ECONOMISTA

Me dejó allí plantado con cara de idiota, el muy imbécil me había estado diciendo que se había propasado con mi mujer y la verdad es que parecía sincero y empezaba a creerle, a pesar de eso no solo me había enfadado, también se me había puesto dura. Muy dura. Intenté tranquilizarme, pero me era difícil pensar bien con la polla como una piedra bajo los pantalones.

Lo primero que hice fue buscar a Claudia por la sala de fiesta para asegurarme que estaba lejos de las garras de Gonzalo, no la encontré, pero si le ví a él hablando con otras dos mujeres de la boda que no sabía quienes eran, por un segundo respiré aliviado, pero tenía que encontrar a mi mujer para hablar con ella y que me dijera que es lo que estaba pasando.

Después de ver a las niñas Claudia se metió en los baños y se quedó mirándose en el espejo. Se tomó unos segundos para descansar pues no paraba de ir de un lado para otro, de bailar, de tomar unas copas, lo típico. Estaba algo acelerada y notó que necesitaba aliviarse. Por la mañana entre la ducha a primera hora, la peluquería, vestirse, la boda…no había tenido tiempo de masturbarse y el cuerpo ya se lo pedía.

“No puedo estar un día sin hacerlo”, pensó, frente al espejo se veía guapísima con ese peinado que la habían hecho y el vestido rojo. Estaba intentando apartar esas imágenes de la cabeza, pero no podía, una y otra vez se acordaba de la manaza de Gonzalo apretándola las nalgas. No había sido una casualidad, le puso la mano allí y pudo sobarla el culo un par de segundos, la tenía tan grande que con una fue suficiente para abarcar sus dos glúteos. Cuando fue a decirle algo subió la mano hasta la cintura y luego ya empezaron a hacerse fotos, incluso su marido le había hecho una unos instantes después de que él la hubiera tocado el culo. Prefirió dejarlo correr, al fin y al cabo Gonzalo estaba borracho y no había sido mas que una pequeña travesura.

“Relájate, es Gonzalo, el marido de tu hermana”, pero no podía, enseguida se le venía a la mente la tarde en que Don Pedro le había metido un dedo en el coño en su despacho, ésto había sido parecido, Gonzalo no había llegado a tanto, pero la sensación fue la misma. Le provocaba tal excitación que la tocaran así que en ese momento sentía que podía dejarse hacer cualquier cosa.

Estuvo tentada de meterse en una de las cabinas del baño a masturbarse rapidamente, pero al final no lo hizo, si entraba sabía que se iba a correr pensando en Gonzalo. Y no quería llegar a eso, era de su familia, su cuñado, era el marido de su hermana Carlota.

Se alisó un poco su corto vestido rojo y luego se mojó la cara. Lo que no se esperaba es que Gonzalo volviera a la carga…

Por suerte, sobre las 22:00 de la noche terminó el baile, yo tenía intención de irme para casa, pero veía a Claudia hablando animadamente con su prima y unas amigas de éstas, vino donde estaba yo.

– Me ha dicho mi prima que ahora sigue la fiesta en el Koala, tenemos unos tickets para copas, ha reservado un par de autocares para llevarnos, ¿que hacemos?
– Pues tendremos que irnos para casa con las niñas, dije yo.
– Por eso no te preocupes, se las llevan mis padres, ya lo he hablado con ellos, también se va Carlota a dormir con mis padres, tampoco es que me apetezca mucho, pero le he dicho a mi prima que si que íbamos…

Por lo que parecía Gonzalo se quedaba de fiesta mientras su mujer se iba a dormir a casa de sus padres, ésto no me pareció tan raro porque mi cuñado solía terminar las noches muchas veces sin su mujer. Mientras debatíamos que hacer, se acercaron Pablo y Marina con sus 4 hijos.

– Nosotros nos vamos ya, dijo Pablo.

Otro motivo mas para querer irme para casa, no poder ver mas a Marina y al final por culpa de Gonzalo me quedé sin bailar con ella, me hubiera encantado hacerlo, la verdad es que no me apetecía una mierda irme al Koala a tomar una copa después de haber estado todo el día de boda y menos cuando ví a Gonzalo subirse en uno de los autocares mientras hablaba con una invitada de unos 45 años. Eso sí me pareció mas raro, que no tuviera el detalle de acercarse a despedir ni a su mujer ni a la familia por muy borracho que fuera. Era un pelota profesional.

Al momento vinieron mis suegros y Carlota y se llevaron a las niñas a casa, me iba a quedar con Claudia a tomar la última. La que suele sobrar.

Nos subimos en el otro autocar distinto al que iba a Gonzalo, no me apetecía estar escuchando sus fanfarronadas y menos con el encontronazo que habíamos tenido en la barra de la sala de fiestas. No me gustaba como me había hablado y las cosas que había soltado por su bocaza. Solo esperaba que la noche terminara medianamente bien en el estado en el que se encontraba.

Que equivocado estaba.

En cuanto entramos en el Koala nos vió y vino hacia nosotros, parece que se alegró mucho de encontrarnos allí, llevaba la corbata medio desanudada y abrió los brazos para recibirnos.

– ¡Pero bueno, si habéis venido!, dijo abrazándonos a los dos a la vez.

Aquello iba a ser peor de lo que me pensaba. Tuvimos que ir con él a la barra a pedir otra copa, de momento se comportaba medianamente normal, dentro de la borrachera que llevaba, parecía otro comparado con el que había estado hablando conmigo. No podía ser mas cínico el muy cabronazo.

Se nos fueron acercando otros familiares que también habían estado en nuestra boda, al final no sé como terminé hablando con un tío de la novia que no conocía de nada. Eso hizo que dejara a mi mujer desatendida. Grave error.

No tardó Gonzalo en arreglar eso y acercarse donde estaba ella.

Les ví entre la gente como se dirigían de nuevo a la zona de la barra, no todos los que estaban en el local eran de la boda, también había gente de la calle en el Koala, cuando me quise dar cuenta Claudia y Gonzalo estaban medio tapados en una esquina del local. Aquello no me gustaba nada. Si hubiera sido otro tío hubiera intervenido, Claudia podría estar medianamente intimidada ante esa situación, pero se trataba de Gonzalo, borracho si, pero Gonzalo al fin y al cabo. El marido de su hermana. Y todavía me gustó manos cuando me pareció ver como le pasaba el brazo por la espalda a Claudia para agarrarla por la cintura.

– Como está esto de gente, dijo Claudia.
– Si, aquí estaremos un poco mas tranquilos…
– No veo a David, dijo poniéndose un poco de puntillas buscando entre la multitud a su marido.
– No te preocupes, ya le he dicho que veníamos aquí a pedir…

Parecía que la había arrinconado en aquella zona, además se había puesto delante y casi la tenía aprisionada contra la pared, con lo grande que era Gonzalo apenas se la veía. Bueno al fin y al cabo iban a pedir una copa y volver con los de la boda. Eso pensó Claudia.

– No has convencido a Carlota de que venga…
– Nahhh, ya sabes como es tu hermana, no le gustan mucho las fiestas, además hoy no teníamos nuestro mejor día, dijo Gonzalo.
– Si, ya me había dado cuenta de que algo pasaba entre vosotros, siempre estáis igual…
– Bueno, ayer discutimos un poco, lo tenemos que arreglar.
– Pues parecía grave, hoy no os he visto ni hablar en todo el día…
– Lo de siempre, ayer llegué un poco tarde a casa y se enfadó, no sé porqué se puso así…
– Eso ya son cosas vuestras…
– Carlota siempre se enfada por todo, tu por ejemplo eres dura, pero también sabes divertirte, la verdad es que tu y yo hemos congeniado desde el principio, me equivoqué de Álvarez, jajajaja, tienes otro carácter distinto a tu hermana…
– Anda no seas idiota, dijo Claudia dándole un pequeño golpe en el pecho.
– Te lo digo en serio, me tenía que haber casado contigo, dijo pasando el brazo por su espalda para agarrarla por la cintura.
– Deja de decir tonterías, vaya borrachera llevas, te iba a tener yo mas firme que Carlota, bastante poco te dice para las que lías…
– Pero si yo soy un buenazo, me paso las mañanas en la fábrica trabajando y luego lo que ella quiera, que si a comprar al súper, que si de tiendas…alguna tarde me la tomo para mi, si, no digo que no, pero porque algún día llegue un poco tarde o me tome unas copas no le debería enfadar…
– Ya te digo que ahí no me meto y eso de buenazo, jajajaja, en fín, tienes tú un peligro…
– No sé porque lo dices, dijo agarrándola mas fuerte por la cintura.

Ahora la mano de Gonzalo empezaba a estar peligrosamente cerca de su culo, el aliento le apestaba a alcohol y cada vez le apretaba con mas presión contra su cuerpo. Claudia lo notó pero no hizo nada, cuando unos minutos antes estaba tapada por Gonzalo le pareció estar en una posición incómoda, pero ahora se había transformado en una posición en la que estaba oculta.

Lo que Claudia no sabía que es Gonzalo ya no tenía nada que perder. Carlota se iba a divorciar e iba a dejar de pertenecer a su familia.

– Me gustas mucho Claudia…
– Anda deja de decir tonterías, vamos a volver con el resto, que me estará buscando David…

Gonzalo se giró y entre la gente a dos o tres metros pudo ver a su “cuñadito” que les observaba atentamente, sonrió y volvió a girarse para seguir hablando con Claudia.

– Creo que no te está buscando, ya sabe donde estás y parece que no le importa, parece que quiere dejarnos solos…

Entonces en ese momento bajó la mano y se la puso en el culo por encima del vestido, en medio de sus dos nalgas, como había hecho antes mientras se hacían la foto en el baile, pero ahora era distinto, nadie podía ver lo que estaba haciendo Gonzalo.

El corazón de Claudia se puso a latir a mil pulsaciones, “joder, me está tocando el culo”, el bar estaba lleno de gente, estaba su marido, familiares, tíos, primos segundos, conocidos, cualquiera podría verles, Gonzalo estaba borracho, pero se estaba pasando de la raya, sin embargo no le dijo nada, tan solo se movió un poco poniéndose mas hacia la barra y salir de detrás de él, ahora podía ver a la gente del bar, analizar si alguien se estaba percatando de que estaban allí y además había dejado su culo pegado a la esquina por lo que nadie veía lo que estaba pasando.

– Estate quietecito o te cruzo la cara, dijo quitando la mano de Gonzalo.
– Tranquila que nadie puede vernos.

Con el primero con el cruzó la mirada fue con su marido, David estaba entre la multitud a unos tres metros de donde se encontraban, sin hablar se dió cuenta de que él sabía que algo estaba pasando y sin embargo allí estaba solo, mirando, plantado y sin acercarse a comprobarlo. La mano de Gonzalo volvió a subir hasta su culo, Claudia se la intentó retirar de nuevo, pero esta vez él no cedió y tuvieron un pequeño forcejeo.

– Para o sino si que se va a dar cuenta la gente, dijo Gonzalo.
– Te estás pasando, para joder…

Pero ahora la mano de Gonzalo había pasado a uno de su glúteos y lo amasaba con toda la naturalidad del mundo. La estaba pegando una buena radiografía del culo. Tacto, dureza y tamaño.

Claudia apoyó un brazo en la barra del bar, por un momento sintió que las piernas se le aflojaban y miró a la cara de Gonzalo para decirle sin hablar “¿que coño estás haciendo?”, pero se encontró una media sonrisa de él y entonces sin saber porqué le dejó hacer, avergonzada tuvo que bajar la mirada. La gran Claudia Álvarez estaba abochornada, sofocada y porqué no decirlo. Cachonda.

Gonzalo no se creía lo que estaba pasando, la hermana de su mujer se estaba dejando sobar en un bar lleno de gente, con su marido delante, con muchos familiares, se estaba poniendo las botas tocando ese culazo, era como lo había imaginado, pequeñito y duro, ahora pasaba de una nalga a otra sin que ella dijera nada y allí la tenía sumisa y con la cabeza agachada.

Abrió su gran manaza y la dejó extendida a lo largo del culo, bajó un poquito y no le costó llegar con la punta del dedo corazón donde terminaba el vestido, luego fue subiendo hacia arriba hasta que con el mismo dedo llegó a la entrepierna de Claudia, que abrió los ojos como platos. Tenía el dedo encima de su coño tan solo separado por la fina tela de las braguitas.

Claudia sabía que Gonzalo había cruzado la raya, pero no podía detenerle, era igual que con Don Pedro en el instituto, estaba paralizada por el morbo y la excitación, no sabía ni que hacer con las manos, cerró ligeramente los ojos y abrió la boca gimiendo por primera vez entre la multitud de la gente. Ahora su cuñado le estaba sobando el coño frotándoselo con fuerza, incluso le metía parte de las braguitas dentro de la vagina por la presión que hacía. Se sentía sucia y muy guarra, como aquel día en el despacho de Don Pedro, otra vez volvió a mirarse con David y después tuvo que cerrar los ojos de nuevo sin poder soportar el placer que estaba recibiendo.

Gonzalo no hablaba, solo masturbaba a su cuñada sin dejar de mirarla, le encantaba la cara de placer reprimido que ponía y eso hizo que a pesar del alcohol luciera una considerable erección.

– Abre un poco las piernas, le dijo a Claudia.

Ella obedeció sin rechistar y a la vez que lo hacía gimió de nuevo abriendo la boca en busca de aire. Con las piernas mas separadas el grueso dedo de Gonzalo trabajaba mejor su entrepierna, incluso pudo apartarle las braguitas.

¡Ahora la estaba tocando directamente el coño!

No tardó ni tres segundos en meterla el dedo dentro, Claudia pegó un pequeño respingo y miró a Gonzalo. Aquello era demasiado, si no paraba alguien se iba a dar cuenta. El muy cabrón la estaba pajeando en medio del bar. Incluso Gonzalo se giró mirando a la gente para ver si estaban llamando mucho la atención. ¡Era un puto escándalo!.

Pero todo el mundo estaba a lo suyo, a bailar, a tomar copas, saltando, excepto una persona. David. Era el único que les estaba observando sin perder detalle, incluso pensó que en cualquier momento podía ir donde estaban y pillarles in fraganti, pero en sus ojos pudo ver que no lo iba a hacer. Se recreó unos segundos mas mirando al “cuñadito” y luego se giró para seguir trabajándose a Claudia.

Movía el dedo dentro de su coño a toda velocidad y Claudia ya tenía que taparse la boca con la mano del inmenso placer que estaba recibiendo, incluso sus caderas ya hacia rato que no se quedaban quietas. Echó el brazo hacia atrás y lo puso sobre el de Gonzalo.

– ¡¡Para, para!!, dijo ella
– ¡Voy a hacer que te corras, zorra!

Aquellas palabras fueron el detonante de su orgasmo, Claudia sudorosa gemía, se mordía los labios, los apretaba, abría la boca, volvía a apretar los labios, cerraba los ojos, los abría, no quería correrse, de verdad que no quería, pero empezó a hacerlo, un orgasmo contenido que la atravesó el cuerpo como un rayo, tembló de arriba a abajo aprisionando el dedo de Gonzalo en su interior y mirando de nuevo a David.

Fue una sensación muy rara, de cabeza no quería que eso pasara, pero el cuerpo había decidido lo contrario. Se acababa de correr mientras la masturbaba el marido de su hermana. Gonzalo sonrió sabiendo que acababa de hacerla llegar al orgasmo, pero él estaba cachondo como un burro, ya no medía lo que estaba haciendo.

– ¡Deshazte del cuñadito, ahora quiero pegarte una buena follada!, dijo Gonzalo sacando la mano de la entrepierna de Claudia y dándola un azote en el culo.

Pero ella estaba en estado de shock, con la mirada perdida, sin decir nada le dejó allí plantado dándole un pequeño empujón para que le dejara pasar y se dirigió donde estaba David. Gonzalo pensó que le iba a volver a hacer caso, sin embargo les vió que los dos se iban sin despedirse de nadie.

Sabía que la noche se había terminado para él. Se dirigió al cuarto de baño y se puso el dedo en la nariz, aspirando el olor del coño de Claudia. Con la otra mano se agarró la polla y se la meneó hasta que salpicó todo el wc con su corrida.

Los dos salimos temblando del bar, no nos hizo falta hablar para saber lo que acababa de pasar, solo hice caso a Claudia que me había dicho “llévame a casa, por favor”. Mientras andábamos buscamos un taxí, yo llevaba a mi mujer cogida del brazo, iba sin hablar, sin mirar, estaba perdida, solo movía los pies.

Ya dentro del taxi parece que volvió en si, echó la cabeza hacia atrás y soltó un “joder” en bajito.

– ¿Estás bien?, dije poniendo la mano en su muslo.
– Si, dijo poniendo una mano sobre la mía.
– No me importa lo que hayas hecho esta noche, dije para calmarla mas.
– ¿Nos has visto?.
– Si, mas o menos, si te apetece puedes contármelo….
– Lo siento, no quería que esto pasara…
– No te preocupes, ya lo arreglaremos.
– Soy una idiota, no sé que me ha pasado…

Miré por el espejo retrovisor y me crucé con la mirada del taxista, no me apetecía seguir hablando de aquello delante de él.

– Tranquila, en casa lo hablamos…
– ¡Joder, nooooo, con Gonzalo!, la he cagado, ¿pero que he hecho?, ¿y si se lo cuenta a mi hermana?, ¿que te va a decir a tí en el trabajo?, se va a reir de ti…no voy a poder mirarles a la cara ni a él ni a mi hermana en la vida…joder, joder…
– No pasa nada Claudia, has bebido, estabas de fiesta, te has dejado llevar…

No sabía exactamente que es lo que había pasado, pero estaba claro que Claudia estaba muy arrepentida de ello. Yo intentaba consolarla como podía, aunque no supiera que decirla, solo la veía allí con ese vestido rojo tan explosivo, con las piernas cruzadas enseñando muslo y pensando en que Gonzalo la había metido mano, así que llevaba una erección de campeonato.

Me daba vergüenza que ella pudiera notarlo, veía a mi mujer tan jodida que no me atrevía a decirla que me daba igual que se hubiera dejado sobar como una fulana, aunque fuera por Gonzalo. Me daba absolutamente igual. Yo solo sé que iba excitado como no lo había estado en mi vida.

Esperaba que al llegar a casa pudiéramos hablarlo e incluso que Claudia me contara con detalle lo que le había hecho Gonzalo, pero no me dijo nada, solo nos acostamos en silencio. Me esperaba un domingo muy jodido. De resaca y con mi mujer inaguantable, pero peor iba a ser el lunes cuando tuviera que encontrarme con Gonzalo en la oficina.

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