TANATOS12

Edu fue de nuevo a por la botella de agua y María tumbada boca abajo, al escuchar como bebía, se incorporó un poco y él le dio la botella en una cordialidad extraña. De verdad parecía que no había ninguna conexión en cuanto a personalidad, pero era como si los dos supieran que eran los cuerpos perfectos para disfrutar el uno del otro.

Mi novia se acabó tumbando boca arriba con la cabeza hacia el cabecero de la cama, con las rodillas flexionadas, la camisa abierta… las tetas hinchadas…e inmediatamente me vino un rayo, un recuerdo, y era la foto aquella que le había enviado a Edu… hacía meses… pues también llevaba en aquella foto una camisa blanca… en la foto María tapaba sus tetas con su pelo, y su coño con sus manos, pero esta vez las tetas respiraban libres y enormes… y su coño no solo no estaba tapado si no que sobresalía hacia fuera, hinchado y orgulloso del placer brutal que estaba recibiendo, cuanto más hinchado cuanto más desorbitado más reflejaba el placer que acababa de sentir.

Edu se colocó entre las piernas de ella. La cubrió con todo su cuerpo y ella separó las piernas para que él pudiera entrar dentro de ella. Apuntó y ella rodeó su cuello con una mano y la otra la posó en su espalda. No tardó él en encontrar el punto donde se encontraba aquella cavidad, de golpe tan conocida, y la invadió otra vez… y ella cerró sus ojos y clavó sus uñas en su espalda… recibiendo de nuevo aquel intruso en su interior… sintiéndose llenada otra vez… como disfrutando todo lo que llevaba meses contenido.

En la postura del misionero comenzó a follársela lentamente…La besaba en la boca… en el cuello y ella gemía más dulcemente y jadeaba unos “ahh” “ahh” rápidos y dulces en su oído. Yo volví a masturbarme también lentamente y, agotado, acabé por atreverme a tumbarme en la cama. Al lado de ella. Boca arriba a veces y a veces más girado hacia ella… que envolvía a Edu con las piernas y le apretaba la espalda con los brazos… Yo, a escasos centímetros vivía aquel polvo de manera intensísima… y no sé si el alcohol, la excitación o la desesperación me llevaron a arriesgarme… me llevaron a buscar un beso de ella, pero ella me lo negó girando la cara…

Edu se salió del cuerpo de María. Sacó su polla hinchada y enorme, y no sé si queriendo reírse de mí o qué buscaba, me dijo:

-Pablo, apuntas y se la metes tú. –Yo no entendía a qué se refería, y él puso la punta de su polla a milímetros de la entrada del coño de María e insistió. Claramente quería que yo le cogiera la polla y la dirigiera para metérsela a mi novia.

Miré a Edu y no vi sorna, si no quizás hasta algo de complicidad, y dudé si de verdad, si de verdad lo decía en serio. María no decía nada y yo, o lo que quedaba de mí ya a aquellas alturas, alargué mi mano, que llegó a tocar su polla, el tronco durísimo caliente, e inmediatamente después la solté, como si quemara, y volví a tumbarme al lado de María fingiendo que no había pasado nada. Y fue María quien la sujetó con fuerza, separó con la punta los labios de su coño y se la metió ella misma, hasta el fondo, tirando de él y suspirando un “¡ohhhmmm dios…!” a centímetros de mi cara. Giró su rostro hacia mí y volvió a gemir un “ohhmmm…” ante la segunda metida que ya hacía Edu… y yo busqué sus labios y ella me los dio y busqué su lengua pero ella no me dejó, no abrió la boca más que para jadear… para decirme en mi cara el placer que de nuevo recibía… y así estuvimos unos minutos en los que yo acariciaba la cara de mi novia y le daba picos en los labios mientras Edu se la follaba lentamente y María con los ojos cerrados jadeaba sin parar… las tetas enormes se le movían, subían y bajaban con ella y sus manos iba con decisión a agarrar el culo de Edu para que la follara más profundamente…

Pero lo que más me mató fue cuando María, entre jadeo jadeo… entre beso y beso… comenzó a susurrar unos “síii… follamé…” “Fóllame así…” y Edu, que no era ajeno a aquello le dijo: “te gusta cómo te follo eh…”

-Sí… me encanta.. me encanta como me follas… -respondió María.
-Prefieres así… despacio…
-Mmm… ahora así… ahora fóllame despacio… -gemía con los ojos cerrados, en mi cara.
-Te gusta la polla… la polla que te metes…
-Mmm… sí… me vuelve loca tu polla… -y gemía… remarcando lo de “tu polla…” en mi oído…
-Me encanta follarte, joder…
-Síi… pues follamé… fóllame más… -sollozaba frente a mí… y apretaba con fuerza su culo..
-Joder, María… me voy a correr… -dijo Edu, y María no se inmutó. Como si estuviera medio dormida seguía gimiendo lentamente hasta que él se salió de su interior rápidamente y comenzó a pajearse frenéticamente de rodillas frente a ella. María se abrió más la camisa y juntó sus tetas con las manos mientras me besaba… solo con los labios.. dulcemente… y se oyó un “ohh” seco y rápido de Edu y María tembló al sentir el primer latigazo blanco y caliente sobre su vientre, y Edu se siguió descargando… escuchándose el sonido de su piel adelante y atrás, y soltando diferentes chorros que iban aterrizando sobre el coño de María, su vello oscuro, su vientre y un latigazo denso y especialmente blanco cruzó una de sus tetas marcándola por completo…

Edu se retiró y María se mantenía acariciándose las tetas lentamente… y abrió los ojos y yo la quise besar otra vez y ella giró la cara, diciendo: “no, Pablo…” en un tono casi inaudible.

Nos quedamos en silencio… yo con la polla lagrimeando sobre la sabana, la camisa que me sobraba, los pantalones y los calzoncillos en mis rodillas… Y María aun con las piernas abiertas, boca arriba, las sandalias puestas y la camisa abierta y su torso y su coño bañados de aquel líquido espeso y blancuzco…

Escuchamos el ruido de la ducha y yo, viéndome sin Edu y viendo que María me negaba aquel beso, comencé a reptar, hacia abajo… besé su cuello, besé aquella teta que no había sido manchada y besé en su vientre allí donde no estaba húmedo. Y contemplé la mirada ida de María, extasiada de placer, sus tetas hinchadísimas, los labios de su coño ya fuera de sí y su vello púbico encharcado, de ella misma y de lo que acababa de brotar de Edu.

Besé aquel vello sin importarme si aquella humedad provenía de María o de él, y María, leyéndome, susurró un más severo “No, Pablo… por favor…”. Yo besé sus muslos empapados… y llevé mis manos hacia sus tetas, impregnándome una mano con la leche candente de Edu. “No, Pablo… en serio… por favor…” me rogaba María que no lo hiciera, pero tampoco me detenía… y llevé mi boca a la entrada de su coño, y dejé que todo aquel calor que emanaba desembocara en mi cara y me impregné de su olor a coño… y sobre todo a polla que allí yacía, y saqué mi lengua y separé unos labios que noté más blandos que nunca, como si hubieran perdido su consistencia al haber aumentado de tamaño… y el enésimo “Pablo por favor” de María fue el preludio de que mi lengua se lanzara a lamer, a succionar y a impregnarse de todo aquello que habían soltado ambos allí dentro. Y se me puso la polla a punto de explotar cuando me venía un olor a polla especialmente fuerte, degustaba aquel coño con una excitación y una implicación máxima… y mis manos fueron a su vientre, a sus tetas… y se empapaban del semen de Edu y esparcía ese semen sobre las tetas, las areolas y los pezones de María…

Levanté la vista y María bajó su mirada para conectar conmigo. Conectamos de verdad por primera vez aquella noche, y quizás conectamos de verdad por primera vez en nuestra relación. Y uno de mis dedos, el más manchado, fue a los labios de María, que chupó, sin dejar de mirarme…

Ya no escuchábamos el ruido de la ducha, pero estábamos solos, y comencé a disfrutar de su coño como nunca, pues su olor, su sabor y su tacto eran diferente… todo era diferente, sabía a sexo, olía a polla y su tacto era más tierno, más relajado… Edu le había dejado el coño perfecto para que un cornudo como yo se lo lamiera y se lo limpiara… perfecto… impecable… precioso….

Tras aquellos minutos en los que también seguimos jugando con el semen de Edu sobre su torso… me incorporé hasta llevar mi boca hasta el oído de María y le susurré: “te voy a follar ahora…” Y María alargó su mano, cogió mi polla con tres dedos y se la introdujo en su interior… No sentimos nada. No sentimos nada y fue absolutamente mágico no sentir nada. Mi ridícula polla nadaba en la inmensidad del coño que había abierto Edu; y María me sorprendió besándome, abriendo su boca fundiendo su lengua con la mía. Y descubrí que su boca sabía a polla de manera brutal.

Fue un rato maravilloso en el que disfrutamos, por contradictorio que parezca, de no sentir el más mínimo roce. Tanto que mi polla se acabó encogiendo y saliendo de su interior como por decisión propia.

Me eché a un lado. No sabía qué hora era. No sabía cuánto tiempo había pasado. Todo me parecía un sueño, y con María, a mi lado, conmigo, conseguí dormirme en apenas unos segundos.

Final 1º libro.

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