TANATOS12

Me crucé con Amparo que me saludó mínimamente, y entré en el baño de las chicas. María se estaba retocando en el espejo. No se sorprendió al verme, de hecho dijo “pasa si quieres que no hay nadie”. Me acerqué. Tenía aquel brillo en los ojos de estar un poco tocada, pero tampoco muchísimo. No sabía si su calentón había disminuído, pero el mío todo lo contrario tras haber escuchado a Edu. Me coloqué detrás de ella. Los dos nos miramos en el espejo. Ella echó su bolso a un lado guardando lo que estaba usando para retocarse. Pegué mi entrepierna a su culo…

-Hoy no paras de atacarme por detrás… -sonrió.
-Ya… bueno… Tengo una cosa que contarte.
-¿Ah sí? ¿Buena o mala?
-Pues… ahora que lo dices digamos que son dos, una buena y una mala. ¿Cual quieres primero?

Yo ya colocaba mis manos en su cintura; mitad en su camisa blanca, mitad en su falda malva. La miraba a través del espejo; aquella mirada tan morbosa, aquellos labios carnosos, la voluptuosidad de sus pechos… su sujetador transparentando la camisa, su melena densa y castaña hasta más abajo de la mitad de la espalda…

-Mmm… la mala primero -respondió.
-Pues… la mala es que la verdad es que ni rastro de Marcos.
-Jaja… bueno no sé si eso es malo o no. Me daba un poco de miedo ese chico.
-¿Por?
-Pues porque me miraba con una cara de loco que… A parte que jugar con él sin que nadie se enterase… no sé cómo lo iba a hacer…
-Ya, bueno… Supongo que se habrá ido. Queda poca gente ya.
-Bueno, ¿entonces cual es la buena? -preguntó.

Eché toda su melena a un lado de su cuello para dejar un lado de este al descubierto, aparté un poco el cuello de su camisa y le di un pequeño beso. Pegué mi entrepierna a su culo hasta casi obligarla a dar un paso hacia adelante. Tras un segundo beso le susurré en el oído:

-Pues que ha aparecido Edu otra vez.
-¿Ah sí?
-Sí…

En aquel momento maldije no haber intentado ver su cara al escuchar aquello.

Sin cambiar de posición llevé mis manos a su camisa, por delante, y comprobé que había abrochado aquel botón que yo había desabrochado y había vuelto loco al camarero. Ella posó su mano sobre la mía, como para detenerme:

-No, Pablo… puede bajar cualquiera en cualquier momento.
-Vamos, María, no quedan más de diez personas ahí arriba. Además, si se acercara alguien se le oiría bajar las escaleras. -lo dije para convencerla de que me dejara hacer; yo aun no sabía que quería que pasara en aquel cuarto de baño, y lo cierto era que no le estaba contado ninguna mentira.

Su mano siguió sobre la mía pero me permitió proceder. Desabroché un botón y acaricié su escote. Ella cerró los ojos un instante y yo continué:

-¿Qué te parece que Edu haya vuelto, eh?
-Pues… no sé…
-¿No sabes? ¿Y si volvemos al plan A… calentar a Edu y no a Marcos…? -le susurré besándola de nuevo en el cuello. Los dos sabíamos que Edu no es que fuera el plan A, es que era todo.
-Joder, Pablo…
-Qué…
-Que me matas besándome ahí…
-¿Sí?
-¿Y si te beso y hago esto? -dije besándola en el cuello y desabrochando otro botón… tras lo cual puse mis manos en sus tetas sobre la ropa, y las acaricié con algo de fuerza, sobándola más que rozándola.
-Mmm…. para…
-¿Por qué?
-Como venga alguien…
-No va a venir nadie… ¿Quieres saber lo que hizo con la chica? ¿Con la pelirroja?
-Mmm… puede ser… -medio sonrió.
-¿Te lo cuento?
-¿Y cómo lo sabes?
-Escuché un poco… se lo estaba contando a Víctor…
-¿En serio?
-Sí… ¿Te lo cuento y subes a calentarle?
-Mmm… no sé Pablo, hay gente del despacho ahí. Están los novios, Paula, Amparo…
-Bueno… y si te digo que… se la folló a cuatro patas y sin condón nada más entrar en su habitación…

Esto lo dije cruzando la mirada con ella en el espejo. Quizás fueran alucinaciones mías pero me dio la impresión de que se ponía colorada. No dijo nada.

Solté un poco su camisa que estaba metida por dentro de la falda.

-¿Qué te parece?

María no dijo nada.

-Se la folló como a una perra… Cuando no hacía ni una hora que la conocía…

Mi novia siguió sin responder. Pero estaba indudablemente sonrojada.

-Si te desabrochas otro botón te cuento más. -le dije.

María, sin dejar de mirarme a través del espejo, llevó sus manos a su camisa, y con ojos casi llorosos, y muy lentamente, desabrochó otro botón. Tras hacerlo abrió ligeramente la camisa… Ya se veían casi completamente las grandes pero a la vez refinadas copas de su sujetador. Yo continué:

-Está bien. Pues… al parecer, ella le pedía que se pusiera un condón y él no le hacía caso, hasta que se acabó saliendo de ella y ella comenzó a chupársela como una loca.
-¿En serio…?
-Sí.
-¿Os dijo eso?
-Bueno, a mi no, a Víctor, pero sí.

Se hizo un silencio. María con los brazos muertos seguía mirándome. Yo intentaba comprobar hasta que punto mis palabras hacían mella en su cuerpo. Hasta que punto imaginar a Edu follándose a aquella chica la excitaba… La estampa de su sujetador a la vista, el pelo a un lado y su camisa casi abierta del todo era tremenda, pero lo era aun más su mirada, su mirada y aquellas mejillas que estaban ardiendo.

-Si quieres que siga ya sabes lo que tienes que hacer -le dije.

Ella, visiblemente excitada, y con las manos inseguras, alcanzó a desabrocharse otro botón.

-Vale. Pues… se la estuvo chupando… se metía ese pollón en la boca… y él le daba en la cara con… le daba golpes en la cara con su polla…

-¿En serio dijo eso?
-Sí…
-Qué cabrón… de verdad…
-¿Por?
-No sé, no sé como podéis ser así.
-Como es él, más bien…
-Es un… cabrón… tremendo…
-¿Sí?
-Sí…
-¿Y te pone más que sea así?

Se hizo un silencio, tras el cual susurró:

-Es… un hijo de puta… -susurró, diciéndoselo más a ella misma que a mi.

Las mejillas de María no hacían si no encenderse más…

-Te toca -le dije

Entonces ella llevó sus manos al último botón y yo le susurré:

-Es un hijo de puta… pero te pone… te pone cachonda como nadie…

Lo desabrochó, mirándome, sin responderme, pero sus ojos lo decían todo. Su torso moreno, tostado, en contraste con la camisa blanca y solo tapado por su sujetador plasmaban una imagen tremendamente erótica.

Pegué aun más mi pecho a su espalda. Abrí la camisa y puse mis manos sobre el sujetador. En las copas. Como dispuesto a bajárselas en cualquier momento. Ella echó su culo hacia atrás. Buscando el roce con mi entrepierna con su movimiento.

-¿Y qué… más? -preguntó en un ronroneo.

La empujé un poco. Aprisionándola contra el mármol que rodeaba el lavabo. Tiré un poco de su pelo y besé su cuello.

-Pues… Se puso un condón y se la volvió a meter a cuatro patas… ¿Qué te parece?

Ella no respondió, pero llevó una de sus manos a mi nuca y la otra a mi culo.

-Se la estuvo follando así un rato y ella comenzó a pedirle que se la metiera por el culo.
-Joder… -susurró ella, tan cachonda como sorprendida.

Llevé mis manos a su espalda… Por dentro de su camisa. Me sorprendí de lo sudada que estaba su piel. Mis dedos llegaron al broche de aquel sujetador que no tenía tiras y liberé sus pechos con sutileza.

-Pablo… -susurró.
-Qué…
-Cómo nos vea alguien…
-No viene nadie.

Me apoderé de su sujetador y lo posé en el mármol con una mano, mientras con la otra acariciaba su vientre. Aun sin subir a sus tetas.

-Mira -le dije abriéndole la camisa hasta que se vieran perfectamente la inmesidad de sus tetas y sus enormes areolas rosadas a través del espejo. La imagen era tremenda. Impactante. Sus pezones estaban erizados como nunca.
-Ya… -consiguió responder al verse tan expuesta… en un sitio público.
-¿Te imaginas que te folla así… como se la folló a ella? -dije acompañando mi frase con un movimiento adelante y atrás.
-Joder Pablo…
-Que te folla así, eh… -repetí, esta vez acariciando con suma delicadeza una de sus tetas… -¿Crees que se la folló así o más fuerte?
-Más fuerte… -respondió inmediatamente.

Con una mano rozaba sutilmente uno de sus pechos, solo con la yema de mis dedos,con unas caricias mínimas, erizando su piel… su pezón se ponía duro y yo disfrutaba de aquel tacto increíble… de su areola extensa… me moría por acariciarla con más fuerza, pero sabía que aquello la excitaba más. Con la otra mano la sujetaba por la cintura, como si me la estuviera follando. Como si fuera Edu quien se la estuviera follando.

Proseguí:

-¿Sí? ¿Más fuerte? Seguramente se la folló a lo bestia, hasta que se corrió. Eso dijo, que se corrió con el condón, pero dentro de ella. Imagínate como gritaría esa chica…
-Joder…
-¿Te imaginas a Edu corriéndose dentro de ti y gimiéndote en el oído? -le susurré al tiempo que seguía acariciando su teta y seguía haciendo como que me la follaba, encajando mi miembro entre sus nalgas.
-¡Jodeer… !
-¿Te lo imaginas eh? Corriéndose dentro de ti mientras gime… y susurra que eres una perra…
-¡¡Joder, Pablo…!!
-¿Qué?
-¡Dios…!
-Imagínate que te mete esa pedazo de polla y te dice que eres una guarra… que eres la más guarra y que por eso te tiene tantas ganas…
-¡Uff…! -gemía María, ya con los ojos cerrados.
-Imagínate que vacía sus huevos dentro de ti… mientras…
-¡Joder… Pablo…! -me interrumpió.
-Qué…
-Ufffff… ¡¡dios… fóllame..!! ¡¡fóllame aquí si quieres!!
-¿¿Sí??
-¡¡Síi!!
-¿Es lo que quieres?
-¡¡Sí, joder…!! ¡¡me da igual que nos pillen…!! ¡¡métemela ya…!!
-…Tengo una idea mejor… Subes así, y le calientas… le calientas hasta el final.

Dejé de moverme.

Ella echó su cuerpo hacia atrás, pero en seguida vió que mi idea no tenía vuelta atrás.

-No seas cabrón… -suplicó.

Pero conseguí mantenerme firme. Por mucho que me muriera de ganas por follar con ella… Y comencé a abrochar su camisa. Lentamente.

María, tan seria como sofocada y tremendamente cachonda, cogió su sujetador, pero le pedí que no, que no se lo pusiera

-¿Estás loco…? ¿Pretendes que suba así?
-Así. Como aquel día en el despacho, como el día en que empezó todo.
-Se me transparenta todo, Pablo -dijo, pero en un tono más dócil. Nerviosa.

Acabé de abrocharle los botones. La imagen era tremenda. Ya no solo la silueta de las tetas desnudas, si no que las areolas se le transparentaban completamente, y los pezones marcaban la tela de manera brutal.

-Joder, Pablo…
-Arriba hay mucha menos luz… Venga, es ahora o nunca. Lo sabes como yo.

María dudó. Yo insistí. Se giró. Nos besamos. Le acaricié las tetas sobre la seda blanca y sentí que era casi como tocarla desnuda… la acaricié con sutileza, pero el beso era caliente… beso que interrumpí…

Nos separamos un poco. Mi lenguaje corporal le decía que no había vuelta atrás, que no follaríamos en aquel baño, que la idea era que subiera así y le provocase.

-Qué cabrón… -murmuró.

Consiguió como pudo meter el sujetador en su bolso, que de por sí no era demasiado grande.

-¿Y qué le digo para… eso… para calentarle? ¿Y hasta qué punto lo caliento?
-Hasta donde quieras… -Iba a decir “tú ya sabes hasta donde quiero yo”, pero lo omití.

Nos dimos otro beso, no pude evitarlo. Fue tórrido, caliente, húmedo… María puso directamente su mano sobre mi polla, que estaba durísima.

-¿Vas a calentarle hasta tocarle la polla? -pregunté en su oído.
-No sé…
-¿Si le llegas a tocar ese pollón podrías parar?

Ella no respondió y yo insistí respirandole en el oído:

-Un pollón de verdad… no esto que coges con dos dedos…

Se apartó. Me miró, y dijo:

-De verdad espero que no nos arrepintamos nunca de esto.

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