TANATOS12

Lo volví a dejar en su sitio. No había la más mínima duda de que María lo acababa de usar. Pero esta vez empezaba a sentir cosas que ya no eran única y exclusivamente morbo y excitación, comenzaba a sentir además cierta sensación de falta de control y también de preocupación.

Me tumbé en la cama, al lado de María, que dormía, y en la oscuridad de nuestro dormitorio empecé a pensar por primera vez que podría perderla. Sí, de marzo a agosto con todo aquello y lo pensé en aquel momento por primera vez. Tan obsesionado había estado preguntándole a María si le ponía Edu, empujándola a que así fuera, que quizás la había estado empujando a algo más y no solos sexual. Era solo la sombra de una duda, una posibilidad. Y es que, por otro lado, conocía a María y no me la imaginaba teniendo un “cuelgue” por aquel chulito. Como que María siempre había demostrado que le había visto el plumero desde el principio, además de ser una mujer madura e inteligente como para caer en las redes de aquel flipado, snob y chulo playa… pero por otro lado el saber Edu qué días iría María a su casa y, sobre todo, que bikinis iba a llevar conllevaba un mamoneo que quizás con alguien que solo te atrae no tengas. No lo sabía. Pero esa complicidad de pedirle qué bikinis ponerse y ella obedecer me tenía desconcertado. ¿En qué punto? ¿Qué clase de vínculo tienen dos personas para pedir eso y que la otra acceda u obedezca? ¿Era posible esa juego sin haberse enrollado? Es que por otro lado sabía, tenía la certeza absoluta de que no se había enrollado? Veía a María rara por momentos y sin duda Edu la podía llegar a excitar… y se masturbaba quizás o casi seguramente pensando en él, pero si se hubieran enrollado se lo notaría, además no me encajaba. Pero por otro lado aquella frase de Edu: “vas a perderla por gilipollas”… para mí tenía un peso… era como una losa sobre mi cuerpo.

Me costó pegar ojo aquella noche, y, a la mañana siguiente, cuando yo me iba a trabajar, María aun dormía. No fui capaz de marcharme sin despertarla con sutileza y preguntarle qué haría ese día. Me dijo que no lo sabía.

No tardó mucho en aparecer el tercero en discordia, ya que Edu me escribió al móvil a mediodía. No me sorprendió para nada su mensaje, se regodeaba en haber acertado lo de los bikinis, me preguntaba si me jodía o me alegraba, con una especie de sadismo, como con un resquemor que yo no sabía de dónde salía. Intenté no discutir con él, pues aquel chico era una bomba de relojería y no me convenía estar a malas con él, pero era imposible, forzaba la máquina hasta que no me quedaba otro remedio que mandarle a la mierda. Me volvió a pedir que me fuera al baño del trabajo y me negué. En su momento me había atraído cumplirle ciertas peticiones de esas, la comparación de su polla con la mía me excitaba por la diferencia que podría suponer para María, pero su humillación por mero sadismo y estando a malas no tenía sentido. La conversación acabó mal y yo me quedé aun más preocupado. Cada vez le veía más peligroso, y comencé a preguntarme si de verdad iba a ir al día siguiente con María a pasar un fin de semana con él en aquellas circunstancias. El deseo por verlos juntos iba por un lado, pero el pánico a que cara a cara desvelara nuestro secreto iba por otro, y, además, cada vez lo veía menos imposible.

Llamé a María para saber qué haría ese día. Era una llamada extraña, pero necesitaba oír su voz. Me dijo que como teníamos la boda de uno de sus compañeros de trabajo el primer fin de semana de octubre, y Paula ya estaba de vuelta, que comerían juntas, y por la tarde irían a ver vestidos para la boda. Me alegré. Por primera vez en seis meses me alegraba de que no quedase con Edu.

Toda la tarde le estuve dando vueltas a si quería o no pasar el fin de semana en casa de aquel chico. Seguía sintiendo todo el morbo imaginable, pero su inestabilidad y ese temor a que… no sabía como explicarlo… a que María sintiera algo por él me daban pánico. También me preguntaba si María sería sincera conmigo de una vez, y saliera de ella decirme qué juego tenía o había tenido con Edu para que le dijera que bikinis ponerse.

Llegó la noche de aquel jueves. Yo estaba cansadísimo del día de trabajo y de toda la tensión. Ya en la cama María llevaba un camisón rosa con lunares… estaba increíble… y hacía aproximadamente una semana que no follábamos… Estaba leyendo un libro y la vi tan guapa, sentí un amor tan puro por ella que le dije sin más:

-No quiero que vayamos mañana a casa de Edu.

Esperaba sacar de su respuesta alguna pista de lo que pensaba o sentía. Pero pronunció un “vale” tan neutro que no supe que interpretar.

Me acosté a su lado y mientras revisaba el móvil y ella leía me acabó diciendo:

-Bueno, pues le voy a escribir para decirle que no vamos.

Me sorprendía que ni me preguntaba el por qué de mi drástico cambio de opinión. Se deshizo de su libro y cogió su móvil para escribirle.

Cuando esperaba que escribiera una frase y volviera dejar el móvil en su mesilla lo que ocurrió fue que escribía una frase tras otra. Sin parar. Y no es que se apartase descaradamente para que yo no viera lo que se escribían… pero sí sutilmente.

Pensaba que Edu le estaría preguntando el por qué de esa anulación de los planes, pero cuando ya pasaron más de cinco minutos supe que ya llevarían bastante tiempo hablando de otras cosas.

Me levanté para ir a lavarme los dientes. La dejé allí, escribiéndose con él… y comencé a sentir un morbo impresionante… Cuando salí del cuarto de baño ya iba con una erección más que importante. Entré en el dormitorio y María, solo iluminada por la luz de la mesilla, seguía escribiendo recostada contra el cabecero de la cama, con las piernas flexionadas… dejando ver unas bragas negras, un pelo alborotado y unas tetas tan colosales que parecía que se le salían del camisón, pero la coronación de su imagen era como sus pezones transparentaban la seda rosa del camisón.

La miré a los ojos. Me miró. Era cierto que hacía calor por el mero hecho de ser agosto, pero sus mejillas denotaban una temperatura superior. Me quité el calzoncillo y ella seguía escribiéndose…

Me puse a los pies de la cama y ella recogió su camisón hasta la cintura… como diciéndome lo que tenía que hacer… me acerqué a ella y comencé a besar sus muslos… que estaban ardiendo.

Mis besos fueron de sus piernas a sus bragas, posando allí varios besos y ella no dejaba de teclear y de ponerse colorada. Saqué mi lengua y palpé sus labios sobre la tela, que se hinchaban por momentos, ella comenzó a respirar más agitadamente y seguía sin parar de escribir. No había que ser muy listo para saber que aquello que se decían tenía un componente picante o quién sabe si no algo más fuerte.

-¿Qué os escribís? -le susurré sin poder resistirme ya.

Ella, sin responder, dejó el móvil sobre la cama y se quitó las bragas. Ante mí apareció aquella preciosidad oscura, con el vello recortado, y con un olor tan intenso que olía perfectamente a los veinte o treinta centímetros a los que se encontraba mi cara de su coño. Pasé un dedo por el medio, dividiendo su coño en dos y ella se estremeció. Saqué mi lengua al tiempo que ella se bajaba los tirantes del camisón y liberaba sus tetas enormes. Cuando su móvil se iluminó y ella se apresuró a cogerlo y leer. Fue leerlo y yo lamer, y su espalda se arqueó y emitió un gemido tan sentido que mi polla pegó un respingo solo por su sonido. Un segundo lametazo, otro arqueo de su espalda, otro gemido, más olor a coño en mi cara y ella agarró su móvil con fuerza, disponiéndose a responderle.

Mis manos fueron a sus tetas, y su mano izquierda a mi cabeza, mientras con la derecha intentaba teclear, pero me daba la sensación de que Edu escribía más que ella, y, sin duda, a María le gustaba lo que leía de aquel cabrón. Comencé a sentir como su coño se deshacía a cada mensaje que le entraba. Era increíble como cada vez que leía a mi lengua le era más fácil llegar a lo más profundo de ella. Le estuve comiendo el coño como diez minutos sin parar. Primero con la lengua, después con la lengua y un dedo, y después con la lengua y dos dedos… y ella permanentemente pendiente del móvil, escribiendo a veces y leyendo casi siempre. Sentía sus muslos temblar y mis labios encharcarse de todo lo que ella soltaba, aquel olor me embriagaba y yo quería saber a la vez que no quería saber lo que se escribían. Comencé a excitarme tanto que comencé a pajearme mientras le lamía de abajo arriba sin parar.

Pero no esperaba lo que vino después. Justo cuando yo creía que ella estaba a punto de correrse, y también lo estaba yo, me pidió que parase. Yo retiré mi cara sin dejar de pajearme, y ella cogió el móvil con sus dos manos para teclear rápido algunas frases. Después una de sus manos fue a su coño y comenzó a acabar la faena que yo había empezado. La pantalla de su móvil se apagó un instante para encenderse otra vez, ella leyó, su mano aceleró sobre su clítoris, cerró los ojos, yo aceleré mi paja, ella frotó con maestría pero brutalidad su coño, su torso pegó un espasmo brusco, su boca se abrió sus ojos cerraron, gimió un ¡¡ahh, ahhh!! rapidísimo… y comenzó a estallar en un orgasmo intensísimo, abriendo y cerrando sus piernas y dejando caer su móvil… yo al verla así, con las tetas hinchadísimas y sus pezones increíblemente enormes… su cara, su gemido… comencé a eyacular sobre la cama sin importarme como iba manchando sin parar todas las sábanas…

No sé quién acabó antes el orgasmo, pero si recuerdo como su pantalla no se apagaba y yo me retiré hasta ponerme de pie. María recobró la compostura y, para mi sorpresa, se puso de lado, como dándome medio la espalda, y le dio la vuelta al móvil, sin leer nada.

Fui al cuarto de baño y me metí en la ducha y no sabía si estar feliz por haber entrado María al juego totalmente o si estaba atemorizado porque ella sintiera algo por él.

Escuchaba a María ir del cuarto de baño al dormitorio mientras me duchaba, quizás cambiando las sábanas… también escuchaba el grifo, quizás aseándose, hasta que salí de cuarto de baño y me apoyé en el lavabo.

Sentí a María inmediatamente detrás de mi, que me abrazó desnuda, y me dijo seria:

-Solo nos hemos escrito chorradas.
-Bueno, ya has visto que no te he preguntado más.
-Solo han sido chorradas. Pero ha sido una gilipollez.

Me giré hacia ella y la besé en los labios mientras le acariciaba la cara:

-Solo júrame que si hacéis algo me lo dices… o me lo cuentas antes…
-Estás loco. No voy a hacer nada con él. Fue una chorrada. No tenía que haber pasado.
-No sé María…
-No sabes qué…
-Que no sé lo que quiero.
-Yo sí que lo sé. Pasamos del tema del todo. Se acabó. Hemos ido demasiado lejos. Se te ha ido de las manos a ti al principio y a mí ahora.

Nos besamos en la mejillas y nos dimos picos en los labios, siempre sin dejar de abrazarnos, allí, de pie, en el medio del cuarto de baño, durante varios minutos.

-¿Puedo leer lo que os habéis escrito? -dije, y hasta me sorprendí de haberlo dicho.
-Lo he borrado al momento.
-¿Y eso?
-Porque… me da vergüenza, porque fueron chorradas, pero chorradas que no tendrían que haber pasado.
-¿Y os traéis más chorradas entre manos?
-¿Cómo? No te entiendo.

A partir de ese momento comencé a preguntarle de todas las maneras posibles pero sin descubrirme, sobre si tenían alguna tontería, si al igual que se habían escrito cosas esa noche si tenían algún juego, algo que implicara morbo… yo obviamente intentaba llegar al tema de los bikinis hasta que salió. María me dijo que de un tiempo a esta parte él le había dejado caer que ropa le quedaba mejor y qué bikinis… y que un día, medio en broma medio en serio, le había cumplido aquella especie de capricho. Le insistí en si era algo tan inocente como eso y me juró que sí.

Nos acostamos, abrazados, y yo la sentía avergonzada por lo sucedido y tan superada como yo.

Como no podía ser de otra manera, a la mañana siguiente, estando yo en el trabajo, Edu me escribió:

-¿TE HAS CAGADO SO CABRÓN? Pues que sepas que ME LA VOY A FOLLAR IGUAL, vengáis a casa o no, QUIERAS O NO, ESTÉS TÚ DELANTE O NO. Joder, ayer le mandé una FOTO DE MI POLLA Y NO VEAS SU RESPUESTA!!!

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