TANATOS12

Tan pronto empujé un poco la puerta de la habitación de Edu supe que aquello no había sido buena idea. Si precisamente me había ido de allí una media hora antes por la desazón insoportable de verla follando con él, pero en un polvo más o menos contenido, no tenía sentido asistir a una escena mucho más impactante y brutal.

Sin embargo me daba cuenta que a mayor dolor mayor morbo, que a mayor humillación más deseo. Cuanto más negativo era un sentimiento más se disparaba el opuesto, cuanto más me jodía que María disfrutara más dura se me ponía, más pleno y vivo me sentía.

Lo primero que me llamó la atención fue el tremendo calor que sentí al cruzar el umbral de la puerta, era realmente asfixiante, hasta el punto de que cualquier gota de sudor incipiente se activaba y se movía solo por entrar allí. Y lo segundo que me llamó la atención fue el aumento de decibelios tanto el proveniente de sus cuerpos chocar como de los gemidos de María; además, al estar ya tan cerca también se oía a Edu respirar agitadamente…

Caminé silenciosamente los pasos necesarios hasta verles, aunque no fuera necesario mi silencio ante aquel estruendo. Lo que vi me impactó de manera bestial.

Edu, de espaldas a mí, desnudo, de rodillas sobre la cama, embestía brutalmente a mi novia, que a cuatro patas y con la camisa y sandalias aun puestas recibía como podía aquellas brutales acometidas. Y digo que “como podía” pues apoyaba los codos en la cama, con la cabeza hacia abajo… y se agarraba a las sábanas con fuerza para no salir empujada hacia adelante… Era un mete saca brutal en el que si a lo lejos se escuchaba el sonido hueco de la pelvis de Edu chocando contra el culo de María, allí, tan cerca se podía escuchar el sonido húmedo de la polla de Edu atacando un coño encharcado… nunca había escuchado aquel sonido haciéndolo con María… y nunca María había chillado por mí de aquella manera…

La imagen del culo de Edu contrayéndose a cada metida, su espalda musculada… agarrándola por la cadera para que no se le escapase… era más agitación para mi corazón y para mi polla que estaba a dos sacudidas de explotar… Me llamó la atención la camisa empapada de ella, toda la espalda, allí donde su melena reposaba era un charco sobre la seda de su camisa; también en el cuello, pero lo más llamativo era en las tetas, donde la camisa debería caer hacia abajo por la postura, pero esta se pegaba a sus pechos, recuerdo que en aquel momento me sorprendió que pudiera pegarse así por el sudor.

A Edu no parecía gustarle que bajase la cabeza y le tiró un poco de su melena para que levantase la cara. Ella resopló. Gimió. Pero no protestó. Y Edu al hacerlo reparó en mi presencia. No sé qué cara tendría yo, pero él apenas se inmutó. Siguió follándose a María pero ahora a un ritmo más lento. Sus gritos se cambiaron por gemidos… y los gemidos se convirtieron en jadeos… Edu aflojó en ritmo tanto como en el tirón del pelo de María, que dejó de ser tirón para consistir simplemente en que la sujetaba. María con los ojos cerrados y la cara erguida hacia el cabecero de la cama se dijo a sí misma en voz baja “mmm, sí… sí… dame… así” produciendo en Edu y en mí sensaciones diferentes, pues yo temblé y él sonrió.

Y es que Edu deceleró con un propósito, y fue el de detenerse completamente para inmediatamente después retirarse… retirar su polla de allí dentro, de dentro de María. Y lo hizo agarrándola un poco de una nalga, separándola de la otra, para sí mostrar, ofrecerme con más claridad, el coño totalmente abierto de María. Una oquedad enorme, brutal. Una cavidad impactante… Y unos labios sonrojados, empapados y tan enormes que parecía no pertenecían a su cuerpo. Edu se recreó hasta el punto de coger uno de aquellos labios hinchados y apartarlo más. Yo miraba alucinado el coño brutalmente descompuesto de María, así como la tensión, la dureza y la humedad brutal de la polla de él; no podía acostumbrarme al tamaño de aquello y me alucinaba la excitación a la que había llegado María para acoger aquello en su interior.

María terminó por voltear la cabeza y me vio. Pero estaba tan cachonda que su semblante no se alteró. Estaba tan cachonda que daba la impresión de que aunque hubiera diez personas más en la habitación le daría igual. Su cara era de entrega, de morbo, de deseo… de sexo, y no por verme la iba a cambiar.

Edu se retiró de la cama y fue hacia la mesa. Y se dispuso a beber de una botella grande de agua. María, a cuatro patas, ni se movía, como esperando simplemente a que él tuviera a bien seguir follándosela. Volvió su cabeza hacia adelante. Se recompuso un poco el pelo y se remangó un poco mejor la camisa hasta los codos… me dio un morbo tremendo verla así… simplemente esperando a que Edu se la siguiera follando.

-Gírate. Ponte como estás, pero hacia la puerta. –dijo Edu justo antes de volver a beber de la botella.

Ponte hacia la puerta era como decir que se pusiera hacia mí.

Quizás yo no medí la importancia de mi movimiento, pero ni podía más ni era capaz de pensar en nada, y me bajé los pantalones y los calzoncillos hasta las rodillas… y María susurró un “qué cabrón” que yo no supe seguro a quién de los dos se refería…

María se recolocó, con las rodillas, las sandalias y las manos apoyadas en la cama. Hacia mí, pero sin mirarme.

Edu soltó la botella y reparó que al lado yacían las bragas, echas un desastre, de María. Las cogió y se colocó detrás de ella. Dejó caer las bragas sobre la espalda de mi novia y con toda la parsimonia comenzó a masturbarse detrás de ella para ponérsela completamente dura, si es que no lo estaba ya. María, esperaba, esperaba a que él de una vez se la volviera a follar. Y me miró. Levantó la cara y me miró. No miró hacia mi triste polla que yo sacudía mínimamente para no correrme, si no que me miró a la cara y sí pude leer ahí un cierto reproche un “pues lo has conseguido, es lo que querías”; había en ella placer, excitación, impaciencia, pero también cierta recriminación.

Edu llevó una de sus manos al coño de María y esta inmediatamente tembló, dio un respingo y miró hacia atrás. Él se colocó bien y de nuevo comenzó a metérsela y ella le mantuvo la mirada, con los ojos abiertos hasta que pudo. Le quiso, otra vez, agradecer con la mirada como la follaba. Unos ojos que a mí me recriminaban y a él le agradecían.

María volvió la cara hacia mí y Edu no tardó en convertir aquella suave penetración en algo bastante más agresivo. A los pocos segundos el mete saca se había hecho ciertamente intenso, María aguantaba ya como podía de nuevo las embestidas, otra vez el sonido de sus cuerpos chocar, otra vez los gemidos de María y después los chillidos, otra vez aquellos “aaahhh” “aaaahh” frenéticos de María y otra vez la respiración agitada de él. María abría la boca, cerraba los ojos y Edu la asía por la cintura con una mano mientras con la otra despegaba la camisa de sus tetas y las agarraba con fuerza. Inclinaba su torso hacia adelante y la montaba, como un animal. Yo ni me podía tocar, solo sentía que me flojeaban las piernas… el calor era inhumano como inhumano el ritmo que iba adquiriendo aquel polvo. Los gritos de María eran brutales, entregados, desvergonzados… realmente tremendo entregarse así a él…

Mi novia quiso bajar una mano a su clítoris… como hacía siempre cuando quería correrse… y Edu lo entendió igual que yo y se lo permitió, susurrándole en el oído un “pues venga correté…” Y ella, deseosa ya de explotar en un orgasmo comenzó a frotarse a toda velocidad y Edu cogió las bragas que seguían en su espalda y se las llevó a la boca de ella, en una escena brutalmente morbosa que a mí me paró el corazón… María, con las bragas colgando de su boca y los ojos que le salían de las órbitas a cada embestida gemía ahora en gritos ahogados unos “¡¡mmmmmm!!” “¡¡mmmmm!!” largos y desvergonzados y tan rápidos como sus dedos destrozando su clítoris… Y cuando ella iba a estallar Edu le quitó la mano y no dejó que se corriera… y aceleró aun más el ritmo y ella tuvo que llevar sus dos manos a las sábanas…

-Te vas a correr así… joder… te vas a correr sin tocarte… -le susurró en el oído, variando la velocidad, penetrándola no tan rápido pero haciéndolo de manera no tan directa, si no buscando más los rincones de su coño, moviendo su cadera en movimientos más curvados… y María agradecía con aquellos “mmmmm” cada vez que la polla de Edu parecía llegar a un sitio donde nunca había llegado… Y le comenzó a susurrar en el oído… “me encanta como te comes tus bragas”… y se la metía de nuevo y ella esbozaba otro “hmmmm “ y sus ojos se abrían otra vez… y le volvía a susurrar “tu coño me vuelve loco… joder” y se la seguía follando, hasta acelerar de nuevo un poco más… tanto que las tetas de María comenzaron a moverse frenéticamente y volvió el choque de sus cuerpos… al unísono sus cuerpos chocaban y las tetas de María iban adelante y atrás, en una escena que María quiso cortar llevando una de sus manos a sus tetas para evitar ese movimiento ridículo…

Y así con Edu follándosela a toda velocidad, yo sin poder ni moverme y María con las bragas en la boca y conteniendo sus tetas y gimiendo de aquella extraña manera Edu optó por darle un golpe en la nalga que no produjo más que el sonrojo y el gemido ya diferente de María. Y Edu lo leyó en ella increíblemente, y le quitó las bragas de la boca y tras otro azote y otro gemido esta vez liberado de María le dijo: “¡¡te gusta que te dé, eh!! ¡¡te vas a correr así eh…!! ¡¡Joder… te vas a correr porque te doy en el culo…!!” ¡¡te vas a correr porque te trato como a una puta, eh!!” y María se desencajó completamente…. Si ya estaba excitada, aquellos golpes, y aquellas frases la hicieron explotar y estalló en un ¡¡¡Joder!!! ¡¡¡Me corro!!!” en un ¡¡joder me corro cabrón!!”” ¡¡ahhh ahhhh!! ¡¡diooos dammeee…!! y Edu le daba en el culo y ella gemía y gritaba y explotaba en un orgasmo con los ojos completamente cerrados… Y Edu le llevo las manos a la boca y ella gritaba allí, y abrió los ojos y me miró. Me miraba mientras se corría y chillaba en las manos de Edu y este le decía ¡¡córrete…!! ¡joder…!! ¡¡córrete…!! ¡¡guarra!! ¡¡así…!!.

Ante mi veía algo tan brutal que no tuve ni la capacidad de tocarme… solo sentía, sentía más de lo que había sentido en mi vida… entregado a ellos dos y alucinando con el placer que puede llegar a sentir una mujer… alucinando con el absoluto éxtasis al que podía llegar mi novia con un amante de verdad, un amante como él.

María se dejó caer sobre la cama… exhausta y Edu se incorporó, como si tal cosa. Exponiendo de nuevo aquel miembro hinchado y tremendo, que no le iba a dar la más mínima tregua a mi novia.

Un comentario sobre “Jugando con fuego (61)

  1. Ahora Maria Conoció a un buen amante, y su queridito novio dividió su ser…ahora sabe que hay bueno amantes y no se quedará solo en Edu 🙂 … jajaj imagino…yo de ella lo haría…ya dividida…le toca explorar más el mundo descubierto…pobre noviecito jajaja su inseguridad lo llevo a perderla….imagino … 😉

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