ROCÍO PRIETO VALDIVIA

Amado hijo; El cielo se abrió para recibirte de nuevo. Han pasado casi tres décadas en que te tuve en mis brazos, en qué juntos imitamos a las aves. No logró imaginarte ni escuchar tus palabras. El destino es incierto hijo mío, un trozo de mi corazón está contigo y el restó con tus hermanos sé que serÍas muy feliz al ver a las niñas llamarte tío.
Sé que algún día volverás a mis brazos.
Lo sé hijo mío.
Mientras tanto disfruto de la tarde y de su gélida bocanada que ha traído un par de recuerdos tuyos.

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