ANNABEL VÁZQUEZ

Declive

Habían transcurrido varias semanas. Edgar parecía haberse recuperado por completo tras pasar los primeros dos días ingresado en el hospital. Después de las pruebas que le había realizado Steve, había considerado que sería más efectivo si le administraba la medicación por vía intravenosa.

Me pareció un tanto excesivo para tratar una gripe, pero no puse ninguna objeción, después de todo, yo no era médico, no entendía la gravedad de la sintomatología. Lo que sí pude comprobar, es que tras esos dos días Edgar había vuelto a ser el mismo hombre de siempre. Si durante el tiempo que estaba compareciente en casa había logrado que bajara la guardia un ápice, tras recuperarse volvió a mostrarse como el hombre impenetrable de siempre, el que conocí cuando llegué. Aunque no sabría decir si en esta ocasión se mostraba reticente conmigo porque aún barajaba la posibilidad de regresar a España.

No voy a negar que ese pensamiento se me pasó por la cabeza en más de una ocasión, pero por algún motivo inexplicable, sentí que debía quedarme.

 

Aquella mañana no tenía ganas de hablar. Edgar se mostraba frío conmigo, y aunque eso no era ninguna novedad, tenía la sensación de que estaba empezando a contagiarme su mal humor, o tal vez fuera otra cosa…

—¿Te encuentras bien?

Alcé el rostro para mirarle. Se había dado cuenta de que algo dentro de mí no marchaba bien.

—Claro –le dije y me obligué a sonreír.

Acabé de beberme el café y retiré lentamente la taza hacia un lado.

—No has comido nada –observó–. ¿Qué ocurre?

Tragué saliva y apreté los labios. Intentaba por todos los medios mostrarme indiferente pero mis sentimientos estaban a flor de piel y sentí unas fuertes ganas de llorar que intenté reprimir con todas mis fuerzas.

—Creo que iré a mi habitación a descansar un poco –hice ademán de levantarme pero Edgar colocó una mano sobre la mía para que me detuviera.

—Espera. Cuéntamelo –me incitó.

Me mordí el labio inferior, dudando. Finalmente negué con la cabeza, desterrando esa posibilidad de mi mente.

—Da igual, Edgar, ya se me pasará.

—En cualquier caso quiero saberlo –insistió, reteniendo mi mano todavía más fuerte.

—Es que dudo que pueda interesarte.

—Bueno, eso lo decidiré yo –claudicó–. Adelante.

Retiré mi mano de las suyas y me acomodé en la silla. Seguía picándome la nariz, pero no era momento para dejarme llevar.

—Es que se acerca la fecha y…

—¿Qué fecha? –sus ojos me contemplaron con mucha intensidad, como había aventurado ese día no significaba nada para él, ni todo lo que conllevaba.

—La Navidad, Edgar.

—Navidad –repitió, y sus ojos se suavizaron un ápice.

—Es una fecha importante, al menos lo era para mí, ¿sabes? En mi casa se celebraba todos los años, incluso cuando mi madre estaba enferma. Jamás quiso saltarse una. Antes de que todo se fastidiara fueron días muy felices. Echo de menos todo aquello.

Desvié la mirada para que Edgar no pudiera ver lo mucho que me afectaba este tema, pero fue inútil, percibí el calor de sus ojos posados en mí.

—¿Qué quieres hacer? –preguntó haciéndome reaccionar.

Me encogí de hombros.

—¿Quieres volver a casa con tu padre y tu hermano?

—No creo que a ellos les apetezca realmente celebrar esas fechas.

—Puedes celebrarla en un lugar imparcial –me ofreció.

—¿Cómo?

—Hay hoteles que se dedican a hacer todos los preparativos en sus salones. Buena comida, música, espectáculos… Solo es cuestión de elegir el lugar y llevar ahí a tu familia.

Fruncí el ceño.

—¿Y tú?

—Yo nunca he celebrado la Navidad, no sé ni lo que es, así que…

—¿Cómo? ¿Nunca?

Negó con la cabeza.

—Puedo buscar el lugar si quieres –se ofreció–, mostrarte varias opciones y así eliges la que más te convenga.

Descolgué ligeramente la mandíbula. Estaba hablando en serio.

—Realmente no puedo imaginarme algo más frío… Lo que es importante es prepararlo, vivir la ilusión previa, la decoración, los regalos… Eso es para mí la Navidad.

Edgar ladeó el rostro y suspiró fuertemente por la nariz.

—Puedo contratar a gente para que te ayude a prepararlo. Hay diseñadores que irían encantados a Barcelona y…

—¡Edgar! –le interrumpí alterada– ¿Y tú?

—Ya te lo he dicho, para mí esas fechas no significan nada.

—Podrías… –dudé– podrías… venir a Barcelona conmigo y…

No sabría decir por qué la oferta salió de mis labios, no había pensado bien lo que implicaba sacar a Edgar de sus dominios y menos para vivir algo tan significativo con alguien que no creía en ello.

—Yo no puedo ir, Diana. No puedo dejar las cosas a medias y… –detuvo su discurso unos segundos, cuando volvió a mirarme continuó– es complicado.

Una parte de mí no quería dejar a Edgar solo en esas fechas, aunque se lo mereciera. ¿Y María? ¿Pasaría con él las fiestas? Me dolía la idea de que estuvieran solos. Pero por otro lado necesitaba reunir a mi familia.

—No me gusta la idea de que te quedes aquí, sin nadie…

—María se quedará conmigo, no te preocupes.

—Pero yo no me siento bien dejándoos solos, no sé… –me encogí de hombros– Es una fecha para estar unidos y de algún modo, María y tú también sois importantes en mi vida.

Edgar sonrió ligeramente.

Nos quedamos en silencio varios minutos. Yo seguía martirizándome por mi dolor y Edgar parecía estar buscando una solución a mis problemas.

—Y si… –empezó despreocupado– hacemos que tu familia venga aquí, podríamos organizar algo como poner un árbol, algunas luces, una cena… –bufó–, lo que se supone que se hace en estas fechas.

Por primera vez, su idea me pareció muy interesante.

—¿Lo dices en serio? –pregunté tragándome las ganas de estallar de alegría.

Arqueó las cejas y puso cara de indiferencia, como si no le importara lo más mínimo lo que hiciera en su casa.

—No veo por qué no. Dime, ¿eso te haría feliz?

Sonreí.

—Mucho.

—Entonces no hay nada más que hablar. Lo dispondré todo para que ellos puedan venir y sentirse cómodos y atendidos.

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s