TANATOS12

Aquello me cogió desprevenido. Quién sabe la de veces que en seis meses había deseado que fuera ella la que propusiera hablar de él al follar, y había salido así, de repente. Además tras haberme dicho hacía dos días que el tema se cerraba por completo.

Su beso se hizo más cálido y me obsequió con un ronroneo al besarme. Sentía sus besos especialmente húmedos y el olor a alcohol de su boca muy presente, como si no hubiera pasado demasiado tiempo desde que se hubiera tomado la última copa. Yo estaba tan sorprendido como despejado y lúcido; me sentí con esa especie de sensación de dominio de estar sobrio ante alguien algo bebido. Vi que era mi momento para sacarle cosas sobre Edu que en otro contexto no le podría sacar.

Le di la vuelta hasta que ella se quedó boca abajo. Flexionó las rodillas y posó las manos en la cama quedando a cuatro patas sobre las sábanas y yo me puse tras ella. Recogí su camisón un poco, lo justo para descubrir su culo, y aparecieron ante mí unas bragas negras que, a pesar de haberme hecho dos pajas no hacía mucho, estaba deseando apartar.

El culo de María en aquella postura era para morirse, pero, al quitarle las bragas la imagen se hizo infinitamente más impactante, pues salieron a la luz dos labios gruesos que con las piernas casi juntas parecían enormes… Su coño cuando ella estaba a cuatro patas con las piernas así era tan brutalmente atrayente que dejaba sin respiración. Pasé un dedo por entre sus labios y este se deslizó con una facilidad alucinante, nada que ver con su coño cerrado de hacía dos noches.

-¿Cómo vienes tan cachonda? -le susurré mientras con una mano acariciaba sus nalgas y con la otra deslizaba un dedo por entre sus labios tiernos y húmedos.
-Mmm… no vengo cachonda… vengo… normal… -dijo girando un poco la cabeza.
-¿Normal?
-Normal… con ganas… -susurró ella apartándose el pelo de la cara y cerrando los ojos cada vez que mi dedo separa su coño con cuidado.

Retiré mi mano, besé sus nalgas con ternura… y me aparté un poco, para ver como su coño sobresalía de su cuerpo de aquella manera tan brutal. Me agarré la polla con una mano y la sentí algo flácida para como debía estar al tener a María así… Eché la piel adelante y atrás varias veces y le pregunté:

-¿Crees que Edu se follará a Patricia?
-¿Esta noche?
-No, ¿no os fuisteis todas para casa?
-Sí.
-Pues… no sé, pronto, en las próximas semanas.
-Si él quiere… está claro que por ella no hay problema…
-¿No?
-Está claro que no… Venga… Pablo… métemela… -dijo girando su cabeza hacia adelante y bajando los codos, haciendo que su coño sobresaliese aun más.

Posé mis dedos entre sus labios otra vez y los aparté sin problema, quedando su coño abierto, como con una forma de rombo. Increíble… De verdad que no podía creerme como tenía María el coño aquella noche… Me seguí pajeando:

-Pues como se la folle… Ya sería Nati, el tonteo contigo… Patricia… la andaluza de las jornadas…
-Mmmm…. -gimoteó al sentir de nuevo mi mano en su sexo- ¿Qué andaluza? -preguntó.

-La de las jornadas que oíste como se la follaba.
-Ya… de las jornadas sí, pero eso de que era andaluza no sé de donde lo sacas… Vamos… fóllame ya…

Me quedé blanco del susto. Me acababa de descubrir a mi mismo, pero afortunadamente María no parecía darle mayor importancia.

-¿No era andaluza? Igual me lo inventé. -intenté salir del paso maldiciendo mi error.

-Vamos, Pablo… -insistía con la cabeza agachada, ocultada entre sus brazos.

Mi polla no estaba totalmente dura pero estando como estaba aquel coño no dudaba que podría metérsela sin demasiada dificultad. Le separé un poco las piernas, la sujeté por la cadera con la mano izquierda y dirigí mi polla semi flácida con la derecha. Froté la punta con la entrada de su coño y María comenzó a mover su cadera como buscando la penetración ella sola… seguí frotando sobre la entrada mientras ella soltaba unos “ufff” tremendamente morbosos… hasta que su coño engulló mi polla con maestría y María agradeció ser invadida con un gemido tremendo… a pesar de que solo se estaba metiendo mi pequeña polla y además bastante blanda… Comenzó a echarse atrás y adelante con cuidado y despacio, sabiendo que si me salía podría costar volver a metérsela…

Comenzó un mete saca lento y sentido y yo comencé a sentir como mi polla se endurecía en su interior, a pesar de que su coño se iba dilatando poco a poco. Llevé mis manos hacia adelante y acaricié sus tetas que colgaban enormes… su camisón se le escurría hacia las axilas y ella mantenía su cabeza entre sus codos gimiendo suavemente, agradeciendo cada pequeña metida con un jadeo o un suspiro tan puro que me ponía los pelos de punta. Notaba su cuerpo muy caliente, mucho más que el mío, su piel sudorosa y aquellos leves gemidos eran para volverse loco.

Mientras acariciaba sus tetas y me recreaba en la dureza de sus pezones le pregunté:

-¿Estaba guapo Edu hoy?
-Mmm… ahh… Dame así Pablo… despacio y acaríciamelas así…

María estaba visiblemente borracha y yo tenía que aprovechar:

-Vamos, María… ¿No íbamos a hablar de Edu?
-Ufff… sí… ufff… qué gusto…
-¿Estaba guapo Edu esta noche?
-Mmm… sí… estaba… bueno…
-¿Sí? ¿Está bueno Edu?
-Mmm… sí… joder… está bueno… Dame así… dios… un poco más rápido.
-¿Y es por eso que hoy entra tan bien? ¿Porque has visto a Edu?
-Mmmm… más rápido, Pablo… No… no sé… tenía ganas hoy…
-¿Seguro? -le dije embistiendo bastante más rápido a lo que ella respondió enterrando su cara en la almohada. -¿Seguro que no estás más abierta por verle? -insistí penetrándola con más fuerza y ella comenzó a enterrar gemidos que comenzaron a ser casi gritos en la almohada.

El polvo se hacía cada vez más violento y el ruido de nuestros cuerpos chocar ya era casi un estruendo. Yo preguntándole si estaba abierta por él y ella chillando en la almohada… era tremenda la follada y tremendo el contraste con el polvo de hacía dos días en el que no habíamos hablado de Edu…

Llegué a embestirla tan fuerte que ella se dejó caer hacia adelante. Mi pecho se pegó a su espalda. Su camisón arrugado casi en su cuello, mi cuerpo cubriendo totalmente el suyo… y separé sus piernas con las mías para penetrarla mejor. Una penetración que se hizo lenta en esa nueva postura. Mis manos fueron a sus tetas, cada mano recogía uno de sus pechos enormes, y sentía sus pezones en las palmas de mis manos. Notaba sus tetazas húmedas, algo sudadas… me encantaba sentirlas así… pero no le confesé eso si no que le susurré en el oído:

-¿Te imaginas que te folla él? ¿Así? Tal cual estamos es él el que te la está metiendo…
-Mmm… dios…
-¿Cómo sería…? cierra los ojos e imagínatelo… y dime como sería…-Quizás fuera mi imaginación pero sentía como su coño se fundía cuando le decía eso…
-Mmm… me follaría así pero más fuerte… -alcanzó a susurrar, con la cara levantada hacia adelante, las piernas completamente abiertas y los ojos cerrados.
-¿Y lo notarias más, no? Se que no te estas enterando… porque mi polla es la mitad que la suya…
-Sí…
-¿Sí qué?
-Que sí… jodeer… ¡Mmm…! que la notaría más…
-¿Te imaginas que viene esta misma noche y te folla?
-Mmm… sí… dios…
-Dímelo…
-¡Joder…! ¡Viene esta noche y me folla! ¡Me folla así!
-Te lo digo en serio, María, escríbele, dile que venga…

Yo ni sabía lo que decía. O sí lo sabía. Me había salido así y no lo quería parar.

-Estás loco… -susurró. Y por su tono deduje que no me estaba tomando en serio.
-¿Por qué? -insistí- Viene… media hora, una hora… Te folla. Y se va. Sin hablar. Sin líos… Te folla… Yo miro. Él se va. El lunes en el despacho como si no hubiera pasado nada.

Es imposible describir lo que me subía por el cuerpo al pensar que podría pasar. Que no estábamos tan lejos. Que estábamos a un “sí” o un “vale” de culminar todo aquello. Además proponiéndoselo así, con mi polla invadiéndola, con mi cuerpo aplastándola… Con mis manos en sus tetas y mis palabras en su oído, lamiendo y mordiendo un cuello y una oreja donde ella recibía la humedad de mis besos y el impacto de mis palabras. Sus respuestas eran gemidos, jadeos… movimientos de cadera para sentir más mi polla, y sus manos agarradas al borde superior de la cama.

-Vamos… María… respóndeme… -le decía sin dejar de penetrarla rítmicamente.
-Estás loco… Ummm… dios…
-Viene, te folla, y se va… y sin comeduras de olla… Solo sexo…
-Mmm… estás loco Pablo… -gimoteó ella llevando una de sus manos a mi cabeza incitándome a que le mordiera más el cuello.

Miré a un lado y vi el móvil de María sobre la mesilla. Sin dejar de penetrarla al mismo ritmo lo cogí y, para mi sorpresa, Edu le había escrito. Se lo dije inmediatamente y, retirándome un poco, pero sin salirme de ella, se lo di.

Pensé que en semejante situación no tendría curiosidad por mirar el móvil, pero todo lo contrario. Con mis penetraciones más lentas ella volvió en sí, desbloqueó el teléfono medio de lado y miró la pantalla, como también hice yo.

Edu Despacho: “Estais por ahi?”

Sin tiempo a que yo le propusiera nada ella escribió:

“No”

Era tremendamente morboso seguir dentro de ella, aunque ahora casi sin movernos, mientras se escribía con él.

“Una pena, a la nueva se la veía con ganas”. Respondió él.

Tras ver esa respuesta volví a colocarme totalmente sobre ella y la embestí hasta el fondo de una sola metida. Ella gimió y apartó la vista del móvil al sentir como mi polla, de nuevo, llegaba lo más profundo que podía.

-Díselo -le susurré en esa oreja ya enrojecida.
-Mmm… ¿El qué?
-Que venga.

Ella no respondió y yo llevé una de mis manos a su melena y el otro a su clítoris… comencé otra vez a penetrarla más rápido a la vez que acariciaba la cúspide de su coño…

-Ufff… Pablo…
-Qué…
-Así… joder…
-Qué…
-Mmm… qué bien me follas…
-Dile que venga…
-Mmm… estás loco… No sé…
-Solo sexo María. Está bueno. Te pone, joder… Viene… te folla y se va…

Me incorporé un poco de nuevo, hasta apoyar mis manos en la cama. Mi corazón palpitaba a mil. Sentía que estaba tremendamente cerca.

-Vamos, María.

Seguía penetrándola, ahora más lentamente. Había apartado mi pecho de su espalda. Le dejaba su espacio. Ella cogió el móvil… y yo creía que me daba un infarto. Edu no le había escrito más.

-Vamos María… solo follar… -le dije de nuevo inclinándome sobre su oído.

Ella posó sus dedos sobre el teclado. Yo creía que me moría. Tenía de nuevo mi pecho en su espalda y sentía que ella tenía que notar mi corazón palpitar como si fuera el suyo.

Comenzó a teclear:

-Ven a mi casa.

Al ver eso escrito mi polla se puso más dura que nunca. La sentí crecer y casi explotar en su interior… Aceleré un poco el ritmo, para hacerla sentir más, para que no escapara de aquel clímax de lujuria en el que nos encontrábamos. Su móvil se iluminó.

Edu despacho: “¿Y tu novio?”

-Dile que me da igual. -dije inmediatamente.

“Le da igual”. Tecleó María.

Instintivamente mi boca fue a su cuello y le mordí con algo de fuerza. Estaba fuera de mí. Después mi mano que estaba en su peló tiró con fuerza de su melena y la embestí de forma brutal. Y cuando creía que estaba siendo demasiado violento ella llevó una de sus manos a mi culo y lo apretó una de mis nalgas con fuerza, haciendo incluso que la penetrara más fuerte…

-Va a venir… va a venir y te va a follar… -le gemí en el oído.
-Mmm… muérdeme… muérdeme el cuello… hazme daño… -me rogó María con los ojos cerrados, totalmente entregada, casi desconocida para mí.
-¿Sí? -le dije tirandole aun más del pelo al tiempo que se la clavaba hasta el fondo otra vez hasta que ella gritó.
-Auuu… ¡Síii…! ¡Joder…!
-Esto es real María… te va a follar… -le dije e inmediatamente me di cuenta de que su móvil se había encendido. Era Edu pidiéndole la dirección.

María lo vio y dejó el móvil sobre la cama otra vez.

-Vamos María, ponle la dirección- le susurré sin dejar de penetrarla y sin dejar que cerrara las piernas ni un centímetro, haciendo hasta casi fuerza para que las tuviera casi todo lo abiertas que podía.

-No sé Pablo… es una locura.
-Vamos pónsela… Si timbra y al final no quieres no le abrimos y que se joda.
-Uff… no sé…
-Vamos… María.

Finalmente María le escribió la dirección, con una mano, tremendamente temblorosa. Mientras yo le mordía el cuello y la seguía ensartando sin parar con todo mi cuerpo sobre ella.

En mi cabeza no paraba de resonar “Va a venir”, “Va a venir y se la va a follar aquí”. Y el morbo era tan inmenso como una sensación de incredulidad, como si fuera demasiado bueno como para ser cierto, como cuando ansías tanto algo que crees que en cualquier momento se va a torcer. Mis embestidas se hicieron más suaves y mi mano abandonó su clítoris… llevábamos como una hora follando… Ella se dio la vuelta y en misionero comenzamos un polvo más lento y sentido, más silencioso, y yo gracias a aquel silencio me parecía escuchar todo del edificio, hasta el sonido del ascensor, como ansiando ese timbrazo que haría que se me saliera el corazón del pecho.

Follar, así, lentamente, con la tensión de la llegada de Edu en cualquier momento era tan alucinante como insoportable y lo noté en María. Se dejaba follar pero ahora un poco más ausente. No sabía donde poner las manos como si no tuviera confianza conmigo. Sus manos iban de mi culo a su cabeza… o se colocaba el camisón como con rubor como si fuera el polvo de una noche. La conocía y podía sentir sus nervios en aumento a medida que disminuía su borrachera… Pasaban los minutos y no venía.

Cambiamos de postura otra vez y ella se puso de lado. En cuchara. Yo coloqué mi miembro de nuevo en la entrada de su coño y entró como si nada. Yo a penas notaba ya nada y ella no tenía que notar prácticamente nada con lo abierta que estaba y el tamaño de mi polla. Nuestros gritos habían pasado a gemidos y después a suspiros y así, en aquella postura, apenas era una respiración agitada de ambos. Sus nervios no desaparecían, le temblaban las manos cuando me acariciaba la cara y acabé por sujetárselas y abrazarla y hacer un mete saca lentísimo, sin apenas movernos.

Los minutos seguían pasando y yo no entendía qué pasaba. El móvil de María no se iluminaba. Pasaron más minutos y me salí de ella. Mi polla abandonó su cuerpo y cayó flácida sobre sus muslos. Ninguno de los dos se había corrido, pero mi polla salió de su interior enrojecida y chorreando por haber estado casi dos horas dentro de ella… Pero no retiré mi abrazo. La besé en la cara, en la nuca, en la espalda. Le dije que la quería y nos quedamos en el más absoluto silencio.

Edu no vino. No apareció ni dio señales. Lo supe cuando me desperté, al día siguiente, iluminado por la luz que entraba por la ventana. María debió de notar inmediatamente que me había despertado y dijo claramente: “Si hubiera timbrado no le habría abierto. ¿Lo sabes, no?
Lo nuestro es de locos, de verdad”.

Su tono no era de enfado, si no bastante distendido.

-Me voy a la ducha. -dijo saliendo de la cama.
-¿Resaca? -le pregunté.
-Con la sudada que me pegué… creo que he sudado todo el alcohol -dijo perdiéndose por el pasillo.

Escuché el sonido de la ducha y me vi tremendamente empalmado. No daba crédito a lo cerca que habíamos estado. ¿De verdad no le habría abierto la puerta? ¿Tan borracha estaba para acceder a que viniera Edu? ¿Cómo Edu podría haber sido tan gilipollas de no venir? Cuando me quise dar cuenta me estaba masturbando, pensando en “qué hubiera pasado sí”. Qué hubiera pasado si Edu hubiera venido. Cómo se la habría follado… Me imaginaba que timbraba y María le abría la puerta y ya se enrollaban en el sofá, y se la follaba allí y yo lo veía todo. Y después se la follaba en nuestra cama mientras María a ratos me miraba y a ratos se entregaba a él… Tan ensimismado estaba con aquellos pensamientos que no me di cuenta que María terminaba su ducha y entraba en el dormitorio con una toalla. Me miró. La miré. Estaba a punto de correrme. Y no paré. Su pelo empapado la hacía aun más erótica, más sexual… me imaginé que Edu además de follarla en el sofá y en la cama también lo hacía en la ducha y yo escuchaba sus gritos desde la cama y comencé a eyacular sobre mi vientre y mi pecho mientras María me miraba fijamente sin mostrar demasiada sorpresa… Derramé los primeros chorros de mi corrida sobre mi cuerpo intentando mantenerle la mirada hasta que no fui capaz y cerré los ojos… echando los últimos latigazos de semen caliente con los ojos cerrados, disfrutando del final de mi orgasmo casi en silencio y la cabeza sobre la almohada. Se hizo el absoluto silencio y me olvidé de la existencia de María hasta que llegó con un rollo de papel higiénico que lanzó sobre la cama.

-Toma. Guarro… -dijo casi riéndose.

Abrí los ojos. Se había puesto una camiseta de tiras amarilla y seguía con el pelo empapado. Estaba guapísima. Espectacular. Y con una media sonrisa dulce como hacía tiempo no le veía.

-Guarro… pero me quieres así ¿no? -le dije.
-Te quiero más. -respondió antes de ir hacia el cuarto de baño a secarse el pelo.

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