a levantarme, llegó él, como una aparición, un ángel al que solo le faltaban las alas. Alto, delgado, el pelo castaño y rizado, los ojos almendrados color miel, la sonrisa blanca y fresca.  Dio un vistazo alrededor, miro mi libro y se acercó.

  • Hola, debes de ser Maribel, yo soy Iván – dijo al tiempo que me levantaba de la silla y nos dábamos dos besos de cortesía.
  • Encantada de conocerte, Iván – contesté demasiado nerviosa como para disimularlo.
  • ¿Qué te parece si nos vamos de aquí? No es el lugar adecuado para una primera cita – resolvió mientras me repasaba con la mirada.
  • Claro, por supuesto. ¿Y dónde tenías pensado ir? – me atreví a preguntar.
  • Tengo mi moto afuera, te llevaré a mi lugar preferido donde podremos charlar y conocernos mejor – contestó más seguro de si mismo que yo.

Asentí con la cabeza, demasiado nerviosa teniendo en cuenta que yo era la que debía tener más experiencia, sin embargo, al oír la palabra “moto” se pusieron en marcha los mecanismos de la memoria que sacan los recuerdos del baúl donde los hemos guardado y me acordé de Fernando, de su moto roja, cuando yo era una adolescente novata de catorce años que quería robarle el novio a su hermana.

La motocicleta de Iván no era tan potente como la de Fernando, al menos eso me parecía a mí y le propuse ir en mi coche, pero se apresuró a decir que en moto se llegaba antes, ya que podríamos esquivar las colas de coches que suele haber a esa hora.

Nos acoplamos en su motocicleta, con los cascos puestos y yo me agarré a él aplastando mis tetas contra su espalda mientras él cogía velocidad y sorteaba el denso tránsito. Salimos de la ciudad por la misma carretera que aquella vez y luego se desvió por la misma pista de tierra que entonces, llegando a la misma arboleda, donde aparcó y nos bajamos de la moto. Caminamos hasta la pequeña playa al lado del río, donde el sol empezaba a esconderse detrás de la montaña, mientras dejaba el cielo teñido de diferentes tonos en rosa y azul.

Cuando llegamos a la playa, me miró y guiñándome un ojo me confió:

  • Este es mi lugar preferido, vengo aquí cuando quiero estar solo y me ha parecido un bonito lugar para compartirlo contigo.
  • Es un lugar precioso, no había estado nunca aquí – mentí sonriendo.
  • ¿Qué te parece si nos contamos un poco de nosotros mismos? Para ir conociéndonos – preguntó mirándome a los ojos.
  • Claro, mira mi nombre es Maribel, trabajo como administrativa en una multinacional, me gusta leer, la música, la naturaleza y viajar – me arriesgué a contestar.
  • Yo soy Iván, estudio en el Instituto, me gustan las motos, el fútbol, el cine y la música – se apresuró a decir.
  • ¿Y cuantos años tienes? – pregunté un poco cohibida, deseando no conocer la respuesta, temiendo que sería demasiado joven.
  • Eso que importancia tiene, ninguna – contestó acercándose peligrosamente y rozando mi pelo con sus ágiles dedos.

A continuación, todo fue demasiado rápido como para recordarlo exactamente, nos besamos en la boca, mientras él me metía mano en el escote y yo le quitaba la camiseta. En unos segundos estuvimos desnudos, el uno frente al otro, abrazados, acariciándonos con urgencia, nos apoyamos a un árbol y follamos con pasión, dándolo todo, sin pedir nada a cambio.

Cuando me dejó en el portal de casa la razón se peleaba con el deseo y me imaginaba un pequeño ángel diciéndome al oído:

  • Tienes que dejarlo, es un niño, eso no está bien, eres mala y golfa

Y en el otro oído un pequeño demonio ordenando:

  • Te gusta, le gustas y Dios dijo que había que enseñar al que no sabe, ahora no puedes dejarlo tirado. Lo estáis pasando bien los dos. Disfruta.

Aunque sabía que no estaba bien, siempre me ha gustado romper las reglas, así que determiné ir despacio y observar su comportamiento para decidir, sobre la marcha, los pasos a seguir.

Como nos habíamos facilitado nuestros números de móvil, al día siguiente me dio los buenos días mandándome una foto suya saliendo de la ducha y yo le contesté con una foto mía en ropa interior. A continuación, volvieron las dudas, el ángel y el demonio me estaban martirizando y yo tenía ganas de guerra.

Además, Fran se había ido a Madrid, donde estaría toda la semana a Madrid participando en un curso para directivos que organizaba el Banco donde trabajaba, así que tenía la casa para mi sola y eso me daba más morbo.

Mi horario era de ocho a tres, así que quedamos a las cuatro en mi casa, para que tuviese tiempo de comer algo. A menos cuarto llamó a la puerta, le abrí con una bata de seda y cuando me vio se abalanzó encima de mí comiéndome a besos. No llegamos a mi habitación, lo hicimos en el suelo del salón. Luego nos sentamos en el sofá, abrazados, con la tele encendida sin mirar, acariciándonos, mimándonos.

Por la noche sonó su móvil, era su madre que le preguntaba dónde estaba, le mintió diciendo que estaba en casa de un amigo, Sergio, donde se quedaría a dormir. Luego le mandó un WhatsApp a Sergio pidiéndole que mintiera por él, supongo que eso es amor.

Luego sonó mi móvil, era Fran, me llamaba desde Madrid para saber si todo iba bien, le dije que si y le pregunté si él estaba bien, parecía preocupado, tal vez tenia remordimientos por no haberse portado bien, pero a mi no me importaba en absoluto.

Cenamos desnudos y después nos fuimos a la cama, a jugar con nuestros cuerpos, él era muy joven e incansable y yo estaba en la gloria, me sentía amada y deseada más que nunca.

Después de una noche loca, por la mañana costó levantarse y tuve que apresurarme para no llegar tarde al trabajo. Cuando llegué a casa después de trabajar lo encontré sentado en el suelo del rellano, apoyado en la puerta, esperando a que llegase.

Seguimos con nuestras sesiones de sexo loco y volvió a quedarse a dormir, aunque esta vez ya había hablado con su madre. Aprovechamos toda la semana para estar juntos, el viernes llamó Fran para decirme que se quedaba en Madrid a pasar el fin de semana, porque la semana siguiente debería seguir con el curso. Dudando me preguntó si quería ir y supongo que respiró aliviado cuando le dije que había quedado con unas amigas para cenar el sábado por la noche.

El sábado por la noche Iván me pidió que me pusiera la bata de seda y unos zapatos de tacón. Él se puso un bóxer apretado con dibujos de animalitos follando, muy sexy. Luego pedimos unas pizzas para cenar y cuando llamaron al timbre me pidió un pañuelo de seda para vendarme los ojos, quería hacer un experimento porque había leído en un libro que cuando falta un sentido se agudizan los demás.

Me dejó un trozo de pizza y algo de ensalada en el plato y empecé a comer, sin embargo, tenía la sensación de que había alguien más en el comedor y se lo pregunté, a lo que él me contestó:

  • El chico que ha traído la pizza es amigo mío y le he pedido que se quede, espero que no te importe.
  • Es que pensaba que tendríamos una cita romántica – comenté un poco disgustada.
  • No te preocupes la cita romántica la tendremos igual, déjate llevar y disfruta – contestó en un tono un poco sarcástico que me dio a entender que estaba aprendiendo demasiado rápido.

No dije nada más, seguí comiendo pizza y ensalada. Cuando acabé me dejó un trozo de tarta de chocolate con nata y poco a poco me lo dio con una cuchara, cuando acabé el último trozo me besó larga y sensualmente en la boca mientras me acariciaba el culo a través de la bata de seda.

Me llevó al dormitorio y me ató los pies y las manos en la cama, luego abrió la bata dejando mi cuerpo al descubierto, con los zapatos de tacón puestos, supongo que debía darle morbo, así que no dije nada, porque me sentía realmente excitada, sobre todo por mostrar mi cuerpo desnudo sin poder ver nada.

Enseguida supe que era el otro chico el que me besaba en la boca, aunque lo hacía muy bien sabía diferente. Entretanto Iván aprovechaba para recorrer su lengua por mi sexo haciéndome enloquecer. Cuatro manos recorren más piel que dos y las sabían utilizar muy bien, acariciaban mi cuerpo con suavidad consiguiendo que estuviese en un éxtasis continuo, gozando al máximo.

Después me desataron y pude acariciarlos mientras entraban dentro de mí, gozando los tres hasta el éxtasis. Acabamos los tres estirados en la cama, exhaustos y satisfechos. Entonces decidí quitarme el pañuelo de los ojos y miré hacia los lados para conocer al amigo de Iván.

A la derecha tenía a Iván, desnudo, con su cuerpo bien proporcionado y a la izquierda me encontré con mi sobrino Lorenzo, también desnudo, con una sonrisa de felicidad en los labios. Me levanté cabreada, gritando unos cuantos insultos, riñendo a Lorenzo y buscando mi bata para taparme, porque, de repente, me sentía avergonzada. Lorenzo tenía…, creo que quince años y, además de ser menor de edad somos familia.

Mientras gritaba, Iván intentaba calmarme y Lorenzo empezó a buscar su ropa para vestirse. De acuerdo, tenía que tranquilizarme y pensar exactamente como actuar. Les pedí que se vistieran y esperaran a que me diera una ducha para despejarme.

Dejé que el agua fría cayese con fuerza sobre mi cabeza, mojando, además de mi pelo, mis miedos, sabía que la había cagado y mucho.

Cuando salí, los encontré sentados en el sofá, mirando el móvil, cada uno absorto en sus mundos adolescentes.

Les pedí el DNI, necesitaba saber exactamente la edad de cada uno de ellos, para actuar en consecuencia. Ni siquiera lo llevaban. Pregunte que curso estudiaban y me contestaron que estaban en cuarto de ESO, así que todavía no habían cumplido los dieciséis, no recuerdo en qué mes nació Lorenzo. Por suerte, Valentina me pidió que fuese la madrina de Carlota, su hermana menor.

De entrada, les dejo claro que esto no volverá a ocurrir y que queda terminantemente prohibido que se lo cuenten a nadie. N A D I E. Hacemos un juramento los tres sellando nuestro silencio y les despido con un casto beso en la mejilla, mientras les pido que sean buenos.

Cuando Valentina nos invitó a la cena de Nochebuena, dudé en inventarme alguna excusa, porque nunca me han gustado las reuniones familiares, sin embargo, me pareció que Fran estaba ilusionado, ahora que estamos bien juntos y tenemos una noticia que compartir.

Me siento rara sentada en la mesa, con Fran a mi derecha y mi cuñado Enrique a mi izquierda. Al lado se sentará mi hermana, luego Lorenzo que queda justo delante de mí y no sé si son imaginaciones mías, pero no me quita los ojos de encima, lo que me hace estar incomoda. A continuación, se sienta su hermana Carlota, mi ahijada, que me recuerda demasiado a mí, vestida con un vestido corto y escotado, demasiado sexy para una niña de trece años. Luego está mi hermano Pedro, muy contento con su nueva pareja Denis, un ruso muy guapo, con el que me gustaría pasar un buen rato, aunque tengo claro que nunca podrá ser. Junto a Denis se sientan mis padres y a su lado los padres de mi cuñado y luego Andrés, el hermano de Enrique y su mujer Eva. En total quince personas, para mí demasiadas.

Todo transcurre con cierta normalidad, hasta que, de repente, Fran se levanta y dice:

  • Familia, queremos compartir con vosotros una gran noticia. Estamos embarazados. ¡Un brindis por nuestro bebe!

Todos se levantan, Enrique, que está a mi lado, me abraza calurosamente, Lorenzo me besa en la comisura de los labios y yo no puedo evitar pensar que podría ser el padre de mi hijo, aunque prefiero creer que es Iván, con el que estuve toda la semana.

Mientras todos nos felicitan y brindamos recuerdo que cuando se lo comuniqué a Fran, sabiendo seguro que él no era el padre, se alegró y, sin dudarlo, dio por hecho que íbamos a estar juntos formando una familia y, aunque quise hablar de ello, aclarar la situación, él me pidió que lo dejásemos así y que le dejase ilusionarse con ser padre.

FELIZ NAVIDAD

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