TANATOS12

Ella subió sola y yo me encerré tras una de las puertas de los inodoros. Cuando me saqué la polla del pantalón aluciné de lo impregnado que estaba todo de líquido pre seminal, el calzoncillo no era azul claro, si no que era azul oscuro en la parte frontal; no había sido consciente de haber estado soltando tanto líquido… si María estaba la mitad de excitada y mojada que yo, no me quería imaginar cómo estaría su ropa interior.

Comencé a orinar y me sentí mareado. Pensé que quizás estaba más borracho de lo que suponía. Borracho y cachondo, como estaba María, borracha y cachonda… era el contexto perfecto y la permanente sensación de última oportunidad.

Me la imaginé subiendo sola. A buscarle. A encenderle. A provocarle. ¿Dónde? ¿Cómo? ¿Bailando? ¿En la barra? Deseaba que no quedara casi nadie; me parecía que María estaba más preocupada porque las amigas la vieran sin sujetador que el propio Edu. Me parecía que a María le echaba más para atrás la idea de sus amigas viéndola tontear con Edu que el tonteo en sí.

Subí las escaleras de nuevo pensando en qué me encontraría. Me los imaginaba bailando, rozándose… él metiéndole mano y ella en un “no, pero sí” permanente… y la polla se me ponía a reventar y de nuevo mi ropa interior sufría las consecuencias.

Me sorprendió la poca gente que vi. No estaban los novios. Desde luego Marcos tampoco, al que ya daba por perdido. Ni Víctor, lo cual me sorprendió pues pensaba que se quedaría hasta el final, como si fuera el guardián de toda aquella situación. Mi mirada iba en busca de Edu y María, pero no los encontraba. Apoyado en la barra veía bailar a un pequeño grupo, que tenía localizado como amigos de la novia. Un par de personas en la barra. Nada más. Miré al fondo y vi gente sentada, en dos mesas. Y los vi. En una mesa estaban Paula y Amparo, algo derrotadas, y en la otra, en la que había cenado con María, estaban ella y Edu. Ella sentada y él de pie, frente a ella, apoyado contra la mesa.

No estaban bailando. Ni pegados. Pero estaban solos. Y me subió algo por el cuerpo que me tuve que dar la vuelta rápidamente. Hasta el camarero pareció sorprenderse. Pedí una copa, por disimular, por agarrarme a algo.

Era lo que quería. Desde hacía meses. Dejarlos solos, pero verlos. Sabiendo que María haría por calentarle, sabiendo que Edu se la quería follar, y sabiendo que María había fantaseado con que él se la follaba. Estaban prácticamente todos los elementos.

Volví a girarme. Seguían en la misma posición. Estaban hablando. Cada uno con su copa. María con las piernas cruzadas, separados por medio metro. Edu de pie y ella sentada… le tenía que estar viendo absolutamente todo, tenía que saber que no llevaba sujetador… tenía que estar terriblemente empalmado viendo aquello.

Pasaban los minutos y la situación no cambiaba. Amparo y Paula de espaldas a ellos. Aquel grupo bailando… solo yo les vigilaba. Pero no hacían nada. Hablaban, pero nada más. Yo bebía de mi copa compulsivamente. Cada vez que Edu se movía mínimamente pensaba que se iba a acercar a ella. A la enésima falsa alarma algo dentro de mí me impulsó a ir hacia ellos.

No fui directo, me acerqué disimuladamente, hasta llegar a su mesa, acercándome por un lado. Llegué a colocarme realmente cerca, a un par de metros de ellos, que ni me miraron.

Estaban hablando del mojito que tenía Edu; al parecer Paula se lo había dado porque no le gustaba y Edu estaba dispuesto a dárselo a María. Efectivamente Edu podía ver el tremendo escote de mi novia y la silueta de sus pechos bajo la seda blanca. Yo, al estar de lado, no podía, pero Edu, frente a ella, a buen seguro estaba viendo como se le transparentaban los pezones e incluso las areolas a través de la camisa.

María acabó por aceptar intercambiar las copas. Para hacerlo se echó hacia adelante. Edu la miró, pero no dijo nada. Se quejó de que el vaso de ella estaba goteando y ella probó del mojito. Mirando para él, clavándole la mirada, fingiendo que yo no existía, y, sobre todo, lo más llamativo eran sus mejillas tremendamente sonrojadas. ¿Avergonzada? ¿tensa…? ¿excitada?

Cuando acabó de beber se le quedó al lado del labio un trozo casi imperceptible de hierbabuena o algo que llevaba el mojito. Edu alargó su mano inmediatamente, dispuesto a limpiarla. Ella se quedó inmóvil, más colorada, y cuando parecía que ya la había limpiado y retiraría su mano aprovechó la situación para acariciar sus labios… y su labio inferior.

María acabó por apartar su dedo, sin demasiada brusquedad. La respuesta de Edu no se hizo esperar. Me sorprendió, pues nos sacó a todos de aquella pequeña paz.

-¿Qué pasa? ¿No quieres jugar?

María se quedó callada. Y pegó otro trago a su bebida. Yo, ante aquella frase me sentí violento. La típica frase de él que parece siempre sacada de contexto; estuve a punto de sacar mi móvil del bolsillo para disimular que les espiaba, pero era tan evidente, y tan evidente que ellos iban a fingir que yo no estaba que no hice nada.

Ante el silencio de María, Edu comenzó a provocarla:

-Sabes que te estoy viendo todo… ¿no?

María fingía seguridad, pero yo sabía que no era así. Sus ojos… su cara acalorada…

-Y yo a ti también. -dijo ella en tono serio, haciendo un gesto con su mirada hacia la entrepierna de Edu.

Él estaba casi sentado en la mesa. Si se le marcaba la polla bajo el pantalón de traje yo no lo podía ver.

Edu hizo un gesto como de abrir un poco y cerrar las piernas y acomodó un poco el pantalón. Se miraban fijamente.

-Cómo es que no hemos hecho nada tú y yo… ¿Eh? -preguntó él.

María no se inmutó, pero yo sentía que cada frase de él tenía un tremendo impacto en ella.

Mi novia se mantuvo callada hasta que Edu acabó por dispararme las pulsaciones:

-Por este no será, ¿no? -dijo en clara alusión a mí.

Yo no esperaba una defensa de María, y no se produjo:

-Por este no.
-¿Entonces? -preguntó Edu como si tal cosa.
-Igual es porque no… quiero… No todas van a querer.
-¿Si? ¿Seguro que no hay más explicación?
-No… y porque… cuando puede pasar algo te comportas como un idiota.
-¿Cómo ahora?
-Puede ser…
-Déjate de historias… María… vienes aquí directa a… jugar. -María se puso aun más colorada- ¿Me puedes decir por qué te has quitado el sujetador y me estás enseñando las tetas? No soy muy observador, pero a saber que antes no ibas así, llego.

La tensión era irrespirable. Aunque ella hubiera ido a su encuentro con la intención de provocarle, sin duda el provocador era él. María intentaba no venirse abajo.

-Porque tengo calor. -dijo sin ninguna firmeza.
-Jaja. No me jodas… Te sudan las tetas entonces….

María no dijo nada. Edu la estaba acosando, parecía un interrogatorio. O una reprimenda. Con aquel traje impecable que ni se le había movido en toda la noche, el pelo medio largo, aquella voz, aquella mirada. La estaba haciendo de menos terriblemente. A una chica que hace que a cualquiera le tiemble la voz solo por hablar con ella.

-Igual a mí me está sudando la polla también.

En ese momento empecé a temer incluso que aquel cabrón me delatara.

-No. Tengo calor, pero no me sudan las tetas. -Intentó María reponerse. Pero su mirada decía lo contrario.
-Levántate. Ponte de pie. -Dijo Edu.

María dio un trago al mojito, descruzó las piernas y se puso de pie. Lo hizo con extrema lentitud. Pensaba que no lo haría, pero lo hizo. Lo estaba haciendo por aparentar seguridad, pero daba la sensación de que le salía al revés. Cuando se quedaron frente a frente, a escasos centímetros, ella posó su copa en la mesa, a su lado. Y yo pensé que Edu le echaba la boca y se acababa, o empezaba todo. La tensión era irrespirable. Era una tensión sexual disfrazada de cabreo o de discusión, pero la discusión era solo una careta de lo que había debajo. Conocía a María, pero no hacía falta ni eso. Cualquiera que la viera mirarle, que la viera sonrojarse, sabría que allí podría pasar algo en cualquier momento. Mi novia giró la cabeza, para localizar a sus amigas, las cuales no estaban. ¿En el baño? ¿Bailando? Yo no lo sabía y María tampoco. No había nadie del despacho. Estábamos solo los tres, por no decir los dos.

Edu posó su copa con calma… Yo no podía ni respirar… Y puso sus manos en la cintura de ella…

-¿Para qué quieres que me ponga de pie? Eh. -No sonó creíble su pregunta. Y menos su exclamación. Toda ella era un flan. Era evidente. Y Edu no respondió. Y llevó sus manos a un botón de su camisa. María me miró inmediatamente. No se movió. Yo tampoco. Se me dispararon las pulsaciones. Me miraba con ojos llorosos. ¿Quería que lo parase? ¿Que le dijera a ella que lo parase? ¿Acaso que se lo dijera a él? Pero Edu no dio tiempo a más. Le desabrochó aquel botón… podía verse su pecho palpitar… su escote pasó de sugerente a brutal; era imposible no explorar aquello… y él no esperó…. coló una de sus manos por su escote. Creí que me moría. Que se paraba el tiempo. Con toda la cara. Con toda la mano. La coló dentro de su camisa y le acarició una de las tetas hasta cogerla entera con la mano. María cerró los ojos. Joder, cerró los ojos del gusto y yo creía que me moría. Podía sentir lo cachonda que estaba… Nunca la había visto con aquella cara. Edu no retiraba la mano y su boca fue a por la de ella. Estaba hecho. La iba a besar mientras acariciaba aquella excelsa teta, mientas palpaba aquel pezón enorme… pero María se apartó levemente. Lo justo para que dos pequeños besos de Edu alcanzaran solo la comisura de sus labios el primero y la mejilla el segundo. A mi me temblaban las piernas y a cada segundo mi polla soltaba una y otra y otra gota en mi calzoncillo….

La imagen de él besándole en la mejilla… ella con los ojos cerrados… su mano por dentro de su camisa cogiéndole la teta… a mi novia… intentando besar a mi novia… la cara de tremenda excitación de ella siendo acariciada por él… me mataba de múltiples maneras.

Edu le susurró algo al oído. No lo pude oír. María le escuchaba con los ojos entrecerrados mientras él, con su mano libre, cogió una de las manos de ella y la dirigió a su entrepierna, a su polla, sobre el pantalón. El camino de su mano duró un par de segundos y cuando llegó a su destino María resopló, resopló con los ojos cerrados al tocarle la polla a aquel cabrón.

Mi novia abrió los ojos mínimamente… mirándome. Me miraba mientras sobaba una polla que no era la mía y mientras aquel cabrón le acariciaba la teta hasta hacerla temblar…

Edu la intentó besar de nuevo y ella volvió a esquivarle con disimulo… pero sin sacar la mano del pollón de él y sin retirar aquella mano intrusa de dentro de su camisa.

Fueron unos segundos eternos en los que mi corazón se disparó, hasta que Edu acabó por retirar su mano de su pecho y la hizo retroceder un paso, sutilmente. Dejando en mi campo de visión su camisa abierta, marcando un escote que llegaba hasta la mitad de su vientre, sus pechos hinchados… sus pezones transparentando la seda de manera brutal…. Y ella ahora sí soltó su entrepierna y se quedó de pie frente a él, como esperando su siguiente susurro, su siguiente movimiento… su siguiente ocurrencia.

Los pezones de María se podían ver a metros de distancia. Sus mejillas coloradas eran un poema. Su pelo algo despeinado… todo ella era una bomba contenida, una bomba a punto de explotar.

Volteó un poco su cara y yo seguí su mirada y no vimos a sus amigas… De vuelta sus ojos en Edu, éste le cerró ese botón de la camisa que había desabrochado y le agarró la otra teta con algo de fuerza… sobre la camisa, algo extraño, y le dio una pequeña bofetada en la teta. María no dijo nada. Y lo volvió a hacer. Al hacerlo la teta le bailaba dentro de la camisa, sus pezones se erizaban más si cabe, María se sonrojaba más y yo sentía más y más que no podía con aquella presión. No sabía si era morboso, bizarro, humillante o ridículo… pero María no cambiaba el gesto, no cambiaba su gesto de estar cachonda… seguramente aquello le hacía sentirse más cachonda, quizás por sucia, quizás por lo grotesco de la situación, quizás precisamente por no negarle nada, como tantas otras.

Edu estaba en su terreno, estaba claro, y no iba a parar, tras aquellos dos manotazos le apretó aquella teta con algo de fuerza… María emitió un suspiro, un quejido con un componente no morboso… si no directamente sexual… y él dijo:

-Mira como me pones la polla…

María miró a su entrepierna y volvió a mirar hacia atrás.

-¿Por qué no me la colocas, eh?

Ella no respondió. Pero él seguía forzando la máquina. Le insistió, le dijo que tenía la polla hacia abajo, y que le molestaba, que la quería tener hacia arriba. Yo creí que María me miraría, que quizás me volvería a pedir permiso con la mirada… pero no lo hizo… Se volvió a acercar y posó de nuevo su mano entre sus piernas. Hizo un pequeño gesto, como para moverla hacia arriba.

-Como no metas la mano por dentro… -dijo él tremendamente serio, como si estuviera hablando con una cría.

María se pegó más, para así disimular y taparle con su propio cuerpo y llevó allí su otra mano, para entre las dos maniobrar. Le iba a meter las manos por dentro del pantalón. Puso una mano en su abdomen y Edu se recostó un poco. María iba a colar su mano y agarrarle la polla en pocos segundos… Creí que Edu me miraría, que con su mirada me diría “tu novia está a punto de cogerme la polla, y tú mirando como un imbécil”, pero mirando más allá de María dijo:

-Shh… suéltame la polla anda, que vienen tus amigas ahí.

María se sobresaltó. Ni si quiera volteó la cara. Simplemente retrocedió un par de pasos y rápidamente se cerró otro botón y se echó el pelo hacia adelante, para tapar sus tetas… Vi como Paula y Amparo, visiblemente borrachas y claramente ajenas a todo, se aproximaban. María metía un poco la camisa por dentro de la falda en la zona que se le había salido un poco, pero sin descubrir que se estaba recomponiendo.

Yo no sabía si maldecía aquella interrupción o si agradecía que aquello parara. De nuevo los sentimientos encontrados más absolutos… Es que Edu era tan hijo de puta… como le hablaba… y verla sometida así, obedeciéndole… me mataba, pero a la vez me daba tanto morbo que me hacía necesitar más y más.

A duras penas María dijo algo inteligible mientras se despedía de Amparo que ya se iba. Su cara ardía de forma tan brutal que solo la borrachera de Paula y Amparo hacían que no se dieran cuenta que algo había pasado, que algo habían interrumpido. También era escandaloso que no llevaba sujetador por mucho que se echara la melena hacia adelante. Afortunadamente no dijeron nada sobre eso. Yo también me despedí como pude… El problema llegó cuando me di cuenta de que Paula no tenía pensado irse. Pero esa sorpresa se solapó con la siguiente, y es que propuso que subiéramos los cuatro a su habitación a tomar una última copa. Estaba casi amaneciendo. Yo aun no podía contener los latidos en mi pecho. No podía casi respirar. No se me iba de la cabeza la imagen de Edu colando su mano bajo su camisa y recogiendo una de sus enormes tetas con su mano mientras ella posaba su mano en su polla. Esa imagen no se me iba de la cabeza. Tampoco los azotes de Edu después… Hasta que precisamente él me sacó de mis pensamientos:

-Id Pablo y tú a pedir las copas, os esperamos aquí y vamos a mi habitación, que es más grande.

Cuando me pude dar cuenta iba al lado de Paula hacia la barra, dejando a mis espaldas a María y a Edu.

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