TANATOS12

Marcos, Víctor, Paula, aquella chica del vestido rojo… Tras tantos meses centrado en Edu surgían ante mi aquellas personas prácticamente desconocidas, ampliando un abanico de posibilidades e incertidumbre. No podía negar que Edu seguía siendo el epicentro de todo, pero imaginármela calentando a Marcos me mataba del morbo…

Nuestro calentón no desaparecía, pero volvimos un poco a la realidad. Miré a mi alrededor y vi como la sala se había vaciado bastante, no quedaban por allí más de unas veinte o veinticinco personas, la iluminación me parecía cada vez más tenue y la música más alta. En seguida reparé en que Víctor a penas se había movido de su sitio, mientas que no conseguía localizar ni a Marcos ni a su mujer… Esperaba que él no se hubiera ido. Deseaba con todas mis fuerzas que su mujer no estuviera, pero él sí. Sentía que me merecía eso después de la mala suerte que había tenido con Edu y la dichosa chica del vestido rojo.

-Parece que no está -le susurré a María de nuevo en el oído. Y le di otro beso. No sabía qué podría pasar aun aquella noche, no me daba por vencido, y un sexto sentido me decía que, aunque la cosa no pintara bien, tenía que mantener a María lo más cachonda posible.

Decidimos ir a tomar una copa a la barra; dejé que María fuera delante de mí. Bastante borracha, acalorada, sudada… pero aun así elegante y manteniendo la compostura. Una vez allí me coloqué tras ella y ella pidió al camarero las dos copas. Se lo tuvo que repetir varias veces, pues no la oía, y aprovechó para repasarla de arriba abajo… La mirada a su escote fue menos sucia que las que le había dedicado Marcos en la cena, pero no más discreta… recordé entonces que ella no había abrochado el botón de su camisa que yo había soltado minutos antes…

Mientras el chico preparaba las copas pegué mi entrepierna al culo de María y la abracé desde atrás. Mi pecho en su espalda, y le susurré:

-¿Otro que te quiere follar?

Ella sonrió y llevó una mano a mi nuca para así conseguir besarme. El beso se hizo húmedo y mi miembro palpitaba, encajado entre sus nalgas, tapadas por aquella falda que a mi se me hacía un tremendo obstáculo.

Tras el beso miré a mi alrededor. Por allí seguía Víctor, también Paula, pero ni rastro de Marcos. Pensé en más gente del despacho, y recordé a Patricia.

-¿No es raro que Patricia no haya venido? -pregunté.
-Pues no… no estaba invitada. Si acaba de entrar en el despacho. ¿Por qué piensas en ella ahora?
-Pues no lo sé.

Cogimos las copas y nos miramos frente a frente. María sorbía de su bebida y, con aquel botón desabrochado, se veía el nacimiento de sus tremendos pechos… normal que el camarero no se hubiera cortado.

-¿Sabes que Edu se la ha… eso? -me sorprendió María.

Yo me acerqué a ella. De nuevo nuestras caras pegadas.

-¿Que se la ha qué?
-Pues que se la ha follado… ¿Recuerdas aquella noche que estábamos en la cama y le escribimos a Edu de broma para que viniera?
-Sí. -respondí sin querer entrar a debatir aquello de “en broma”.
-Pues esa noche estaba con ella.
-Vamos, que se la estaba follando y nosotros escribiéndole.
-Más o menos…
-Joder… se las folla a todas… -le susurré besándole en la mejilla- ¿Y desde cuando lo sabes?
-No sé, no hace mucho que lo sé.

Inmediatamente después recordé aquellas semanas en las que María no había dejado de criticar a Patricia, y a vestir de manera muchos más ligera… entrando en una especie de competición para captar la atención de Edu. Intenté hablar de ello sin parecer demasiado descarado:

-¿No te molestó que en el momento que más parecía que Edu iba a por ti cambiara de objetivo y fuera a por Patricia? -le susurré, colocando una de mis manos con firmeza en su cintura.
-Fue Patricia quién fue a por él como una loca.
-¿Como una loca o como una guarra? -le dije en su oído subiendo mi mano hasta rozar mínimamente uno de sus pechos.
-Pues… como una guarra… -susurró ella.
-La chica de las jornadas, la de esta noche, Paticia, Nati… Se las folla a todas…
-Ya…
-Y a ti no te folla, pero solo porque estás conmigo… -le susurré mientras intentaba desabrocharle otro botón.
-Shh… para…

Yo retiré un poco mis dedos del botón pero seguí acariciando con sutileza aquella teta. No me daba por vencido:

-Joder María… Marcos no aparece. Edu se ha ido… Y yo tengo un calentón…
-Y yo… -gimió ella en mi oído.
-Podrías calentar a Víctor… -dije sin pensar.
-¿A quién?
-A Víctor, uno que me dijo que os arregla los ordenadores o algo así…
-No sé quién me dices… mucho hablas tú por ahí… ah, el informático, el del pelo sucio.
-Sí… ese mismo.
-¿Al friki ese? Estás fatal. -zanjó completamente.

María se retiró un poco y me dijo que se iba al baño. La vi un poco mareada. Le pregunté si quería que la acompañara y me dijo que no, que estaba bien. Pronto me vi solo en la barra. A escasos dos metros de Víctor, el cual parecía pretender hacer guardia hasta que no quedara nadie. Quizás no eramos ya más de quince personas. Ni rastro de Marcos, pero, para mi tremenda sorpresa, aparecieron Edu y aquella pelirroja, como si tal cosa. Ella se fue a junto de unos amigas y él hacia la barra. La intención de ella parecía clara, y era marcharse con sus amigas, las cuales se veía que le preguntaban y ella se hacía un poco la loca y no se explayaba en sus respuestas. Eso era lo que podía adivinar a la distancia a la que me encontraba. Simultáneamente a que aquel grupo de chicas se dirigiera a los recién casados para despedirse, Edu se acercaba a Víctor, a poca distancia de mí, cuando sonaba una música más lenta y en un tono bastante más bajo.

No pude escuchar sus primeras frases. Me acerqué un poco, disimuladamente. Hasta que escuché algo suelto:

-Joder con la puta niña… le di con ganas y quería más… -Edu le decía a Víctor, en un tono serio. Pidió una copa. Ni me miró.

-Bueno, ya sabes como vienen ahora. -dijo Víctor.

Una vez Edu tuvo su copa no se cortó en describir con todo lujo de detalles, lo que había sucedido. Sin dedicarme ni media mirada, pero siendo plenamente consciente de que yo lo estaba escuchando absolutamente todo. Ya casi no recordaba como era él hablando de las mujeres, como había hablado de Alicia, o como hablaba de María conmigo, de las cosas que le haría y demás, cuando teníamos un trato más o menos cordial, antes de que se le cruzaran los cables por algún motivo que yo aun desconocía.

No tuvo problema alguno en contar que se la había subido a la habitación y que se la había follado sin condón. Que la había puesto a cuatro patas y que ella no paraba de gritar y que de vez en cuando le decía “ponte algo, Edu ponte algo, ponte un condón” y Edu la imitaba, riéndose de ella. Dijo que se acabó saliendo y ella se la había estado chupando un rato, que le daba golpes con la polla en la cara.. También contó que se había acabado poniendo un condón y que, cuando la tenía a cuatro patas otra vez, ella le había pedido que se la metiera por el culo… que él no le había hecho caso y que se había acabado corriendo, y que nada más correrse, ella le había quitado el condón y se había puesto a chupársela “como una puta cerda” y le volvió a pedir que se la metiera en el culo.

-Tienes que meterme esto en el culo, ¡tienes que meterme esto en culo! Jajaja -se reía Edu, representándola.
-Joder qué pesada. ¿Y qué hiciste? ¿Le acabaste dando por el culo? -preguntó Víctor como si tal cosa.
-Nah… Me acababa de correr y estaba hasta las pelotas de ella. La dejé que me la chupara un rato más, yo qué sé, por pena, y le acabé diciendo que se fuera a tomar por saco. -rió.

Víctor no le llegó a reír la gracia, pero parecía entretenido con el relato, y Edu continuó:

-Qué pesada con el puto culo. Que por cierto hablando de culos hay que ver como viene Paula hoy, otro culo que viene pidiendo guerra.
-Se le transparenta todo, es verdad. -respondió Víctor.
-Joder si se le transparenta. Esta tenía buen culo también… tetas pocas… por no decir nada. Joder… tengo unas ganas de comerme unas buenas tetas… ¿Dónde está María?

Al escuchar la palabra “María” casi me da un vuelco el corazón.

-Joder, lo que daría por meterle un buen polvo a María con esas tetazas rebotando… Hostiá, perdón, que no puedo, que está su novio aquí. -dijo por primera vez mirándome.

-No me la puedo follar que eres su novio ¿no? -me inquirió Edu a medio camino entre desafiante y riéndose de mí.

Me sentí otra vez sumiso ante él. Sin saber qué decir. O más bien, sin ser capaz de decir nada. Víctor le dijo algo al oído mientras yo, bloqueado, no podía negar que me había excitado de nuevo escucharle hablar así de María…

Ahora no les escuchaba. Temía que hablasen de mí. Y me sentí de nuevo mal. Me sentí mal porque me excitara que cuanto peor hablara de lo que había hecho con aquella chica, o cuanto más bruto era al dirigirse a María, yo más me excitaba. Recordé que mi novia había bajado a los servicios hacía ya un buen rato. Tenía dos opciones: intentar escuchar lo que decían Edu y Víctor o bajar a ver si le había pasado algo a María. Opté por lo segundo.

Bajé las escaleras y al aproximarme al baño de las chicas comencé a escuchar como María hablaba con Amparo con total normalidad. Llegué justo en el momento en el que Amparo se iba y pude quedarme a solas con María.

No me sacaba de la cabeza la chulería de Edu. En mi mente se cruzaban las imágenes de él poniendo a cuatro patas a aquella chiquilla que en un principio parecía recatada. Recordé cómo se había referido a María, lo de comerse sus tetas… lo de meterle un buen polvo… lo de sus tetazas rebotando… Edu era un cabrón, un gilipollas insoportable, por no decir un auténtico hijo de puta, pero no sabía porqué cuanto más desagradable se ponía más sentía que era él. Que tenía que ser él. Que tenía que proponérselo a María por última vez. Esta vez sí, por última vez.

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