MOISÉS ESTÉVEZ

– Por nosotros y nuestra boda. –
– Por nosotros y nuestro futuro juntos, que esperemos que sea aún
mejor que el presente. – Respondió David al brindis de su pareja. – Por cierto
Mark, cambiando de tema, y aunque no solemos hablar de trabajo, déjame que
te pregunte por los del FBI que han venido para el caso. Siento curiosidad. –
– Ah vale. Pues si, parecen un grupo muy competente e instruido en su
campo. Llegaron ayer muy temprano, nos pidieron todo lo que teníamos del
caso y un lugar donde poder instalarse, lo que nos ha resultado más
complicado que lo primero. Ya sabes, después de la explosión han quedado
muchas zonas dañadas que aún están por reformar y recuperar. –
– ¿Cuántos forman la unidad? –
– Vinieron cinco. Un analista informático y cuatro agentes de campo, de
los cuales, uno, un tal Mike, está al mando. –
– Y qué, como lo llevan. –
– Pues no han parado ni un segundo desde que llegaron. El jefe, Mike,
junto con otro agente se está pateando los lugares donde se han cometido los
asesinatos, y los otros tres no han levantado la cabeza de los informes y los
ordenadores, salvo para beber café e ir a mear. Por lo visto quieren tener
trazado un perfil para mañana a primera hora, por si a nuestro implacable
asesino le da por volver a las andadas. La idea es intentar anticiparnos a sus
siguientes pasos, predecir su conducta. Es el principal objetivo de la unidad, y
es lo que trataremos de hacer, ayudándonos mutuamente. –
– Entiendo. Supongo que ahora todo apoyo será bien recibido en
comisaría. –
– No te creas. Algunos se sienten reacios a que el FBI meta sus narices
por aquí, pero García lo ha dejado claro: la colaboración ha de ser máxima y
estrecha, y la comunicación recíproca y fluida, y yo estoy completamente de
acuerdo con él. –
– Seguro que es lo mejor y que pronto obtendréis recompensa por el
trabajo que estáis haciendo. –
– Tu trabajo también está siendo de mucha ayuda David. –
– Gracias cariño. – Respondió éste con una medio sonrisa en el rostro.
En ese momento Anthony salió de la cocina con una gran fuente de
lasaña al tiempo que le pidió a Justin, uno de sus camareros, que rellenara el
tinto de las copas de sus comensales.
– Esto es todo un lujo. Que el mismísimo chef salga a servirnos la
comida es un placer al alcance de muy pocos. –
– El placer es todo mío. – Contestó Anthony. – Espero que os guste. –
– Seguro que si, como siempre. Muchas gracias. ¡Por nuestro chef
favorito! – Dijo Mark al tiempo que alzaba su copa recién colmada de aquel rojo
y exquisito brebaje.
G. Sayah

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