TANATOS 12

-Ya le respondes tú directamente -dijo María.
-¿Cómo?
-Bueno, es que no voy ni a responder.
-¿Por qué?
-¿Cómo que por qué? Porque no. No viene a cuento si quiera que me lo pregunte.
-A ver, es normal. Pensará que te tiene casi, y lo quiere intentar. Él no sabe nuestro juego, de hecho tiene que estar alucinando con que os toquéis así y que no acabe pasando nada.
-Ay, no sé. Qué lío de tema, de verdad. Cuando pensaba que se había acabado todo. Mira, me voy a la ducha, ya veré si ni le respondo o le digo simplemente que no y ya está.

Tan pronto escuché el sonido de la ducha llamé a Edu. Estaba realmente nervioso, todo lo que había contado María me parecía brutal, morboso hasta morirse… no podía parar… De hecho llamé a Edu sin saber muy bien qué decirle.

-Qué tal Pablito… ¿no estás con ella?
-Está en la ducha.
-Le he escrito.
-Si…
-Ah, que ya lo sabes.
-Sí, tiene el móvil aquí.
-Ajá, bueno, ¿para qué me llamas?
-Pues… por lo de ayer, que…
-Mira, Pablito… -me interrumpió- ahora no te lo voy a contar. Además que me debes la foto que tú sabes. Lo que sí te digo es que tu mierda de plan hace aguas por todas partes, porque vamos camino de que lo que yo haga con ella lo haremos en mi casita y tú ni lo vas a ver ni te vas a enterar a menos que yo te lo cuente, y me da a mi que tu locurita va más del palo de ver como me la follo que de que te lo cuente.
-Ya…
-Jaja… siempre estás con lo de ya. Eres un pusilánime… bastante está aguantando María… Venga, ya hablaremos.

Me colgó sin más, me quedé con cara de tonto después de una conversación, por llamarlo de alguna manera, de medio minuto. Por escrito conseguía mantenerme más o menos a flote, pero en persona o hablando por teléfono, sentía que me anulaba y no podía rebatirle nada. De aquella aun no sabía que su trato tan despectivo hacia mí acabaría por un día colmar mi paciencia del todo.

Pero es que por otro lado ansiaba con todas mis fuerzas que me contara lo que había pasado la noche anterior, necesitaba su versión… En lo de mi plan tenía que reconocer que tenía bastante razón, algo tenía que cambiar en mi plan. Pero antes de todo, mi prioridad era que María saliese con él aquella noche de sábado, y es que yo quería que quedara con Edu, cuántas más veces mejor.

Durante esa tarde fuimos a dar un paseo y se lo propuse y su reacción fue mucho más drástica de lo que esperaba. Se negaba en rotundo a quedar con él. Fue entonces cuando le dije de quedar los tres. Me salió así, sin más, y eso aun lo entendió menos.

Vi entonces que me iba a ser realmente difícil seguir con todo aquello después de haberle jurado que el viernes de la cena se acabaría todo aquel juego. Se cerraba en banda completamente, estaba al borde del enfado. Sentía que no estaba el asunto para soltarle frases como “en el fondo te pone”, y es que María era una cuando hablaba de Edu estando los dos cachondos en cama y otra cuando estábamos, digamos, en la vida normal.

Finalmente, y en parte gracias a que Edu le siguió insistiendo, escribiéndole, conseguí que le propusiese cambiar la noche del sábado por tomar un café al día siguiente. Le dije que quizás él querría hablarlo, aclarar las cosas, y que siendo colegas del trabajo, sería bueno que lo hablasen. Más teniendo en cuenta que les esperaba un mes de vacaciones sin verse. María dijo que lo último que le apetecía era hablar de ese tema con él, pero al final conseguí que le propusiera tomar un café a media tarde el domingo y Edu aceptó.

Descubrí que no solo estaba enganchado a la fantasía si no a todo lo que la rodeaba, y una de esas cosas eran esos momentos en los que ellos estaban juntos y yo estaba a la espera. Solo con saber que estaban juntos se me ponía la polla durísima, aunque solo fuera una reunión o un café. No necesitaba que estuvieran en un pub con unas copas para que se me pusiera a punto de explotar.

Esa sensación era indescriptible, mi corazón palpitando sin parar y mi mente dando vueltas, imaginando. María fue a su encuentro en camisa muy fina y sin mangas, y una falda que le llegaba hasta la mitad del muslo, ni corta ni larga; hubiera preferido que hubiera ido con un vestido más corto, pero obviamente no procedía proponérselo.

Pasaban los minutos y no podía aguantar con la polla así tanto tiempo y mi mente comenzó a volar: me los imaginaba sentados cerca y él mirándole siempre como se le notaban las tetas… y me imaginaba que ella quería mirar como se le marcaba la polla bajo el pantalón, pero no lo hacía por vergüenza… me imaginaba una tensión sexual insoportable para ambos y comencé a pajearme compulsivamente. Aproveché entonces para madurar todo lo que me había contado María de la noche anterior, Edu metiéndole mano contra el coche… y llegando a tocarle las bragas… dioos… me imaginé que María no podía disimular una tremenda cara de placer al ser tocada sobre las bragas… ¿Y si hubiera gemido un poco al notar su mano sobre su coño? Ufff… imaginándome esa escena comencé a eyacular sin parar en la soledad del salón… la enésima tremenda paja pensando en ellos dos…

No me había planteado cuanto duraría su encuentro, y cuando fueron pasando los minutos me fui sorprendiendo a la vez que alegrando. Habían pasado unas dos horas cuando María volvió a casa.

Llegó animada. Al parecer el café había dado paso a un par de cervezas. Me dijo que de el tema en cuestión apenas habían hablado nada. Que le había pedido perdón, que con unas copas se ponía muy tocón, y que había sido una chorrada. No habían hablado más de uno o dos minutos sobre eso. También me contó que había estado muy majo y muy simpático, que habían hablado del trabajo, de cotilleos del despacho y de las vacaciones. María le había contado que yo trabajaba tres de las cuatro semanas de agosto y que no sabía que hacer y él la había invitado a pasarse por su apartamento de la playa, que allí solía estar Nati, a veces estudiando y a veces descansando y tomando el sol. Cuando la escuché decir aquello supe que aquella invitación no tenía nada de casual o inocente, pero para mi desgracia María la interpretó de la misma manera.

-¿Y qué le has dicho? ¿Te pasarás por allí?
-Sí, vamos… lo que me faltaba… ir a su piscina y a la playa… con un compañero de trabajo que me ha… eso… que no quiero ni mencionar, hace dos días.
-Bueno, pero estará Nati, no va a hacer nada.
-Tampoco es que Nati me caiga demasiado bien, no sé, no me parece un planazo precisamente, que quieres que te diga…

No quise insistirle más. La conocía perfectamente y sabía que podría ser contra producente. Tampoco le pregunté si Edu la había mirado con más o menos lascivia o cosas por el estilo, no podía permitirme otro error.

Si Edu parecía tener su táctica yo también usé la mía que además era doble. Por un lado pasó el lunes, el martes, el miércoles… y yo no le insistía en que fuera a su apartamento, creía que si yo le insistía correría el peligro de darle demasiada importancia y podría espantarla. Por otro lado quería que saliera de ella que fantaseásemos con él, tras casi seis meses desde que había empezado todo aun nunca ella había propuesto fantasear con Edu, siempre había sido yo, así que, esos días, follando con ella, me esmeraba en que los polvos fueran especialmente cortos e insulsos.

Confiaba sobre todo en mi primera estrategia porque María siempre había sido muy activa y sabía que se aburría soberanamente, todo el día sola, yendo a la playa sola a leer. Paula y sus otras amigas no estaban, estaba tirando sus ansiadas vacaciones completamente.

Pero la paciencia nunca ha sido una de mis virtudes, y llegó el jueves por la noche, y, tras un misionero de no más de cinco minutos, le pregunté qué haría al día siguiente y me dijo que no sabía. Fue entonces cuando sí le dije de ir con Edu y Nati. Le dije que le vendría bien por lo menos hablar con alguien, pero me dijo que no.

Yo empezaba a desesperarme. El viernes por la mañana la llamé preguntándole qué hacía y me dijo que nada, le dije que era tonta, que sin ser Nati su mejor amiga precisamente no era mal plan, que Edu no se pondría tonto con Nati delante y que Edu en el fondo tan mal no le podía caer si había quedado con él dos horas del domingo. María me dijo que no me hiciera el tonto, que sabía perfectamente para que quería que fuera.

-Vale, María, aunque sea así. Vete, yo feliz, tú entretenida. Te preguntaré si intentó algo, me dirás que no, y ya está. ¿No?
-No sé, Pablo… ¿a qué hora sales?
-Pues igual hasta las nueve no salgo…

Escuché un silencio al otro lado del teléfono.

-Venga, María -insistí- Ya es cabezonería tuya u orgullo más que sentido común.
-Está bien…
-¿Sí?
-Sí… a ver… le voy a escribir e igual me paso por allí después de comer.

Me dio un subidón por todo el cuerpo. Me moría de ganas por saber con que bikini iría y por saber si Edu intentaría algo. Hasta me olía que lo de que Nati estuviera en aquel apartamento podría ser perfectamente una mentira de Edu.

Ni que decir tiene que no me fue fácil concentrarme en el trabajo aquella tarde sabiendo que María estaría en bikini a los ojos de Edu. La tarde avanzaba y no quería atosigarla y me aguantaba sin escribirle, pero llegó un momento en el que no pude más. Le pregunté qué tal le iba y me dijo que bien, que estaban en la playa los tres, que pronto irían a la piscina de la urbanización. No pude evitar que se me notara que me alegraba de aquello y ella leyó entre líneas escribiéndome un “No tienes remedio”. Las impresiones de Edu sobre aquella visita no se hicieron esperar: al rato me escribió.

-En serio, Pablito, QUÉ TETAS….

Solo leer aquello se me ponía durísima, quería que me escribiera más.

-Jaja, ¿lo estais pasando bien?

Pero ya no me contestó más, hasta una hora más tarde:

-Vaya dos pibones tengo en la piscina, en la urbanización deben de pensar que esta noche me monto un trío.
-Ya… menuda suerte.
-Oye, Pablito, mándame una foto cachonda de María ya.
-Sí, tengo que buscar.
-Que no, coño, mándame una ya, se que tienes que tener alguna.
-Uff… alguna tengo… pero joder… me sabe mal…
-Jaja, qué te sabe mal, a ver.
-Pues no sé… es como medio traición.. no se como llamarlo.
-JAJAJAJ… me pides que me la folle y te parece traición mandarme una puta foto?? eres gilipollas o qué te pasa?

No sabía que responderle… Escribía y borraba.

-Mira Pablito, mándame una buena foto y nos hacemos los dos una paja.

A mi me temblaban las manos… seguía sin saber qué decirle.

-Vamos, coño, manda, me subo a casa, me hago la paja y tú me mandas foto de tu mini polla.

A mi me ponía tan cachondo que él se hiciera una paja con una foto de María… enviada por mí… no pude resistirme más.

-Vale. Te envío ahora.
-Eso es Pablito…quieres foto de mi polla recién exprimida??

Aquello aun me puso más nervioso…

-Sí, vale.
-JAJAJAJAJJA… LO SABÍA. Venga mándame la foto de una vez.

Fui al album del móvil, tenía aquellas fotos de María con las piernas abiertas en la cama de aquel hotel. Descarté en seguida una que me me había enviado tras haber tenido sexo telefónico, porque era demasiado. Y entré en aquellas tres que me había enviado el día anterior al de aquel día del sexo telefónico: Estaba la que estaba con la camisa blanca y las bragas negras, la que era similar pero sin bragas… viéndose el vello recortado… enseñando su precioso coño con nitidez… y la última… algo más recostada, con la camisa abierta… con el pelo cubriéndole las tetas y tapándose con una mano el coño y con la otra cogiéndose una de las tetas… y con aquella cara de guarra que parecía una actriz porno… dudaba cual enviar totalmente infartado…

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