TANATOS12

Paula me hablaba, pero yo no la escuchaba. En mi cabeza resonaban otras voces y eran las de Edu, en aquellas frases a María. Aquel chico decía unas cosas que parecían sacadas de una película, o como si su forma de ligar o de dirigirse a las mujeres o de provocarlas fuera sacada de un guión pre escrito por él mismo. Era tan chulo y provocador que parecía un estereotipo. Parecía imposible que pudiera ser así realmente, que fuera así con la gente de su confianza.

No podía suponer que a María le cayera tan mal como a mí, pero era innegable que por momentos le resultaba insoportable. En la mirada de María había visto deseo al igual que repulsa. Conociéndola, seguramente sintiéndose culpable por sentirse atraída por él.

En el corto trayecto hacia la barra miré hasta dos veces hacia atrás, para ver si hacían algo Edu y María, pero de nuevo hablaban sin más acercamiento. Me preguntaba qué hubiera pasado si sus amigas no les hubieran interrumpido. O que hubiera pasado si hubieran estado completamente solos… Recordé aquella mirada de María hacia mí… cuando le palpó la polla… ¿pidiéndome permiso? ¿Pidiéndome que parara aquello? ¿Diciéndome que ella ya no podía parar nada?

Mientras nos servían las copas Edu se alejó de María, en dirección a la mesa en la que había cenado. Quizás a por algo, no sabía. Y mi novia sacó el móvil de su bolso y comenzó a teclear. Podía sentir su nerviosismo a metros de distancia.

Nos acercamos con las bebidas y yo ni sabía lo que quería, ni sabía hasta que punto alteraba todo la aparición de Paula. Esta se dirigía hacia Edu para darle su copa y yo a María, creí que gracias a eso tendría al menos unos segundos para que mi novia me contase como estaba, que estaba pasando… cómo lo veía… Pero no fue posible, cuando me disponía a darle la copa a María, Edu y Paula ya estaban suficientemente cerca como para no poder hablar en privado. Fue entonces cuando vi en el móvil de mi novia que me había escrito a mí.

Un mal pálpito me asaltó, pensé que leería en mi pantalla que no podía seguir, que me pedía que lo parase, que me pedía irnos a nuestro hotel, que me pedía que no la empujase más hacia él.

No fueron más de cinco segundos, pero eternos, hasta que, apartándome un poco, cogí mi móvil y leí:

“Por que Edu se comporta como si supiera nuestro juego!!!???”

Me quedé helado. No esperaba aquello. Y no podía disimular aquel nerviosismo que me recorría todo el cuerpo. Era otro golpe más a un corazón que ya no podía más.

Obviamente si Edu no supiera lo que sabía no habría actuado así con una chica con novio. Delante de su novio. En su cara. María por borracha y excitada que estuviera cayó en la cuenta de que aquello no había sido normal. Ni siquiera viniendo de Edu. Solo tenía una salida y era recordarle que aquella noche que habíamos invitado a Edu a subir a nuestra casa él le había preguntado por mí y supuestamente ella le había dicho que a mí me daba igual. Sin embargo era cierto que nadie por recibir aquel mensaje habría actuado como lo acababa de hacer Edu… Y me daba la sensación de que ella lo sabía, que sabía que porque le hubiera dicho a Edu aquello aquella noche… algo más tenía que haber, algo más tenía que saber él de todo aquello…

María, con manos temblorosas, mirándome de reojo mientras Paula y Edu hablaban entre ellos, volvió a escribir.

En aquel momento ya no sabía ni qué pensar. María sonrojada, acalorada, tecleaba nerviosísima con una mano, y parecía que se le podría caer el móvil en cualquier momento.

Finalmente me llegó su mensaje:

“Joder…. Voy a matar a Paula!”

Edu puso la mano en la cintura de María y le dijo algo al oído, sin que yo pudiera ni oírlo ni digerir lo escrito por mi novia. Ella se dispuso a guardar su móvil en el bolso sin apartar aquella mano.

Y salimos, en dirección al jardín. Los cuatro. María y Edu delante y Paula y yo detrás. Parecíamos dos parejas, pero la mía, al menos en aquel momento, desde luego no era María.

Ya había resplandor del amanecer. Caminábamos por un camino de piedras incrustadas en la hierba. Paula y María intentaban acertar con los tacones de sus sandalias en las piedras para caminar mejor, haciendo un ruido que hacía pensar que eran más de dos chicas. Pero lo más llamativo fue que la mano de Edu la ayudaba en el recorrido, cogiéndola de la mano o de la cintura, alternaba beber de su copa con socorrerla, no caballeroso ni mucho menos, pero sí atento. Mientras, Paula, observaba la escena desde atrás, conmigo, los dos en silencio.

Llegamos al vestíbulo del hotel. Llamamos al ascensor. Incluso allí no éramos cuatro, si no dos y dos. Yo quería, necesitaba, veinte segundos a solas con María, aunque no sabía para decirle qué.

Entramos en el ascensor y aquella luz artificial nos deslumbró. El ambiente era extraño, porque no era festivo. No eran cuatro amigos siguiendo la fiesta. Había silencio. Los cuatro bebimos de nuestra copa. Durante los tres pisos de subida busqué a María con la mirada y finalmente la encontré. Tenía la mirada encendida, a la vez que llorosa. Estaba nerviosa. Había pasado un tiempo desde aquel magreo de Edu, desde que le había acariciado la teta e intentado besarla, pero no parecía haberse recompuesto de aquello. Sus mejillas seguían encendidas y su pelo revuelto como en el momento justo que había sido sorprendida por sus amigas. No sabía si su mente ahora pensaba más fríamente, pero lo que eran las señales de su cuerpo, eran las mismas que durante aquel ataque de Edu.

María intentaba ocultar sus pechos hinchados y desnudos bajo la camisa con su pelo, pero uno de sus pezones atravesaba la camisa y separaba su cabello, sobresaliendo… aquel pezón la delataba, pero también lo hacía su mirada y aquel calor que no podía disimular. Y hasta daba la sensación de que ella misma sabía que estaba proyectando un sofoco que la revelaba más desnuda que la falta de sujetador.

Las puertas se abrieron y de nuevo los tacones hicieron un ruido atronador. Llegamos a la puerta de la habitación de Edu y me empecé a poner realmente nervioso. Muy, muy nervioso. Edu entró. Entró María. Entré yo. Una habitación normal. Un baño a la derecha y después una mesa alargada frente a una cama. Muy desordenada. La cama deshecha. Cuando sentí algo a mí espalda. Era Paula:

-¿Puedes venir un momento?

Yo no entendía nada. Paula salió de la habitación y yo avancé ese par de metros hasta encontrarme con ella en el pasillo.

-Ven un momento que te quiero dar una cosa. -dijo tan seria como borracha.

-¿Darme qué? -pregunté.

Paula comenzó a caminar y yo instintivamente arrimé la puerta de la habitación de Edu. Le volví a insistir que qué quería, que qué me iba a dar, mientras ella rebuscaba en su bolso para sacar una llave y abrir una puerta a unos cuatro o cinco metros de la de Edu. Entramos allí. Paula cerró la puerta tras de mí y de nuevo su culo muy mínimamente tapado por aquel mono tan fino y aquel tanga diminuto pasó por delante de mí.

Se sentó en la cama y comenzó a sacarse las sandalias.

-Bueno. Dime. -le dije ya bastante desesperado.

Paula parecía no querer escucharme. Suspiró al dejar libres sus pies. Y, con un evidente mareo, se recostó sobre la cama antes de decir:

-Déjalos.
-¿Qué? -solo alcancé a decir.
-Que los dejes. Que no la presiones más. Que hagan lo que tengan que hacer y así os lo sacáis de la cabeza.

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s