TANATOS12

Aquel domingo era el último día de vacaciones de María y decidimos ir a una piscina de un hotel, de estas que si pagas puedes disfrutar de las hamacas y la piscina como si fueras un huésped más. María llevaba un bikini negro que tapaba bastante sus tetas, lo curioso era que, sobre todo si la veía de lejos, con aquel bikini hasta parecía que tenía mucho más pecho que con otros con los que enseñaba más carne, pues se veía tanta tela negra en la distancia que automáticamente uno sabía que allí había mucho que tapar.

Si yo reparaba en aquello también lo hacían unos chavales que estaban en el agua. María daba la vuelta a la piscina para darse una ducha antes de entrar y no se cortaban lo más mínimo en mirarla. Yo volví a sentir aquello que había empezado a sentir al conocer a Edu, como que ella físicamente era mucho para mí, que merecía alguien a su nivel. Era una absoluta gilipollez y no creo que nadie en mi lugar, nadie normal físicamente, pero con una novia espectacular, pensase lo mismo que yo, pero para mí era irremediable sentirlo así.

Tras bañarse se tumbó en una hamaca, a mi lado. Su respiración era agitada y su pecho empapado subía y bajaba al respirar y no tardó en salir el tema en cuestión, el tema de que si no había subido Edu a nuestra casa había sido por un milagro ajeno a nosotros dos. Yo seguía sin comprender como Edu no había venido.

Le pregunté a María si Edu había llegado a responder algo más y me dijo que no.

-No que yo sepa. Espera. -dijo rebuscando en su bolso- No. No ha escrito nada- dijo tras revisarlo.
-Menudo idiota no haber venido.
-Pfff calla… ¿sabes que me desperté y pensé que lo había soñado?
-¿En serio?
-Sí… tardé como unos segundos en darme cuenta y creí que me moría.

María parecía tranquila. No se la veía con intención de echarme en cara haberla empujado a escribirle.

-Pues no ibas tan borracha como para pensar que lo habías soñado. -dije tras un silencio.
-Tenía un mareo de narices, Pablo. Y entre eso y… bueno… tampoco pensaba con mucha lucidez con eso dentro.
-¿Qué eso?
-Eso que tienes ahí entre las piernas, idiota.
-¿Pierdes lucidez con esto dentro? -dije yo también en tono distendido y sintiéndo una pequeña erección solo por la conversación.
-Pues claro que pierdo… -dijo acercándose un poco y dándome un beso en la mejilla.
-Oye, y Edu irá a la boda, claro.
-Pues sí. Vamos casi todos los del despacho.

Faltaban cinco semanas para aquella boda. Cinco semanas tras las cuales me vería las caras con Edu sí o sí. Quién sabe si nos encontraríamos antes. En aquellas cinco semanas aun iban a pasar muchas cosas, algunas de ellas bastante extrañas.

En la mañana del lunes María me escribió con algo que yo no entendía como no había deducido antes. Creo que el alivio que había sentido la mañana del domingo al darse cuenta de lo que había estado a punto de pasar con Edu la cegó de lo que sería verse con él el lunes en el despacho. Leí su mensaje como si mi subconsciente ya lo hubiera adivinado todo.

-Me acabo de cruzar con Edu por el pasillo. Menuda mirada de… no sé, de te tengo comiendo de mi mano. Menudo súper gilipollas.
-Qué esperabas, María -le respondí.
-Es que no has visto su cara de imbécil.
-Me la imagino.
-Si supiera que podría haber estado timbrando hasta hacerse de día que no le íbamos a abrir no pondría esa cara de gilipollas.
-¿Pero ha sido mucho tiempo?
-Solo cruzarnos y ya me llegó. Es que que flipado es. Mirándome como si me muriera por él. Menudo chulo imbécil.
-¿No le vas a preguntar cómo es que no vino?
-Ni de coña, antes me muero que sacarle ese tema. Para mí eso ni pasó.

María estaba cabreada por algo que estaba clarísimo que iba a pasar. Además no había que olvidar que se habían escrito sabe dios qué cosas por mensaje no hacía mucho. No hacía falta ser un creído como Edu para imaginar o suponer que la tenía a huevo. No quise meter el dedo en la yaga preguntándole por él cuando nos vimos después del trabajo.

Fue una semana extraña en la que el lunes lo hicimos antes de dormir, al igual que el martes, pero en polvos realmente insulsos. Volvíamos a aquellos polvos de cinco o siete minutos en los que yo me corría y allí terminaba todo, sin hacer un segundo asalto ni nada parecido. Durante aquellos días volví a preguntarme cómo es que Edu no había venido, me preguntaba si de alguna manera habría contactado con Patricia y había preferido a Patricia antes que a María. Follarse a Patricia cuando María te dice que vayas a su casa era de locos, pero tampoco estaba mi relación con Edu como para preguntárselo.

En el trabajo a veces tenía la tentación de escribirle a Edu. Hasta había hecho un modelo de mensaje diciéndole que el hecho de no haber querido ir a su casa no implicaba que quisiera parar nuestro juego como así demostraba que María le hubiera invitado a venir. Pero no acababa de atreverme a mandárselo. La verdad es que solo pensar en escribirle me ponía bastante nervioso.

El miércoles por la noche estaba follando con María y ya en los preliminares se sabía que aquello iba a ser otro polvo bastante insulso, así que le pregunté por Edu. Sobre si no le había preguntado al final cómo era que no había venido. Si coincidía con él. Si les iban a dar algún caso juntos. Si había algunas jornadas próximas en las que fueran a ir juntos. Ella primero me dijo que no le había preguntado por qué no había venido ni lo haría nunca, después respondió a otras preguntas con evasivas y después acabó por pedirme que no habláramos más de él. Aquel polvo acabó como lo que prometía desde un principio y ya me acosté aquel miércoles algo mosqueado.

Teniendo en cuenta que no quería hablar de Edu, me sorprendió que al día siguiente, jueves, María me escribiera desde el lugar donde tomaban cervezas muy alarmada y escandalizada porque Patricia y Edu se hubieran sentado juntos y no parasen de hablar y según ella “mamonear”. A punto estuve de responderle que “pensaba que no querías hablar más de Edu”, pero dejé que me siguiera escribiendo, que Paula también estaba flipando, que Patricia no se cortaba un pelo, que qué mini faldas lleva… que le lleva casi 10 años, etc, etc.

Yo comprendía que ese tipo de cotilleos se viven más intensamente allí dentro, pero me parecía exagerado que después, en casa, en persona, me volviera a contar aquello. Aquella noche de jueves ni me molesté en calentar a María para hacerlo, ni tampoco el viernes. Como si estuviera un poco herido en mi orgullo por ver a una María algo apática sexualmente hablando. A veces me parecía un drama y a veces simplemente lo achacaba a volver ella al trabajo, la rutina o el estrés.

El sábado por la noche yo salí con unos amigos y también salió María con Amparo, Paula y Patricia, que yo no entendía como de pronto salían tanto, como si al ser una más se motivaran más o quizás fuera Patricia que tiraba de ellas, pero lo cierto era que habían salido tres veces en diez días.

Aquella noche llegué a casa antes que ella. Sobre las dos y algo de la madrugada. Y me quedé pensando cómo era que habíamos estado tan cerca de que pasara algo realmente fuerte entre Edu y María, en nuestra casa, y de golpe parecía que ni hubiera pasado nada. Cómo Edu podía pasar del tema así como así y como María no quería ni hablar de él por un lado, pero estaba tan atenta al cotilleo con Patricia por otro.

Me vino a la mente que Edu tenía la foto de María que yo le había mandado. Aquella abierta de piernas en el hotel, el pelo alborotado… la camisa abierta… y tapándose las tetas con el pelo y cogiéndose una teta con una mano y con la otra tapándose el coño. Me pregunté si Edu se pajearía con aquella foto o no le daría más importancia. También me preguntaba si de verdad Edu le había mandado una foto de su polla y si ella la habría borrado…

Solo con pensar en aquello la polla se me ponía a reventar y no tardé en masturbarme revisando aquella foto. Mientras me pajeaba daba por hecho que Edu se hacía innumerables pajas con ella. Que aunque se las diera de que María era una más y si caía bien y si no le valía Patricia o Nati o Alicia o cualquier otra, que en el fondo quién ansiaba follarse de verdad era a María y se había pajeado con aquella foto hasta quedarse exhausto. Mi paja se fue acelerando, primero imaginando que Edu se pajeaba con ella y después me imaginaba que aquella foto era real, que estábamos los tres en aquella habitación de hotel, y que yo me pajeaba sentado en un sillón mientras Edu, de pie sobre la cama, se acercaba a María y le metía su pollón en la boca, y ella, sin dejar de taparse el coño con una mano y agarrarse una teta con la otra, comenzaba un vaivén de su cabeza adelante y atrás y engullía su polla hasta la mitad. Entonces, María, con su boca llena y su mejilla abultada por el trozo de carne que devoraba, abría los ojos y me miraba… Aquello me hizo estallar en un orgasmo tremendo y comenzar a eyacular sin parar… resbalando semen desde la punta y hacia abajo, sobre mi dedos, durante unos segundos en los que la mirada de María con su polla en la boca no se me iba de la mente.

Me fui a acostar y me quedé dormido antes de que María llegara. Lo hizo poco más tarde. Llegó bastante sobria y yo, un poco harto de que allí se hablase de Edu solo cuando ella quisiera, le dije sin más:

-¿Habéis visto a Edu?

Su respuesta fue inmediata y su tono me molestó:

-Noo… pesado.

Que me llamara pesado por preguntárselo solo una vez cuando ni había pronunciado su nombre desde el miércoles ciertamente me irritó. Pero casi me molestó más que comenzara a hablar de Patricia, diciendo que iba muy corta, que le había dado bola a unos chicos y demás.

-Si te cae mal no sé para que sales con ella.
-No me cae mal, solo me choca que vaya en ese plan.

No es que yo tuviera ningún interés en defender a una desconocida, pero me parecía extraña y fuera de lugar la actitud de María. Siempre había ido a su bola, sin meterse con nadie, como sabiéndose guapa pero sin entrar en rivalidades. Me parecía absurda y algo infantil su actitud. Mi pequeño enfado no se suavizó cuando quise hacerlo con ella y ella no quiso por estar muy cansada. Me volví a mi lado de la cama pensando que habíamos pasado de uno de los polvos más increíbles tras años de relación a hacerlo poco y mal y sin motivo aparente.

La semana siguiente las cosas no mejoraron. Llegó tarde a casa un par de veces por haber estado de compras con Paula y, cuando llegaba a casa, nuestros polvos siguieron siendo insulsos. Yo, ya por orgullo, no le quise hablar de Edu, pero cada vez me preocupaba más que la historia con Edu muriera en la orilla, después de lo cerca que habíamos estado.

Estaba cada vez más desesperado. Estuve un rato largo en el trabajo sopesando si escribirle a Edu o no. Sabía que si lo hacía de golpe todo estaría en su mano, sería abandonar un poco mi posición de privilegio después de haber sido yo el que no le había respondido a su cabreo por no haber ido a su casa. Pero fue superior a mí. De verdad necesitaba que la cosa se reactivase, así que le escribí. Le envié un escueto: “¿Seguimos con nuestro juego o estás muy ocupado con la nueva?”. No habían pasado dos minutos de haberlo enviado y ya me había arrepentido. Arrepentido por haberle escrito y por el contenido, pues releyéndolo me sonaba infantil y chismoso, como de un chico de instituto. Además tenía el pálpito absoluto de que no me iba a responder y con el paso de las horas se confirmó.

El sábado por la noche, cómo no, volvieron a quedar para salir las cuatro. Después de cenar en casa, María se fue a vestir y cuando llegó al salón yo no daba crédito.

-Joder, María.
-¿Qué?
-Nada, tú verás. Pero me parece un desmadre.
-No exageres.
-No exagero, María.
-¿Se nota mucho?
-Joder si se nota…
-Bueno, ahora ya está. No creo que sea para tanto.

María se fue al espejo y no dió marcha atrás. Nos despedimos con un pico y se fue. Más maquillada de lo normal. Con el pelo mucho más alisado de como lo solía llevar. Con unas sandalias con muchísimo tacón y unos vaqueros modernos bastante rotos. Por encima una blusa sedosa, estampada con colores claros y sin botones, de manga larga, pero abierta hasta casi abajo donde se anudaba. Sin sujetador. Claramente sin sujetador. No sabía si así pretendía hacerle una absurda competencia a Patricia, pero lo que me asustaba era que aquella no era María.

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