ANEIZAR LESTRANGE
-Me despierto en total oscuridad, alzo mis brazos, ya que no me veo deseo
palpar las distancias de los objetos que me rodean. Compruebo que me
encuentro en una caja, al tacto de madera. De pensarlo comienzo agobiarme,
no me gustan los espacios cerrados. Involuntariamente mi respiración se agita,
pero fríamente pienso en calmarme, y respirar despacio, necesitaré oxígeno.
Cuando te encuentras en una situación de estrés, en la que no sabes como será
tu punto y final en ella, no tienes idea como tu mente puede reaccionar y yo
sigo asombrada con la mía. La caja estaba de pies, ya que yo sentía que me
encontraba de pies y no tumbada, tenía el espacio justo, para sentarme abajo,
pero no mucho para ejercer la suficiente presión y romper esa caja con mis
piernas. Me sentía tan cansada de intentarlo, que paré, esperé a recuperarme.
Al parar el calor del ejercicio que había producido, cesó y el frío comenzó
hacerse notar. Fuera de la caja, comencé a escuchar unos ruidos, respiraciones
y vagamente algún grito. De repente, la caja sé echó hacia atrás y yo con ella,
me estaban transportando. Intenté comunicarme con quien quiera que me
llevase, pero no contestó ninguna de mis preguntas. Intentos inútiles. “Me
aparcó”, me estabilicé y la madera de la caja comenzó a crujir. Y eso fue el
comienzo. – La detective corta la grabadora y se levanta.
– Terminamos por hoy, le dejaremos descansar, pero debo decirle que este
proceso será muy largo. – Me dirige una pequeña sonrisa y se marcha cerrando
la puerta tras de ella. Sé que será algo difícil y más largo de lo que desearía.
Ane despertó, pero no habla nada. De momento la policía lo único que tiene soy
yo. Pero de sobra sabemos que soy el 20% de lo que todo esto abarca. Los días
en el hospital transcurren, ya puedo volver a casa. Antes de recoger mis cosas,
paso por la de Ane. Está sentada en su cama, ya no tiene tantos aparatos como
antes. Levanta su mirada y al verme se levanta. Su mirada es fría y cuando se
va acercando a la puerta, la cierra y corre las cortinas. Entendido, no quiere
verme. Vuelvo a la habitación, recojo todo y me dirijo con mi madre al
aparcamiento. Al llegar a casa, dejo mis cosas y me ducho, me acuesto
directamente, necesito descansar. El despertador suena, le sigue el timbre de
abajo. Debe de ser la detective, le gusta madrugar. Cojo lo primero que pillo en
el armario y me dirijo al baño.
– Buenos días. – Saludo al entrar a la cocina. Efectivamente la detective ya estaba
allí.
– Buenos días. – Contestan los 4 a la vez. Esta vez la detective venía con alguien.
Me serví un poco de zumo y enseguida comenzaron las preguntas.
– ¿Cuando acabe podemos sentarnos y continuar con su historia? – Lo dice como
si estuviese dando una entrevista en la televisión, de mi nueva novela. Me
siento de frente a ellos y asiento, ya preparada bebo un sorbo de mi taza y
espero a que le dé a grabar.
– Ya abierta la caja, me di cuenta de que no había luz fuera de ella tampoco, me
comenzaron a empujar con una especie de palo y a ordenarme que avanzara.
Recorrimos un pasillo largo y mohoso, había luz, pero escasa, solo se podía ver
por donde caminaba. Al llegar ante una puerta metálica, me obligó a
detenerme, inmovilizó mi cuerpo al lado de ella y la abrió. Me empujó dentro de
ella y allí me retuvo unos días, hasta que me sacó la primera vez. – La detective
asiente, al igual que el compañero, dándome a entender que me escuchan. Mi
voz se quiebra y paro para beber otro sorbo de mi taza, unas pequeñas lágrima
sale de mis ojos. Sé que pasó y que tengo que ser fría, pero no siempre se puede.
– ¿Puedes continuar? – Me dice el hombre, se nota que él es más amigable que su
compañera. Notan enseguida mi angustia, me ofrecen un pañuelo y dejan que
pause lo que sea necesario. Pero no paran la grabadora.
– El sitio era frío, olía mal y no tenía ventilación. Era estrecho y pequeño. Había
una manta vieja y un colchón roto. – Me seco las lágrimas y limpio mi nariz. – Lo
peor fue el primer día que me sacó, yo escapé, fue mi primer intento. Me atrapó
en la arboleda, no me llevó de vuelta al zulo, me tiró a un pozo y me dio por
muerta.
In mente interfectorem

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2 comentarios sobre “Prima quae prius

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