ALBERTO ROMERO

El hijo mayor
Josu Aguirre removió Roma con Santiago hasta que encontró todos los datos del
matrimonio de María Salomé y Diego. El hijo varón que la pareja había tenido antes
de Ana era su máxima prioridad en aquel momento. Si estaba vivo y lo encontraba
tendría un hermano para Ana, y muchas explicaciones a tantas dudas surgidas
durante la investigación.
Martín Salas Sánchez era el nombre del hijo de los padres biológicos de Ana,
su hermano. En la base de datos de la policía no había antecedentes de ningún
tipo sobre su persona y por lo que parecía estaba vivo. Buscó su dirección, para localizarlo
y tratar de hablar con él y la sorpresa fue mayúscula. El inspector tuvo que
mirar dos veces las direcciones que aparecían sobre Martín Salas Sánchez. Una de
ellas era una casa en la sierra de Madrid, en un pueblecito no muy lejos de la capital.
La otra dirección fue la que aceleró el pulso de Josu Aguirre hasta el punto de
llevarse las manos a la cabeza porque no podía creerse lo que estaba leyendo.
Martín Salas vivía en la misma calle que Antonio y Ana, en el mismo portal, en
el mismo piso. Antonio y Ana vivían en el piso A y Martín en el C, era su vecino.
Aguirre se levantó de la silla y deambuló por los escasos metros que tenía la
habitación del hostal donde se hospedaba. Esto si que no lo hubiera esperado ni
en cien años. El hermano desconocido de Ana vivía al lado de ellos. ¿Era aquello
también una casualidad? Demasiada casualidad como para serlo.
Se vistió con las primeras prendas que había sobre la cama, agarró el bolígrafo
y la libreta y salió disparado de la habitación. Su próximo destino era conocer al
vecino de Ana y Antonio.
El taxi llevó al inspector ante la puerta del edificio donde vivía el nuevo hermano
de Ana en apenas diez minutos. A aquella hora de la tarde no había demasiado
tráfico en Madrid. Aguirre llamó a varios timbres y se anunció como cartero
comercial a la espera de que alguien le abriese la puerta para acceder al portal, sin
avisar de su llegada. Sin siquiera preguntar, algún vecino pulsó el portero automático
y la puerta se abrió.
El inspector subió por las escaleras sin correr, tratando de controlar sus propios
nervios ante la noticia recién descubierta. Mientras alcanzaba el piso iba ensayando
las preguntas que quería formular a Martín. Cuando llegó al rellano miró la
puerta de Ana y Antonio, y se sintió raro por no dirigirse a ella como en las ocasiones
anteriores.
La puerta de enfrente era la letra C. Puso los pies en el felpudo y pulsó el timbre
del vecino. Durante unos breves segundos, que a Aguirre le parecieron eternos,
nadie respondió. Luego se oyeron unos pasos y el ruido de la mirilla de la
puerta cuando alguien asoma el ojo para comprobar quien llama.
La puerta se abrió solo una rendija y una mujer joven y rubia asomó la cara
preguntando que deseaba.
—Mi nombre es Josu Aguirre, inspector de policía. Me gustaría hablar con el
señor Don Martín Salas —dijo el inspector muy ceremonial.
—Un momento por favor —contestó la chica con cara de susto.
La puerta se cerró y a los pocos segundos se abrió de nuevo, aunque esta vez
era el propio Martín el que la abría.
—¿Es usted Martín Salas Rodríguez? —dijo Aguirre nada más verlo.
—Sí, soy yo.
—Me gustaría hablar con usted.
—Adelante, le estaba esperando —contestó Martín mientras le hacía un gesto
con el brazo invitándole a pasar.

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