TANATOS12

María cumplió su palabra y no fue a la mesa de sus compañeros. Intenté mostrar normalidad durante la siguiente hora. Me propuse controlarme hasta que empezara la música. Me asaltaban muchas preguntas que hacerle a María, pero sentía que debía elegir las precisas para no agobiarla, y soltarlas en el momento adecuado. Si ella me iba a responder con total sinceridad y cómo y hasta qué punto iba a acercarse a Edu yo no tenía ni idea.

Pero cuando empezó el baile y yo pensaba que María podría volar libre hacia su grupo de amigos, y consiguientemente hacia Edu, sucedió algo inesperado: el hombre rapado de la mesa comenzó a hacerle un marcaje que apenas la dejaba interactuar con los demás.

Desde la barra contemplaba como aquel chico no le daba tregua; visiblemente borracho le hablaba al oído a María mientras Edu, Paula, Amparo y demás gente disfrutaban a pocos metros de ellos.

Pero no estaba solo en la barra; Víctor parecía vigilarme. Me saludó con la mirada y yo no supe si acercarme. Su aspecto desaliñado parecía chocar algo menos ahora que la gente se iba soltando, pero seguía sin pegar demasiado con el ambiente. Yo miraba a María que se reía timidamente medio acosada por aquel chico que, sin chaqueta y con la camisa remangada, lucía un par de tatuajes que le daban un aspecto ciertamente macarra. El contraste entre María, que en tacones era de su altura o incluso más alta, su esbeltura, su clase, y él, bajo pero ciertamente ancho y musculado, rudo, era impactante.

Presentí que Víctor se me acercaba, le miraba de reojo. Se situó a mi lado. Nos quedamos en silencio. Quizás pasó hasta un minuto hasta que dijo:

-A este paso… no va a pasar lo esperado.

Intenté hacerme el loco como pude. Siguieron los silencios. Mi incomodidad, por él. Por lo que podría saber. Por todo… Me llegué a pedir otra copa más. Hasta que llegamos a entablar una conversación sin sentido e irrelevante. Y de nuevo otro silencio. Finalmente dijo:

-Ese no sabe nada, claro. Por eso lo intenta.
-¿Qué intenta? Si está su mujer por aquí. Hemos cenado en su mesa.
-¿Irene? Esa estará borracha por ahí, estará vomitando en el baño o vete a saber donde. -dijo serio y en un tono tremendamente despectivo.

Tras otro silencio y apoyado en mi embriaguez, me armé de valor:

-Hablando en serio…. ¿No me vas a decir qué sabes? ¿O quién lo sabe?
-Jajaja, disfruta, hombre. Anda que cómo se la acabe follando ese… Marcos creo que se llama… ¿Te lo imaginas? ¿Te pondría también?

Sentí como si me estuvieran apuñalando, pero lo increíble era que aquella puñalada lo que más me producía era un morbo terrible…

-¿Te estás dando cuenta, no? -preguntó.

Yo no sabía qué hacía hablando con él una vez parecía claro que solo estaba jugando conmigo, pero por algún motivo no le cortaba.

-¿De qué?
-De que no te mira a ti para que la rescates.

Era cierto. María buscaba permanentemente con la mirada al grupo en el que estaba Edu. Si miraba directamente a él no lo sabía. Cosa que Víctor sí suponía. En aquella dirección un grupo de unas diez personas bailaba y se reía sin perder demasiado la compostura. A parte de las miradas de mi novia era destacable como Paula y una chica tirando a pelirroja revoloteaban alrededor de Edu sin cortarse lo más mínimo. Era cierto que a Paula se le transparentaba un poco el culo bajo el mono que llevaba, pero poco tenía que hacer ante la pelirroja que aunque un poco delgada, se la veía bastante más guapa y con bastante más gracia y en un vestido rojo que llamaba ciertamente la atención.

Le pregunté a Víctor quién era toda aquella gente mientras mi mirada iba hacia María que ya llevaba un largo rato aguantando los susurros en su oído, así como la mano de aquel macarra en su cintura. ¿De verdad aquel cabrón pensaba que podría ligar con ella? Era de locos teniendo en cuenta que había venido con pareja y obviamente sabía que María estaba conmigo… pero no dejaba de ser morboso aquel intento… empecé a sentir ese cosquilleo, ese hormigueo en mi entrepierna. Era cierto que yo había elegido a Edu, pero empezó a parecerme bastante morboso que mi novia se dejase querer, o al menos no se deshiciera, de aquel salvaje tan grotesco…

Víctor me dijo que a la chica de rojo no la conocía, que debía de ser amiga de la novia. No tendría más de veinticinco años, pero parecía tener claro lo que quería… y Paula estaba siendo la más perjudicada. Edu le hablaba al oído a la pelirroja. Marcos le hablaba al oído a María. Parecían dos espejos… Yo empezaba a ver posible que Edu se liara con la de rojo, y también pareciera que el loco de Marcos empezara a ver posible liarse con María…

Tomándome otra copa con aquel extraño cada vez alucinaba más con que María no fuera capaz de deshacerse de aquel rapado; lo cierto era que ella por momentos se reía y por momentos ponía cara de no estar entendiendo nada, pero no acababa de alejarse de él. Lo que sí había cambiado era que la chica del vestido rojo y Edu se habían apartado un poco del grupo y ahora sí, inequívocamente, la mirada de María iba constantemente hacia ellos.

Comencé a ponerme realmente nervioso en el momento en el que vi que aquello era inminente. Edu se dejaba hacer y la chica se ponía de puntillas para hablarle al oído y ya posaba sus manos en su pecho. Y mi mirada fue a María, la cual estaba tensa, tan expectante como yo. Y lo vi. Lo que pasó lo vi en la cara de mi novia: apartó ligeramente a Marcos que no paraba de acosarla y sorbió de la pajita mínimamente mientras, queriendo disimular, veía como las bocas de Edu y la pelirroja se fundían en una…

Víctor no dijo nada. Yo no dije nada. Y María giró la cara rápidamente hacia la barra. Buscándome por primera vez en más de media hora. Todo se precipitaba de golpe. Yo ni era consciente de que aquello podría ser el fin de todo. Solo estaba alucinado por el gesto de María. Seria. Tensa. Como una sorpresa soterrada. ¿Decepción? No estaba seguro.

Marcos quiso captar la atención de María con la enésima, seguramente babosada, en el oído de mi novia, cuando fue Paula quién la cogió de la mano para bailar. Pronto la estampa consistía en Edu y aquella chica besándose mínimamente, tampoco sin especial alarde, y María y Paula bailando, y sonriendo aunque contenidas, una derrotada y la otra desconcertada. Desde fuera llegaba a ser hasta algo ridículo verlas queriendo llamar la atención, sobre todo Paula, cuando todos sabían que el foco estaba en otro lado.

-¿Tú crees que se la folla…? -dijo Víctor con un evidente ironía simultáneamente a que Edu posara su copa en una mesa y se fuera alejando con la pelirroja a su lado. Hicieron una pequeña parada para que ella cogiera el bolso y desaparecieron en dirección al jardín. Parecía claro que irían a la habitación que Edu tenía en el propio Parador.

Paula y María lo vieron perfectamente. Se dijeron algo al oído mientras bailaban.

-Lo siento, tío. -rió Víctor.
-¿Pero lo sientes por qué..?

Volvió a reírse sin responderme. Por más que gracias al alcohol me atreviera a hacerle aquellas preguntas, él parecía quedar siempre por encima de mí al contestar con una sonrisa o directamente una risa ante cada pregunta directa.

Poco a poco me fui dando cuenta que aquello podría ser realmente el fin de todo. María y Paula bailaban acaloradas ahora algo más cerca de la barra. El tanga de Paula se le transparentaba tremendamente hasta el punto de poderse distinguir no solo la forma del tanga si no perfectamente las nalgas… Iba pidiendo guerra y ni así había conseguido nada… No dejaba de ser sorprendente que lo hubiera intentado con Edu; María nunca me había dicho nada de aquella posibilidad. Lo cierto era que si no estuviera con María yo mismo lo habría intentado con Paula en aquel momento suyo de visible despecho. Pero Paula no era la única derrotada de la noche, en cierto modo también lo era yo y también Marcos, que sentado y visiblemente borracho seguía sin quitarle los ojos de encima a María.

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