TANATOS12

El corazón me palpitaba tan fuerte que pensé que me iba a dar algo. Arrimé la puerta y me vi en el medio de aquel pasillo, completamente desorientado. Por algún motivo no quise irme solo al hotel; ni me veía capaz, ni quería afrontar el mundo real fuera de aquellas paredes.

Fui a la habitación de Paula, entré, y comprobé que no había cambiado de postura, y vi que pasaban de las nueve de la mañana. El hotel estaba en silencio, no había movimiento, seguramente porque estaba ocupado en su mayoría por invitados de la boda.

Me tumbé en aquella cama, al lado de aquella desconocida. ¿A qué? Ni lo sabía. Sabía que era prácticamente imposible que pudiera dormir sabiendo lo que estaba pasando a pocos metros.

Me incorporé un poco para quitarme la chaqueta y la corbata y volví a tumbarme. Hacía calor pero nada comparado con la temperatura de la habitación de Edu. Y cerré los ojos, y multitud de imágenes se me cruzaban en la mente. La última imagen, la de él con los brazos en jarra y los ojos cerrados empalando a mi novia mientras ella gritaba y se sujetaba una teta, sin dejar de mirarle, agradeciéndole como se la follaba… Su cara, la cara de María de gusto, casi de éxtasis… jamás la había visto así; parecía que rozaba el orgasmo solo por tenerla dentro…

Paula notó mi presencia y apartó su brazo de la cara, rodó sobre sí misma, hacia mí, y su cara quedó frente a la mía. Abrió ligeramente los ojos y dijo algo ininteligible. Ciertamente me daba igual lo que dijera, hasta que en un segundo intento y con los ojos cerrados preguntó en un susurro:

-Qué… hacen…

No le respondí. Y cerré los ojos de nuevo. Mi corazón se había calmado un poco. Mi borrachera sin embargo no parecía haber disminuido, y mucho menos mi mareo al estar tumbado… E intenté dormir, al menos descansar de aquella locura… pero durante los siguientes minutos con cada sonido que se escuchaba en la distancia mi corazón se sobresaltaba. Yo no abría los ojos, pero mi corazón se encendía. Cada sonido me atacaba, pero no era capaz de discernir si aquello era un gemido, un grito, un golpe, o ni siquiera nada. Un portazo, el ruido del ascensor, el crujir de una tubería. Eran sonidos por los que a veces estaba casi seguro que había sido un gemido de María y a veces pensaba que eran fruto de mi imaginación. Y no podía evitar imaginar la postura en la que se la estaría follando, y mi polla palpitaba aprisionada bajo mi calzoncillo y pantalón.

No sabía los minutos que habían pasado, si dormía o no. No sabía si aquellos sonidos eran reales o no. Hasta que me pareció escuchar un grito que me hizo abrir repentinamente los ojos, y durante unos segundos me preguntaba si lo había soñado, pero Paula me lo reveló.

-Jo-der… -dijo en voz baja.

Cara a cara. A escasos centímetros escuchamos un “Ahhmmm” indudablemente de María… y después otro y otro. Rítmico… Mi polla estallaba… Yo miraba a Paula. Ella a mí. Los dos sabíamos lo que estaba pasando… nuestras narices chocaron… y nuestros labios se tocaron. No sé quien tomó la decisión, si ella, yo, los dos o ninguno, pero al enésimo chillido brutal de María mis labios besaban unos labios tremendamente secos… unos labios extraños, un tacto diferente, un olor diferente… Cuando me pude dar cuenta alguien abrió la boca y nuestras lenguas se tocaron. Nos besábamos lentamente. Sin especial implicación, sin especial deseo. No me llegaba a sentir mal, sino raro; y no me sentía mal, entre otras cosas, precisamente por la falta de atracción.

No sé cuantos segundos fueron, quizás un minuto, en el que nos besábamos, sudados, mareados, oliendo a alcohol, con el sonido de fondo de unos gemidos de María tan entregados… Qué placer tenía que estar sintiendo para desinhibirse así, para gritar así delante de Edu, para reconocerle a Edu con aquellos gritos que la estaba matando del gusto… para reconocerle a Edu que él ganaba, que se la follaba a ella también, como a una más, como a una guarra más de las tantas que se follaba, además siendo ella la segunda de la misma noche…

Paula bajó su mano hacia mi entrepierna y yo la aparté casi inmediatamente, y no lo hice porque no quisiera su mano allí, sino que lo hice por vergüenza, vergüenza de que descubriera el tamaño casi ridículo de mi miembro… Aparté su mano y cuando la iba a besar para decirle con el beso que no quería dar un paso más, pero que llegaba a disfrutar de sus besos, se produjo algo que casi hace que se me salga el corazón por la boca: Y es que comenzó a escucharse claramente el sonido de dos cuerpos chocar, a gran velocidad, solapados por más y más gritos de María, Edu se la tenía que estar follando a lo bestia.

-Joder… la va a romper… -susurró, y yo, con los ojos abiertos miraba a Paula, que miró hacia arriba. Ambos seguíamos escuchando aquel atronador sonido de sus cuerpos chocar y los chillidos de María, y Paula insistió, sin maldad, pero en una descripción soez y poco femenina, y sin ser consciente del peso de sus palabras en mi: “… joder… vaya polvazo le está metiendo”.

Pero el ritmo de aquel sonido rítmico y brutal aun aceleró más, hasta que María chilló un “¡¡Aaaaahhhh!! ¡¡Auuuuu!!” tremendo… y yo me incorporé, dejando a Paula allí, y asustado, mareado y sintiéndome tan excitado como humillado salí al pasillo de nuevo.

Un comentario sobre “Jugando con fuego (60)

  1. Si es por polvo, siempre siempre habrá un mejor polvazo, aun para aquel o aquella que se crea el mejor polvo, estoy segura que habrá otro y otra que lo supere, los polvazos se pueden conseguir, hacer el amor es insuperable y contrario a lo que piensan mucho sobre que la pasión y lujuria no pueden vivirse al hacer el amor, considero que hacer el amor encierra absolutamente todo! Que buena historia! Ja ja ja me ha gustado, me deje ver a cierto personaje…que quiero tanto… 😉 excitante!

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