Pronto me di cuenta de que yo no era el único que miraba con detenimiento como María se alejaba; el chico rapado de nuevo no se cortaba un pelo y, mientras su mujer se reía con la chica que tenía al lado, él había volteado su cuello completamente. Mi novia desapareció escaleras abajo, aumentando mis nervios, que no decrecieron cuando aquel voyeur se giró hacia mí y me miró. Hizo una especie de mueca al mirarme. No sabía si pretendía decirme “pedazo de novia tienes” o algo que aun me ponía más nervioso, quizás quería expresar un “yo también lo sé”.

Afortunadamente apartó su mirada y volvió a su plato. Yo pensaba si realmente María iba a hacer algo con Edu, si de verdad se habían cruzado miradas en busca de un encuentro. Pero es que no podía ser… María no era así; me había dejado la piel en empujarla hacia él durante 9 meses sin aparente resultado… Empezaba a pensar que el vino y lo de Víctor habían disparado mi paranoia, pero me vi obligado a averiguarlo. Pocos minutos después yo también me dirigía hacia los servicios. Busqué a Víctor con la mirada pero no la encontré. Me sentía con tantos frentes abiertos que no podía poner prácticamente nada en orden.

Bajé las escaleras y caminé por el pasillo, y recordé aquella vez que en casa de Edu me dirigía a su dormitorio en silencio mientras él estaba con Alicia, la pija andaluza… aquella noche en la que supe por primera vez que sabía que quería llegar hasta el final de todo.

A la derecha había una puerta que era el baño de las chicas y la siguiente seguramente sería el de chicos. Escuché conversación a lo lejos, en el de hombres, así que entré con cuidado en el de mujeres. ¿Qué quería? No lo sabía. ¿Qué pensaba que iba a ver? Ni idea. Solo sabía que me temblaban las manos, que tenía calor, pero sudaba frío de manera insoportable.

Tan pronto abrí la puerta vi a María, sola, que abandonaba el lavabo y se quedaba en el medio. No parecía haber nadie más.

-¿Te has perdido? -rió.

No sabía ni que decir, me quedé callado. María se miró al espejo.

-¿Se puede saber qué te pasa? ¿No vas al de chicos? -preguntó.

Qué responder a eso. Cuántas preguntas podría hacer yo. Hablé sin más:

-No sé, María… tenemos que hablar.
-¿De qué?
-Pues… de todo… de todo esto.
-¿Qué es esto? Hablar podrías hablar en la mesa, que estás más soso que yo que sé. Podrías hacer un esfuerzo.
-No, María, de esto, de… por ejemplo… de qué pasó el… creo que el 11 de agosto… en casa de Edu.

La cara de mi novia era de golpe un poema, como un resoplido de hastío que superaba cualquier palabra desagradable que podría haber emitido. Yo sabía perfectamente que había sonado como un psicópata.

-No sé, María, hay muchos días que no sé qué ha pasado.
-De verdad, Pablo, por favor, no me hagas esto. Esta noche no.
-¿Qué no te haga qué?
-Venga, yo subo, tu vete al baño… o lo que quieras… -dijo acercandoseme para irse.
-No, María.
-Que no, qué.
-Que me lo cuentes, que me digas que ha pasado ese día y otros días más.
-¿Quieres que te lo cuente ahora?
-O sea que sí que han pasado cosas.
-Yo no he dicho eso. Por favor, ya está bien. Déjame pasar.

Me aparté un poco. No podía decirle que sabía que Edu había acertado lo de los bikinis sin descubrirme. No podía preguntarle si Edu le había mandado una foto de su polla sin descubrirme… Lo único que podía espetarle era que había olido aquella polla de plástico tal o cual vez y la había descubierto, pero me parecía que montaría en cólera y se cerraría en banda.

-¿Qué te pasa Pablo, de verdad? -dijo al acabar de cruzar el umbral de la puerta y en tono más conciliador.
-No me pasa nada. Solo veo las miradas que vas echando.
-¿Qué miradas? ¿Qué dices?
-Nada, es igual. Déjalo.
-¿Y las miradas que echas tú?
-Qué dices, María.
-Cómo que qué digo. A Paula. Que se le marca el tanga a través del mono ya lo vemos todas, no hace falta que la mires así.
-No la miro de ninguna manera, me parece un contraataque muy cutre lo que estás haciendo.
-En fin, ¿algo más? ¿algún reproche más tienes qué hacer?
-Pues en Cantabria… porque estabas así de cachonda? ¿Era por él? Dímelo. Es que no pasa nada. Obviamente yo te he empujado a esto. Es solo que quiero saberlo y ya está.
-Mira, o estás borracho, o estás otra vez con la mente calenturienta. Creí que… al haber descargado en el hotel vendrías más tranquilo-. No me gustó nada que me hablara así.

Mientras hablábamos comencé a oir voces que se acercaban. Al acabar María aquella frase vi a Edu y a otro chico acercándose. Sin tiempo a reaccionar ni a responderle a mi novia Edu se puso a su lado y, mientras su amigo pasaba de largo, dijo:

-¿Te puedo decir algo en privado?

María me miró y dijo:

-Sí, claro.

Me dió la espalda casi inmediatamente. Me dio la sensación de que lo hacía para joderme.

Tanatos12 is offline  Citar 

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