TANATOS12

Antes de irme necesitaba una última imagen, una especie de foto de aquel momento. Algo último que llevarme. Y mis ojos se centraron en María, y comprobé que el hecho de exponer su torso, sus impactantes pechos, no había producido en ella la seguridad que yo creía, si no que más bien parecía que se había ruborizado aun más; y es que ella, a pesar de reconocer la belleza de sus pechos, siempre había pensado que eran demasiado grandes, y, mostrarlas así, ante Edu, conociéndole, suponía exponerse a cualquier comentario desagradable por su parte. Seguro María pensaba que Edu podría hasta reírse de ella por poseer aquellas tetas tan brutales.

Y es que ella y yo sabíamos que Edu se estaba portando de manera hasta casi dulce, pero el Edu que conocíamos podría reaparecer en cualquier momento.

María no me miraba porque no me quería allí, y no miraba a Edu porque se avergonzaba o le imponía demasiado, por lo que miraba hacia la ventana o a cualquier punto al azar. Aquella incomodidad suya me afectaba especialmente.

Edu pareció darse cuenta y comenzó a besar su escote y su cuello con dulzura mientras le sujetaba la cara con ambas manos… Susurró un “tranquila…” y giró su cara mínimamente para volver a besarla… y María volvió a abrir su boca sin dudar, y volvió a jugar con la lengua de Edu, a fundirse en la misma saliva, pero sin mover el resto de su cuerpo. Las manos de él fueron de su cara a su escote, y después a sus tetas… acariciándolas con ternura y delicadeza, las cogía cada una con una mano, y a veces las recogía y las levantaba un poco y las dejaba de nuevo caer… también jugaba con sus dedos sobre sus pezones. Era un Edu más contenido, ni rastro de aquel que se las había apretado e incluso abofeteado una hora antes… Como si supiera que no era tiempo de provocar y arriesgarse a estropearlo todo. Ya no. Pues ahora estaba demasiado cerca.

Me iba a dar media vuelta. Ya estaba. Con esa imagen me quedaría, con la de ellos besándose y él acariciando sus pechos de aquella forma tan sutil. Y me lo dije a mí mismo “ya está… se la va a follar”. En un minuto, en diez o en media hora, pero María no iba a salir de aquella habitación sin haber sido follada por Edu. El nerviosismo extremo de ella podría ser un impedimento, pero no creía realmente que ella tuviera ya la fuerza para resistirse a él.

Justo cuando me daba la vuelta Edu cogió una de las manos de ella y la llevó a su entrepierna. Como en el salón de la boda María posaba su mano sobre su pantalón de traje. Y vi su cara, su resoplido… “¿De verdad era tan tremenda?” pensé para mí. Pero para mi sorpresa ella la retiró a los pocos segundos. María estaba cada vez más tensa, a la vez que la excitación de su mirada no hacía sino aumentar, como si a cada segundo que pasara se diera más cuenta de que sí, de que iba a pasar, de que iba a follar con Edu después de todo.

Edu interrumpió el enésimo beso al notar la retirada de María y le susurró:

-Tranquila… no pasa nada… Despacio –mientras, con aun más delicadeza, llevaba de nuevo la mano de María sobre su polla… y comenzó a ayudarla a que ella hiciera el recorrido sobre la silueta de su miembro. Palpándolo de abajo arriba y de arriba abajo… con lentitud, sobre el pantalón oscuro. Los ojos de María era un poema mientras Edu la guiaba y la besaba en la mejilla.

Comencé a sentir una presión en mi miembro dentro de mi ropa interior realmente insoportable Y recordé aquella frase de Edu: “dejale que se haga una paja mirando”. Comencé a sopesar realmente esa idea. Si no lo hacía sería por vergüenza, o incluso cobardía, no sabía que me podría herir más si una frase de Edu o una mirada de María.

Me debatía entre los dos extremos: sacármela allí mismo y pajearme o irme. Sin embargo Edu no me dio tiempo a decidir, pues me sorprendió retirándose un paso. Lo justo para que María ya no le pudiera ya tocar.

-Desnúdame. Desnúdame tú. –le dijo serio, en una frase algo extraña.

María obedeció y le abría el cinturón, mientras él se dejaba desnudar. Las manos temblorosas de mi novia intentaban abrirle el botón y bajarle la cremallera, pero por algún motivo no era capaz. Sus manos temblaban y ella resoplaba, de nervios, de excitación, de vergüenza…

-Joder, no soy capaz… -acabó diciendo ella mientras seguía intentándolo.
-Tranquila… no pasa nada… -sonrió él, dócil, hasta cercano. Y le ayudó hasta que sus pantalones cayeron al suelo.
-Ya está –dijo ella rápidamente.

Él sonrió y le cerró un poco la camisa, lo justo para tapar sus tetas completamente. Como si hubiera reparado en que al ella descubrir sus pechos se hubiera puesto aun más nerviosa y quisiera así tranquilizarla. Aunque fuera un cabrón, tenía sin duda la capacidad de leer lo que estaba pasando, por lo que estaba pasando ella, de saber cuando acelerar y cuando decelerar.

Edu en calzoncillos marcaba una silueta enorme, pero no sobresalía por estar claramente colocada hacia abajo. María no miró hacia allí como sí hice yo.

Y entonces Edu fue en busca de su boca de nuevo. Y esta vez no permitió que los brazos de ella cayeran muertos y sin gracia, si no que guió sus manos a su culo. Y así con las manos de ella sobre el calzconcillo de él, apretando y soltando sus nalgas, y las manos de él con dulzura en la cara de ella, se produjo un bombardeo de besos en la boca, de lametazos en el aire, de pequeños mordiscos en el labio… Sus besos eran brutales, como eran los ojos cerrados de María… A veces Edu retiraba su boca de golpe y la lengua de María quedaba huérfana, y entonces él de nuevo iba a calmarla. A veces los labios de él iban a su cuello y le susurraba algo al oído y ella apretaba con más fuerza su culo y él iba de nuevo a invadir su boca con su lengua.

Me iba a sacar la polla ya. No podía más. Cuando Edu se apartó de nuevo, retrocedió un paso y le dijo:

-María, sácamela del calzoncillo. Sácame la polla.

Mi novia intentó fingir decisión. Hasta intentó fingir que marcaba los tiempos cuando ya nadie se lo podía creer, y posó primero su mano sobre el abdomen de él. Y le miró, pero en su cara no había seguridad alguna. El gesto de Edu era serio, no tan afable como segundos antes.

María llevó sus manos a la goma del calzoncillo y comenzó a bajarlo…Después de tantas y tantas veces fantaseando con su polla, primero a petición mía, y después por decisión propia, María iba a encontrarse con aquel miembro que sabíamos era tremendo, pero que solo habíamos podido imaginar… Y el calzoncillo bajó más, y más, y hasta casi medio muslo su polla no quedó plenamente descubierta. Era oscura y tremendamente ancha, aun estando muy lejos de su plenitud costaría rodearla con una mano… María esbozó un “madre mía…” que a mí me sonó tremendamente morboso. “Uff, madre mía” repitió ella, aun sin tocarla, solo admirando aquella monstruosidad…

Edu acabó deshaciéndose totalmente del calzoncillo y llevó sus manos a las tiras de las bragas de María. Ella llevó instintivamente sus manos también allí, como para pararle pero sin intención de pararle. Y él comenzó a tirar hacia abajo, y se produjo algo que me dejó atónito y es que los lados de las bragas bajaban pero no así la tela que cubría su coño, como si su coño se aferrara a aquella tela de manera desesperada, hasta que la fuerza ejercida fue tal que por fin se separó y descubrimos que lo que evitaba que sus bragas se separasen de su coño era una masa densa y espesa de líquido que allí estaba posado. Y es que fue un hilo de líquido transparente que nacía en su coño y moría en sus bragas lo que nos desvelaba que María estaba empapada allí abajo desde hacía tiempo. María se avergonzó, pero no dijo nada. Edu se recreó, pero tampoco dijo nada. Y yo podía ver la mancha espesa en sus bragas a dos metros de distancia…

Edu, con las bragas de María en la mano, observaba el coño desnudo de ella, sus labios tremendamente hinchados que parecía iban a salirse de su cuerpo, su vello oscuro, recortado lo justo… Y con su mano libre retiró un poco de la piel de su miembro hacia atrás, y en dos sacudidas su miembro ya apuntaba hacia adelante. Ya hacían falta más de dos manos para cubrir aquello.

Yo no pude más y comencé a abrirme el pantalón. En pocos segundos bajé un poco mis pantalones y mis calzoncillos. Edu se pajeaba mirando hacia María, yo me pajeaba mirando para los dos y ella me miró; esperaba un gesto de sorpresa, o de reprimenda, pero fue el más absoluto escepticismo.

-Tócame tú, joder, venga. –le dijo a María en una frase dicha a toda velocidad, con autoridad e impaciencia, al más puro Edu de siempre.

Yo me pajeaba lentamente, mi miembro no estaba completamente erecto por lo nervioso que estaba…Miraba la polla de Edu y miraba la mía y no sentía envidia sino que simplemente asumía aquella especie de humillación. Me pajeaba con dos dedos y podría cubrirla entera con una mano mientras miraba como harían falta quizás hasta casi tres manos cubrir la de él.

Ante aquella orden de Edu pensé que María le retaría, que fingiría de nuevo seguridad, que lucharía contra sí misma. Pero no sé si la vencieron más los nervios o el deseo, así que su mano errática obedeció y se alargó hasta tocar, agarrar aquello.

Mi novia me sorprendió esbozando, en voz muy baja, un “joder Edu…” Él no mostró sorpresa por el halago y acariciándole la cara le ordenó que se la cogiera con las dos manos.

María alargó su otra mano creando una imagen brutal: ella ponía una de sus manos a continuación de la otra y echaba la piel de aquel pollón adelante y atrás, cubriendo un glande hinchado y colosal, en cada movimiento. “Madre mía…” dijo ella, como insistiendo, alarmada por aquel tamaño. Todos sabíamos el porqué de su inquietud.

-Tranquila, vamos despacio –dijo Edu de nuevo intentando calmarla.

Siguió masturbándole lentamente y él alternaba caricias en su cara con caricias en sus tetas sobre su camisa con una mano, mientras que con la otra seguía sosteniendo sus bragas. La paja era lenta y sentida. Su polla comenzó a crecer hasta el punto de que María ya no podía cerrar su mano para rodearla. Su miembro comenzó a lubricar de tal manera que pronto se podía escuchar el sonido de su piel adelante y atrás, adelante y atrás. María miraba para abajo, la veía un segundo, intentaba poner cara de que no le afectaba, pero inmediatamente después necesitaba desviar la mirada, hacia cualquier punto. Hasta que una vez me miró a mí. Y vio mi polla, pequeña de por sí e irrisoria en comparación… me dio un morbo terrible que ella pudiera hacer ya, por fin, aquella comparación que me degradaba…

-¿Te vas a tocar para mí…? –le susurró Edu en el oído.
-¿Qué? –preguntó ella. Y él se retiró un poco y ella dio un paso atrás. Separados, él insistió:
-Tócate… que no te de vergüenza –dijo serio.

Era obvio lo que llevaba implícito aquella frase. Edu sabía que era necesario que María abriera camino en su cuerpo si quería acoger algo a lo que ella sin duda no estaba acostumbrada.

María se ruborizó y la respuesta de Edu no fue insistirle de palabra si no que comenzó a masturbarse frente a ella. A una velocidad mayor de la que lo había hecho ella. Ciñéndose a pajear más bien la punta de su polla. María de nuevo a veces miraba y a veces tenía que dejar de mirar, hasta que se armó del valor necesario para bajar una de sus manos hacia su entrepierna. Allí, de pie, apoyando su culo contra la mesa bajó primero una mano y después la otra y comenzó a acariciarse allí, no para calmar aquello si no para encenderlo más. Y miraba, le miraba a él pajearse. Ambos se clavaban la mirada, admirando sus cuerpos y su potencial… Ambos se tenían unas ganas incontenibles desde hacía meses y ahora se pajeaban, cada vez más entregados, se miraban con ganas de fundirse en uno, en una tensión insostenible, un ambiente irrespirable, un calor insoportable.

-Eso es… eso es…- dijo Edu- tócate… tócate más… – y tras decir esto, viendo que María estaba más desvergonzada le abrió la camisa completamente, a un lado y a otro de sus tetas, en dos movimientos rápidos… y continuó su paja contemplando como al masturbarse María con el torso desnudo, sus brazos juntaban sus tetas saliendo estas hacia adelante en una imagen brutal. Las tetas se movían rítmicamente como consecuencia de los movimientos de sus manos al masturbarse… María tremendamente sonrojada abría un poco la boca… casi jadeando, mirando a Edu a la cara a veces, y otras veces a su polla. Mi novia se hacía una paja tremenda allí de pie en sandalias y camisa abierta, se impregnaba las manos de su propio coño, se daba placer, jadeante, admirando el cuerpo de Edu, su cara, su torso y su enorme polla que era masturbado compulsivamente por él.

-Métete un dedo…métete un dedo ya…

Tras decir esto Edu María comenzó a invadirse lentamente y yo tuve que dejar de pajearme para no explotar…

-Eso es… eso es… -decía Edu contemplando la maestría con la que la había embaucado para que le obedeciera, y contemplando la maestría con la que María se metía uno de su dedos de una mano, mientras frotaba su clítoris con tremenda celeridad con dos dedos de la otra….

-Joder… -resopló él- Date la vuelta. Joder, date la vuelta. Ponte contra la mesa.

María se masturbó unos pocos segundos más antes de obedecer. Abandonó su coño y se dio la vuelta lentamente. Apoyó sus manos en el borde de la mesa y giró su cara. Hacia mí. Su cara era de entrega total. Y no vi reproche allí. Y tampoco su cara me pedía ya que me fuera. Tampoco creía que me quisiera allí, pero parecía que ya no le importaba. Ya solo le importaba una cosa.

-Tócate. Vamos. –Insistió Edu y María permanecía apoyada con una mano mientras llevaba la otra a su coño.

-Te gusta… te gusta tocarte el coño delante de mí, ¿a que sí? –dijo Edu que no cesaba con su paja, que no dejaba de echar la piel de aquel pollón adelante y atrás a medio metro del culo de María.

Ella se masturbaba con los ojos cerrados, con el rostro hacia la pared.

-Mírame –dijo él autoritario- y ella giró su cara y siguió masturbándose mientras le miraba…

Aquello estaba visto para sentencia. En el momento que Edu quisiera… Por fin iba a penetrar a mi novia, en mi presencia, y no como un favor, no para cumplirme una fantasía, si no porque María deseaba totalmente que aquel cabrón la empalase contra aquella mesa. Tras tantos y tantos meses se la iba a follar. Edu se iba a follar a María.

-Eso es… María… mírame… Mira lo que te vas a meter…

María cerró los ojos y mordió su propio labio y se entregaba a sus dedos dándose placer…

Se acercó y siguió pajeándose ya a pocos centímetros de ella que susurró un “joder Edu…” como si tenerlo tan cerca la asustase. Él recogió un poco la parte baja de la camisa de ella para destapar su culo y posó allí su polla, sobre una de las nalgas… dejando que una gota y un grueso hilo de preseminal se posara allí. Y no contento con eso, usando las dos manos desenvolvió las bragas que hacía tiempo se encontraban arrugadas en su mano, las abrió y buscando el punto exacto donde María había dejado aquella mancha espesa se la llevó a su nariz. Aquellas bragas de seda que tantas veces le había visto puestas, que tantas veces le había quitado para hacerle el amor, ahora estaban en la cara de aquel cabrón, que con los ojos entrecerrados disfrutaba del aroma a coño de mi novia, un aroma que venía producido por el deseo hacia él. Y él lo sabía, por eso no tenía prisa, por eso ni me miraba, por eso dejaba que María se siguiera pajeando compulsivamente pegada a él. Durante unos instantes eternos María miraba hacia atrás y casi cerraba los ojos al ver como él olía su coño a través de sus bragas y él con una mano las sujetaba contra su nariz y con la otra se echaba levemente la piel de su polla hacia atrás y adelante buscando que más gotas semi transparentes manchasen aquella nalga ardiente de mi novia.

Yo pensé que no podría más. A cada segundo pensaba que me marchaba de aquel habitáculo asfixiante. Por la angustia, por la presión, por el dolor de imaginarme que se la metía, que se la incrustaba allí mismo. Estaba prácticamente seguro que no podría soportar ver su cara desencajada por el placer en el momento en el que Edu la invadiera.

Todo me daba vueltas… parecía realmente un sueño… un sueño en el que todo sucedía a cámara lenta… hasta que Edu se apartó y dijo serio:

-¿Me pongo un condón?

María dudó un momento. Detuvo su mano y dijo con voz temblorosa:

-No sé…
-¿No sabes? ¿Quieres sentirla sin nada?
-No sé… cómo quieras… -dijo ella de nuevo apocada, como yo no la había visto con nadie.

María le respondía mirando hacia la pared. Sin querer ver lo que se le venía. Y yo pensé que Edu palparía el coño que se iba a follar primero con sus dedos, pero no. Puso una de sus manos en su cadera y María cerró los ojos y resopló. Dándole ya igual mostrarse tremendamente asustada y vulnerable. Edu lanzó las bragas que cayeron en la mesa, al lado de las manos de María y se agarró el miembro para dirigirlo.

-Separa un poco las piernas.

María obedeció. Sin girarse. Sin abrir los ojos. Joder, se la iba a follar. Se la iba a meter a dos metros de mí.

Edu llevó la punta de su polla a la entrada del coño de mi novia… y restregó la punta por entre sus labios visiblemente gruesos e hinchados…

-Edu, por favor… -rogó María, casi llorando.
-Qué…
-Ten cuidado… por favor… -le imploró.
-Tranquila… -dijo él recogiendo su melena, con delicadeza, hasta colocarla toda ella a lo largo de su espalda.

María se aferró más a la mesa y Edu soltó la mano de su polla y la posó sobre el hombro de María. Y así, con una mano en su cadera y la otra en su hombro. Con María con los ojos cerrados, mirando al frente, mirando a la pared, agarrada a aquella mesa, con las sandalias de tacón ancladas al suelo y la camisa abierta Edu empujó con cuidado pero con firmeza, y a la vez con todas las ganas acumuladas durante tanto tiempo y la fue invadiendo, ultrajando su interior con aquella polla enorme y María inició un quejido que mutó en jadeo y después en gemido. Edu se la estaba clavando, lentamente se abría paso en su interior, taladraba el coño de mi novia en mi presencia y yo no podía hacer otra cosa que pajearme lentamente, con mis dedos empapados, y quedarme pasmado mirando como se la follaba. Sí, se la follaba, le metía la polla hasta la mitad, de una sola metida, el coño de María acogía aquel pollón con bastante entereza y su cara se le desencajaba por el placer. “Dioooos….” Susurró María y aquello sonó como un estruendo en aquella habitación en la que no quedaba ya aire… “Joder… sigue… sigue metiéndomela….” Gemía ella sabiendo que aquella enorme polla no tenía fin… disfrutando al máximo de aquel pollón que la llenaba por fin… Y Edu, con la mitad de su polla clavada en el cuerpo de mi novia me miró, me miró y dijo:

-Métetela, métetela entera -Y María echó su cuerpo hacia atrás, soltando un “¡¡ahhhh,,, mmmm, jooodeer!!”… hasta clavársela entera, hasta los huevos. María buscó ella misma clavársela hasta el final y cuando sintió que la tenía completamente dentro movió su cadera en un círculo completo, degustando cada centímetro de aquel pollón en su interior… Edu sin dejar de mirarme dijo “tenías ganas, eh” y María echando el cuerpo hacia adelante hasta descubrir de nuevo la mitad de su polla dijo “Dioss… joder… síí…” , “¿Te gusta mi polla?”, “Jodeer… me encanta… Dioos me encanta… fóllame… fóllame así… Edu… fóllame así…”

Sus cuerpos casi brillantes, morenos, fundidos por fin en uno. La tensión en los brazos de Edu, sujetándola, imitaban la tensión brutal de las piernas de María, semi flexionadas, para facilitarle a Edu que se la clavara. Sus cuerpos húmedos, ya sudados… la cara de placer de María era brutal, jamás la había visto poner esa cara de gusto… Edu recogió un poco la camisa de María y gracias a eso yo pude ver como sus tetas caían enormes… y los pezones se adivinaban tremendamente duros. Tras aquel movimiento María miró hacia atrás, hacia él y le dedicó una mirada imposible, una mirada no solo de tremendo placer sino de agradecimiento. Le agradecía con los ojos llorosos cómo se la estaba follando…

-Tócate… tócate las tetas… -le dijo Edu, dominante y ella obedeció, y con una mano se sujetaba a la mesa y con la otra se cogía un pecho que apenas podía abarcar con su mano…

El mete saca era lento, María resoplaba, jadeaba, e intentaba seguir mirándole pero cuando se sentía plenamente invadida no podía evitar cerrar los ojos.

Edu dejó de sujetarla para poner sus brazos en jarra y le dijo:

-Estate quieta.

María obedeció, y expectante comprobó como Edu se retiraba un poco… lentamente… hasta sacar su polla por completo. Aquella polla tremenda salía de allí empapada, con las venas marcadas, el glande enorme y especialmente rosado y un líquido espeso comunicaba su punta con el coño de mi novia. Un liquido transparente que no se sabía si provenía de ella, de él, o de los dos.

Tas sacarla entera, con los brazos en jarra, se la clavó de un solo golpe, y él resopló un “hmmmm” gutural que se solapó con un “aahhhmmm” tremendo y gritado por María. Edu la volvió a sacar entera y repitió el movimiento, ensartándola de nuevo, y de nuevo su bufido contrastó con su chillido. Mientras lo hacía Edu cerró los ojos y levantó un poco la cara, disfrutando de aquel momento que tenía mucho de satisfacción y seguramente mucho de victoria.

Y yo no pude más. Era demasiado. Algo que parecía imposible hacía meses se estaba produciendo, aquel chico se follaba a mi novia delante de mí… Era ansiado pero a la vez tremendamente insoportable… Tan impactante… tan doloroso… que me mareé, creo que hasta llegué a perder la consciencia durante una fracción de segundo… y me di la vuelta y a duras penas conseguí salir de la habitación.

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